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jueves, 27 de noviembre de 2008

Replanteo estratégico opositor y otros efectos "democráticos"

Manuel Rosales Desde poco antes de las elecciones regionales, la oposición extremista venezolana andaba a dos aguas, como es hábito político ya en sus andanzas:  por un lado preparaba su zarpazo, buscando matar al Presidente de la República, convencida de que nada significativo obtendría en las votaciones, llevando armas magnicidas por aquí y por allá y preparando sumir al país en el caos, listos para acabar con una democracia que para ella es una dictadura; por el otro, se presentaba ante el país como la opción política del "cambio" (o del regreso hacia el viejo sistema de cosas), asediada por la maquinaria "oficialista", en desventaja, victimizada, violada en sus derechos humanos y civiles...  A todo el mundo decía que eran demócratas que luchaban hasta con las uñas para salir, cívica y electoralmente, de este gobierno.

De acuerdo con informaciones, tenía pautada para el 26 del corriente su día "D": desconocimiento de los resultados electorales, canto de fraude, toma de la calle e intento de incendio de la tranquilidad ciudadana.  Sencillamente temía que los resultados decretasen su muerte política, no tanto desde el ángulo del apoyo militante (tiene casi 4 millones de votos) como desde la desgracia que esa militancia fuese insuficiente para coronar numerosas gobernaciones y alcaldías.  La medida más optimista en su tiempo le llegó a deparar cálculos de catorce gobernaciones.  Hechos en países como Nicaragua, donde el sandinismo casi arrasa en las elecciones municipales y la oposición (la derecha política) de inmediato se enfrasca en propalar que hubo fraude, escenificando violencia callejera, se le erigieron en modelos alentadores para sus planes.

Pero ya se ve:  los resultados, con todo y que no obtuviera la oposición política venezolana la meta soñada de más de la mitad de las gobernaciones, la sorprendieron.  De las cinco ganadas en buena lid, tres la sorprenden extraordinariamente, por lo que comportan en geopolítica y geoestrategia:  más control en la frontera con la nueva Táchira, además del ejercido desde antes por Zulia; y, con Carabobo y Miranda, más adyacencia al corazón político del país:  Caracas.  Pero no llegó al colmo su sorpresa:  dentro de la misma Región Capital, lograron el control de la Alcaldía Mayor.

Ante tal redimensión del mapa político, que le augura más calidad que cantidad (geoestrategia y estados densamente poblados), la efervescencia desestabilizadora ceja –por ahora- en sus planes para reconsiderarlos y, seguramente, relanzarlos.  Los resultados le hacen concebir la ilusión de la toma del poder, del mismo modo en que ha venido intentándolo, doblemente:  con el discurso de la democracia (modo lento), pero sin desechar la idea de dar un zarpazo cuando las circunstancias sean propicias (modo rápido).  Por lo pronto, con parte de Caracas bajo mando, con la Miranda tan cercana y la simbólica tierra de Carabobo bajo su titularidad, se le hace necesaria una pausa para rediseñar la estrategia a seguir, la cual dejo a imaginación de los lectores.

De momentos, mientras hace efectiva la toma de posesión de las parcelas conquistadas, queda en el aire, como un cuento, el asunto de las armas magnicidas, de los previstos zaperocos para el día "D",  como cuando queda a la vista una plantilla cuyos pronósticos jamás se llevan a ejecución.  Como ocurrió con los planes mismos magnicidas que esbozó el oposicionismo extremo para los momentos de la coyuntura electoral, cuando el gobierno se los develó, quedando en el aire el esquema, sin la soñada concreción.  Hechos todos que no hay que olvidar a la hora de mirar el rostro "democrático" coyuntural que la dirigencia opositora ensaya en estos momentos de reacomodo político.

Pero a pesar de que se serena y toma nuevo aire para maquinar sus cosas, no todo es control entre sus filas.  A algunos, como el candidato a la gobernación de Barinas, Julio César Reyes, les resulta cuesta arriba desprenderse de los preconcebidos planes que esbozaban para luego de las elecciones:  había que gritar fraude y él lo gritó, azuzando a las partes a una confrontación.  Una denuncia de fraude Capriles Radonskiirresistiblemente tonta e improcedente, dado el hecho que algunos de sus correligionarios lograron el triunfo por un margen más ínfimo que el alegado por él, sin que la autoridad electoral tuviere el inconveniente en reconocerlo.  A pocos podría convencer con el cuento de que es confiable el resultado electoral cuando su factoría política gana y fraudulento, cuando pierde.

