miércoles, 14 de noviembre de 2007

Entre realistas y traidores te veas


Malinche internacional
En opinión de Fidel Castro, el reciente impasse entre el mandatario venezolano y el rey de España en la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado revivió "los días gloriosos de Bolívar" al polarizar los sentimientos, dada la connotación histórica de antiguos rivales, entre nacionales y extranacionales, independentistas y monárquicos, americano y español, patriotas y realistas, respectivamente, y también, dado el inusitado apoyo que recibió el rey en Venezuela, entre venezolanos y traidores.
En la misma Cumbre, antes de trasladarnos a Venezuela, se vivió la sorpresa de descubrir que las fuerzas realistas en Suramérica todavía sobreviven al estacazo final que para ellos significó la Batalla de Ayacucho, donde el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, terminó de expulsar los últimos fragmentos de la presencia española en el continente. Sin ninguna dignidad, del mismo como un mercenario por la paga la emprende contra la suyos, algunos representantes de países se adhirieron como vasallos a la posición del monarca, si no fue que declararon indirectamente en contra del presidente Chávez o guardaron un indicativo silencio. Incluso, sin llegar a la referencia del famoso desencuentro verbal, ya el discurso del presidente salvadoreño calificaba de "repugnante" para el criterio del mandatario cubano. Pero por respeto a Chile, sede del encuentro, no vale la pena ahondar en detalles, dejando nomás en el aire el reclamo de Daniel Ortega a Michelle Bachelet sobre la frecuencia y las diferencias de tiempo de las intervenciones, a favor de España, lo mismo que ocurre cuando George W. Bush, el emperador del mundo, habla en cualquier evento, hecho que el mismo presidente Chávez criticó en una reunión de la ONU pasada y que a los patriotas opositores venezolanos les pareció un exceso contra la dignidad imperial.
Dejando clara nuestra natural posición de adhesión al presidente Chávez, quien reclamaba por Venezuela la campaña insidiosa que despliega el ex presidente Aznar en la actualidad contra nuestro país (misma posición de Bolivia, Nicaragua, Cuba y, tácitamente, Ecuador); pasamos a considerar la posición del presidente español, Rodríguez Zapatero, quien en el ruedo político adversa a José María Aznar, motivo de la controversia, y que el mismo hecho no lo llevó a tomar partida en contra de su persona, a título de haber sido elegido por el pueblo español como presidente, hecho que hasta allí no se le discute y que tampoco vamos a discutir, independientemente que la causa que defiende parezca flaquear de pura debilidad ética. Para nuestros efectos, para nuestra reflexión que es la oposición política venezolana, reflexión desencantada de por sí, sirve tomar la actitud de solidaridad de Rodríguez Zapatero para con un paisano en el trance de una discusión sobre lo nacional, como un magnífico ejemplo de valor patrio, de unidad nacional, en contraste con la jauría opositora que se revuelve en Venezuela, incapaz de un acto que no suene a traición desde el mismo momento en que sueña con derrocar al Presidente de la República para luego subastar el país al mejor postor, como si fueran mercenarios.
Traidores, para mayor precisión, es el calificativo que mejor les cuadra, cuando usted los descubre celebrando en el aquelarre de sus medios lo que ellos llaman la humillación de su presidente -así como suena, quiéranlo o no- de parte de un antiguo y simbólico oponente, como lo es la Corona Española. Lejos están, dada su visceralidad y comportamiento manifiesto, de alcanzar la comprensión de unidad de país, de necesaria concreción ante situaciones que sojuzguen el sentimiento de lo idéntico y propio. Andan, por el contrario, como niños irresponsables, sumando las interpretaciones propias del impasse al caudal desbocado de su declarado golpismo, creando provocativamente una situación de extremismo entre España y Venezuela, donde ellos ¡insólito! toman partido por España (así como lo hacen con EEUU), como aquellos curas y patricios de América que en la hora de la guerra independentista tomaron partido por los realistas y condenaron a los patriotas. Es una vaina loca, sin pie ni cabeza, donde hasta el ejemplo del opuesto para la causa de Venezuela, en este caso Rodríguez Zapatero y su solidaridad con uno de los suyos aun adverso, les queda grande, grande en amor a su país natal.

Por supuesto, todo mundo consigna su opinión en honor a su libre derecho de expresión, hecho verdaderamente maravilloso en una sociedad que debate. Pero cuando tú descubres la desviación, la conducción de la reflexión, el apriorismo, el opinador pagado para..., te quedas con un sabor de amargo a insípido en el paladar, donde el ingrediente dignidad no aparece por ningún lado. Nadie pide sacrificar entendimiento ni razón a la hora de opinar, pero el sentimiento de origen y pertenencia obliga a la construcción, a menos que no se sea humano. Bolívar, cuando en su época adelantaba una lucha por las libertades de los pueblos y sus ciudadanos latinoamericanos, no tenía ninguna reserva en circunscribirse a los suyos en momentos en que su pelea colindaba con las aspiraciones -también legítimas- de otras naciones, como por ejemplo EEUU, cuando se excedía y se venía hasta nuestros predios, ante quien no tuvo tapujo el Libertador en ripostarle que igual le daba a Venezuela luchar contra España que contra el mundo entero. Pero nuestros opinadores..., nuestra oposición..., nuestros realistas... ¡Carajo, se puede el humano prostituir, pero si alguna dignidad puede ejercer en algún momento es la de obviar el escarnio que represente para su persona un eventual cliente, con todo y lo que tenga de buen postor! Muchas veces al insolente cobre se le ha dicho "Prefiero hacerlo con un perro", sabiéndose que con la acción, por contraste, se dignifica al animal. Malinches de profesión.
Como herramienta de apoyo a mis escritos, cree en la Internet un directorio de sites políticos sobre Venezuela, en el que rápidamente me doy una idea de lo que escribe y en qué anda cada uno. A propósito de lo referido aquí, realicé un rápido chequeo y, claro está, certifiqué las razones aquí argumentadas. Como loros de Globovisión, repiten y celebran la matriz de que su presidente fue regañado, como si ellos fueran españoles y no venezolanos, si de pasiones nacionalistas hablamos, cuando la realidad es que el presidente Chávez alzó la voz en la Cumbre no sólo para dignificarlos a ellos, sino a nuestra América completa. Vergüenza debería de darles cuando en la España misma surgen tantos defensas de la posición del presidente venezolano sin necesariamente descalificar al presidente propio.
Paso y gano con estos traidores, ayer gringos y hoy españoles, de cambiante amo. El hecho de la fluctuación señorial es indicio de la carencia de definición patria, cuadrándoles también, a despecho de su condición ahora realista, el calificativo de mercenarios.
En cuanto al site directorio mencionado, no me refiero a todos los consignados allí, pues hay salvedades, pero de resto provoca listarlos, lo cual no haré por respeto a la libertad de traición de cada quien. Perdón... de expresión, quise decir.
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