miércoles, 29 de junio de 2011

De Libia a Arabia Saudita o Venezuela: modelos para arrodillarse o vivir

Arabia Saudita Supongo que todos lo han notado, aunque no le paremos porque estemos más pendiente de hechos en desarrollo, como la violación de Libia y su aplastamiento.  No es que no nos tengamos que fijar en lo que es urgente, en desarrollo, como lo es el hundimiento de este pueblo en un maremagno de sangre por parte de la cayapa occidental y también por parte de un sector del su misma gente, que apalancó traidoramente el ataque.  Porque un país es un país, con sus buenos y malos, independientemente donde tu criterio ideológico abreve, amigo lector; su integridad es una identidad y viceversa, y eso se defiende so pena de extinción.

Me refiero a Arabia Saudita, que hace rato cayó en la trampa internacional de los cazadores de recursos hidrocarburos.  Desde hace rato que compra armas, calla o apoya ataques contra los mismos filamentos de su cultura, apalanca ejércitos extranjeros en tierra sino suya de hermanos.  Y vende petróleo cuanto Occidente necesite, casi según le instruyan.  De vez en cuando se le ve en la OPEP (organización de la que es miembro fundador y milagroso miembro actual) clamando por aumento de producción, la mar de complaciente, y siempre uno tiene la sensación de que en cualquier momento de irá de la organización petrolera y formará tienda aparte, para vender más holgadamente sus recursos, quizás para fungir como un protectorado mejor, para ser tienda, como es la costumbre originaria de tanto pueblo árabe (o a lo mejor se abroga el ser y la existencia de la OPEP).  Si no me equivoco, es un país que ya ataca militarmente defendiendo causas transculturadas.

Sin duda una pena, tortuosa para el entendimiento y para quienes de algún modo compartimos ingredientes naturales de destino.  Se pregunta uno si es por miedo a las potencias militares que calla y se desarma vendiendo su petróleo o es porque es un pueblo árabe de nombre nomás.  Claro, tiene sus intereses, la paz propia, aunque un hermano por allá ande en guerra.  Evidentemente no calza la comprensión que uno podemos ser todos y viceversa, y que la suerte se multiplica y cambia como rueda del destino a la vuelta de la esquina.

Tampoco se mira en el espejo de otros países (como Irak, emblemáticamente), que en un tiempo fueron pupilos y favoritos de los consorcios armados, regalados con todo tipo de golosinas bélicas, atómicas o lo que sea, para luego caer simplemente en el hueco que desde un principio se la ha reservado al ser marcado con una “X” en el plano subsistencial de los imperios.  Probablemente se consuele en su fuero interno con que vendiendo petróleo y aumentando sus reservas internacionales se convierta muy pronto en otro país imperial, como sus protectores.  Aquí tampoco mira que el apetito imperial nada respeta y que, eventualmente, de caer en desgracia, ni el oro podrá salvar:  nomás pensemos un momento en las reservas internacionales de Libia, actualmente burladas y birladas.

Arabia Saudita es un pozo dentro del granero trasero o delantero de las potencias imperiales.  Venezuela también es un pozo, es cierto [...]

Que nada es seguro no es un sentimiento, sino una precisión.  El mundo presente es una perpetua guerra, permanentemente bajo acciones de engaño (el arte de la guerra es el engaño), donde cada quien, si posee algo que aquellos necesitan, no más es un mojón en el camino marcando su propio destino, esto es, marcando la hora en que será devorado o explotado.

¿Cuánto le puede quedar a Arabia Saudita para que le metan mano?  ¿Quién habrá de ser el otro en la lista, hablando ya de países del mismo perfil petrolero, como Venezuela, Irán?  ¿Cuál será la próxima prueba para que vuelva a repetir su historia de no-solidaridad, de silencio ante el ataque a un país no digamos ya hermano como árabe, sino de gremio, perteneciente a la OPEP, como Venezuela, pues, ya que soy venezolano?  El asunto es claro:  es un país que vive su contada suerte de país mimado, protegido y protectorado, callado y acallado.  No se puede pedir un grano de apoyo o felicidad para otros, aunque sean hermanos, dado que los mismos granos parecen contados para la felicidad propia que le queda, como se dijo.

En menester aclarar, recordar, Arabia Saudita.  Cuando le llegó la hora de su destino en el mapa de la guerra a Irak, ya recibía de Inglaterra (uno de sus otrora aliados) materiales de naturaleza atómica para ser envuelto en la patraña de las armas de destrucción masiva.  Fríamente calculado.  ¿Qué buen trato, privilegios o regalos recibe la Arabia Saudita hoy?  Sólo lea las noticias.  Se convencerá de que es un país “trabajado”, marcado en el mapa de una futura desesperanza.  Hoy sonríe, con gran piso de dinero y petróleo, valores que, como dijimos, son ilusión.

A Libia no la salvó ni el pueblo árabe, ni la “unidad” africana.  De los países de la OPEP (hermanos de gremio) apenas oí a Venezuela levantar su voz para condenar.  Quizás otro, que no quiero mencionar porque su voz sonó imprecisa.

De Libia a Venezuela o Arabia Saudita hay un salto.  Sólo que no existe comparación.  Arabia Saudita es un pozo dentro del granero trasero o delantero de las potencias imperiales.  Venezuela también es un pozo, es cierto, seguramente marcado con la “X” de la conquista imperial; pero es un pozo con brotes críticos contra la injusticia, en permanente lucha por la memoria histórica y la dignidad.  Nos defenderemos, es seguro, como lo apuntala nuestro pasado patrio.  Quien dobla la testuz para obviar la masacre del hermano no puede tener dignidad ni cojones para defenderse a sí mismo.  Es un cobarde.  Y aquí, por el contrario, si usted revisa, estamos llenos de la historia fraterna, desde la creación de mecanismos de solidaridad como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Dado su carácter y condición, nada condescendiente con sinvergüenzuras imperiales, es probable que Venezuela esté de primero en la lista, dado su estatus de no-favorito imperial, cosa que hace sentir que la vida puede ser digna.  Pero hay que asegurar desde ya que sería un colmo y tendría un impacto enorme internacional el ataque a Venezuela.   Cada quien se estará diciendo:  “¡Bueno, qué mundo e instituciones tenemos!  ¿Qué mundo vivimos?  ¿Para qué la cultura y la civilización; para ser bárbaros? ¿Cuántos Irak, Afganistán y Venezuela serán necesarios para comprender la paz?  ¿De cuándo acá Venezuela era una amenaza para la paz mundial?”  En cualquier caso, es seguro que el país luchará, como se ha perfilado a hacerlo, y hay que tener presente que geoestratégicamente encarna intereses de potencias que no debieran mantener el silencio (Rusia, China).

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