miércoles, 27 de febrero de 2008

Esa entelequia que llaman "pueblo" y el crecimiento económico

Imagen tomada del Museo del Niño
No parece bastar con que una gestión logre el bienestar y progreso para su pueblo, dejando que tal bondad transcurra calladamente, sin presumir de ello. Como ocurre con la gestión presente, donde baja el desempleo, aumenta el poder adquisitivo, crece la economía y, sin embargo, no parece existir gran cosa porque nadie lo comenta con bombos y platillos y, por el contrario, ocurren cosas que apuntan a ninguna reciprocidad de parte del pueblo, como el reciente capítulo de derrota electoral precisamente en los momentos en que se recogen las cifras económicas, a finales de año, 2D. Parece ser necesario andar recalcando los hechos, machaconamente, porque la gente como que asume que lo dado, la circunstancia de crecimiento presente, es un hecho natural en un país como Venezuela, donde el bienestar resultaba artificial para las grandes mayorías.

No se hable de los problemas, que los hay bastante, a no dudar. Hablemos de la disminución ellos y de las actitudes del humano que los experimenta, sean operadores políticos responsables (gobierno y oposición) o sea gente del pueblo cuyo efecto positivo acusa. Algo ocurre, y ese algo o se ubica en el gobierno, que no ha sabido sacarle renta a su trabajo a través de una efectiva propaganda, o en la oposición, que ha sabido malograr de palabra (y de acción) la gestión de gobierno. Habrá que dar por hecho que el factor pueblo queda descartado como responsable de nada, al ser una suerte de jurado a quien la partes políticas convencen para que se arrime, cosa que apena, porque se le relega a un papel de pasividad, de ingratitud y de acefalía política que pasman y decepcionan. Pero no es hora de llamarse a engaños: el pueblo venezolano no parece valorar en su magnitud y logro la gestión bolivariana de gobierno, pareciendo a veces tasar mejor el rumor de que no hay pan (de la prensa opositora) sobre la realidad segura de que sí lo hay, no haciéndole mella a esta afirmación metafórica la situación de escasez transitoria por la que se atraviesa.

Del pueblo habrá que sentenciar que, en términos positivos, es un ser de ideas que no sólo vive del pan, como humano al fin, siendo necesario complementar el trabajo de aplacamiento visceral con el mental, que requiere de otros alimentos, y no es este más que el raciocinio y el combate ideológico; o que, en términos negativos, dada su aparente naturaleza ingrata o ciega que no reconoce el beneficio, es una masa estúpida (como decía un estigmatizado dictador) que puede ser halada del cordel por quien mejor la engañe.

Porque es un hecho que por un lado caminan las cifras positivas sobre el crecimiento económico del país (a menos que haya un gran engaño aquí) y por el otro la actitud sin correspondencia de una población que parece negarse al reconocimiento de la mejora, más presta, por lo visto, al castigo de recriminar que no le den más. Como si asumiera que el realce económico del país fuera una situación de siempre, nada resultante de ningún esfuerzo de gestión alguna, por ellos merecidos naturalmente como seres puramente receptores, ajenos a la idea de que pueblo es todo el conglomerado político de una sociedad cuya responsabilidad es su propio crecimiento, se piense mucho o poco. De modo que parece lógico concluir respecto del pueblo venezolano que aún no ha inoculado al criterio de su ser cultural el concepto de corresponsabilidad social de una madura actitud de progreso, y valga esto como autocrítica para una gestión de gobierno que ha consagrado su política en torno al concepto de participación ciudadana, con todo lo de siembra de valores socialista haya pretendido en el acto.