"En el ámbito nacional, de las 326 alcaldías en juego, el chavismo logró el control en 263, lo cual, para decirlo con propiedad, y sumado al hecho de las 17 de las 23 gobernaciones,  tiñe a Venezuela de rojo.  De un anterior control de 15, el chavismo pasó a 17"

La oposición política, pues, por los momentos, cesa en el empeño de incendiar el país, para tomarse un segundo aire, por lo pronto, como se dijo, para redimensionar  sus planes.  Digiere cuidadosamente lo que no vacila en calificar como "triunfo" (o "alternativa democrática", como lo calificara un dirigente de ella, a quien ya no le parece "oposición" la oposición), a pesar que bajaran a 5 el número de gobernaciones bajo su control, de 7 gobernaciones que controlaba.  En poco tiene que el chavismo haya controlado 17 entidades de las 23 que compitieron en la justa electoral, como si adujera que el país está concentrado en Zulia, Carabobo y Miranda, básicamente.

En su mente sólo anida el éxtasis de haber controlado algunos estados estratégicos, mismos que, para sus arrestos secesionistas, no tendría inconvenientes para declararlos como la nueva  Venezuela, si ya con el solo estado Zulia intentó hacerlo.  Aunque semejante control lo presientan de forma y no de fondo, por el hecho que, por cada gobernación que controlaron, las fuerzas del gobierno dominaron internamente en sus alcaldías.  En el ámbito nacional, de las 326 alcaldías en juego, el chavismo logró el control en 263, lo cual, para decirlo con propiedad, y sumado al hecho de las 17 de las 23 gobernaciones,  tiñe a Venezuela de rojo.  De un anterior control de 15, el chavismo pasó a 17.

Queda, en fin, la oposición como titular formal de 5 estados, mas no de fondo, como dijimos, puesto que sobre este nivel mayoritariamente ejerce el control el chavismo en sus alcaldías.  Véase:  13 de 19 alcaldías en Zulia; 10 de 14 en Carabobo; 15 de 20 en Miranda, 16 de 29 en Táchira y 6 de 11 en Nueva Esparta, si mi verificación no fue imprecisa, excusándome si el tiempo me pone en apuros.*  Pero sabemos que (y debemos estar preparados), para el caso que no haya asimilado el riel de la democracia y el civismo (oportunidad que tan hermosamente se le ofrece ahora), asimila por los momentos el hecho de sumar una nueva estrategia para sus planes desestabilizadores, y repiensa sus nuevos pasos, para seguramente ofrecerle al país algunas conmociones posteriormente.  Sólo es cuestión de tiempo.

César Pérez Vivas Elementos como el control de las policías regionales (lo cual puede envalentonar), la adyacencia política a la capital, el control en la frontera, la presión desestabilizadora desde Colombia y los EEUU, los dólares de la USAID y la NED, y la misma tradición golpista que alberga su corazón desbocado; hacen pensar no tan optimistamente en el devenir tranquilo democrático de la Venezuela de los próximos años .  Si antes, con el dominio único del Zulia como estado geoestratégico, se creía mayoritaria en Venezuela, ahora con Carabobo y Miranda, lo menos que puede pensar es que es dueña de la América Latina entera. 

A repensarse el chavismo también. Es lo que mandan los hechos.

Notas:

* Consulte, para verificación, los resultados publicados por el Consejo Nacional Electoral:  http://www.cne.gov.ve/divulgacion_regionales_2008/

lunes, 24 de noviembre de 2008

Reelección de Hugo Chávez y resultados electorales regionales

Dibujo Consumadas ya las elecciones regionales 2.008, de alcaldes y gobernadores, no queda más que analizar los resultados sin perder de vista dos puntos cruciales para el proyecto de cambios políticos esbozados para Venezuela desde la instancia gubernamental:  la transición hacia el  Socialismo del Siglo XXI y la reelección presidencial indefinida, considerada ésta última por algunos como factor clave para la continuación de las transformaciones.

Como si se dijera que sin Hugo Chávez no hay socialismo a la venezolana que valga, por aquello de valorar  justamente al padre de la criatura y por reconocer (y aprovechar) también en su justa medida las capacidades oratorias y carismáticas del líder de la revolución, con un nivel de aceptación estacionado en un 70%.  Y como si se dijera la perogrullada, también, que para ratificar proyectos y ganar propuestas de reelección se requiere contar con el favor contundente de la población sufragante de un país.

El presidente Hugo Chávez requería, con la urgencia política que le impone la continuidad vigorosa del proceso de cambios previsto para Venezuela, con modélicas repercusiones en América Latina, un triunfo de mayor densidad política en el país, mismo que lo facultaría para, en breve, sobre el efecto de una alta autoestima política, proponerle a los venezolanos un referendo sobre la reelección ilimitada presidencial.  De modo que candidato y proyecto político, padre y criatura, como muchos están convencidos sea, fuesen a la una a ocupar las instancias del gobierno para asegurar resultados óptimos.

