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jueves, 26 de febrero de 2026

Monstruos

El gobierno debe establecer un diálogo explicativo con los venezolanos, con las bases políticas del partido y con la oposición. Hasta el presente, cunde la desinformación que engendra monstruos, tanto en filas propias como en las adversas. Sobra decir que semejante situación, en plazo breve, generará inevitables eclosiones. ¿No se busca la paz, pues?

El país todavía no despabila del zarpazo recibido el 3 de enero. Sumido está en la estupefacción. En la duda. En la incredulidad. ¡Ocurrió, sí, entraron las tropas estadounidenses y se llevaron al presidente y a su esposa! ¡Y no hubo combate! Y la vida ha continuado, es claro, ¡pero el atacante actúa, para colmo, como si se hubiera apoderado de Venezuela, mandando! Y lo peor, ¡el gobierno actúa como si obedeciera!

Eso no es Venezuela. Es la percepción que hay en la calle. ¡Venezolanos cobardes! ¿No se gestó en estas tierras la emancipación suramericana?

Es asunto para aclarar, por si hasta las alturas del gobierno no suben los efluvios del malestar popular. La intelectualidad, las redes opinadoras, los pensadores del partido, los pensadores de la oposición, el común de la población, el ignorante, los que mandan y los que son mandados, cualquier criatura susceptible de ejercer el voto (para decirlo sin tapujos), ha creado su propia versión de Frankenstein para explicarse la realidad.

No hay la orientación que lidera o el liderazgo que orienta. Los de las propias filas del gobierno se cuecen en la indignación de verse "padroteados" por un hombre de color naranja, abominando de la palabra "colonia"; y los de las filas ideológicas adversas desfallecen en el orgasmo de sentirse "protegidos" por el efecto de un protectorado.

El gobierno tiene que sentarse a sincerar el embrollo, a impartir líneas, a debatir, a enseñar, a definir… ¿Se ha capitulado ante los Estados Unidos y es cierta esa burla reiterada de Donald Trump cuando dice que gobierna a Venezuela con Marco Rubio y Laura Dogu? ¿Es Delcy Rodríguez la simple bisagra de la derrota chavista, instrumento para una transición sospechosa? ¿O hace la pantomima que hace para ganar tiempo mientras evita más derramamiento de sangre en el país? ¿Se trata de una paz por encima de la vergüenza, o viceversa? ¿Es una pena temporal mientras se preserva el poder político?

Eso se habla, se debate; no se evade. El mismo Hugo Chávez en el pasado reconoció algunas vergüenzas de la derrota, pero bajo la dignidad de comunicárselas al pueblo. "Victoria de mierda", llegó a decir. El fruto podría resultar muy amargo. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) debe dar la cara a sus bases y entablar la conversación popular, evitando mayor erosión. Todos esos diputados de la Asamblea Nacional han perdido legitimidad porque sus genes ideológicos fundacionales chocan con la flagrante desvirtuación de sus principios antiimperialistas. Se le debe razonar al afecto la estrategia de la resistencia y, al contrario, que no existe un país de entregas. Eso se puede conversar. Hay los llamados "tanques de pensamiento" para disparar y difundir ideas.

Cuba acaba de balear una lancha procedente de Florida en su espacio marítimo, matando a cuatro invasores. Mucho de eso falta en Venezuela: trazar líneas rojas de patria y dignidad.  Pero en su lugar, hay un silencio de la vergüenza y un vacío de la honorabilidad, inexplicados, de paso: el jefe del Comando Sur dice que volverá a Venezuela a supervisar "las tres fases de Trump", Trump a cada rato proclama recibir millones de barriles de petróleo de Venezuela, Rubio ya habla de realizar elecciones "legítimas" y el secretario de Energía de los Estados Unidos enviará al gobierno un plan para combatir la criminalidad.

¿Qué vaina es esa (como dicen los más viejos)? Así las cosas, en medio del silencio desorientador, Venezuela se ha convertido en un mal ejemplo para los violadores, secuestradores y asesinos, quienes son premiados por sus acciones.

Entre ese ruido de la ignorancia y el silencio de la vergüenza han empezado a deambular los preocupantes monstruos del pensamiento.

lunes, 23 de febrero de 2026

México invadido de manera artera, Canadá en espera, Venezuela tramitada…

Donald Trump inició su mandato amenazando primero a México y Canadá que a Venezuela. Sin embargo, disparó sus cañones contra el país bolivariano en primer término, dejando lo mexicano y lo canadiense en suspenso, aparentemente, entre la diatriba o la reserva política.
Pesó mucho más el petróleo, como cupo esperar. Venezuela es un mar subterráneo de oro negro, y petróleo es lo que necesita el país más consumidor de energía del mundo. Para 2035, está proyectada en la economía estadounidense una disminución drástica de la producción nacional debido a la merma natural del esquisto. Eso es mañana y la urgencia se evidenció en el quiebre del derecho internacional para atacar a Venezuela.
México es un cascarón vacío en materia petrolera y la fachada de su problema con los Estados Unidos es el fentanilo. Canadá, por su parte, posee petróleo en cuantificación importante, pero no calza con la infraestructura de refinación instalada en los Estados Unidos. Tal infraestructura, con mayor concentración de refinerías en la Costa del Golfo de los Estados Unidos, está hecha para el petróleo venezolano, construida a lo largo de un siglo de relaciones comerciales.
No obstante, es una ilusión creer que la potencia imperial ha descartado sus planes contra ambos países. México es un reservorio de tierras raras y minerales críticos esenciales para la tecnología moderna de transición energética (neodimio, praseodimio, disprosio y terbio); Canadá, más allá del petróleo, posee rutas y recursos en el Ártico que sustentan una narrativa política de seguridad estratégica para los Estados Unidos.
Pero, véase, por hablar de uno de estos países: México ya ha sido invadido por su vecino de un modo distinto al de Venezuela. Es verdad, los Estados Unidos han hecho alharaca con meter tropas en tierra azteca para perseguir a los cárteles de la droga (para eso declararon terroristas a dichas organizaciones). Sin embargo, se trata de una pantomima política para distraer.
La captura de El Mencho evidenció el trabajo de zapa que los estadounidenses realizan para desestabilizar a los mexicanos hasta un nivel de justificable permeabilidad: las armas decomisadas a los narcotraficantes son de guerra, exclusivamente fabricadas para el ejército estadounidense. No son de venta civil, por ejemplo, los lanzagranadas M203, los lanzacohetes M72 LAW (arma antitanque), la carabina M4/M4A1, el fusil Barret M82, la ametralladora Browning M2 y las municiones procedentes de una fábrica gubernamental.
Mientras se lucran con el negocio de vender armas, derrotan desde adentro a un país apetecido por sus recursos estratégicos y geopolíticos.

