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jueves, 5 de marzo de 2026

Diosdado Cabello debe reclamar el PSUV y llamar a elecciones

En Venezuela urge considerar la celebración de elecciones. Es claro que la presidencia encargada no gobierna según la línea política ofertada en las elecciones de 2024. Nicolás Maduro está secuestrado y, si es cierto que su causa no obliga a interrumpir la sucesión, el país político no está recibiendo su parte ideológica y fundamental del contrato electoral.
Se sobreentiende que la razón del quiebre de la oferta electoral es la invasión estadounidense; y que el partido de gobierno (PSUV), junto con su mayoría en la Asamblea Nacional, hace lo necesario para conservar el poder, como lo ha dejado sentado la presidente encargada con su plan de gobierno. Pero, dados los hechos de presión (Delcy Rodríguez manifestó que el gobierno de los Estados Unidos la amenazó de muerte), no se puede pretender que tal agenda sobrevenida, de revuelco ideológico, deba ser de legítima aceptación en la masa militante.
El paisaje político cambió. Se puede esperar un atajo de comprensión por los hechos de fuerza y amenazas de guerra sufridos. Se puede, también, argumentar que el legado de Hugo Chávez es la paz y, en consecuencia, evitar una guerra. Sin embargo, no se puede pretender utilizar estas mismas razones para desmontar, de manera antagónica, la propuesta ideológica progresista votada en la contienda electoral de 2024. No es de legitimidad…
Entonces se enfrentaban la oferta proestadounidense de María Corina Machado y la oferta nacionalista de Hugo Chávez, en el continuismo que representaba Nicolás Maduro, con todos sus defectos…
Ahora, cuando el caso es que el mismo partido de gobierno se vuelca contra sus propios principios fundacionales y se hace proestadounidense, por la razón que fuere, es claro que hay una desvirtuación ideológica que debe consultarse con el piso electoral. Proseguir con la tónica encamina al país hacia una situación explosiva, de contenida tensión política.
No hay más salida. El gobierno encargado de Venezuela está siendo obligado a empeñar la soberanía nacional. Con cada visita que hace un funcionario de gobierno estadounidense (acaba de irse el Secretario del Interior, Doug Burgum), se modifica o se crea una ley regulatoria de la riqueza nacional. Tal situación conllevará, cada vez más, no hacer distingos de gobernanza entre Delcy Rodríguez y María Corina Machado. Ésta proponía, por ejemplo, privatizar PDVSA y abrir salvajemente el campo minero del país a los Estados Unidos; pero Delcy, por su lado, con su agenda de «obligada» apertura, ya ha llevado a la empresa del Estado a una situación de disfuncionalidad: ni siquiera cobra la venta petrolera.
Urge, por consiguiente, llamar a elecciones. Considerarlo… Postergar es dar cauce a descomunales distorsiones. Una de ellas es que la derecha política ha empezado a gobernar a través de la "izquierda". Otra, que el PSUV, anticapitalista y antiimperialista por principios, ya no puede así llamarse si se dice acompañante del gobierno encargado. El país se abre al capitalismo despiadado, que ya propone fracking, por ejemplo, y alza sus brazos hacia el imperialismo con palpitaciones colonialistas. Esto, incluso, ha hecho que la Asamblea Nacional, de mayoría socialista, no luzca legítima en la actualidad. De manera que ese PSUV no es el histórico conocido, de vena chavista y bolivariana.
En consecuencia, el fundamental PSUV debe desligarse de semejante plan de gobierno y sincerar su audiencia política nacional. Diosdado Cabello, 1.° secretario general del PSUV y el natural sucesor de Chávez (inclusive con prevalencia respecto de Maduro), debe realizar el reclamo y sugerir, si no elecciones, al menos una cruzada nacional de reflexión política.

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