Pero ya se vieron los resultados.  A despecho de que la figura del Presidente de la República conserva su 70% de aceptación, y sobre el hecho que inusitadamente participó más de un 65% de la población votante ("el más alto [...] en los últimos años en una elección regional y local"),¹ queda en el ambiente la impresión que ni prestigio personal presidencial ni mayor participación (5 millones y medio de votos chavistas en relación a los 3 y pico de los anteriores comicios) lograron cubrir las metas pautadas, como si el elector, razonadamente, hubiera realizado los correspondientes distingos a la hora de ejercer su voto, escarmentando o premiando lo que le pudiera dictar su conciencia.  Sin duda una crítica para quien tenga que ser criticado y, a fin de cuentas, un extraordinaria conciencia de funcionalidad democrática.

Y sin duda efecto -hay que reconocerlo- de un mejor manejo del aparato y estrategia propagandísticos del bando opositor que, así como en los comicios reformatorios anteriores utilizó a su favor la presunta actitud confiscatoria gubernamental de la propiedad privada y empapeló la ciudad con aseveraciones de que un presunto dictador se quería eternizar en el poder, para esta ocasión desistió atacar directamente la figura presidencial para evitar, como dice James Petras,² polarizar el voto entre un prestigioso Hugo Chávez y su contraparte antichavista, pudiendo salir con la peor parte.  Prefirió la oposición alabar los programas sociales "chavistas", pero criticando siempre el mal manejo de su implementación; que es a lo que se refiere la gente en la calle cuando dice que "el hombre tiene buenas intenciones, pero quienes lo rodean son quienes lo hacen mal".

Queda en entredicho, pues, la aseveración última que se le oyó al presidente -y que ya se había labrado su sitial como explicación de la derrota sufrida en las votaciones del 2 de diciembre de 2.007, cuando la Reforma Constitucional-:  que no había sido una derrota propinada por la oposición, sino por los mismos militantes, quienes habían dejado de votar en una cifra rondante a los 3 millones.  Es decir, una autoderrota por causa de una baja motivación y participación de la militancia.  Se llegó aducir también, con base en datos ciertos, que entonces la oposición política no había crecido, porque menos de su militancia había ido a votar en relación a las estadísticas de asistencia de los anteriores comicios.

Pero ya se ve el resultado, como se dijo:  fueron más chavistas a votar -como se quería- y votó menos oposición (200.000, aproximadamente), y los resultados no se instituyeron en los mejores, al menos desde el punto de vista de las gobernaciones, que no alcaldía.  ¿Cómo explicarlo?  He aquí nuestra tesis de la densidad política, que no es más que la poblacional por estados, es decir, el triunfo -aunque por la mínima diferencia- del bando opositor en los estados más densamente poblados del país (Zulia, Miranda, Carabobo, parcialmente el Dto. Capital), mientras el chavismo se imponía holgadamente en los  estados de menor población, a excepción de Lara y Aragua.  De modo que parece pertinente la expresión de que el chavismo ganó estas elecciones regionales más por extensión formal que por densidad de contenido:  17 entidades no muy pobladas (a excepción de Aragua, Lara y parte del Dtto. Capital) contra tres o cuatro ganadas por la oposición, que por sí solas concentran casi el 40% de la población nacional ( Zulia, Miranda, Carabobo y parte del Dtto. Capital).³

"contra tres o cuatro ganadas por la oposición, que por sí solas concentran casi el 40% de la población nacional ( Zulia, Miranda, Carabobo y parte del Dtto. Capital)"

El chavismo casi duplicó, duplicó y hasta triplicó el voto opositor  en lugares como Apure, Bolívar, Delta Amacuro, Guárico, Lara (triplicó), Monagas (triplicó), Portuguesa, Vargas y Yaracuy, sitios cuya población no rebasa el 30% porcentual del país; mientras que, como llevamos dicho, la oposición ganó, aunque por márgenes mínimos (8 y hasta 3 puntos porcentuales, como en Carabobo) en las entidades de mayor población nacional.  Ello lleva a aseverar, no obstante, que sí, no hay duda, el chavismo es la principal fuerza política del país, que su militancia acudió masivamente a votar, ganando 17 de la 23 entidades en contienda (incluyendo el Dtto. Capital, pero sin incluir las Dependencias Federales ni el estado Amazonas); mas no pudo contra la focalización que desplegó el sector opositor en los estados más densamente poblados, donde nadie puede negar, sin embargo, que el partido de gobierno conserva un poder elector casi igual al que los derrotó. 

Ciertamente, el mapa de Venezuela quedó rojo en extensión, como dijimos, triplicando o más el chavismo (psuvismo) a la oposición por entidades; pero no duplicándolo en fuerza electora efectiva,  como se demostró en la recién culminada justa (obtuvo el Partido Socialista Unido de Venezuela 5,5 millones de votos o más).  Hay, pues, que considerar que las pequeñas fragmentaciones de los bandos no deja sincerar de una vez por todas la fuerza votante de cada uno.