domingo, 22 de febrero de 2026

El virreinato de Venezuela y su real gobernanza

De acuerdo con Donald Trump, no es Delcy Rodríguez la verdadera gobernante de Venezuela, sino Marco Rubio. Delcy sería la presidente encargada de un régimen ilegítimo. Esto lo ha repetido como fórmula mágica Rubio cada vez que se le antoja amenazar al país con un ataque si no se hace lo que la administración Trump indique. Dizque Nicolás Maduro no ganó las elecciones. Sin embargo, después de su derrocamiento, se tolera a la encargada para no sumir al país en un caos y ponerlo a producir petróleo.
El plan de conquista lo sugirió la CIA. Aprendió que, con un calco de lo ocurrido en Irak, Venezuela no fluiría en oro negro. Sin liderazgo político, sin fuerzas armadas y con una oposición terrorista incoada, el país bolivariano generaría más gastos que oportunidades de negocio. De hecho, John Ratcliffe, el director de la CIA, ya visitó a Caracas para reclamar su autoría —se dirá— en la nueva criatura política engendrada, cual si se tratara de otro insólito Frankenstein de la historia.
El 7 de enero de 2026, cuatro días después del secuestro de Maduro, Rubio asumió su gobernanza y presentó su plan de gobierno: «Estabilización, recuperación y transición». Así lo había ya dispuesto poco antes Trump: Rubio «gobernará» Venezuela hasta completar «una transición segura, apropiada y juiciosa».
Pero, en teoría, Rubio ya es presidente también de Cuba, como lo propuso el jefe. Falta nomás esperar el efecto del bloque caribeño y la caída de Miguel Díaz-Canel. Cuba podría prestársele mejor al hombre por su tierra ancestral.
Lo cierto en todo este panorama de legitimidades y golpismos, claro para los gringos y torcido para los venezolanos, es que el plan de Rubio se ejecuta con coherencia. Él funge como virrey, Delcy como la capitana general y Venezuela como el virreinato conquistado. Colonia, de facto, se le administran sus ingresos petroleros. De existir alguna pizca de duda, como se dijo, el virrey no vacilaría en recurrir al derrocamiento de la "ilegítima".
No hay fisuras en el esquema. Laura Dogu, la encargada de negocios de Trump, no vacila tampoco en dar fe a cada rato de que se transita la fase política de la "estabilización". Por ello, su última tarea consiste en "fortalecer" el sistema de salud del país. Ha traído ya más de 70 toneladas de productos médicos.
Sin duda, una manera genial de endeudar al país mediante la fachada de una ayuda humanitaria —que nadie pidió—, pero que imponen. Venezuela debe pagar los insumos, han dicho.
Finalmente, para continuar con su potestad de seguir imponiendo sanciones y restricciones económicas sobre el virreinato, Trump acaba de renovar por un año el decreto de Barack Obama que declara a Venezuela como "amenaza inusual y extraordinaria" para la seguridad nacional de los Estados Unidos.


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viernes, 20 de febrero de 2026

El FMI y el regreso de los fantasmas a Venezuela. Trump de visita

Ahora que Donald Trump manda en Venezuela, como él dice, los fantasmas de la opresión preparan sus maletas para regresar al país. No se trata nada más de que gringos vengan, como antes, a radiografiar el país para proponer luego que es suyo, so pena de desestabilización. ¡No, qué va! Ahora ha empezado a hablar el FMI, más allá de esas visitas de funcionarios estadounidenses (jefe de la CIA, secretario de Energía, jefe del Comando Sur, etc.).
Dijo que, prácticamente, Venezuela necesita financiamiento porque este año la inflación bordeará el 700%, el PIB decrecerá en un 3% y, lo más grave, explotará una crisis humanitaria porque la asistencia externa está dificultada por el aislamiento financiero del país. Ni más ni menos, pues, el razonamiento de un pequeño y salvador préstamo.
Había estado calladito el susodicho sistema financiero. Hugo Chávez lo había corrido del país, en aquellos tiempos cuando refutó su modo tendencioso de medir niveles de prosperidad. No debía privar la narrativa de los indicadores macroeconómicos —decía— por encima del desarrollo humano y la igualdad. Y centró Chávez, de hecho, su enfoque social en las personas (por la vía de las Misiones Bolivarianas) en lugar de los fríos números que suele atender el FMI.
Este "veneno mortal" que es el FMI (para citar a Chávez) presentó hasta el último momento a la Argentina de 2001-2 como el país modelo a seguir para optar al progreso y a los préstamos de la entidad crediticia. Hasta que en ese mismo año, vergonzosamente, estalló la peor quiebra financiera del mundo: los gauchos, el país mimado de los entes crediticios, caían…
Pero los tiempos han retrocedido de golpe, como se dijo, y los fantasmas vuelven. Ahora que se dice presidente de Venezuela y la ha orientado hacia su mapa de gabinete, Trump ha empezado a enviar a cuanto bicho capitalista pueda dar una vuelta de tuerca y contribuya a dejar anclado al país en el patio de los tiempos. Ha ofrecido, incluso, venir él mismo a colocar una piedra refundacional en la patria de Simón Bolívar. Puede especularse que Caracas se prepare para recibirlo y que, probablemente, sea Gustavo Petro el portavoz de la eventualidad, listo para comunicársela a Delcy Rodríguez en la próxima reunión de estos presidentes en Colombia.
Mientras tanto, seguirán desfilando funcionarios yanquis sobre la geografía de Venezuela. Téngase en cuenta que "turistas" como estos en tiempo pasado se cogieron virtualmente la Amazonía, escribiendo en los textos escolares de sus muchachos que les pertenecía y que, por los momentos, era manejada por una sarta de indios tercermundistas.
 


