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jueves, 6 de mayo de 2010

Estado y ciudadanía, y los problemas del Contrato Social venezolano

Ciudadano y Estado Venezuela tiene problemas que no son coyunturales, sino estructurales, históricos, tales como la inseguridad, la corrupción, la desigualdad social, pobreza, que más allá de una decisión política para combatirlos lo que requiere es, prácticamente, una acción de efecto moral y educativo a largo plazo, que involucre a todos los sectores y expresiones de su sociedad.

Lógicamente, se da por descontada la decisión política.  El Estado como émulo (el ciudadano también lo es, según veremos) habrá de ir al frente, como propulsor fundamental en grueso, ramificando su accionar mediante los canales a su alcance:  medios de comunicación, política educativa, corpus legal, combatiendo el delito y castigando (caso inseguridad), combatiendo la impunidad (caso corrupción), propaganda, apoyo financiero, política institucional y, entre otros, sobremanera, ejemplo propio, para las situaciones donde quepa la acción moralizante conductual.  Está obligado a reorientar, por ideario positivista y humanístico, por delegación contractual, su paso propio y el de sus ciudadanos, figura a quien moralmente se debe y de quien es necesaria y hasta afectada expresión.  Su trabajo es extender, ejecutivamente, la alfombra de bienvenida a los deseables valores y actitudes ciudadanos, sobre unos caminos, si aún no forjados, por lo menos señalados, según en él ya se observan como principios.

Pero el propulsor fundamental, en específico, de la nueva moralidad (nueva en tanto in situ escasea) sabemos es el ciudadano mismo, baluarte de cualquiera manifestación o estructuración política.  Sobre él habrá de recaer cualquier medida que apunte a nuevos renacimientos, que apunte incluso a su reformulación moral en tanto figura humana viva in flagrante y transitoria.  Porque el Estado, según contrato social, es delegación y suma de voluntades para el crecimiento y prosperidad en sociedad, según el hombre accede a perder el cuidado de su vieja y originaria naturaleza salvaje y acuerda la existencia de un ente que lo norme y ampare a cambio de su sometimiento a la ley y el cumplimiento de deberes.  Mas al perfilarse el Estado de esta guisa, como eje rector pero expresión de mancomunadas voluntades ciudadanas, no hace más que preponderar al individuo como agente fundamental (como es de esperarse en una sociedad de humanos), individuo o ciudadano susceptible de ideas, agrupamientos o acciones capaces de incidir en la letra y hecho del Estado que lo regula, aunque también capaz de manchar la redacción misma del acuerdo social según su catadura moral.

Esto nos pone en el trance de comprender lo que es una verdad a leguas, suerte de clisé de todas las épocas, pero que parece olvidarse:  no es el Estado ni ninguna organización política humana hacia donde ha de dirigirse el esfuerzo cambiador de mundos; es hacia el hombre, per se, gregario o en individual, quien en sumatoria arrojará el producto de conciencia esperado.  Porque si una cosa es tan cierta como el componente de animalidad que el ciudadano decide perder a cambio de Estado, es su condición de conciencia, de humanidad, de entramado creciente de ideas civilizatorias.  Tanto así que decimos, con la ciencia ficción, que el hombre es una figura mental susceptible de eternidad que constantemente parece lamentar su fugaz condición de ser portado en un menguante cuerpo.  El hombre es mente y capacidad de cambio perpetuo, tanto hacia el futuro como hacia el pasado.

El Estado está allí, como una proyección, como aquella vieja sombra de la caverna platónica, aspirando a humanidad, a corporizar las elevadas esencias.  Hará el trabajo firmado en el contrato, con todos los defectos que conocemos de los Estados, so pena de entrar en conflicto con su contraparte.  Aspirará a mejorar la especie civilizatoria del hombre, y sus postulados lo obligan a dar pasos en tal sentido, requiriendo para ello el apresto y determinación espirituales de sus firmantes mismos.  Pero si sus ciudadanos navegan en el limbo de la descomposición moral...

