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jueves, 29 de enero de 2026

En la piel de Delcy: concesión o guerra

Venezuela está en paz, es cierto, en tanto "paz" es ausencia de esa guerra convencional que utiliza la pólvora. Después de la traumática incursión estadounidense para derrocar al presidente Nicolás Maduro, la estructura de gobierno (como el mismo país) quedó catatónica, prácticamente bipolar.
Es una situación compleja, amplia, que se expande más allá de las cabezas de gobierno. Donald Trump amenazó con asesinar a la dirigencia sucesora una vez capturado Maduro, según confesó la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. De manera que, como dice el dicho, la vida debía seguir y, bajo tal chantaje, dirigencia y país debían de avizorar una opción de supervivencia, necesariamente concediendo.
Así, puede decirse que el plan de gobierno de Delcy se mantiene: estabilidad política, conservación del poder y rescate presidencial. Fue un acuerdo intrapartido, insinuado al país, una especie de guiño de ojo ante el avasallante uso de la fuerza imperialista. Propuesta circunstancial orientada a ganar tiempo ante la presión de un psicótico que, lo más seguro, sea expulsado del poder este mismo año. Ello, por supuesto, daría la razón a la presidenta encargada para luego, retroactivamente, enmendar.
Sin embargo, semejantes concesiones (la humillación de Trump al presumir mando en Venezuela, la ley de hidrocarburos, la embajada gringa de regreso, la retención de las ganancias petroleras, el bloqueo de relaciones con Cuba, China, Rusia e Irán) constituyen un duro golpe de vergüenza para el radical ideológico que no tiene el cañón contra el cuello, pero al que igualmente no le importa.
Estos, en su fuero interior, ya tienen la situación arreglada: rebelarse, ir a la guerra contra el invasor. Es de un tenor inconcebible que el New York Times, el diario El Tiempo (de Bogotá) y hasta un diputado en la Asamblea Nacional (Antonio Ecarri) proclamen que el Estado nacionalista diseñado por Hugo Chávez fue un error.
Por ello, eso de la paz es una situación contenida, tensa, la calma chicha. El capullo de esta flor que está pariendo Venezuela, ambiguo, bipolar, no se desenlaza todavía. Está en trance. La paz que se ha sostenido en el país se debe, en gran medida, al accionar del PSUV con su ramificación intracelular en el país.
Lo peor, lo más dramático que puede ocurrir en estos momentos es una división en el partido de gobierno, necesariamente vista como expresión de esa bipolaridad dicha. Es decir, la fractura: los reformistas extranjerizantes (gobierno/oposición) y los guardas ideológicos de la nación (chavismo bolivariano).
Sería el inicio real de la guerra en Venezuela, externa e interna, civil y militar.


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