En balance: recupera el PSUV cuatro entidades que habían pasado al bando contrario por "traición política" (Aragua, Guárico, Sucre y Yaracuy), como manifestó el vicepresidente del Partido, Müller Rojas, y recibe un duro golpe con la pérdida del estado Miranda y Carabobo; por su parte, el segmento opositor conserva el importantísimo estado Zulia, quita Carabobo y Táchira al chavismo, levanta tienda en la Alcaldía Metropolitana, pero pierde Sucre, un estado de tradición opositora, a pesar de haber sido gobernado en su último período por un funcionario afín a la causa del chavismo (al menos inicialmente).

En fin, tales resultados comportan ciertas connotaciones, más allá del hecho que el sector opositor quedó en dominio sobre cuatro estados claves del país, tanto por la población electora como por geoestrategia (Miranda, Zulia, Táchira y Carabobo).  Y tales connotaciones tendrán su concreción en la práctica, en el oficio político opositor del cada día, en el supuesto que continúe la tolda opositora con su plan de hacer política en el país bajo la impronta de la desestabilización y la conspiración extranjeras.  Táchira y Zulia:  más problemas en la frontera con Colombia, mayor incidencia del narcotráfico y paramilitarismo, mayor escudamiento de factores conspiradores; Miranda y Carabobo:  mayor espacio para el maniobrar de la desestabilización urbana, apoderamiento de los recursos para los fines (control policial), mayor proximidad operativa a Caracas, el corazón político del país.  La toma del estado Carabobo puede comportar toda la simbología mágica que se quiera, por ser emblema y asiento de uno de los hechos históricos de la Independencia americana.

Una cosa y otra piden dos cosas -a su vez- de parte de gobierno, de modo inmediato:  presencia efectiva en la frontera con Colombia, para prevenir la desestabilización interna y externa, y un más rápido control por parte del poder central de las policías regionales (implementación rápida de la Policía Nacional).

Tips al cierre:

Táchira:  se perdió por 7 mil votos.  Ocupa un lugar estratégico de cara al desestabilizador vecino:  Colombia

Carabobo:  a pesar de haber obtenido un 6,5% de los votos, el escándalo de corrupción protagonizado por el saliente gobernador afectó la propuesta de Mario Silva, quien, significativamente, perdió por tres puntos porcentuales.  Como si se pudiera decir, desde el punto de vista del elector:  para tener un corrupto en el gobierno, nada mejor que un candidato de la oposición.  ¿Para qué revolución?

Zulia:  el lenguaje de confrontación del presidente de la república en contra del gobernador saliente, Manuel Rosales, a quien también en los últimos días electorales se le recetaba cárcel desde varios frentes institucionales, no sirvió más que para victimizarlo y exacerbar el tan famoso regionalismo de los zulianos.  No sólo se dejó de ganar la gobernación, sino la Alcaldía de Maracaibo.  Tendrán que esperarse confabulaciones fronterizas con el ahora opositor estado Táchira

Miranda:  cae por la mala gestión de la autoridad en su municipio más importante, desde el punto de vista geoestratégico y electoral:  Sucre (Petare).

Alcaldía Metropolitana:  el índice de popularidad y gestión del Alcalde Mayor, Juan Barreto, no era la mejor carta de recomendación como para que el chavismo repitiese en el cargo.  Nada peor puede llamar la atención sobre lo inadecuado o ineficiente de una gestión cuando un adeco se posesiona del cargo.

Perla final:  el Municipio Sucre, de Miranda, fue clave en su caída misma y la del Estado al cual pertenece; la Alcaldía Metropolitana, en el Dtto. Capital, fue clave, también, en su propia caída, ahora en manos adecas.  El mismo efecto lo tuvo Acosta Carlez para la causa de quien él llamó su "padre político", a saber, Hugo Chávez Frías.

Notas:

¹  "Noticias:  65,45% de participación en elecciones regionales" [en línea].  En CNE. - 24 nov 2.008. - [Pantalla 1]. - http://www.cne.gov.ve/noticiaDetallada.php?id=4662. - [Consulta:  24 nov 2.008].
² James Petras:  "Las elecciones regionales y municipales del 23 de noviembre de 2008 en Venezuela son más que unos simples comicios" [en línea].  En Aporrea.org. - 22 nov 2.008. - [Pantalla 3]. - http://aporrea.org/actualidad/a67458.html. - [Consulta:  24 nov 2.008]
³ "Ocho entidades concentran el 62,3 por ciento de la población" [en línea].  En INE [Censo de Población y Vivienda 2.001, Avance informativo 9, ene 2.001]. - http://www.ine.gov.ve/censo/boletines/asi_va_el_censo09.pdf. - [Consulta:  24 nov 2.008].