martes, 16 de septiembre de 2008

Al general Luis Trigo, hombre de brazos caídos en un país con masacres (Bolivia)

Tomado de La Razón, edición digital ¿Qué hay que saber sobre el general Luis Trigo, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, a la hora de reconvenirle por qué no actúa en ejercicio y defensa de la constitucionalidad de su país, hoy amenazado por fuerzas autonomistas que apuntan a desmembrar su territorio?  La respuesta es “Nada”.  Ni siquiera su fecha de nacimiento.  Detalles estos superfluos a la hora de tasar por qué  un militar se queda de brazos cruzados viendo cómo su país poco a poco es recortado por la tijera secesionista, cubriendo su uniforme de indignidad.  ¿Quién quiere saber algo adicional de alguien con semejante catadura?  A menos que se quiera escribir una suerte de psicopatología de la traición o del alma vendida o del espíritu recortado, como escribiera Freud en su tiempo una Psicopatología de la vida cotidiana, donde por primera vez el detalle de los actos humanos se vistió de protagonismo y hasta de gala.

¿Para qué intentar saber, por ejemplo, que nació un 13 de agosto de 1953 en un lugar de Santa Cruz; que egresó del Colegio Militar de Aviación en 1975 y fue luego el Comandante de la Fuerza Aérea Boliviana, entre otros detalles, si con semejante conocimiento ni se avala ni se repele lo que el militar actualmente no está haciendo por su país?  ¿Quién quiere saber el detalle mayor de que fue el 3 de enero del año en curso cuando, jurando lealtad a la institucionalidad de su país, se posesionó del cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Bolivianas, frente a la figura refrendante del presidente Evo Morales, quien le pidió entonces "defender la unidad del país y la democracia"? [1]  Podría también quien escribe jugar suciamente y preguntar quién querría saber otros detalles, no muy gloriosos que digamos, como, por ejemplo, que fue denunciado por nepotismo y tráfico de influencias en favor de su hijo en el 2.007, Ricardo Trigo Cuéllar.  Pero, como dije, sería irrelevante y, además, no representa el estilo de quien escribe.

Da igual saber o no si determinado militar fue a la Escuela de la Américas a formarse como traidor, a ejercitarse en el arte del gorilismo latinoamericano, donde les inculcan a los alumnos -idiotamente- que el interés de los EEUU es el mismo que el de los países suramericanos, y que se están formando a la sazón como especies de soldados subhemiféricos de la libertad. (¡Vaya gloria) ¡Qué carrizos interesará conocer si un militar así, con semejante catadura de desprecio constitucional, como Luis Trigo, tiene una madre bizca, un hermano paria o una mascota ganadora de concursos…! Si lo que importa es el presente flagrante, la situación de hecho, el papel donde estás y lo que de tí en efecto puedas estar dando a tu país y su constitucionalidad, clase para la cual se te ha formado como militar.   El resto es detalle inútil, revisiones del pasado, estupidez libresca, estructuralismo gafo, que en nada ni conjuraría ni realzaría una situación de facto de incumplimiento de funciones, como a la que nos referimos.

Porque da igual un militar paria egresado de la famosa escuela mencionada a otro que se haya formado en su país, sin alienación extranjera, cuando ambos incumplen con sus deberes morales y éticos.  ¿A quién diablos habrá de importarle que vengas del Sol o de la Constelación de Escorpio si estás cubriendo de indignidad tu uniforme y bañando de vergüenza a tu país de origen al no ejercer tus deberes?  Tanto vale un militar egresado del infierno pero recapacitado como otro instalado en el cielo cumpliendo sus funciones (y nadie afirma aquí que el general Trigo haya ido por maíz a dicha escuela).  ¡Al carajo con los detalles!  Aquí no importan expedientes, sino tu trabajo presente y la consiguiente patria futura que deparas con tus actos.  Tu país, pues, general Trigo.

Es bueno repetir el lugar común de lo que debe aprender un militar:  amor a la patria, defensa de su soberanía e integridad territorial, como si se estuviera en la primera clase, desde cuando se empiezan a recitar los valores formadores de un hombre de armas por su país, aquí y en cualquier otro planeta.  Pero, como vemos, según evidencias, tales máximas no parecen significar gran cosa para el general cruceño del que venimos hablando, Luis Trigo, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, militar que lleva meses cruzado de brazos ante el accionar secesionista de la tijera opositora e imperial sobre su ¡propia patria!  Padre mío –se pregunta uno-, ¿qué estará esperando?

