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sábado, 14 de febrero de 2026

El PSUV en hora tan crítica

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) atraviesa en estos momentos una contradicción epistemológica. El conocimiento y las declaraciones de principios que encarna empiezan a sonar huecos a la hora de ser intelectualizados por la militancia, tanto veterana como novicia. De hecho, en estos momentos son muchos los militantes que se reúnen en las barriadas de Caracas para intentar afrontar el embrollo.
Unos lo hacen por pura pasión patriota y revolucionaria; otros, porque se sienten amenazados en algunas conquistas concretas de la gestión chavista (tiempo pasado). Por ejemplo, el tema de la vivienda es uno. Fue voz en una asamblea de ciudadanos desarrollada en La Vega, Caracas, que el zarpazo imperial no sólo está proponiendo reformas para succionar con mayor precisión el petróleo, sino para cobrarles enteramente a los beneficiarios el valor de las viviendas asignadas por la Misión Vivienda a través de la Cámara Inmobiliaria.
En la Declaración de Principios del PSUV, aprobada en 2010, específicamente en sus principios generales, el partido de gobierno se declara "anticapitalista y antiimperialista". En el punto 6, defensa de la revolución, se establece que defender la soberanía es una tarea que «es responsabilidad fundamental del partido y el pueblo […] para evitar que el imperialismo y sus aliados puedan avanzar en dinámicas belicistas, anexionistas, divisionistas». Y el punto 9, sobre la construcción del socialismo, ya obliga expresamente al militante a defender la patria y la revolución, invitándolo a levantar una resistencia frente al imperialismo.
Pero el militante, después de apartar la vista de la lectura, tropieza drásticamente con la oquedad epistemológica que rápidamente ha empezado a carcomer semejantes principios. El imperialista, tan pasionalmente combatido en la letra, vino al país y dio su zarpazo capitalista sin resistencia notable. Se llevó al presidente y a su esposa, después de asesinar a más de un centenar de personas. La declaración de principios oscurece de manera prácticamente mortal cuando descubre que el imperialismo no sólo no fue combatido con entereza, sino que, surrealistamente, se le estrecha la mano de manera cordial, haciéndole desfilar sobre la dignidad del país mancillado.
Hugo Chávez fenece muchas veces a lo lejos cuando se le oye gritar «¡Váyanse al carajo, gringos de mierda!», porque, irónicamente, la patria ha empezado a recibir sus visitas, por no decir acogerlos. Vino el jefe de la CIA, el del Departamento de Energía de los Estados Unidos, y no se sabe cuántos halcones más faltarían para prolongar ese sobrevuelo de la muerte sobre los recursos naturales. Laura Dogu, una enviada de Donald Trump, ya está en Caracas y se prepara para descoser una de las más emblemáticas proezas antiimperialistas acometidas por Chávez: la erradicación de la embajada gringa, promotora de golpes de Estado y perversión de espíritus militares.
De manera que sí, virtualmente el PSUV está desmontado como fuerza positiva con principios genésicos coherentes. A esta hora es un cascarón vacío de moralidad estatutaria, perdido en una nada flotante sin conexión con la base, incapaz de la defensa soberana. La Asamblea Nacional, de aplastante mayoría pesuvista, desde este punto de vista, se acaba de convertir en una expresión nula de los principios fundacionales, dejando de representar a millones de venezolanos.
El partido afronta, sin ninguna duda, un ocaso tremendo y rápido de no tomarse medidas prontamente. Es inevitable el cisma, dados los ánimos contenidos. Quienes en alturas de gobierno promueven reformas para que el petróleo fluya de manera más complaciente hacia el exterior y cámaras inmobiliarias pechen a venezolanos en sus viviendas, no son pesuvistan, tanto menos revolucionarios en el sentido anticapitalista o antiimperialista. Ellos son lo que son, incluyendo a la Asamblea Nacional. Pero quienes marcan la diferencia, andan con el pesar del país cuesta arriba y ensalzan el combate contra el capitalismo destructor de mundos, deben separar el agua turbia de la clara y rescatar lo que pueda quedar de partido con dignidad histórica y patria. La vida no termina con el apagón golpista vivido y la lucha puede rearmarse siempre.
 
 
 
 

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