lunes, 29 de octubre de 2007

Argentina, Cristina Fernández y Hugo Chávez, o de cómo llora una oposición en América Latina


Cristina Fernández gana las elecciones en Argentina, y su victoria -es un lugar común decirlo- constituye un bofetón a tanto sector de la derecha que prendió velas a la esperanza de ver desaparecer lo que para ellos se ha convertido en un maleficio: la decadencia propia, el progresivo fortalecimiento de valores revisionistas y de tendencia socializante, en el sentido de búsqueda de una justicia tanto tiempo negada, y lo peor para ellos, que desde ya seguro los pone a invertir más en velones o pensar cambiar de santo: Hugo Chávez y su propuesta de integración continental se fortalece tremendamente, esto si sumamos, por otro lado, el voto aprobatorio de los diputados brasileños al ingreso de Venezuela al MERCOSUR.
Ya desde el día jueves próximo pasado, la entonces candidata no ocultaba su pretensión de mantener alianza estratégica con Venezuela, liderada por Hugo Chávez, de quien dijo "ayudó al país en momentos en que nadie lo hacia". De modo que su intención -concluyó- es abogar por una "mayor profundización de la integración latinoamericana" (Diario El Mundo. - (2.007) oct. 25; p. 8), actual dolor de cabeza de los factores de poder que apuestan a la moneda contraria, esto es, la división y hasta el aislamiento en los países de la región a efectos de así cultivar la debilidad para ejercer el dominio sobre ellos.
Días atrás la candidata había declarado duro a los oídos de tanto chavista llorón que ahora hay en el mundo, esta vez en España, si no me equivoco: "América latina necesita a Chávez como Europa necesita a Putin", aludiendo no al uniforme militar, como intentan descalificar los sesudos analistas de siempre, sino a la condición de freno que ambas figuras encarnan ante la voracidad de un modelo político imperial que a lo largo de tantos años lo que ha hecho es demostrar que es un buen sembrador de pobreza.
Incluso con el posterior escándalo de la valija diplomática, que trataron de utilizar los sectores opositores para que la ahora presidenta se tragase sus muestras de admiración por Chávez, Cristina Fernández de Kirchner nunca dejó sus convicciones a un lado, colocando como prueba de ellos sus declaraciones arriba consignadas, tres días antes de la elección. Más allá aun se puede ir, al afirmar que astutamente echó mano de la figura protestataria, irreverente, de Hugo Chávez para significar electoralmente que encarnaba una propuesta fuerte, de cambios, de búsqueda de nuevas fuentes de acción para encarar problemas en un país como Argentina, con una psique popular ajada por las funestas gestiones gubernamentales que ha tenido.
De modo que la victoria de Cristina Fernández, así planteada, con una bujía chavista dentro de su maquinaria, es lo más parecido a un ácido cáustico rociado en el rostro de la oposición continental, sobre todo para la venezolana, quien no se cansó -y no se cansa- de repetir como loro neocolonial que Chávez compraba bonos argentinos para comprar solidaridad y apoyo en sus planes de integración bolivarianos. "No, señores -habría que decirles-, se trata de algo que ustedes no comprenden hoy por definición político cultural: solidaridad, creencia en que la fortaleza propia nace de la unidad y la prosperidad de todos y no de la de unos cuantos, como suelen predicar ustedes cuando firman pactos y acuerdos comerciales unilaterales con entes ajenos y voraces hasta de la posibilidad de amistad entre los países." Vayan y digan ahora que la solidaridad con nuestros países vecinos no es rentable políticamente. Una vez más el "fenómeno Chávez", escrito aquí así con la intención de revolver un poco más sus compungidas conciencias, concreta su efectivo peso en América Latina a la hora de apuntalar esperanzas socialistas para los pueblos en la contienda electoral, como ya hiciera con Evo Morales en Bolivia, Ollanta Humala en Perú (estafado en los votos), Manuel López Obrador en México (estafado en los votos) y Rafael Correa en Ecuador, entre otros, sin olvidar mencionar los que faltan, como Colombia y Perú, quienes consumen su último cartucho derechista.

La explicación del luto opositor porque Chávez ejerza solidaridad con los países hermanos está en cosas como esta, en los resultados concretos de unas elecciones que postulan apoyo a la propuesta promovida desde Caracas, o sea, la integración bolivariana. Integración protestada por las castas opositoras bajo los más disímiles formas de ataque, siendo un día que Chávez regala a Venezuela, siendo otro que prepara un país a donde huir porque está caído en suelo propio, siendo otro que promueve un relajo democrático por todo el continente, siendo otro que interviene en los asuntos privados de las élites criollas, siendo otro que pretende cubanizar a todo el mundo, siendo otro que hace mofa del sacrosanto imperio norteamericano. En oficio de payaso ha evolucionado la oposición chavista en América Latina y su mal amarrado pantalón ante los antojos y veleidad de lo extranjero y trasnacional.
En fin, ¿para qué hablar de quien mal cala la posibilidad de redención de su pueblo propio? ¿Qué tanto puede valer la pena que no sea para cuidarse de sus golpes trapaceros?
Cristina Fernández de Kirchner constituye el afianzamiento de la plataforma integracionista, del mismo que otra buena noticia para los mismos efectos surgida del parlamento brasileño: Venezuela obtiene mayoritario apoyo para concretar su ingreso al MERCOSUR.

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