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viernes, 22 de agosto de 2014

Libia y las barbas de CITGO en remojo

¿Usted recuerda la guerra contra Libia, la muerte del coronel Gaddafi, el embargo de los bienes de ese país por parte de los países aliados agresores?

Yo lo recuerdo como si nada.  Con estupor, principalmente, porque apenas empezó la agresión, profundamente rebuscada en sus motivaciones, se ensañaron contra ese país africano embargándole sus bienes en el extranjero, cerrándole cuentas bancarias, saqueándolo de la manera más descarada.

Independiente de la visión de las tribus adversas al coronel Gaddafi, oposición política al fin, Libia se erigía entonces en el país más próspero de África, con importante potenciales de petróleo y valor hídrico, no obstante estar constituido su territorio por mayoritarios arenales desérticos.

Su crimen fue crecer sin el patronazgo de las potencias occidentales, a las que adversó y combatió en ese germen aplanador e inquisidor que es el imperial.  Su moneda se cotizaba entre las más fuerte y se disponía, junto a maniobras internaciones con otros países (Rusia y China) a proponer la suplantación del dólar en sus transacciones.  Crimen capital contra la macoya imperialista.

Más allá de que Venezuela posea rasgos diversos en común con Libia (país petrolero, potencia hídrica, antiimperialismo, revolución, liderazgo) y pueda correr el mismo destino en caso de una guerra, el asunto planteado es actuar con táctica y minimizar pérdidas en caso de eventualidades incontroladas (la posibilidad de agresión al país).  EEUU busca permanente agredir a Venezuela, sueña con una guerra que le permita una invasión y la toma geoestratégica y energética. Es el enemigo.

Lo que resta es pensar y sacar cuentas:  ¿es negociable el socialismo para evitar una final confrontación con el país imperialista?  ¿Hay la posibilidad de los EEUU pueda convivir pacíficamente con Venezuela en el marco de las transformaciones ideológicas, estructurales y paradigmática que ha iniciado la patria de Bolívar hacia el contexto latinoamericano y mundial?

Si la respuesta es “No”, entonces es buena idea salir de CITGO en los EEUU.  Son activos apetecibles y eventualmente expropiables o saqueables por parte de ellos.  No discutiré con nadie la negación de esa posibilidad.  Apelo a la historia contemporánea cuyo último puntal fue Libia.  El inicio de una confrontación con Venezuela bajo el rotulamiento de terrorismo o narcotráfico, ambos discursos habilitantes para la incoación de una hostilidad con derechos saqueadores de guerra, es un modus operandi de los carroñeros en alianza bajo la bendición santificante de la ONU, cosa segura, que lo único que le falta es funcionar como la OTAN.

EEUU es una declinación para la Venezuela que se proyecta a futuro.  Las relaciones con ese país tienen que ser estrictamente las necesarias, si menos mejor.  Es hoy un gobierno enemigo, potencial agresor o invasor. Soñar con la mejora de la convivencia es un derecho de la conciencia humana, un acto razonable, un trance de la política y la diplomacia, pero jamás una factibilidad en tanto la Venezuela ideológica es la Venezuela de hoy y se desborde en petróleo.  ¿Cuándo se ha unido la naturaleza ideológica del aceite con la del agua, si es posible expresar así el desencuentro?  Ilusionarse al respecto lo que puede generar es que no se concreten con mayor fortaleza los lazos de desarrollo con Rusia o China, ésta última prácticamente la más grande economía del planeta. Perder trenes.

Ya Hugo Chávez las habría vendido (las refinerías CITGO), a sabiendo de que bajo la eventualidad agresora sería el primer zarpazo imperial.  Previsor él, repatrió con tiempo el oro de Venezuela, barruntando los giros que puede tomar la historia.  Le toca al gobierno del Pdte. Maduro actuar con tino respecto de esas refinerías, a fin de cuentas semillas sembradas en tierra ajena.

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