Si han olvidado en confusión los primero principios de crecimiento social y humano, estampados originariamente en la firma, y ocurre la especie de que el Estado está por encima de ellos con holgura (el único Estado que moralmente está por debajo de sus ciudadanos es el caído); entonces no habrá más que solas sombras proyectadas, sin aspiración al elevado ideal.  Cualquier conato que por naturaleza social un Estado emprenda en sentido positivo estará destinado al fracaso, porque figurará la metáfora cristiana de predicar sobre las rocas o la bolivariana de arar en el mar.  Se apuntará hacia conciencias petrificadas o retrogradadas que no pujarán por el parto de la idea revolucionaria o eugenésica moral, dada su discapacidad intelectual.

De la calidad moral ciudadana dependerá la proyección de principios y ejecutiva del Estado, además de su existencia propia.  Por ello es que cabe aquí la expresión de que los pueblos tienen los gobiernos merecidos (bueno o malo), que no a la inversa (en idea, el Estado es una elaboración moralmente elevada, al menos desde el punto de vista ilustrado).  Una sociedad desmoralizada no tendrá jamás el arresto de no traducirse en la inoperancia de un Estado.  Carente de luces como está, huérfana de herramientas racionales para ejercer la crítica y hacer petitorios de cambios positivos, por el contrario tentará al Estado con el contagio, con el caos y la descomposición política.  Una humanidad ilustrada es garantía de sí misma, de avance en la gradación cívica.

Si un Estado se alimenta en su dirigencia de la charca donde se gesta, no es mucho el tiempo que pasará para que, como el ciudadano, olvide también los elevados principios de la firma del contrato.  Se degenerará, arrastrado por el cauce, por el caos en su viaje hacia la nada.  Por esta línea, si un mal día, bajo la circunstancia de ceguera descrita, dos o tres individuos deciden forjar un Estado, es decir, firmar el contrato “social” ante la buena fe de sus estúpidos coterráneos (el pueblo), se hablará de esclavismo.  Huelga seguir ilustrando al respecto; téngase suficiente con la afirmación de que no hay Estados que degeneren sin su correspondiente efecto ciudadano.

“[...] ninguna medida correctora puede nacer, ni menos aplicarse, si no hay el cultivo de una conciencia gestora.”

Por el contrario, si una sociedad está avisada y ejerce la crítica y encauza su forma de vida propia y rectora (el Estado) por senderos de la transformación positivista, simulará una tierra fértil para la germinación de la semilla progresista, y simulará, también, esa metafórica imagen de la sombra proyectada haciéndose carne más que idea.  Si la forma es que uno de estos ciudadanos un buen día pasa a Estado y sus coterráneos confían en que él se encargue de los desmanes contracivilizatorios en que ellos puedan incurrir, cumpliendo deberes pero ejerciendo también derechos (lo cual habla de la conciencia contractual), entonces hablaremos de democracia, por supuesto, siempre con el riesgo de lo que pueda comportar el hecho de confiar parte de la rectoría propia a otros. (Ya conocemos los abusos de la “democracias”, que degeneran en cofradía asoladoras de pueblos).

Y cuando el ciudadano, cabal a conciencia, se integra al Estado a través de sus múltiples expresiones sociales (grupos, comunas, organizaciones, etc.), dimana un concepto de la mayor elevación en el plano político-moral:  la corresponsabilidad.  Estado y ciudadano en el aparato de poder.  Hablaremos de socialismo y, por ende, de una sociedad elevadamente conciente de que de su calidad y capacidad propias morales no sólo dependerá el sistema de gobierno que así mismo se da, sino su destino propio como construcción civilizante.  Por esta vía hay la probabilidad siempre de que el mundo sea una constante revolución humanista, de positivo crecimiento perpetuo, guiada por hombres para el hombre; y, por ello mismo, habrá siempre la probabilidad de que el Estado ceda, mengüe o sea superado por la conciencia política de sus ciudadanos ahora ejecutores.  Por esta guisa, diremos que socialismo no es letra estática o contrato eterno firmado; es un sistema dinámico humanista activado, de exploración y concatenación social inicial y de final y permanente cambio (pero un cambio estático, centrado en el hombre).  Búsqueda ensayada por una elevada conciencia de hombres en acción, dándose gobierno y destino. Estado ejercido y censado por ciudadanos.

