Se desató el Medio Oriente. Guerra. Se hablaba de un estancamiento de las negociaciones porque el emperador estadounidense no lograba sus objetivos y los rebeldes persas persistían en su cierre, tregua de por medio.
Sus objetivos son, claramente, los de Israel: deposición iraní del programa nuclear, astutamente entrabado en un marco de involucramiento mundial, como lo es el cierre del Estrecho de Ormuz. Es decir, la virtual erradicación de la nación persa.
El estanque se llenó de lodo cuando la OTAN, el presunto aliado de los Estados Unidos, se negó a participar en la aventura. Ello dio pie a una soledad aventuril, que se incrementó con la reprobación de actores como China, Rusia, India, Pakistán... O el mundo entero.
La iglesia hizo lo suyo con la condena papal. España, más allá de una presunta obligación de apoyo por ser miembro otanista, se zanjó en diatribas con Donald Trump y Benjamín Netanyahu.
El mundo energético empezó a dar traspiés ante una guerra que, al parecer, no era necesaria, y empezó a señalar culpables. Caída de las bolsas, precios del petróleo elevados, carencia de combustible, quiebre de empresas dentro de los mismos Estados Unidos… Nadie acusa directamente al emperador por precaución diplomática, pero todos saben de su responsabilidad desde el momento en que entienden que Irán no inició el embrollo.
Los mismos países árabes aliados, prestados para la jugada de atacar al persa, actúan con recelo. No tenían esa guerra en casa. Se la llevaron, siendo lo peor que, al consentirla, apoyan los intereses del enemigo histórico hebreo. Un lío.
Ahora, forzando un poco la talanquera del estancamiento, los aliados han puesto en marcha dos ideas para buscar reacciones y revolver el fondo del agua. Por un lado, la separación de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la OPEP, para debilitarla (interés histórico de los Estados Unidos); y, por el otro, el Proyecto Libertad (pasar barcos escoltados por una flota militar), para desafiar el control iraní sobre su estrecho (interés israelí de reavivamiento militar). Grande es la esperanza de lograr que los árabes guerreen y se sacrifiquen por la dupla aliada.
Pero tal ruptura del estancamiento, que los occidentales consideran respetuosa de la tregua, no ha salido de lo mejor para el provocador. Irán ha atacado a los navíos infractores de la aventura, de varias nacionalidades: Corea del Sur, Inglaterra, Estados Unidos… Y ha atacado a los EAU por ser próxenos de la agresión extranjera.
No hay información precisa sobre si el destructor estadounidense atacado por los misiles de crucero ha sido hundido o averiado. Lo cierto es que han tenido que retirarse los gringos, sin embargo, en medio de una perspectiva flagrante de guerra, contenidamente activa. La novedosa inclusión de EAU en la contienda parece un hecho inevitable. Los aliados buscan vengar el ataque que sufrieron desde Irán, generando con ello una dinámica de obligación y participación de un tercer actor en la contienda contra el Eje de la Resistencia.
Para ello lo sacaron de la OPEP, puede decirse. Se llama drenaje del empozamiento y escalada bélica.



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