jueves, 15 de noviembre de 2007

Galería de la intelectualidad opositora venezolana


Aun cuando no comulgó con el proceso bolivariano de cambios que se avecinaba para Venezuela, Arturo Uslar Pietri manejó la metafórica expresión de que debíamos sembrar el petróleo, idea que resumía a modo de crítica el gran desastre que se estaba perpetrando en la IV República con nuestros recursos energéticos y naturales, y que para este gobierno se ha convertido en una divisa muchas veces reiteradas por el Presidente de la República. “Hay que sembrar el petróleo”, decía, preclara idea.
El viejo Uslar impresionó siempre con su luminaria mente, y conservó su jovialidad mental hasta bien entrado en años, preclaro hasta en el umbral de la muerte, si no exagero. Pero con su muerte, pareció llevarse a la tumba ese don de la claridad de entre la camada opositora, todo chabacana ella, chueca, senil a los cincuenta años, desvariante de la manera más apenante. Y quede claro que avergüenza no porque desvaríen por desvariar, hecho natural en la senilidad, sino porque la mayoría de los ejemplares, mayormente opinadores políticos ellos, lo hacen cuando distan décadas de morir por agotamiento vital. Con decir que algunos jóvenes ya parecen mascar el agua da para más que suficiente, dado cómo la irracionalidad y fanatismo los lleva a decir estupideces.
Pongo varios ejemplos, cuyas columnas leo, lo reconozco, así como leo de todo en esta jungla de la política venezolana. Leo a afectos para tasar el sentido de unidad o de desperfectos que pueda encarnarse –en mi criterio- en el proceso de cambios que se desarrolla en el país; leo a opositores para, a través de un proceso de psicoanálisis casi, mediante asociación de ideas –será-, descubrir en qué andan, de qué pata cojean, por qué lloran y por que algunos odian tanto a su país cuando no son ellos o sus parientes los que gobiernan. Naturalmente, los leo (o veo) también para intentar descubrir sus códigos y saber cuándo es que darán el Gran Golpe, como en el pasado, cuando el descarado golpe de abril, se traslució de ordinario en los modos, gestos y palabras de pseudo periodistas como Napoleón Bravo, actores pervertidos como Orlando Urdaneta, dirigentes apátridas como Carlos Ortega o el mismo Carmona, así como de escritorzuelos sin patria como Fausto Masó.
En artículos pasados he nombrado algunos dinosaurios de buche y tinta eminencias de la política nacional, como Isa Dobles, emblemática adeca que todavía escribe por ahí algunas temblorosas ilaciones sintácticas. Cerebros fundidos de fanatismo como Roberto Giusti (El Universal), sobrados talentos rechaza premios como William Echeverría (TV), he mencionado al dinosaurio mal hablado de Carlos Blanco (El Universal), al prócer de los análisis decadentes, Domingo Alberto Rangel (Quinto Día), a la inefable Nitú Pérez Osuna (Diario El Mundo) y hasta Luz Mely Reyes (Últimas noticias), aunque menciono a esta última a modo de ejemplo, de sobria periodista que se esfuerza por la crítica constructiva que debería andar contagiando a los demás. Todos, a excepción de la última, son una cuerda de seniles viejitos del pensamiento fermentado en el fanatismo, quizás como yo mismo, si me quieren acusar de ello, con la diferencia que no ando mezquinándole al país una oportunidad de cambios, de rectificación y redención del barbárico pasado. Otros hay que ya pasaron la barrera mental de los noventa, como Martha Colomina, Miguel Ángel Rodríguez, Kiko, "La Bicha" y Nelson Bocaranda, sobre quienes no me detengo gran cosa so pena de llenar la página de gazapos o desbordarla por los costados.
Pero hay uno que suele entretenerme con sus excelentes desvaríos, quizá sin culpa dado que edad y pensamiento parecen que recorren el llano al mismo ritmo, y el mote de zorro viejo le funciona para llamar la atención. Se llama Omar Lares y escribe en El Universal una columna farandulera (que en realidad es política) bautizada con el aculturado nombre "Sprit". En días pasados, en ocasión de la visita de Naomi Campbell a Venezuela, se disparó una que rayó en lo prototípico fanático, es decir, de cómo un ser humano, tanáticamente, destroza sus propias aptitudes intelectuales en virtud de una ceguera política que lo lleva a botar espumarajos por la boca, cual can con rabia. Su breve texto constituye un aporte valiosísimo a la hora de intentar aislar el esquema procedimental que utiliza la intelectualidad criolla política venezolana para exorcizar el demonio que para ellos representa Hugo Chávez, menospreciar su gestión, negar sus logros, satanizarlo y, finalmente, lanzarle al país (y entre ellos mismo) su venenosa contribución para la causa defenestradora.
Toda esta cuerda de encorvados mentales se ha propuesto desempeñar el rol de modernos cancerberos del infierno rojo -el chavismo para ellos, por supuesto-, donde nadie entra sin que ellos, mínimamente, le saquen la madrecita, sea luminaria del cine, como Sean Penn y otros, ganadores de premios Nobel, como Joseph Stiglitz, o luchadores sociales, cualesquiera sean con tal que visite a Chávez. De otrora dueños del país durante la IV república, se dirá, se han erigido ahora en dioses de Venezuela, determinadores de lo bueno y lo malo, de lo talentoso o mediocre, de lo conveniente o dañino. (Increíble). Lo peor del asunto es que si Chávez no existiera y no constituyera para ellos su karma insuperable -estoy seguro-., ellos estarían idolatrando ahora mismo a su Sean Penn, Naomi Campbell, Maradona, Kevin Spacey, Ken Livinstong y tanto otros representante de su templario amado, debido a que el calificativo "chavismo" no estaría en el diccionario precipitándoles sus irracionales comportamientos.
Sorprende, pues, que semejante intelectualidad haga alarde de "pensamiento de altura" y otros talentos como para que sean sopesado en la dificilísima empresa de conducir a un país. Patanes es lo que son, cuyo mejor trabajo es ese, patear lo mejor de la condición humana, es decir, el pensamiento y talento humanos al servicio de una causa positivamente progresista.