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jueves, 19 de febrero de 2026

La capitulación y docilidad como estrategia inconfesable de los Rodríguez

Los hermanos Rodríguez atraviesan una situación política extremadamente difícil y compleja. Una es la presidente encargada del país, Delcy Rodríguez, quien asumió después de los hechos del 3 de enero de 2026, cuando fueron secuestrados el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores; el otro, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. En sus manos tienen las riendas de un país que rayó en lo inesperado al no responder como el mundo esperaba ante la agresión anunciada de los Estados Unidos.
Por supuesto, no es responsabilidad de ninguno de ellos que nadie respondiera en la asonada como la lógica de la lucha militar manda, volando, por lo menos, unos cazas para atacar algún buque enemigo en el Caribe. Tal es una responsabilidad que se le enrostra a la cúpula militar, soberana en el tema de la defensa nacional, tanto más cuanto la reacción ha debido ser cuasifrefleja, de esas que no consultan obviedades para salvaguardar.
Lo "difícil" y "complejo" del asunto estriba en que sobre los Rodríguez se ha tejido una maraña de suposiciones que intentan explicar por qué dieron continuidad a la actitud de manos caídas de la Fuerza Armada Nacional (FAN). En la lógica de millones, se esperaba, al menos, una acción de contundente protesta que indujera a pensar que el país poseía una reserva de moralidad al estilo heroico-bolivariano.
Pero no ocurrió de tal modo. Los Rodríguez presentaron una agenda inesperada, de aparente capitulación, según signos. No se dice que hayan tenido que hacer de blancos de ataques ante un orate como Donald Trump, inmolándose como un Salvador Allende en su Palacio de La Moneda. No es la idea. Lo que resuena en la cabeza de millones es la automática aceptación de todas las propuestas y condiciones del agresor, como el que es derrotado sin pelear. Vuelos, reinstalación de embajadas, reformas de leyes, exclusividad petrolera gringa, espalda a los viejos aliados, visita del director de la CIA, del secretario de Energía, del jefe del Comando Sur y del mismísimo Trump, según proyecciones.
La primera reacción de un radical es pensar en componendas, traición, capitulación… Con inevitable indignación y vergüenza… Pero hay un hecho irrefutable que encarnan los Rodríguez, uno de ellos amenazado de muerte por Trump: preservan el poder político sistémico, piso sobre el cual se puede ganar tiempo y emprender enmendaduras. El problema es que, si hay un plan de resistencia y despiste, no se le puede explicar al país so pena de develar la estrategia ante el enemigo.
 

martes, 17 de febrero de 2026

Venezuela y la Guatemala de Árbenz, 1954: una vieja actualidad

En los análisis sobre el esquema agresor empleado para derrocar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, resulta inevitable desempolvar lo ocurrido con Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954.
De acuerdo con la revisión, es el precedente capital, tan viejo y actual a un tiempo que da igual, desde el punto de vista formal, imaginar que Maduro fue Árbenz y Árbenz es Maduro. Por supuesto, existe una diferencia cuantitativa abismal entre el valor geoeconómico y geopolítico de la Guatemala bananera de Árbenz y la Venezuela petrolera de Maduro. Sin embargo, el manual utilizado contra esos países incómodos al poder imperial es el mismo.
El precedente más próximo a los hechos del 3 de enero en Venezuela fue Salvador Allende, Chile de 1973, pasando por alto el caso de Manuel Noriega en Panamá en 1989 debido a que no encaja en el patrón de derrocamiento de un proyecto ideológico de izquierda, existencialmente amenazante a los intereses de los Estados Unidos. Lo de Noriega fue una especie de castigo a un aliado descarriado, no obstante compartir rasgos comunes, como la posesión estratégica del Canal de Panamá y haber ameritado el trabajo encubierto de la CIA antes de la agresión directa, aunque la misma agresión directa lo excluye del patrón.
Un poco más atrás, en 1964, en Brasil, bajo el mismo esquema, también había sido derrocado João Goulart.
Todos, como en un manual histórico del robo y la extorsión, fueron reducidos por encabezar modelos ideológicos peligrosos de calado popular que proponían la erradicación de la influencia estadounidense como bandera de supervivencia. Sus gobiernos se interpretaban como brotes del mal ejemplo, que cerraban puertas a las posibilidades del capital en la región y podían incitar a la rebelión en el "patio trasero".
El trabajo encubierto de la CIA precedió, en todos los casos, al derrocamiento presidencial. Cada presidente intentó prevalecer los intereses económicos de su pueblo en crisis por encima de la contabilidad capitalista de las empresas extranjeras. Esto, como consecuencia, generó la protesta de los Estados Unidos, acostumbrados a medir las buenas relaciones con otros países sobre la base de ganancias capitalistas o niveles de explotación.
So pena de violentar abiertamente el derecho internacional, ninguno de estos países, en la medida en que eran legítimos, debía ser atacado directamente con tropas. En su lugar, fueron trabajados con agendas encubiertas de los servicios de inteligencia, forjándoseles narrativas punibles para justificar el golpe final. Debían ser extraídos del poder, aparentando causas atribuibles a una desestabilización interna.
Allende nacionalizó el cobre y Goulart, en medio de severos problemas económicos, expropió filiales de empresas estadounidenses (ITT y AMFORP), lo cual limitó de manera importante las ganancias del país norteamericano. Maduro, en una agenda continuada del chavismo, alardeaba de una real nacionalización del petróleo. Los dos primeros fueron despachos con el apoyo de una oposición interna y desestabilización inducida. A Goulart, como a Maduro, los presionaron con flotas navales dispuestas a ingresar. Todos recibieron presiones económicas, destacando el cometido de «hacer chillar» la economía chilena, por un lado, y los veinte años de sanciones contra Venezuela, por el otro.
Pero ese antecedente primordial, que es Árbenz, destaca de una manera especial. La principal empresa bananera de Guatemala, United Fruit Company, se resintió con las expropiaciones que de sus tierras ociosas hiciera la reforma agraria del presidente. De inmediato, la empresa se confabuló para apoyar un golpe de Estado. Cabildeó intensamente ante el presidente de los Estados Unidos de entonces, Dwight D. Eisenhower, logrando a la final una acusación de comunismo y de infiltración soviética. Cabe resaltar que el gobierno de los Estados Unidos y la mencionada empresa no cultivaban una relación de proximidad más allá de la nacionalidad, razón que justificó el esfuerzo de convencer al presidente para autorizar el derrocamiento con la patraña del comunismo.
Muy bien Maduro podía fungir como presidente de esta Guatemala derrocada, como se figuró arriba. Como a Árbenz, se le incoó un expediente falso acusatorio para quitarlo del camino y proteger unos intereses. Mucho parecido con la empresa bananera guardan María Corina Machado y Marco Rubio en la actitud de "trabajar" al presidente estadounidense para que autorizase el ataque sobre la base de un expediente forjado. No se dice en ningún momento que no estuviera en la naturaleza de tales presidentes atacar a Guatemala y Venezuela, respectivamente; pero es un hecho que tales personajes tuvieron que ser precipitados para la toma de decisiones. Trump desde hace tiempo ha mantenido el sueño de coronar el petróleo venezolano, como él mismo lo ha reconocido, pero también es un hecho que no lo concretó hasta rodearse de una figura tan conspiradora como Marco Rubio y una adlátere traicionera como María Corina Machado.
El Maduro bananero habría sido acusado de comunista, según época, y el Árbenz petrolero, de terrorista pro Hezbolá o narcotraficante. Parecía cuestión de rellenar nombres intercambiables en un formato único.

