martes, 4 de septiembre de 2007

El declive de los sesudos analistas de la oposición política venezolana

Para un espíritu conservador siempre será difícil congeniar con la idea del cambio: su esquema todo, enquistado en el hábito, se resiente de la posibilidad exploratoria, lo cual le suena a aventura. Es difícil atreverse a mirar nuevos panoramas si existe una única visión, la vieja conocida, la del paradigma, la pretoriana, la ancestral. Necesariamente el juicio arrastra sus "ídolos" culturales y cuando entra en ejercicio no cae en cuenta de que sirve una mesa para comer carne de dinosaurio en vez pollo, o caviar, como prefirirían los mismos establishments opositores venezolanos. Ese es el drama de los viejos y nuevos tiempos. Vaqueros enlazando autos en la autopista Francisco Fajardo, por cierto, futura Guaicaipuro. O gente miope empeñada en mirar sin binoculares.
En fin, el asunto es el modo sempiterno y amañado de los opinadores de oficio de hacer periodismo, o de presentar su opinión periodística, o periodística opinión, o como ellos denominen su personal invención. María Teresa Romero, internacionalista, presenta en el El Universal el día domingo 2 de septiembre un insólito artículo de desconstrucción semántica, en el que su intención manifiesta de opacar el brillo de la noticia, en este caso el presidente Hugo Chávez, se traduce más bien en una realza de su luminiscencia ("La mediación de Hugo Chávez: buen balón de oxígeno, por ahora" en El Universal (2.007) sept. 2; p. 1-4). Factores evidentemente nuevos del presente parecen ofrecerse a la tenacidad de una visión preterizante.

Me explico concretamente y finalizo: la sesuda analista en cuestión no parece hallar el modo cómo hacer prevalecer su tirria personal o corporativa de presentar al presidente Hugo Chávez como un payaso dictadorzuelo en una situación en la que cobra visos mesiánicos, por decir lo menos, como es el caso de los secuestrados y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Una práctica ya paradigmática entre el oficio opositor de opinar vía escrita (véase "Periodismo opositor venezolano: enunciar para ensuciar").
Digiénranse dos ejemplitos no más:

  1. Ante la gran expectativa por el arribo del presidente Chávez a Colombia, la analista antepone, o escribe: "Hace tiempo que Hugo Chávez no era recibido en el exterior de forma tan calurosa ni había logrado una atención mediática [?] tan favorable, como en el encuentro con su homológo colombiano". Palabras que se caen por su propio peso fraudulento, pues el presidente Chávez, como el mismo Fidel Castro, por lo general es eje magnético en toda reunión o visita presidenciales. Además, su apreciaciones posteriores contrastan con los resultados de recientes mediciones de opinión en las que queda claro que un 58.8% cree que el presidente fortalece la postura de Venezuela en el mundo.
  2. Y el batazo clásico de puñalada trapera, largo tiempo agazapado en la oposición venezolana para cuando llegué el momento en que el presidente facilite el canje humanitario con las FARC e Ingrid Betancourt y muchos otros queden en libertad. Adivinen... Chávez es el jefe de las FARC, con toda y la consecuente campaña internacional de inculpación narco-terrorista. Anótenlo. Por eso la dama escribe: "Por supuesto, también existe el riesgo de que de esta gestión no salga tan bien parado el presente venezolano, incluso que pueda salir políticamente quemado y desenmascarada su relación y empatía con la guerrilla colombiana" (el subrayado es mío)




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