Reflexión final que servirá para volver al punto:  el hombre, el ciudadano, el individuo, punto donde atacar los problemas, como los mencionados al principio.  De él dimana el todo, tanto el problema como la solución. Ya lo dijimos:  estas figuras unidas es lo que conocemos como conciencia social, que no es más que el criterio personal concatenado.  De tal modo que cuando un Estado da el paso a que lo obliga su naturaleza ideal contractual no se afincará en la nada, encontrando en cambio el pasto incendiario del criterio para avanzar.

¿Que la corrupción y la inseguridad no se curan con iniciativas porque sí del Estado, dado que son expresiones consecuentes de profundos problemas estructurales de miseria y pobreza?  Probablemente, pero ninguna medida correctora puede nacer, ni menos aplicarse, si no hay el cultivo de una conciencia gestora.  Invierta el Estado sobre sus ciudadanos el mayor caudal energético en fortalecer almas, que sobre ellas guindará, necesariamente, el trofeo de la razón y la ética, que finalmente ha de obligar al bien común y propio.  Somos hombres, humanos, ideas, cambios.  Sí es verdad que el hombre eventualmente podrá apuntar a su autodestrucción, pero como excepción a la regla de vida. En una sociedad huérfana de Estado y en un Estado sin retroalimentación ciudadana sí que ha de prender no sólo la inseguridad y la corrupción, sino la destrucción como la suma de los vicios.

Vayamos, pues, hacia el hombre, más cuanto se comprenda que es un asunto de educación, de largo plazo y alcance, de siembra y cosecha de conciencias, mismas que, al final del camino, habrán de alumbrar el parto.  El camino es socialista:  es asunto de ideas, como el hombre.  Es una tarea de vencer con el concurso de todos.  El Estado falla cuando un indigente vaga por las calles sin ser atendido; el ciudadano, cuando la indigencia deambula en su mente, en la incapacidad de comprensión de su propio pensamiento.  No es una guerra entablada contra los vicios civiles que dure un día, sino una generación, quizás varias, dado el estado inicial de la Venezuela en cambios, otrora sumida en un imperio de vicios.  Sembrar conciencia y comprensión es un acto que sólo florece en la hora de la cosecha, y ello pide arrestos, tiempo y preparación (así no es difícil comprender por qué las tesis humanas que se basan en el facilismo de la animalidad son las que hasta hoy se han impuesto como modo de vida, dejando a la vera del camino extraoridinarios enfoques humanista pero que requieren preparación y toma de conciencia:  por ejemplo, capitalismo y marxismo, respectivamente).

El Estado venezolano ha revertido situaciones de vergüenza política, como la desigualdad social, con apenas ejercer su elevado rol moral como parte contratada por los ciudadanos para velar por su bienestar:  redistribuir la riqueza, proteger al ciudadano de los monopolios y amparar al débil ha dado como producto que Venezuela sea el país con menor desigualdad social en la región, según estudios de la Comisión Económica para América Latina (Cepal, 2.008) realizado sobre un universo de 18 países.  Igualmente, el Coeficiente de Gini, manejado por la ONU para medir la desigualdad de los ingresos, arroja que Brasil, Guatemala y Colombia son los países más aquejados por esta llaga en el continente, colocando a Venezuela en el último sitial, lo cual es un triunfo.  Es una información fácilmente corroborable en las respectivas WEB de estas organizaciones.

Pero el peliagudo problema de la inseguridad y la corrupción, que comporta una circunstancia de alcance histórico y hasta paradigmático, donde ciudadanos y funcionarios comparten el porte de una mentalidad predadora, dimana un hecho de corresponsabilidad con básico origen en la ciudadanía como cultura.  De forma que no servirá que el Estado dé su esperado primer paso del compromiso moral si las masas no están debidamente sensibilizadas respecto de las lacras, ni ha prendido en ellas tampoco la conciencia de que se trata de un ejercicio de autodestrucción política y ciudadana.  Real acto de arado en el mar.

jueves, 29 de abril de 2010

EEUU: fabrica tragedias y gobernarás. ¡Que viva México!

Ya debiéramos saberlo:  EEUU fabrica crisis entre sus países “amigos” o aliados para ejercer su dominio.  ¿Tan difícil es aceptarlo, para quienes, con el mentalismo del subdesarrollo y la dependencia cultural, consideran a ese país como la metrópolis de sus sueños y encantos, el país perfecto, la mejor democracia del mundo, el mejor sistema de justicia y, por ende, como efecto moral de lo anterior, el país humanista y humanitario por excelencia? Veamos.