sábado, 14 de febrero de 2026

El PSUV en hora tan crítica

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) atraviesa en estos momentos una contradicción epistemológica. El conocimiento y las declaraciones de principios que encarna empiezan a sonar huecos a la hora de ser intelectualizados por la militancia, tanto veterana como novicia. De hecho, en estos momentos son muchos los militantes que se reúnen en las barriadas de Caracas para intentar afrontar el embrollo.
Unos lo hacen por pura pasión patriota y revolucionaria; otros, porque se sienten amenazados en algunas conquistas concretas de la gestión chavista (tiempo pasado). Por ejemplo, el tema de la vivienda es uno. Fue voz en una asamblea de ciudadanos desarrollada en La Vega, Caracas, que el zarpazo imperial no sólo está proponiendo reformas para succionar con mayor precisión el petróleo, sino para cobrarles enteramente a los beneficiarios el valor de las viviendas asignadas por la Misión Vivienda a través de la Cámara Inmobiliaria.
En la Declaración de Principios del PSUV, aprobada en 2010, específicamente en sus principios generales, el partido de gobierno se declara "anticapitalista y antiimperialista". En el punto 6, defensa de la revolución, se establece que defender la soberanía es una tarea que «es responsabilidad fundamental del partido y el pueblo […] para evitar que el imperialismo y sus aliados puedan avanzar en dinámicas belicistas, anexionistas, divisionistas». Y el punto 9, sobre la construcción del socialismo, ya obliga expresamente al militante a defender la patria y la revolución, invitándolo a levantar una resistencia frente al imperialismo.
Pero el militante, después de apartar la vista de la lectura, tropieza drásticamente con la oquedad epistemológica que rápidamente ha empezado a carcomer semejantes principios. El imperialista, tan pasionalmente combatido en la letra, vino al país y dio su zarpazo capitalista sin resistencia notable. Se llevó al presidente y a su esposa, después de asesinar a más de un centenar de personas. La declaración de principios oscurece de manera prácticamente mortal cuando descubre que el imperialismo no sólo no fue combatido con entereza, sino que, surrealistamente, se le estrecha la mano de manera cordial, haciéndosele desfilar sobre la dignidad del país mancillado.
Hugo Chávez fenece muchas veces a lo lejos cuando se le oye gritar «¡Váyanse al carajo, gringos de mierda!», porque, irónicamente, la patria ha empezado a recibir la visita de tales, por no decir acogerlos. Vino el jefe de la CIA, el del Departamento de Energía de los Estados Unidos, y no se sabe cuántos halcones más faltarían para prolongar ese sobrevuelo de la muerte sobre los recursos naturales. Laura Dogu, una enviada de Donald Trump, ya está en Caracas y se prepara para descoser una de las más emblemáticas proezas antiimperialistas acometidas por Chávez: la erradicación de la embajada gringa, promotora de golpes de Estado y perversión de espíritus militares.
De manera que sí, virtualmente el PSUV está desmontado como fuerza positiva con principios genésicos coherentes. A esta hora es un cascarón vacío de moralidad estatutaria, perdido en una nada flotante sin conexión con la base, incapaz de la defensa soberana. La Asamblea Nacional, de aplastante mayoría pesuvista, desde este punto de vista, se acaba de convertir en una expresión nula de los principios fundacionales, dejando de representar a millones de venezolanos.
El partido afronta, sin ninguna duda, un ocaso tremendo y rápido de no tomarse medidas prontamente. Es inevitable el cisma, dados los ánimos contenidos. Quienes en alturas de gobierno promueven reformas para que el petróleo fluya de manera más complaciente hacia el exterior y cámaras inmobiliarias pechen a venezolanos en sus viviendas, no son pesuvistan, tanto menos revolucionarios en el sentido anticapitalista o antiimperialista. Ellos son lo que son, incluyendo a la Asamblea Nacional. Pero quienes marcan la diferencia, andan con el pesar del país cuesta arriba y ensalzan el combate contra el capitalismo destructor de mundos, deben separar el agua turbia de la clara y rescatar lo que pueda quedar de partido con dignidad histórica y patria. La vida no termina con el apagón golpista vivido y la lucha puede rearmarse siempre.
 