¿En qué parte del cuento es que actúa usted, señor general Luis Trigo:  antes de que corten en pedazos al país o después que haya que pegarlos maltrechamente con cola?  Es la pregunta de cajón, como se dice aquí en Venezuela.  ¿No fue su corazón formado para la patria, para salvaguardar su integridad y hacer respetar su soberanía, como quisiera uno remedar a Simón Bolívar (palabras mayores) cuando daba gracias a Simón Rodríguez, diciéndole “Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande”?  Bueno, fíjese:  la oposición política de su país, en alianza con factores extranjeros, está jugando a secesionar a Bolivia, general Trigo, y lleva meses en ello, tomando instituciones del estado por aquí y por allá, cerrando avenidas, golpeando gente, violando la constitución, proclamando una fulana "República Camba".  ¿No es eso, por ventura, de su incumbencia, general Trigo?  ¿No lo ve usted, general, importando un bledo si usted en el pasado padeció una especie de migraña, fue miope, veía Mickey Mouse o se dio un golpe en el cerebro, detalles todos de irrelevancia para impedir el ejercicio crucial de sus funciones?  Usted está allí, en tan alto cima de dignidad y poder moral, para ver.  Haga su trabajo.

A menos que esté proponiendo que su rol de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas no da para "meterse" en política, porque de antemano usted considera que es “política” el actual esfuerzo autonomista de los cuatro o cinco departamentos opositores al gobierno constitucional de su país.  Y usted no se mete, a tenor de que es apolítico, como todo buen militar.  Eso si lo levanta a los cuatro vientos. Caramba, general, intentan desmembrarle el país frente a sus propias narices y anda usted con un cuento político de no intervención, de no acción, de no reacción, nomás porque interpreta que el precepto constitucional de defensa del territorio no está siendo ultrajado.  ¿Qué está usted sugiriendo con su presente ceguera, señor general, para no hablar ya de achaques o detalles del pasado?  ¿Qué será?

¿Que nunca ha sido buena idea que la figura de la Comandancia en Jefe de las Fuerzas Armadas descanse sobre la humanidad de un militar, siendo como es usted en el presente un permanente acto de brazos caídos ante la disolución de la República, siendo como es usted un militar que no considera la secesión de su país como una razón suficiente para intervenir, restableciendo la constitucionalidad sojuzgada?  Caramba, general Trigo, ¿qué más es no es constitucional para usted, de tal modo que mueva su resorte ético y moral para actuar en el ejercicio de sus funciones?  ¿Qué tiene usted que esperar para que comprenda, por ejemplo, que la masacre de El Porvenir se habría podido evitar si usted cumpliera sus obligaciones?  Responda:  ¿es, por ventura o desventura, constitucional el presidente de su país, Evo Morales, elegido por la voluntad mayoritaria del pueblo? ¿O es que eso que lo eligió no es pueblo, no es gente, sino indios?  ¿Insinúa, como es su actitud con la integridad territorial de su país, que tendría que esperar que matasen al presidente para finalmente intervenir y salvaguardarlo de la garra conspirativa?  Pase, general:  no le comprendo.

"es mi opinión y sugerencia que desde el momento de la masacre de El Porvenir ha debido renunciar, por encarnar usted responsabilidad en el asunto y en los asuntos en general de su país... "

¿No ve usted la injerencia externa en su país, donde se plantea una nación Camba con operarios militares procedente de los Balcanes y todo?  ¿O quiere usted señalarnos, como dijera el presidente Hugo Chávez hace poco, que sólo es anticonstitucional para usted (para que usted actúe y se atreva por lo menos a despegar los labios) no lo que provenga de afuera sino de adentro, de las entrañas de América Latina, de su propio país, de los países hermanos, de la mancomunidad histórica que contextualiza a Bolivia?  Se hace usted de la vista gorda ante el trabajo separatista que despliegan en su país el recientemente expulsado embajador estadounidense Philip Goldberg, un tal Marc Falcoff (asesor en Irak)  y cualquier otro que no sea el presidente de un país vecino expresando solidaridad, como el mismo presidente Hugo Chávez, ante quien usted reaccionó, rápida y virulentamente, acusándolo de injerencia, a pesar de que los EEUU ya tienen años tratando se dividirle a su patria.  Por favor, general Luis Trigo, ¿qué tipo de balanza utiliza usted para hablarnos de deberes, injerencia y agresiones extranjeras?  ¿Injieren o no los EEUU en su país?  ¿Dónde está su porte y estampa, pues?  ¿O es usted de los que se arredran ante la tecnología de quienes se dicen hasta invisibles?  ¡Vaya, vaya:  así habrá de ser, porque es que usted ni los ve...!

