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martes, 10 de noviembre de 2015

LO QUE HAY EN EL AMBIENTE

Para expresar lo que hay en el ambiente político no hay que ser un letrado, ideólogo, militante o genio; simplemente hay que ser un callejero, o un venezolano de a pie.  De manera que la percepción no es un hecho exclusivo cuando de emitir opiniones expeditas se trata.  Quede el genio o científico para develar secretos ocultos debajo de las cortezas y no pretenda competir con quien, de facto, es hasta la calle misma.

Si aún escrúpulo hay para refutar, dígase que un letrado es aquel pájaro enjaulado que pretende saber más del Papa que el Papa mismo.  Nadie le quita la calle, no, no, pero es bueno acercarle al entendimiento que su tiempo dedicado al aprendizaje de técnicas "profundizantes" le arrebata la vivencia directa con el asfalto y el polvo.  Decían los griegos que hay saber y hay conocer.  Lo primero comporta la experiencia directa con lo vivido, como fácilmente lo hace un callejero de las calles venezolanas, ergo sabio; lo segundo se puede lograr a kilómetros de distancia, sea ya a través de la INTERNET, una foto, un libro, un testimonio.  De allí que saber no sea igual que conocer.  A ver, a ver:  dime cómo es el sabor del limón, tú que lo sabes masticándolo, y tú lo que conoces a través de una descripción…

Nadie le quita nada a nadie.  Decía Publio Terencio Africano Homo sum, humani nihil a me alienum puto ("Hombre soy; nada humano me es ajeno"), y ello hace que parezca que lo que te quita un griego te lo da un romano.  Ley de la vida, ley compensatoria, si alguien quiere cósmica.  De modo que, a título de consuelo para esos sesudos pájaros teóricos (en principio hombres, como se entiende), la realidad no se le escapa a nadie, y ellos también la tienen (los letrados), la calle a su manera, asimilándola con sus peculiares matices de existencia.

Sea cual fuere el caso, sesudo académico o de sesos volados en la calle, hay un sentir a cielo abierto, una percepción, un diagnóstico común, y, en hora previa electoral, se hace necesario el reconocimiento de la realidad, sincero para quienes pretenden continuar con el favor democrático, afortunado para quienes opositores se esfuerzan por desmontar el equipo político adverso en el poder.

Tiene su curiosidad presentar la percepción a ojos de un callejero y a ojos de un pájaro de esos enjaulado (genio, militante, letrado, ideólogo):

Uno:

─¡Hay inseguridad! ─exclama un sabio callejero antes de morir con los sesos desbaratados por el agujero de un disparo.

─Hay leyes ─corrige el ideólogo─, y el delincuente tiene sus derechos humanos garantizados en Venezuela.

Dos:

─No se consiguen los alimentos ─se queja una viejita cuasi loca desde una cola kilométrica para comprar comida.

─Hay una guerra económica ─explica el militante─ y es perentorio el desarrollo de una conciencia que comprenda y resista los embates de un enemigo antipatrio.

Tres:

─La corrupción parece connatural al humano ─razona un profesor pata-en-el-suelo en una plaza─.  En China hay una ley que la condena a muerte y, sin embargo, persiste.  A lo largo del tiempo puede cambiar de tonalidad.  En Venezuela se entregaron muchos dólares a empresarios para importaciones, de cuello rojo muchísimos, digámoslo con autocrítica, y nadie sabe qué hicieron con la plata.  Nadie conoce la lista de tales ladrones, no se ha hecho justicia y las cárceles parecen destinadas para los tontos que se roban una pendejada por ahí.

─La justicia llega, aunque tarde ─prorrumpe el genio─.  La lista de marras, jamás publicada, no soportará el tiempo de la impunidad.  Se develará; calma.

Cuatro:

─Los militares en la frontera colombo-venezolana se están embolsillando BsF. 80 mil por dejar pasar a un binacional de allá para acá y de acá para allá ─escribe un simple mortal desde un pueblo fronterizo en Táchira.

─Las estadísticas hablan de cifras, de actos fallidos, de hechos colaterales ─interviene el letrado─.  Siempre habrá un porcentaje corruptible en todo proceso.  También dicen los números que rotarlos periódicamente en sus funciones aminora la situación propicia para el delito.  Se recomendará.

Cinco:

En las congregaciones ciudadanas, sea ya para comprar alimentos, sea ya para cualquier trivialidad citadina, lo que se oye es la expresión visceral "se acabó, ya me cansé", así pelada, sin el contenido de conciencia que preocupa al militante preclaro.  Hay una corriente de rencor político muy destructiva en la atmósfera del país, de revanchismo, de castigo político, sólo posible en su contención con organización, conciencia y militancia férreas partidistas.  No reconocerlo es idealismo y aires de abanico de pendejos.

Seis (reflexión mínima):

Uno:  ¿por qué no se declaró nunca una emergencia ciudadana ante la inseguridad y se militarizó el país?  Dos:  ¿por qué si los alimentos, así como la Cantv y la electricidad, constituyen puntos de interés estratégico nacional no se tomaron a tiempo las Empresas Polar, de Lorenzo Mendoza, y se metieron en la cárcel a los "bachaqueros"?  Tres:  ¿dónde están las lista publicadas y los presos de aquellos a quienes se les asignaron dólares para importaciones y cometieron fraude?  Cuatro:  ¿quién le pone el cascabel a la Guardia Nacional Bolivariana en la frontera?  Cinco:  ¿no es cierto que la falta de respuesta a tiempo sea la causante del malestar crítico nacional presente?

De manera que, como dice el refrán, recoja cada quien su gallo muerto.  Lo dicho acá es un pedazo de calle llevado a letras y que aspira a convertirse en ondas sonoras, lleguen a algún puerto de oído y, finalmente, sean procesadas mentalmente, trátese ya de la mollera de un genio o de un imbécil en un cargo público.  Interesa el país y en su nombre, su estabilidad, progreso, transformación, paz, la revolución, importando poco que se arrechen algunos tantos burócratas o genios apartados del latir de las calles, encerrados en sus burbujas de alejadas ilusiones, vegetando en sentido contrario al impulso histórico de los pueblos.

--   Oscar J. Camero, @animalpolis
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