Que Nicolás Maduro recobre su libertad y, consiguientemente, Donald Trump precipite el fin de su mandato es una probabilidad bastante verosímil.
La hipótesis se sustenta, por un lado, en que el "secuestro militar" del presidente de Venezuela, como acuña su abogado Barry Pollack, constituye una escandalosa ilegalidad; y, por el otro, en que la situación del presidente estadounidense encarna una precariedad política.
Bastante se ha dicho que Trump hizo con Venezuela lo que otros hicieron con Vietnam, Irak o Libia en su tiempo: desviar la atención pública de situaciones volcadas en su contra. Y al don lo esperan los archivos Epstein con su impúdico cargamento de lascivia. Además, el mismo presidente ha expresado en el seno de su partido el temor de que en 2026 los demócratas concreten en su contra el tan mencionado impeachment. Desde su llegada a la presidencia, Donald Trump se ha modelado una imagen tan locuaz como incómoda a punta de mandarriazos sobre temas como la inmigración, el irrespeto a otros países, sanciones, piratería, bombardeos, etc.
Atacar a un país pacifista y atiborrado de petróleo como Venezuela le sirvió de maravillas al propósito distractor, primero, porque nadie creyó que se atrevería y, luego, porque su apetencia petrolera lucía descaradamente grosera. Sin embargo, el capítulo Venezuela es un colmo que amenaza con revertírsele y precipitar su más aterradora pesadilla. Como Israel con Gaza, Estados Unidos se coronó con Venezuela como burlador flagrante del derecho internacional. Tal especie, en un momento de recapacitación geopolítica, puede cobrárselo el sistema de justicia de su país, cuanto más si el hombre naranja lo ha vejado numerosas veces.
Con respecto a Maduro, el día aclaró con la justicia estadounidense afirmando que no existe el "Cártel de los Soles". Ello socava la argumentación de que el presidente de Venezuela era su jefe y pulveriza las razones de Estado para su extracción. El precedente de indultar al narcotraficante hondureño Juan Orlando Hernández le juega autogol al gringo y apoya un montón al venezolano.
Para rematar, ninguna de las tres condiciones del derecho internacional se cumplió para facultar el ataque a otro Estado: (1) el Consejo de Seguridad de la ONU autoriza los ataques, (2) Venezuela ataca primero y Estados Unidos se defiende, y (3) el Estado venezolano consiente el ataque.
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