Fíjese que no lo insulto.  No, hombre, ¿para qué?  Como un detalle del pasado para los efectos de sopesar su actuar  presente, pueden resultar irrelevantes mis palabras.  Pero vea que lo salvo:  es mejor ser cobarde, manifestar miedo al enemigo "invisible" (ante el cual usted parece sugerir no actuar), esconderse, correr encharcado si es posible...; a ser un hombre comprado, peor aun, un militar tasado.  De Judas para acá no hay delito peor en la historia de la humanidad, sentimiento más cuestionado.  Nadie afirma que sea así, general, respecto de usted, pero es que tanto corre el oro monetario en su país de manos de organizaciones como la USAID y la NED [2], que los malos pensamientos acucian a las almas innobles como la mía, que juzga quizás por propia condición.  Después de todo, es mi palabra ventolera contra su monolítica dignidad de general en jefe de las fuerzas armadas, y eso a usted no se lo quita nadie, dado que cubre su persona esa plaza, aunque por acá digamos que no la ejerce.  Por supuesto, debo decirle que, con todo y mi escasa licencia para hablarle a usted, es mi opinión y sugerencia que desde el momento de la masacre de El Porvenir ha debido renunciar, por encarnar usted responsabilidad en el asunto y en los asuntos en general de su país...  Sino antes, incluso antes asumir el mando, general, si es que usted presentía que le habría de acarrear daños a la nación.

Las fuerzas armadas de un país no han de ser un coroto al servicio de una parcialidad, sino de un estamento constitucional, elaborado por la mayoría de los hombres para el beneficio propio y nacional. Tal es la democracia, general. En su seno (el de las fuerzas armadas) se peca tanto por omisión como por comisión de actos peleados con el deber y la ética.  Tres cosas se habrá de defender, encarnada en las leyes:  el corazón, el patio y la dignidad de los países y  sus hombres.  Su no actuación (es decir, su omisión) , general Trigo, trae a colación grandes verdades, por demás dolorosas para nuestros países, aparentemente renuentes a salir del gorilismo que tradicionalmente los ha caracterizado, al servicio de intereses extranjeros.  No los menciono, por no hacer esto más largo, pero sí le pido que pose sus ojos en el Chile de Allende.

Tal ha sido la mentalidad que ha sembrado la derecha política en nuestro continente, con su ley de los mercados neocapital, que todo tiene su precio.  Tanto civil como militar.  Tanto gritos como silencios.  Se para un general por allá (o renuncia a pararse), sobre una barricada o una bandera extrajera o propia, y detrás de él hay que adivinar los guarismo impresos en sus etiquetas. Como un enviado, un comprado, un mercenario. Situación lamentable de contracultura nacional.  Tal es el porte y estampa de la derecha política tradicional, que va a la escuela no de la patria, sino de la expatriación; que se deja penetrar por el dulce influjo de la cultura extranacional para minar las bases de su propio Estado.  Su norte es el Norte, literalmente, y su ciudad natal la metrópolis de los EEUU o una capital europea; su familia, la familia del capital internacional, concretada en inversiones, en empresas transnacionales, en valores de la intemperie y del mundo globalizante.  Sin raíz, sin alma.  Como un cascarón llevado por el río. Un puro molde del ser hombre, pero sin patria ni humanidad.

Por ello vuelvo a predicar el asunto de los detalles, irrelevantes para conocer más sobre la situación presente de un general en silencio, precipitada situación vergonzosa y automática de las escuelas de lo desnacional.  Pero es eso. Es la familia capitalista latinoamericana una sola, renuente a cambios y revoluciones, distribuida por doquier desde antaño, con toda su implicación de compra y venta de conciencias, de nacionalidades, de almas, de vidas, de asentamiento a cómo de lugar sobre los pueblos de la máxima que reza la explotación del hombre por el hombre. Un producto transcultural.  Un Luis Trigo en Bolivia, pecando por omisión en el ejercicio en de sus funciones, …hasta inocente él, si es que un hombre no tiene culpas por su formación; o un Wellington Sandoval en Ecuador, reaccionando emotivamente en su momento cuando negó aprioristicamente la posibilidad de que su país entrase a formar parte del Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), incluso declarando por encima de la autoridad presidencial de Rafael Correa, su presidente constitucional. O un Pinochet más atrás.  Es la familia de la derecha política latinoamericana.

Por ello resulta irrelevante saber cómo, dónde o cuando nació alguien, si la derecha política no tiene ni patria ni arraigo en Latinoamérica (y en cualquier parte), seres de volátiles huestes que aspiran a lo exterior, como si fueran extranjeros ellos, como si odiaran lo propio, seres acuñados en el  universo de la Europa y lo norteño.  Como si se fuera un producto, del que se espera un mercado:  sin sentimientos propios, sin nociones de ser, sin valores peculiares, sin humanidad, sin amor, sin historia, con un puro y expreso interés materialista o monetario.  Como si de pan nomás viviera el hombre. Como si se fuera un puro producto, defensor de intereses, y no precisamente éticos ni humanitarios.

[1] [La cursivas son nuestra] "El presidente cambia el Alto Mando Militar" [en línea].  En La Razón. - 3 ene 2008. - [4 pantallas]. - http://www.la-razon.com/versiones/20080103_006140/nota_249_527741.htm. - [Consulta:  16 sep 2008].
[2]  Por sus siglas, Agencia del Desarrollo Internacional de EEUU (USAID) y National Endowment for Democracy (NED), sucursales estadounidenses financistas de la desestabilización política.
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