miércoles, 7 de noviembre de 2007

Cuando el estudiantado opositor intenta lavar el rostro de la violencia para seguir teniendo calle


El estudiantado opositor hoy hizo en la marcha un esfuerzo por quitarse de encima el mote de la violencia y de la manipulación de que es objeto por parte de sectores interesados en la desestabilización. De hecho, hasta la hora en que escribo, ha podido controlar a los factores violentos que regularmente se desbordan cada vez que salen a la calles a expresar su opinión. Formó brigadas para separar a probables violentos del cordón de seguridad policial, punto donde normalmente se empieza por insultos y se termina en gases y golpes.
Llegaron al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) con una delegación y, aunque no pudieron aguantar la tentación de soltar un discurso político, a instancia de la magistrada Luisa Estela Morales, la presidenta, lograron calmarse y hablar de la propuesta que los animó a ir hasta allá. Hablaron y salieron con el ofrecimiento de que la Sala Constitucional se reuniría para examinar su propuesta, de cumplir las condiciones de admisibilidad.
De regreso, pesó sobre ellos nuevamente el temor de la violencia, de que lo hecho con las manos no se tumbara con los pies. Aparentemente el evento se disolvió con calma, hora presente.
Ahora, consideraciones.
Marchar del modo realizado hoy es ideal, más cuando cada movimiento es registrado por cámaras de TV que transmiten al país. Independientemente que los argumentos esbozados estén o parezcan infundados, hay la volunta para el diálogo, cosa que no es propicia cuando se acude con un bidón de gasolina para encender a unos agentes policiales o una cadena para amarrarse a la pata de una escalera de un Poder Público, a la mejor manera de esas personas que buscan centimetraje periodístico a escala mundial. Puede el diálogo y el respeto a las leyes llamar la atención sobre la misma eventualidad legal, como bien demostró hoy la institución al recibirlos y prometerles respuesta, misma sujeta a ley, por cierto.
Es lo ideal, tal cual sucedió el asunto hoy, como ensalza el grado de civilización alcanzado por la humanidad y sus leyes.
Pero la realidad es que lejos está el movimiento estudiantil opositor de conducirse por cauces que obedezcan a la dinámica misma del alma estudiantil, esto es, preocuparse porque la educación que reciban sea de calidad, sea masiva y no exclusiva y que el país donde se viva constituya un contexto para ejercer los Derechos Fundamentales del Hombre, como cualquier país progresista del mundo.
La marcha del día hoy, aunque celebrada en su desarrollo pacífico y aparentemente civilista, no debe romper la barrera del optimismo más allá de comprender que su propósito fue lavar la imagen aún fresca de la violencia y la desestabilización perpetrada ante el CNE. El sólo mirar a los periodista de Globovisión, como José Vicente Antonetti, quien a cada rato le pintaba a la audiencia y a los mismo líderes entrevistados un panorama de inutilidad marchista, insinuándoles que la reforma sólo se pararía si ocurre "algo", deja mucho que pensar, porque nos muestra a una especie de seres que van en grupo a marchar para ser picados, azuzados, cuales borregos que se conducen para satisfacer peticiones.
Ello demuestra que la ficha de la violencia andaba suelta, cabalgando en los labios de quienes ejercen un periodismo de guerra, directos empleados de sectores comprometidos con el golpismo y el derramamiento de sangre. (Recuerden al periodista que recibió el Premio Rey de España por mentir sobre los hechos de abril de 2.002). Pero dicha ficha tuvo que ser controlada, como lo lograron aparentemente los líderes estudiantiles, pues el plan es seguir teniendo acceso a las calles y justificar los permisos para cuando lo requieran, debido a que ni ellos mismos saben cuándo es que servirán de carne de cañón para que se dé el "gran golpe".
Si bien es cierto que el movimiento estudiantil adverso a la aprobación de la reforma tiene una significativa representación, aunque su mayoría provenga de determinada clase social, también es cierto que no es representativo de la generalidad estudiantil venezolana. Es muy probable que en los días sucesivos salgan también los estudiantes afectos a la reforma a marchar y presentar también su posición ante el TSJ, lo cual constituiría un sano golpe de equilibrio a la balanza de la justicia venezolana, ante la cual ninguna petición tiene por qué ser mejor que la otra, ni más rica ni más pobre, sino justa.
Puesta así las cosas, nunca será tarde para alertar sobre la violencia contenida de estos estudiantes, ahorita en la comprensión que fue muy apresurado desbordarse ante el CNE. La oposición venezolana, ante una situación que afecta su tradicional modo neocapitalista de vivir una patria, no ha dado jamás una muestra de recapacitación nacionalista como para que pueda ser concebida como un interlocutor que se presenta con la manos limpias ante el país. Ello significa que cuando un sector controlado por ella, como los estudiantes de las universidades privadas, hace gala de tranquilidad y paz, no hay que crearse mayores expectativas.
De modo que las marchas tienen que ser supervisadas, protegidas y debidamente permisadas, pero, naturalmente, entendiéndose que lo que la ley procura en posibilidad también lo reclama cuando esa posibilidad, ese derecho, es desbordado para desarrollar agendas ocultas. Se trata del acuerdo social: tu ejerces tu derecho sin violentar el de los demás. Se trata, en fin, de un pacto ciudadano: desde el momento en que infrinjas la ley, lo constituido para normar lo público, pierdes el derecho consagrado, más si la ley contempla el no uso de dispositivos que puedan dar pie a una agresión, como es el hecho que las fuerzas de seguridad actúen desarmadas.
Marcha que rompa el acuerdo, debe ser disuelta. He allí el meollo del asunto, meollo que ni siquiera tendría que considerarse porque previsto está en las leyes que velan por el orden y seguridad ciudadanos. Pero cuando es fácil presentir que detrás de unos muchachos pateando unas calles se esconde una agenda golpista que busca desestabilizar, poner en entredicho a las instituciones, embullar a las fuerzas armadas, crear una situación de muerte para obtener reacciones, no está de más realizar el énfasis. Ninguna república se pierde ejecutando acciones de salvamento, más si dichas acciones son dispositivos legales y legítimas para su sostenimiento. Resta no más que los responsables cumplan con su trabajo, con su responsabilidad como exigiera el presidente de la República el día domingo 4 de los corrientes en la marcha bolivariana de la avenida Bolívar.
Pongo el video donde el Presidente de la República invitara a sus ministros a meterle un ojo a esto de las marchas.

Nota: terminando este artículo me informan que las cosas se desbordaron en la UCV, donde hubo hasta tiros y heridos de bala. Incluso plantean el acceso de la fuerzas de seguridad pública. Lamento tener razón en mis apreciaciones sobre la necesidad del control de la fuerza pública sobre situaciones en la que sus actores no muestran mayor responsabilidad. Hubo severos enfrentamientos en la Escuela de Trabajo Social (en un momento hablaron de un muerto), escuela, como se sabe de inclinación socialista, arremetida por los estudiantes opositores al regreso de la marcha. Como dice el dicho, si no ocurre de entrada, ocurre de salida.
Oiga al vicerector Narváez explicando y temiendo el acceso de la fuerza pública a la UCV


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