El don en cuestión – volviendo con Lares- lo primero que hace es presentarnos a Campbell como una "negra", como si nosotros no supiéramos eso, haciéndonos pensar más bien en su racismo soterrado, es decir, que él, don Lares, es blanco. Luego nos recuerda que la "negra" barrió un piso como castigo de la ley de su país de residencia, como queriendo indicarnos que este es el tipo de porquería humana que visita a Chávez. Después se mofa de su pretensión de visitar a la infancia venezolana como argumento maquiavélico para zamparle un sablazo millonario al bolsillo del Estado, como para significar que el presidente no valdría la pena si no fuera por la pasta de Venezuela, regalona en el pasado con Danny Glover, Sean Penn y no sé qué otros. Después coloca a Maradona como modelo de lo femenino, con quien compara a la Campbell. Después se lanza con la trillada especie que Chávez lo empava todo, esa que hizo que Venezuela perdiera la Copa América 2.007, que el Magallanes no gane una y que ardiera en llamas el rancho de Sean Penn en los recientes incendios de San Diego, EEUU. Y luego, siguiendo con el incendio, la gran perla, que cito porque vale la pena certificar cómo es que andan locos con su golpe de Estado: "Y que, como señalase un politólogo, lástima que las llamas californianas no se propagaron a Venezuela, para incinerar la farsa pretendida de sumirnos vitaliciamente en una tiranía ya vislumbrada. Naomi se rayó tal como si consumiese un perverso adoctrinamiento marxista."
¿Qué tal? ¿Se dieron cuenta que no exageraba con lo que les dije de "entretenido", aunque entretenido en un sentido no constructivo? Por supuesto, el don, que de ordinario parece fumarse una lumpia cuando escribe, como una vez le dijera Aristóbulo a Chávez, no es ningún analista político, sino escritor de sociales y farándula; pero les digo, su estilo no se desentiende de los "sesudos análisis" de reputados lápices opinadores como Roberto Giusti, Gloria Cuenca, María Teresa Romero, Martha Colomina y otros dinosaurios de neuronas enquistadas.
Así, con su brillante noche del pensamiento, proponen a los venezolanos que regresemos atrás, promoviendo un modelo de país donde la visceralidad debe preponderar sobre la razón y la ecuanimidad. He allí contenidos los ítems del libre pensamiento, de la libertad de expresión, creacionismo y humanismo que proponen al país, y que irradian hacia las calles en forma de locos incendiarios de chaguaramos, estudiantes carne de cañón y políticos bolsas abriendo la boca para hablarles a los venezolanos como desde un mundo desconocido. Créase, unos son reflejos de otros, del mismo modo que un cuerpo en constante convulsión es expresión de un cerebro no muy equilibrado.
El acto de un muchachito quemando un caucho o un chaguaramo (o un joven frenando la "Ballena" de la PM con la frente) en el centro de Caracas es la transpolación práctica de un escrito de uno de estos sesudos escribientes de la fauna política venezolana. Dígase, pues, sin duda, que alguien los enloqueció.
Como el viejo Uslar, aun adverso, cómo nos hacen faltan intelectuales opositores que demuestran amar a su patria, que construyan incluso desde su bunker de sana oposición ideológica un concepto de unidad y prosperidad de país, que propongan, que diversifiquen el espectro de las ideas, para sumar todo, y, en fin, sumar y avanzar.
Pero dado lo que hay, es difícil esperar atletas del pensamiento donde pululan chuecos mentales tira piedras, progerios, de paso.
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