 
 
 

jueves, 12 de febrero de 2026

Caída y descomposición del Imperio romano en pellejo yanqui

Indagar sobre los antecedentes de lo que ocurrió en Venezuela puede sonar, aparte de trillado, necio. Podría bastar con decir que, si fue relacionado con los Estados Unidos, la historia abunda en manuales para ilustrar con claridad y no hay que explicar tanto. Para ser atacado por ese país no basta con oponerse a sus intereses, sino también poseer algo que ellos necesiten.
Los Estados Unidos mueren como imperio. Hay un compás de espera en la mayoría de las teorías geopolíticas que estudian el comportamiento del poder mundial que apunta a varias fechas y escenarios. 2030 es una de ellas, incluyendo la eventualidad de las elecciones presidenciales de 2028.
No se trata de una aseveración audaz y sin ciencia al estilo, por ejemplo, de un Nostradamus, por mencionar aquello que pueda más descalificar una estimación. El país atraviesa una crisis insólita relacionada con la economía, su poder político y militar, su integridad territorial, su reputación mundial y, sobremanera, por la gobernanza de un ícono de la megalomanía, como Donald Trump.
Esto último es fundamental en la lente de los estudiosos, quienes ven en su historia la repetición de figuras emblemáticas del pasado romano, como Cómodo, Heliogábalo, Caracalla y, en menor grado, Calígula. Todos ellos fueron termómetros de quiebres decadentistas. A todos, como a Trump, los caracterizó un narcisismo psicótico que los condujo a excentricidades, tanto personales como institucionales: reencarnaban a algún dios, arrasaban con las instituciones, se obsesionaban con la lucha (Coliseo), despreciaban la tradición, gastaban en exceso, etc.
Cómodo, por ejemplo, que fue síntoma de crisis de todo un imperio, se creyó la reencarnación de Hércules. Modernamente, Trump recuerda un poco a Heliogábalo en hechos absurdos de fasto, como el rediseño de la sala de baile de la Casa Blanca, gastando $250 millones y ampliándola para una capacidad de 1000 personas. En ambientes similares, Heliogábalo lo superaba nada más en detalles específicamente excéntricos, como soltar leopardos para disfrutar con el terror manifiesto de sus invitados.
Querer apoderarse de lo que no es suyo, como Groenlandia y el petróleo venezolano, despreciando la institucionalidad internacional, es una actitud que encaja a la perfección entre la psicopatía de los personajes mencionados, siempre sintomatizando el ocaso de una existencia o período histórico.
La captura del presidente Nicolás Maduro junto con su esposa es una conclusión de la doctrina monroísta, que dueña se cree de las riquezas y tierras del hemisferio occidental. Oro, petróleo, Amazonía, aguas, vegetación, cielos, oxígeno, pájaros, gentes, etc.  La doctrina en sí es una desviación perturbadora del pensamiento geopolítico humano, que se desafora bajo el mando de un timonel endiosado.
El pecado original de Venezuela no es ni siquiera tener trato o embajada con semejantes psicópatas, sino poseer petróleo en cantidades fabulosas. Y, como ya es cliché decirlo, el imperio que muere necesita del oro negro y de su correspondiente oxigenación para no perecer en su lecho de enfermo.

La revisión de lo histórico concluye que en Venezuela debe suceder una dictadura complaciente con el agresor: ¿dónde está ese delfín?

Entre 1822 y 1825, los Estados Unidos entraban y salían de Cuba y Puerto Rico con el pretexto de capturar piratas, una causa noble entonces, como noble es ahora la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. En ese tiempo, las dos islas pertenecían al imperio español, que finalmente desbarataron en 1898, cogiéndose Puerto Rico y tratando de hacer lo mismo con Cuba hasta hoy.
Los Estados Unidos estaban entonces muy activos sobre el continente suramericano. Temerosos de que los europeos recolonizaran a América, proclamaron en 1823 ante su Congreso la famosa Doctrina Monroe: «América para los americanos». Como ocurre con el petróleo de Venezuela hoy (Trump), tenían entonces grandes planes para su futuro «patio trasero».
En 1833 y 1835 penetraron a Argentina y Perú, respectivamente, para proteger sus intereses durante sendas insurrecciones. En 1848 se robaron el 50% del territorio mexicano. Volvieron a «proteger» sus intereses en Argentina en 1852. A Nicaragua le tocó en 1853, donde también tenían intereses «en peligro». 1855 y 1856 fueron los turnos de Uruguay y Panamá, respectivamente, donde desembarcaron. En 1857 «protegieron» con tropas a Nicaragua del pirata William Walker. Volvieron con Uruguay en 1858. En 1859 obligaron a Paraguay a pedir disculpas ante una enorme demostración de fuerza porque le rasguñaron un buque de guerra en el río Paraná. En 1860 volvieron con Panamá-Colombia, durante unos relajos. Repitieron con Panamá en 1865, ahora para proteger a unos civiles suyos.
En 1867 ocuparon Nicaragua. Ahora, con el argumento de proteger a sus ciudadanos «regados» por el mundo, entraron de nuevo a Uruguay y Colombia en 1868. Y así una lista casi interminable, la cual se resume teniendo en cuenta que siempre agredían para proteger sus intereses: 1873: Colombia y México, 1876: México, 1885: Colombia-Panamá, 1888: Haití, 1890: Argentina, 1891: Haití, 1891: Chile, 1894: Nicaragua, 1895: Colombia, 1896: Nicaragua, 1898: otra vez Nicaragua, etc.
Resumiendo aun más: entre 1900 y 2026, Colombia fue permeada 5 veces por los gringos protectores de causas nobles, 8 veces Honduras, 4 República Dominicana, 8 Panamá, 6 Cuba, 3 Nicaragua, 3 México, 4 Haití, 3 Guatemala, 1 Costa Rica, 1 Granada, 1 Bolivia, 1 Perú, completándose el cuadro con Venezuela, en enero de 2026.
Si desde un principio (1822) el fin de fondo fue bloquear a los europeos en su hemisferio, mutaron luego a la narrativa de «proteger sus intereses» y ciudadanos. Resáltese que a partir de 1989 los estadounidenses empezaron a utilizar la retórica de la guerra contra las drogas en ocasión de destacar tropas en Colombia, Perú y Bolivia.
Pero… ¿Cuál es el propósito de tal enumeración de agresiones y cambios retóricos en el imperio de turno? Simple: explicar la modalidad de agresión contra Venezuela con sus precedentes. Es decir, asentar que, con la Guatemala de Jacobo Árbenz en 1954 (uno de esos tantos puntitos difusos en la enumeración), se inaugura una nueva narrativa de ataque contra Latinoamérica, ya no tanto para invadir como para derrocar a presidentes incómodos a los intereses norteamericanos. No se trata ahora de incursionar abiertamente para corretear a los colonialistas europeos, ni de perseguir piratas, ni de proteger ciudadanos estadounidenses, ni de luchar contra las drogas, sino, de modo encubierto, derrocar presidentes utilizando el telón de fondo ideológico del momento.
A Árbenz le cobran querer nacionalizar la bananera United Fruit Company para combatir la pobreza de su pueblo. De izquierda, en plena Guerra Fría, lo acusan entonces de querer volcarse hacia la URSS. La realidad fue que la bananera, de gran poder en Centroamérica, hizo lobby político para vetar su destierro del país, enmarañando a un Dwight D. Eisenhower con el coco del enemigo soviético, del mismo modo que María Corina Machado y Marco Rubio enmarañaron las circunstancias ante Donald Trump con el enemigo sino-ruso.
A Nicolás Maduro lo rotularon con el infundio de narcotraficante para destapar el flujo de petróleo y reapoderarse de sus reservas en el país. En 1964, en Brasil, con trabajo encubierto y amenaza militar (Operación Hermano Sam), derrocaron a Joao Goulart, quien, a diferencia de Árbenz, sí había significativamente expropiado empresas gringas. El argumento fue el típico de la Guerra Fría: ser comunista.
El primer presidente formalmente marxista del mundo, Salvador Allende, nacionalizó el cobre, lo cual fue un golpe escandaloso contra los intereses de los Estados Unidos. Recibió de inmediato sanciones y trabajo encubierto de la CIA para agitar el ámbito militar, lo cual, a la postre, derivó en el golpe militar que culminó con su inmolación en el Palacio de La Moneda en 1973.
Los cuatro, Árbenz, Goulart, Allende y Maduro, tocaron los intereses gringos. Todos fueron objeto de un trabajo encubierto de la CIA. A todos se les satanizó con lo que eran o con lo que no hacían para justificar la acción contra el interés de fondo: reforma agraria (comunismo), expropiaciones (comunismo), cobre (comunismo) y petróleo (narcotráfico), respectivamente. A todos (menos a Maduro por estar el proceso en curso) les sucedieron periodos prolongados de dictaduras complacientes con el agresor: 32 años en Guatemala, 21 años en Brasil y 17 en Chile.
La pregunta, para finalizar: ¿quién encarnará ese rol post derrocamiento y complaciente en Venezuela? ¿Delcy Rodríguez? ¿María Corina Machado? ¿Algún delfín todavía anónimo de las fuerzas atacantes? Es la única pieza faltante en el esquema histórico, aunque hay que tener en cuenta que el evento aún está en curso, como se acotó arriba. Hasta ahora Venezuela está ofreciendo una variación sin esa figura dictatorial a la vista: y es que la misma estructura política atacada por los Estados Unidos (PSUV) está fungiendo como la instancia complaciente, sin la mencionada caracterización dictatorial: reforma petrolera, habilitación diplomática, presos políticos, ruptura de alianzas (China, Rusia, Cuba e Irán), concesión del manejo económico energético.
 


