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miércoles, 7 de octubre de 2015

El dilema de los EE.UU.: dotar de antiaéreos a los terroristas para afrontar aviación rusa en Siria

Los rusos entraron en combate.  Finalmente.  Fue casi necesario que le mocharan el puerto de Crimea para reaccionar, como si hubieran estado hibernando.  Crimea, Ucrania, de donde su gentilicio les mana históricamente.   Cuando los aluden como el "oso siberiano" más que todo para significar fuerza, burlescamente ya muchos estaban pensando que era por otra razón el mote, estos es, por lo tardo, por lo congelado para responder.

Hoy ya vuelan en Siria y bombardean objetivos del Ejército Islámico (EI).  Siria, otro puerto como Crimea, pero que han mantenido como resultado de esa disputa geopolítica de guerra fría con los EE.UU.   Hay que reconocerlo:  Rusia perdió presencia bipolar en el mundo, hecho histórico desde el desmembramiento de la U.R.S.S.  Durante esos años se agazapó, se dedicó a restañar la herida interna de la fragmentación, a repensarse en su federación.  Mientras tanto el mundo vivió un breve capítulo de unipolaridad con los EE.UU. como verdaderos policías del mundo; mientras tanto se declaró China como la primera potencia económica del mundo; y en el ínterin perdió frontera geopolítica y la OTAN hizo y deshizo, rodeando a la federación con aliados y escudos antimisiles.  Pero en el ínterin ocurrió, también, que el mundo entendió que todo poder necesita contrapeso, visto el desmán generado por la unidireccionalidad fracasada de EE.UU. y Occidente.  El mundo no ha estado mejor sin un Saddam Hussein o Muammar Gaddafi; ni ha dado garantías, asimismo, creerlo mejor con un Bashar al Assad o Jomeini en la misma condición, muertos.

Se impone, pues, la reacción, el despertar.  Cosas sucedieron.  La unipolaridad, el sueño corto estadounidense de creerse con el mando mundial, infló egos, y la soberbia se desató.  Fueron capaces de sancionar a Rusia como a un país más del concierto de naciones, como si no fuera ni la sombra de su contrapeso de poder en el mundo, como si no fuera un país con ciertas prerrogativas y consideraciones, héroe de guerra, salvador de la humanidad durante la segunda guerra mundial, sacrificado en aras de la civilización presente.  Y como es histórico, la soberbia, como la codicia, rompe el saco.  Paralelamente intentaron también los EE.UU. cercar a China, su pesadilla viviente hoy.  Y a las claras surge el error estratégico cometido:  la alianza de Rusia y China, verdadero poder de contrapeso para devolver este mundo a los niveles multipolares necesarios, obra de la negligente soberbia estadounidense.  Rusia desplaza aviación y militares a Siria; China, portaviones y helicópteros.  Ya se estabiliza la balanza de la nueva era.

La derrota de los EE.UU., nomás empezando, es grande.  El Medio Oriente es un tablero programático de posesión dentro de su bitácora imperial desde los años cincuenta del siglo pasado (geopolítica, petróleo y hasta agua), tablero hoy frustrado, si no complicado hasta el grado de tener que presentar batalla con poderes descomunales para lograrlo.  Tardaron en concretar por dilatarse en ejercer su acostumbrado juego maquiavélico de inventar títeres para dividir y derrocar, de inventar enemigos (el EI).   Y llegaron los rusos y los chinos al sitio.  Y se cae, por consiguiente, el parapeto del EI utilizado por los gringos para arrasar al Medio Oriente de los factores adversos a sus intereses, entre ellos el presidente sirio.  Se descubre, con la coyuntura de los bombardeos redoblados rusos, lo que hace tiempo fue pronosticado:  las luchas del futuro no serán con ejércitos nacionales, sino con ejércitos privados, fuerzas especiales, mercenarios.  Y así encuentran los rusos bajo sus bombardeos a los mercenarios del EI, fuerza creada por los EE.UU. y Arabia Saudita, a la que estos dejan actuar a su arbitrio en la región según sus intereses, dentro de las que militan sus propios mercenarios.

¿Prueba de la homogeneidad entre EI y los EE.UU.?  Se niegan a participar en una alianza con Rusia y China para combatir a los terroristas.  Porque ocurre que, también, los EE.UU. son los terroristas de la región y no pueden soltarse bombas contra ellos mismos, ni pendejos que fueran.  Simple lógica.  ¡Casi dos años en el plan de luchar contra el EI sin ningún resultado!  Y los terroristas, bien, gracias, constituyéndose en una realidad cada vez más fuerte.  ¡Ah, con los terroristas que bombardean las fementidas bombas de libertad y de derechos humanos!

Han de estar sufriendo un mundo los norteamericanos.  Su mapa, su tablero de ajedrez, su Medio Oriente soñado, ha sido pisoteado.  Eso es de ellos por planificación.  Dios se los dio.  Yahvé les habló también de una tierra prometida, como a sus aliados israelíes.  Alá también ─se dirá─ lo habrá querido así, y, si los chinos entran en combate, no cabe duda que Buda también tendría que prosternarse ante la estatua de la Libertad estadounidense y el payaso capitalista de McDonald's.  Y ahora los rusos andan volando el espacio de su mapa a su antojo, con permiso "oficial" de la gente siria que en él vive como prestada; correteando aviones F-15 israelíes, cortando aliadas líneas de suministro, rindiendo terrorista, volando por los aires fortalezas de asesinos mercenarios.  Su gran tentación (¡y están que lo piensan!) ha de ser la que sigue:  dotar a los islamistas de armamento antiaéreo para que afronten a los aviones rusos, como en un pasado lo hicieron con los muyahidines en Afganistán, cuando les suministraron misiles portátiles antiaéreos para derribar la aviación y los helicópteros soviéticos, lo cual lograron hasta el grado de obligarlos a la retirada, en derrota.  ¿Se repetirá la historia?  Es posible que sí, pero a costa de definirse claramente el bando forajido de los EE.UU.  ¡Tal es el valor paralizante de la decisión rusa de intervenir en Siria, con sentido de oportunidad y contragolpe histórico!

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