Gente hay que puede llegar a considerar criminal a su mismísimo padre o madre si alguno de ellos, por evolución mental o adquisición repentina de alguna capacidad para desmontar discursos, de pronto descubriese que el tal país no pasa de ser más que una pantomima de unos altos valores civilizatorios que no sirven más que para hacer fintas propias, parapetarse de moralidad y, bajo esa autoridad, aplicárselos a otros países con el propósito de sometimiento.

Pero no tienen culpa, estamos claros; son criaturas transculturadas: primero desculturadas (desarraigo, pérdida de lo propio), segundo aculturadas (pasando de una influencia a otra) y, finalmente, neoculturadas (ya cuasi extranjeras en propia tierra, proponiendo nuevos valores). ¡Son cien años de dominio cultural, desde que precisaron las riquezas naturales de América Latina!

Padres habrá capaces de ajusticiar a propios hijos si alguno descubriese, bajo la presente onda de concienciación latinoamericanista y autonómica en boga, hechos que lo llevasen a cuestionar las virtudes del “mejor sistema político del mundo”. Como, por ejemplo, enterarse de que la muerte de Kennedy se debió a esa ansiedad monetarista de matar gente de las cúpulas de poder norteamericanas para lucrarse (perros de la guerra); que en los EEUU casi ningún defensor de los derechos civiles ha sobrevivido, asesinados inmisericordemente (Luther King, Malcom X, para nombrar a los de raza negra nada más, porque blancos hay por cantidad, mártires de todo tipo, ciudadanos como, por ejemplo, los que murieron en la jornada que validó al 1º de Mayo como día mundial del trabajador); que allá al nuevo inmigrante le truecan su nacionalización por un tiro en la frente, mandándolo a algún campo de batalla del extranjero, sea Irak, Afganistán, etc.; que no existe realmente ninguna “perfecta” democracia, dado que no es el pueblo quien elige a su presidente (lo que existe es un sistema de elección de delegados electorales); que EEUU mata gente a diario en ingentes cantidades, sin importarle que sean inocentes, en nombre de su desmedida ansiedad de dominio y preponderancia bélica (llamada libertad), con aviones a control remoto, bombas, operaciones encubiertas o del modo más calculador, como fue el caso de los periodistas de la agencia de noticias Reuters en Irak; que invades países sólo porque a un presidente cualquiera se le ocurrió insultarlos (caso Libia-Reagan); que prefiere salvar bancos en vez de ahorristas, como hizo con las recientes medidas de auxilio financiero; que disimuló un fraude electoral, mismo que llevó a uno de sus presidentes al primer cargo, como ocurrió con George Bush; que asila terroristas y asesinos de toda calaña en su seno, gente que ha matado inocentes, ha volado aviones (Posada Carriles), ha derrocado presidentes constitucionales en otros países, etc.; que ha experimentado golpes de Estado, como el que pregonan se dio y resultó en el actual hombre fuerte del sector militar,  Robert Gates, hecho que deslegitima a quienquiera que hable de legalidad y democracia. Etc.

Se ven discusiones, caramba, donde las partes se enfrascan arduamente en hacer prevalecer alguna banalidad de cualquier asunto o hecho.  El blanco o negro de una pared, por ejemplo.  Hitler era un hombre que no admitía refutación de sus puntos de vista durante su juventud, antes de hacerse Führer (saquen la cuenta); situaciones hubo en que llegó a las manos, o se deshizo irasciblemente en medio de una enfermiza histeria.  No es descartable que un venezolano, pongámoslo padre y opositor a un tiempo, asolada su mente por causa de los cien años de la influencia cultural estadounidense, se enfrasque ofendidamente con su propio hijo en una discusión sobre las bondades en quebranto del país de sus sueños.  Es para coger palco, como se dice en Venezuela, y para sonreír cuando al viejo no le quede más camino que aducir que todo lo impugnado a su metrópolis mental es producto de la envidia mundial y de fortuitos e históricos enemigos de ese gran país (terrorismo, Bin Laden, comunismo, etc.).    Tiene su gracia y tragedia a un tiempo.