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miércoles, 11 de febrero de 2026

La Asamblea Nacional violó la Constitución en su ceguera reformista.

Toda la edificación del conocimiento humano, cualquiera que sea su parcela, se fundamenta sobre unos principios lógicos elementales. Que luego, en virtud de la evolución y densificación de los campos del saber, 2 + 2 no parezca ser igual a 4 es un asunto que compete a la lógica como ciencia, sea ya en su aspecto formal (matemático) o informal (retórica, sofisma).
El meollo del asunto es que, en principio, de cajón, 2 + 2 es igual a 4 y a partir de allí, como punto de arranque, es posible construir todo el resto de la divagación humana que arroje otro resultado. La política, por ejemplo, sería una ilustración de uno de esos procesos divagatorios de la lógica informal. De hecho, se dice que en política 2 + 2 nunca es igual a 4.
Los legisladores que reformaron la Ley Orgánica de Hidrocarburos, de 2006, incurrieron en un acto de nulidad notable. De cajón saben que la supremacía constitucional es un principio fundamental del derecho moderno. Es decir, que la Constitución es la «norma de las normas» o ley suprema, equivaliendo esto a saber que 2 + 2 es igual a 4. Y saben, también, que no hay asamblea, entidad o ley menor que valga que pueda validar un acto legislativo (inclusive con mayoría absoluta) en contradicción con la norma madre.
Sin embargo, pusieron al artículo 8 de la ley reformada a desdibujar el artículo 151 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. En ese punto, la Constitución establece que las dudas o controversias relacionadas con los contratos de interés público «serán decididas por los tribunales competentes de la República, de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras.»
Por su lado, el artículo 8 de la Reforma de la Ley de Hidrocarburos de 2026 dice que tales dudas o controversias «podrán ser decididas por los Tribunales competentes de la República, o mediante mecanismos alternativos de resolución de controversias, incluyendo mediación y arbitrajes independientes».
De manera que, de cajón, 2+2=4, corresponde a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declarar la nulidad total o parcial de dicha ley. Todos los pilares definitorios de la soberanía son violentados: autodeterminación, control territorial, independencia jurídica y control de recursos. ¿O es que, acaso, en virtud de la apertura petrolera, la soberanía es ahora negociable?
La Asamblea Nacional cometió un error, por no poder hablar de delito. Ella representa al pueblo y puede parecer que su acto sea «constitucional». Pero su «legitimidad» está supeditada a las reglas del juego establecidas en la Carta Magna, cuya redacción es, por cierto, del mismo pueblo.
Por supuesto, el reformista (que busca atraer la inversión, así sea jalada por los pelos) defiende que el arbitraje internacional no es una «reclamación extranjera» prohibida, sino una medida de seguridad jurídica para el inversor.
Aquí entra en ejercicio la lógica en su cualidad informal: mediante retórica y sofismas, el legislador ahora busca engañar a su pueblo queriéndole significar que 4 es igual a 2+1. Los griegos se divertían mucho con estos ejercicios de lógica en el ágora: es un clásico el cuento de Aquiles siendo derrotado en una carrera por una tortuga, con demostración matemática y todo. Parece conveniente decir (un millón de veces más) que una apariencia no hace la verdad.


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domingo, 8 de febrero de 2026

La espantosa agenda de Delcy: preservar y, a la vez, conceder.