Lo demuestra la frágil córnea que envuelve su percepción de que en el país se ha adelantado "algo". Basta con que vistazo a una pantalla de televisión, como Globovisión, para que caiga al suelo la idea de que en el país ha disminuido el desempleo, por ejemplo, y el mismo ha crecido en términos económicos. (A menos que haya por ahí la posibilidad técnica de que un país crezca económicamente sin que su gente acuse el progreso). Inclusive, aquellos que disfrutan de prosperidad económica, después de ver el canal desinformativo, parecen convencerse de que su vida es una farsa, de que no han comido nunca y ni casa tienen, viendo volar los precios por todas partes, no encontrándose nada en ningún lado, empezando a quejarse de hambre, aunque los 100 kilos de cuerpo desdigan de sus gemidos. Lo demuestra la flaca resistencia al breve traspié que haya podido tener el gobierno en materia de suplimiento alimentario, al sospechoso desasbatecimiento, incapaz en su raciocinio de mirar más allá de las pantallas televisoras y descubrir que en gran medida es provocado, confeccionado por los dueños de los aparatos de producción que, en su poder operativo, desvían hacia Colombia o derraman en los ríos los alimentos a efectos de conspirar contra la estabilidad del país, más cuanto de momento electoral se trata.

En fin, lo demuestra el hecho de que por ruido no haya comprendido el pueblo el juego político implicado en el mes de diciembre de 2.007 y se haya dejado llevar por la desinformación y el ataque mediático, haciendo naufragar la propuesta de Reforma Constitucional presentada por el Ejecutivo, de completa defensa a su condición.

Cabe preguntarse ¿es culpa de quien que un país no prospere? ¿Del pueblo o de sus líderes? ¿O de ambos? En cualquier caso que se responda, el pueblo es parte implicada de modo importante en la respuesta. Es parte activa y corresponsable, debiendo por lo mínimo, aun en su papel menos activo, informarse. Al tiempo presente, Era Informática, la información es componente clave de la conciencia, lejos de épocas oscuras de la historia humana, cuando el conocimiento parecía secuestrado por las élites.

..."no quedando más que inferir, monstruosamente, que es (el pueblo) una especie de objeto a la deriva aprovechable por el mejor psicólogo político"

Lógicamente, el liderazgo de un pueblo debe cumplir su parte y prestarse a conformación de conciencia. Cuando las cifras de crecimiento van por un lado, como un hecho plástico, y el hombre, en carne y hueso, por el otro, sin que uno sepa del otro, sin que medie la razón comunicadora, todo tiene pinta de ser una aberración política, a sabiendas de que la aberración mayor es la mentira, es decir, que se diga que el país crece a la vez que se fuerza a una gratitud despiadada de parte de su gente. Pero también es aberrante y sintomático de yerro político que, en general, existiendo una situación de prosperidad, se tenga o se fuerce al receptor a decir lo contrario. Parece, pues, que lo ideal es que el país político, teniendo como norte el amor nacional, acuse recibo en su conciencia de lo que rinda renta próspera y lo reconozca, sea afecto a la corriente opositora o gubernamental.

Pero, naturalmente, siendo el pueblo una figura de carne y hueso, de mente y espíritu, susceptible a la reconducción fraudulenta, puede ocurrir que no compute en su haber prosperidad alguna, habiéndola; como puede ocurrir lo contrario, no quedando más que inferir, monstruosamente, que es (el pueblo) una especie de objeto a la deriva aprovechable por el mejor psicólogo político.

Pero a todas vistas, no es el caso de Venezuela donde se reconozcan los hechos, donde opera un oposicionismo desleal que sataniza cualquier gesto proveniente de la esfera gubernamental para con el país, aunque resulte una medida de progreso. Al sol de hoy, nadie en el oposicionismo venezolano ha reconocido nada positivo de la gestión de gobierno; por el contrario, se ha dedicados a inundar la psique del venezolano con una virtualidad de "tierra arrasada", de campus de guerra, de espanto económico y, lo que es peor, de abierta disponibilidad de ánimo para deshacer cuanto se ha hecho cuando retornen al poder, desmontar aquello que científicamente ha demostrado estar positivamente encaminado, como por ejemplo, el asunto de la salud entre los venezolanos (satanizada con Barrio Adentro y los médicos cubanos), los abastos solidarios como Mercal y PDVAL (satanizada como medida populista) y la democratización de la educación (satanizada como medida de control gubernamental).