Fabricar tragedias para gobernar es el equivalente contemporáneo de la maquiavélica expresión “Divide y gobernaras”.  Si las tragedias no se dan naturalmente, se crean artificialmente.  Se ha visto a los EEUU ir a “ayudar” a países amigos en desgracia para luego cobrarles por el favor no saliendo más nunca de su territorio, haciéndoles la merced, de paso, de instalarle unas cuantitas bases militares.  Cuando el deslave en Vargas, quisieron instalarse en Venezuela, pero se les impidió; aunque ni falta les hizo, porque hoy tienen bases dentro de toda la América Latina (especialmente en Colombia) y en su periferia continental marina.

“En México hay terrorismo y hay que “ayudar”, es decir, terminar de reventarlo con una tragedia mayor.”

Hoy a los EEUU los acusan hasta de generar terremotos artificiales para asolar países, situación que prepara las condiciones posteriores para presentarse ellos como irresistibles “ayudas”.  Rusia y China, en declaraciones de voceros, levantaron suspicacias sobre un proyecto HAARP (High Frequency Active Auroral Research Program) desarrollado por la Fuerza Aérea y la Marina de los EEUU, mismo que consiste en la emisión de ondas electromagnética hacia la ionosfera (sana investigación) para luego reflexionarlas hacia la corteza terrestre de los países amigos y enemigos (insana investigación) que requieran ser “ayudados” con una inundación, tormenta, sequía, huracán y hasta terremoto, efectos que reblandecerían las condiciones para su posterior ingreso como país bienhechor, sea ya derrocándoles algún “mal” que los aqueje (como el terrorismo en Afganistán) o haciendose irresistibles con sus campamentos de humanitario “auxilio”, trocadas luego en bases militares.

¡Qué no se ha dicho!

En México quieren ayudar con el Plan México a “combatir” el narcotráfico y la violencia (terrorismo), como ya hicieron en Colombia.  Es decir, quieren fabricar una mayor tragedia que los faculte, en medio del caos, para resultar irresistibles con su “ayuda”.

En Colombia hicieron su trabajo:  “invirtieron” 6 mil millones de dólares desde el año 2.000 y la superficie de cultivo de las plantas psicotrópicas aumentó casi en un 30%, aumentando por consiguiente la producción de cocaína.  Lo dijo la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen:  hoy Colombia es el principal proveedor de cocaína del principal país consumidor del mundo.  ¿No suena raro el cuento? Vaya a la fuente de la ONU y corrobórelo.

¿Para qué fue la ayuda? ─quisiera me respondiera uno de eso padres locos peleones─.  Hoy los EEUU tienen proyectado no salir nunca más de Colombia. Es suya, les pertenece, de su propiedad, toda ella, como un Estado más de su Unión.  Le instalarán siete bases militares, de alta tecnología (Palanquero), para “ayudarlos” eternamente a vigilar el narcotráfico, los grupos guerrilleros, los eventuales enemigos exteriores del país aliado (Venezuela, Ecuador y, eventualmente, Brasil).

En Panamá pasó algo parecido.  Golpearon políticamente a Noriega ─su antiguo aliado y miembro de la CIA─ cuando empezó a ponerse reacio en la postergación de la entrega del Canal de Panamá.  Lo acusaron de narcotraficante y lavador de dólares. Sembraba marihuana en el patio de su casa.

¿Y no recuerda usted el cangrejo Irán-Contras?  Los dirigentes del país bueno empezaron a utilizar dinero proveniente del narcotráfico para financiar guerras y “ayudar” a la gente de esos países a salir de plagas comunistas o independentistas.

”[...] hay prosperidades que florecen con el riego de los ríos de la sangre.”

¿Y en Afganistán?  ¿Qué cree ocurre con el opio?  ¿No le parece super recontra raro que en ese país, tomado por las fuerzas “amistosas” de los EEUU (le combaten el terrorismo al pueblo) haya aumentado todo lo relacionado con esa sustancia?