Han transcurrido un mes y cinco días desde el 3E. Donald Trump bombardeó, Nicolás Maduro y su esposa están secuestrados en los Estados Unidos; Delcy Rodríguez funge como presidente encargada y el país y las fuerzas armadas, sorprendentemente, están en calma. Pero, la verdad, el país ha estado «tranquilo» desde el mismo día de la agresión.
Lo de Maduro, sí, se definió como un trabajo «quirúrgico», según jerga especializada de los cuerpos de inteligencia. Fue erradicado sin afectar el funcionamiento general del Estado. En el Irak de 2003 se derrocó el gobierno, se entronizó un gobierno pelele, se desmontaron las fuerzas armadas y, por si acaso, se creó una insurgencia.
Como en Venezuela, el objetivo siempre fue el petróleo. Sin embargo, en esta ocasión, aprendiendo de un pasado que no los colmó con un hidrocarburo tranquilo, los gringos no desmontaron nada. Todo el mundo anda por allí, en aparente calma, como si el país no hubiera sido ultrajado. Hay gobierno, Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), oposición, Tribunal Supremo de Justicia, Fiscalía, militares asistiendo a sus puestos, banca y comercio trabajando, gente en la calle… Por el contrario, los gringos se esfuerzan por pintar una fachada de alianza con lo que quedó del gobierno de Maduro, sin desperdiciar Trump la ocasión para afirmar que trabaja de «maravillas» con Delcy.
Las movilizaciones que han salido para protestar la captura de Maduro se realizan sin ser reconducidas hacia una real resistencia, sino como actos para aliviar la contradicción que hay en una agenda de gobierno que debe defender la soberanía, por un lado, y que parece atenerse a los designios de un Trump gobernante de Venezuela, por el otro. Mientras más se hagan concesiones (petróleo, presos políticos, embajadas, aceptación de vuelos, derogación de leyes incómodas y creación de otras maleables), más se incrementarán las acciones para pedir la liberación de Maduro y su esposa.
Tal es la situación de la presidencia encargada: moverse entre una presión abrumadora extranjera y la lealtad hacia su base política. La misión de Delcy es durísima: evitar la parálisis y destrucción del Estado con las inevitables concesiones, y preservar, a un tiempo, el poder político y la soberanía nacional.
Sin embargo, siendo francos, hay que ver la realidad. Por un lado, lo que define a «soberanía» (autodeterminación política, integridad territorial, independencia jurídica y soberanía económica y de recursos) es lo que, precisamente, está siendo mancillado desde el norte; por el otro, lo que se llama «tranquilidad» de la población se refiere a un estado psíquico cargado de indignación y afrenta, de inevitable explosión y fragmentación en algún momento.


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sábado, 7 de febrero de 2026

El sacrificio político y consensuado de Nicolás Maduro en Venezuela

Háblese con la rigurosidad de la lógica: el derrocamiento de Nicolás Maduro no generó ni de cerca la conmoción del Hugo Chávez derrocado. Hasta hoy, se realizan movilizaciones no solo en Venezuela, sino también en el mundo, pidiendo la liberación de la pareja presidencial. Pero no hay parangón: en Venezuela son marchas controladas, institucionalizadas como una acción de cuido de las apariencias en medio de una agenda reformista y de concesiones de la presidencia encargada.
Lo de Chávez fue una fuerza histórica de imparable cambio, en un momento genésico. Gente brotando de la tierra, dirigiéndose a un rescate.
No se trata de menosprecio histórico ni de nada personal, sino de la fría razón. En Venezuela se asumió que, por un incontrolable imprevisto, Maduro se fue y, sencillamente, se sustituyó con la legalidad sucesora del país. Se puede decir que se sintió como un hecho de tácita aceptación por los poderes establecidos, que decidieron continuar con las actividades normales y fundar una agenda de apertura hacia los Estados Unidos: presidencia encargada, Asamblea Nacional, Fuerzas Armadas.
Aquí es donde se comprende por qué las movilizaciones pro-liberación de Maduro no se orientaron hacia la resistencia. Salieron el ejército y la policía a las calles, pero sin connotar llamados masivos populares para el combate y la defensa soberanos. La vida debía continuar.
Maduro, en conclusión, fue sacrificado políticamente dentro de su país, por más que dentro del plan de gobierno esté aludido en uno de sus puntos: rescate presidencial.
Eso tiene una lectura. El presidente había llegado a un punto muerto en el contexto de la situación político-económica. Se precisaba de otra creatividad para avanzar y salir del marasmo de las sanciones y el aislamiento internacional. Los salarios eran polvo, evolucionando hacia un esquema de bonificaciones; las pensiones equivalían a menos de un dólar, se creó una cultura de subsistencia con la deficiencia de los servicios públicos, la gente persistía en emigrar…
Pero he aquí lo impresionante: indagando se averiguan cosas. La agenda reformista de Delcy Rodríguez ya, de hecho, la ensayaba Maduro a la calladita ante Donald Trump: reforma petrolera, anulación del Estado, desnacionalización del chavismo petrolero, minimización de PDVSA, etc. Su plan empezó a caminar desde que recibió a Richard Grenell en 2025, cuando proclamó un "nuevo comienzo" en las relaciones. Incluso había un apartado de revisión de lo chino.
Tal alineación desesperada con los intereses estadounidenses no fue aceptada. Le pasó como a Moammar Gadafi, quien fue asesinado a pesar de ofrecer rectificación ante los imperialistas. Toda esa flota sobre el Caribe era para realizar algo en concreto: escarmentar con Venezuela al hemisferio monroísta y reafirmar el poder imperial de la potencia en declive.
 

jueves, 5 de febrero de 2026

¿Degrada Venezuela a colonia sin resistencia o sigue siendo una república presta para defender su integridad?