A no dudar, Venezuela tiene grandes lagunas de progreso, pero no ha de hacerse valer un defecto para negar un conjunto de marcha económicamente bien encaminado (según cifras abajo), cuando no se hace valer para tirar por los suelos la saludable autoestima que debe poseer un combatiente para abandonar el cisma del subdesarrollo. En un país, con un pueblo de carne y hueso como dijimos, de mente y espíritu, si todo el mundo se pone de acuerdo en que hay miseria aunque se avance en materia alimentaria, habrá miseria, así sea de naturaleza espiritual. Entresáquese de allí la importancia de la comunicación, como aparato político de propaganda que habrá de atender la necesidad ideológico del humano, sea en manos del Estado o de la oposición, positiva o negativa. Con decir que Mao Tse Tung, en un momento de desgracia política, tuvo que ser volcado propagandísticamente hacia su pueblo como baluarte del cambio, en su aspecto ideológico y hasta de imagen personal, con el propósito de copar vacíos del desamparo humano en las masas; cierro el punto de un escrito que , maltrechamente, pretende ser sobre psicología de las masas.

Suelto a continuación, para finalizar, a modo de reflexión, ilustración, contraposición o soporte de lo anteriormente dicho, cifras científicas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), del Instituto Nacional de Estadística (INE) y del Banco Central, que tasan a la economía venezolana como robusta y de acertado tránsito. Lógicamente, las cifras, fundamentalmente en tres rubros (empleo, crecimiento económico y poder adquisitivo), servirán para ser negadas, tergiversadas o burladas.

  • "El caso es que la Cepal ubicó a Argentina (8,6%) y Venezuela (8,5%) como los dos países de mayor crecimiento en la región (Eleazar Díaz Rangel: "La economía mejora, pero..." en Últimas Noticias. - (2.008) dic 23; p. 23)
  • "El descenso acelerado y prácticamente continuo del desempleo, según las cifras del INE, que representan la verdad oficial, se relaciona con un crecimiento económico de 9% en promedio anual los últimos tres años" (D.F. Maza Zavala: "Pulso de la Economía" en Últimas Noticias. - (2.008) feb 24; p. 60)
  • ..."en el caso de Venezuela, estima la Cepal que el crecimiento será de 6%, aunque las cifras del Banco Central lo elevan a 8%" (Díaz: "La economía [...]", p. 23)
  • ..."se conoció un informe del Banco Mundial sobre el índice PPA (Paridad del Poder Adquisitivo), que mide el poder adquisitivo de la población, según el cual Venezuela está en el cuarto lugar con 9.888 dólares. El promedio mundial es de 6.100 y en la región, de 9.064." (Loc. cit.)
  • "Según el INE, el desempleo se ha aliviado sustancialmente, desde niveles de 13 o 14% de la población económica activa [...], ha descendido a niveles de un dígito, con la probabilidad de llegar a situarse este año en 6 o 7%" (Maza: "Pulso [...]", p. 60)
  • "En Venezuela, según mi estimación, un desempleo de 4% es 'natural" (Loc. cit.)
  • "Consecomercio anunció que este año las ventas subieron 18%, y el INE, que el desempleo bajó a 6,3%." (Díaz: Op. cit.)
Si un país y su pueblo, desde el punto de vista electoral, se pierde bajo estas condiciones, ¿para qué habrá de servir la razón en un venidero futuro? Algo huele mal y no es precisamente en Dinamarca. Nada más pertinente al momento que la autocrítica y un verdadero accionar político, pero político en cuanto político, ese que da un zarpazo en la psique de la gente, en su alimento espiritual -si se me acepta el término, con todo lo figurado que parezca-, visto que los problemas concretos de supervivencia fisiológica han sido superados, no preocupándole a las masas, mirándolo más bien como un "hecho dado", de obligada función del gobierno. (El asunto del desabastecimiento es un capítulo aparte de la técnica política coyuntural y electoral)


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