En Venezuela han querido “ayudar” a su pueblo a salir de un presidente dizque comunista, Hugo Chávez.  Le dieron ya un golpe en el 2.002.  Porque habla de independencia, autonomía y otras dignidades, es golpeable, maligno, alineado con el eje del mal; tal es el cuento.  Secuestra la democracia.  Milita en las Fuerzas Armadas Revocionarias de Colombia (FARC). Se aleja del progreso al entablar relaciones con China, Rusia, Bielorrusia, etc., y cada vez menos con ellos, los EEUU.  Requiere, con urgencia, ayuda, no hay duda, y andan ellos prestos a fabricarle una tragedia degenerante en guerra desde Colombia, con una desestabilización política interna afincada en una oposición política extranjerizante y alienada, como los padres peleones esos del siglo pasado, era colonial.

Ahora quieren ayudar a México.  No hay ya comunismo tan amenazante como ayer por ahí, pero hay narcotráfico y violencia para entrar con licencia a cualquier país, sobremanera si es vecino, si está dentro de su espacio vital, si es frontera, como de hecho lo es México, pieza de enorme geoestrategia para sus intereses.  Le están proponiendo relaciones comerciales asimétricas, dando por hecho que son simétricos en la potencialidad económica.  Un trato de “iguales”.  Dinero.  Asesoría.  Combate sofisticado contra los distintos carteles de la droga.  Todo un mecanismo de espionaje y control de sus Fuerzas Armadas y policiales.  Su vigilancia.  Y, lo menos importante cuando se trata de auxiliar a un vecino, una puerta abierta a los desmedidos perros de la guerra que venderán sus armamentos y sofisticados equipos de enfrentamiento, espionaje, guerra electrónica, aviones, helicópteros, programas computarizados y de entrenamiento. La Iniciativa Mérida, que ya va por Plan México.

En México hay terrorismo y hay que “ayudar”, es decir, terminar de reventarlo con una tragedia mayor.  Es urgente fabricarla.  Es más:  con el plan ofrecido se ofrece también la posibilidad de contagiar a Centroamérica con sus bondades.  México es una plataforma de irradiación bondadosa inclusive hacia América Latina. Crisol cultural celestial.

Y ya lo han estado ayudando desde antaño.  México tan lejos de Dios y tan cerca del gringo, como dijo uno de sus dirigentes en el pasado.  Le compraron todo su petróleo, hecho que no pareció enriquecerlo gran cosa:  en el 2.015 el país andará seco en sus pozos para siempre y pobre como nunca.  Le firmaron un TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte: México de igual a igual con Canadá y EEUU) que dio como resultado a un país dependiente de los granos estadounidenses, cuando fue prácticamente uno de los países precolombinos que inventó el maíz ─digamoslo así─, viviendo siempre de la tierra y su cultivo.  ¡Ah, buena ayuda, carajo!

Ahora hay que fabricarle una tragedia mayor, es decir, hay que penetrarlo en el pellejo del feneciente animal que quedó para inventarle guerras y matar a sus perros, perros de la guerra, perros sus habitantes desviados por las malas sendas.  Guerra al narcotráfico y terrorismo.  Ya se le erigió una muralla en la frontera, para que no se escapen hacia los EEUU.  Pronto sus Fuerzas Armadas participarán en ejercicios “fraternos” de entrenamiento.  El hachazo final... El abrazo final.  Cariños de oso.

No importa que algunos no comprendan sus motivaciones bondadosas (las de los EEUU), como el ministro ése mexicano que dijo apenas ayer haber descubierto que los EEUU tienen un doble discurso, porque, por un lado les venden armas a la mafia y, por el otro, ofrecen la “ayuda” necesaria para combatir el efecto de semejante armamentismo.  El Plan ese que arguye hay que combatir la violencia y el terrorismo.  ¿No suena raro?  Como el que compra, se despacha a sí mismo la mercancía y, de paso, se da el cambio desde la caja registradora, que el mismo maneja.

¡A otro perro con los perros!  ¡A otro cielo con semejantes santos!

Si yo viviera en ese país de los sueños no me daría por tranquilo al saber que una moneda en el bolsillo de uno de sus ricos es una pierna u ojo que podría faltarle a un humano en cualquier parte del planeta donde a ellos se les ha ocurrido ir a ayudar. Como si dijéramos que hay prosperidades que florecen con el riego de los ríos de la sangre.