No se puede complacer a Donald Trump en todo. ¿A título de qué? ¿Por qué secuestró al presidente Nicolás Maduro y mató a más de cien personas para capturarlo? Marco Rubio confesó ante el Senado (28-01-2026) que Maduro rechazó todas las ofertas de salida del poder, incluida la del exilio.
Eso puede significar que el mismo presidente desaprobaría acciones que no hagan justicia a una actitud de resistencia. Lo apuntaron con un cañón desde el Caribe y decidió resistir: en nada ceder, complacer ni abandonar. Además, la incursión de Trump contra Venezuela no tiene por qué acreditarlo como alguien que tenga que esperar cortesías del país, sino como enemigo.
A menos que se les tenga que decir a los venezolanos que el 3E Venezuela perdió la guerra ante los Estados Unidos sin pelear gran cosa, viviéndose entonces una capitulación, aceptándose unas condiciones de derrota… Condiciones que, si no se cumplen, se penalizan con una nueva agresión.
Esto último conduciría a la aceptación de que el país perdió su independencia y cede ahora soberanía para salvar el pellejo como protectorado de los Estados Unidos, cual Puerto Rico. ¡Así de simple, sin grandes diatribas ni disparos! No de otro modo se puede interpretar que Trump ya cobre el petróleo por Venezuela y le "pase" su mesada al BCV, como en los tiempos coloniales; o que diga que abrirá su embajada porque sí en Caracas; o que el mundo contemple cómo se derogan estatutos nacionalistas de la Ley Orgánica de Hidrocarburos para permear a las transnacionales trumpistas hacia los campos petroleros; o que se empiecen a liberar montones de delincuentes políticos, ahora inocentes en virtud de los mandatos del hombre naranja.
¡Si Laura Dogu, la encargada de negocios designada por Trump, acaba de traerle a Venezuela su hoja de ruta política…! ¡Seguridad interna, negocios bilaterales y transición democrática! Como si se dijera: necesitamos garantías para extraer el petróleo o llamamos a elecciones y revolcamos al país.
¡Y allí está! Los estudiantes ya empezaron a ser utilizados por la extrema derecha para plenar las calles con amenazas de guarimbas. Esta vez de modo intocable, con las armas de Trump, no extrañando que blandan banderas estadounidenses. Lo que se avecina es el caos y el chantaje imperial de la estabilidad política y social.
¿En qué momento el país hizo tanto demérito para merecer tal destino? Es decir, el de perder sin siquiera luchar… Habría sido mejor una muerte más digna, algo de resistencia, como un Vietnam, una Cuba, un Afganistán…: al menos es más digno que igualmente entregar todo en medio de la vergüenza. ¿Hasta dónde puede el sofisma político disfrazar semejante afrenta?
El país se pierde en medio de la implementación de medidas que apuntan contra su propio cuello. Es cuestión de tiempo verificar que no habrá marcha atrás: por ejemplo, ya los liberados políticos encabezan marchas de calle junto a los estudiantes. O: la embajada gringa empezará a monitorear a los militares para ultrajar su código nacionalista.
Si puesto se está para complacer al emperador, habrá que derogar las leyes que propiciaron la civilidad, el respeto y el amor patrio entre los venezolanos, como la Ley Constitucional Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos y la Ley Orgánica Libertador Simón Bolívar para la Defensa de la Paz y la Soberanía. Tales leyes obstaculizan el estado de jaque perpetuo que el presidente norteamericano procura instaurar en las calles del país para implementar su chantaje: petróleo a cambio de estabilidad. Si el petróleo no fluye, si hay rebelión, solo bastaría con azuzar a las huestes callejeras para llamar a elecciones. Háblase de un país cautivo, como el mismo presidente.
¿Que Trump puso un arma al cuello de la presidente encargada...? Venezuela es un país de izquierda, no exento de riesgos mortales, como el mismo Maduro lo ejemplificó. Y los riesgos se asumen al asumir.
 


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martes, 3 de febrero de 2026

Vuelven los estudiantes a las calles, esta vez intocablemente trumpistas

El viento sopla y estremece los árboles, generando estruendo de hojas y ramas. Pero debajo de las copas hay silencio, uno disciplinado. Venezuela fue golpeada el 3E; luego de ello, quedó abatida, impávida. Los ánimos quisieron expandirse, expresarse, desquiciarse… Sin embargo, hubo una propuesta de contención desde la línea de gobierno: mantener la paz, conservar el poder político, rescatar al presidente de la república. Permanecer en la sombrita…
No obstante, el ánimo disciplinado, formalmente calmado, interiormente arde. Quiere sol y cielo. Comprende que el poder inmenso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus venas comunicantes comunitarias han obrado el milagro de mantener esa paz pactada. Ya hubo una incursión el 3E, una masacre, un secuestro, ¿para qué encender más mecha?
Se puede esperar, está bien. Después de todo, el presidente gringo no está ni muy bien de salud corporal ni política, y puede desprenderse en cualquier momento desde la altura de la rama. Ello daría la oportunidad de recomponer, de retrotraer, tal vez bajo el régimen de otro gringo menos disparatado. Así, habría valido la pena esperar, evitando males peores bajo un cielo abierto.
El problema es que ese espíritu aquietado, de tensa paz, como se lleva dicho, descubre cosas. Por ejemplo, que la presidencia encargada tenga que sufrir la infausta presión desde el norte y, malo, que esa presión se haga nacional, comunal, personal, espiritual… Es el precio de la unidad, la misma que ha evitado que el tornado se dispare, arrastrando árboles al paso y arrojándolos contra el río.
Es de un quilate intolerable que Donald Trump proclame que gobierna Venezuela y que internamente las acciones, en forma y esencia, le den la locuaz razón: ley de hidrocarburos, la embajada de nuevo en Venezuela, los delincuentes políticos… El espíritu calmo clama, también, desde la sombrita y recostado al tronco, que el gobierno tampoco intente romper la tolerancia acatada con medidas tan abiertamente proestadounidenses. Después de todo, es fácil comprender que el PSUV tiene una base marxista y que las esencias ideológicas pueden resultar tan tóxicas como las sustancias moleculares.
Otra cosa que descubre con horror el calmo espíritu disciplinario es que se está perdiendo la paz estructural lograda antes de Trump-Venezuela. El extremista se rearma y se apresta (ahora con chantaje imperial) a revolver las calles, con impunidad, a sabiendas de que el gobierno no tiene cojones para contenerlo. Si no, mire de nuevo a los estudiantes de la extrema derecha-UCV: ya marcharon por los presos políticos a sus anchas y ahora, envalentonados, proponen hacerlo para exigir transición inmediata, esto es, la cabeza de la presidente y la maltrecha dignidad de millones.
¿Qué puede hacer el gobierno contra ellos, sumido como está en el encabalgamiento imperial? ¿Complacerlos? Las perspectivas no son halagüeñas. Se rearma nuevamente el manual de la revolución de colores, por tantos años derrotado.