En su himno nacional, Venezuela exhorta a seguir el ejemplo "que Caracas dio" si el despotismo llegara a levantar la voz en la "América toda". Es un canto patrio con mucha fuerza y dignidad de rebelión y combate.
Dicha idea ha sido la imagen proyectada por el país suramericano desde su época independentista. Un país duro, rebelde, revolucionario, guerrero, digno, capaz, inspirador, intocado por la bota extranjera hasta los hechos del bloqueo naval de 1902 y la invasión estadounidense de 2026.
La "bravura" del país fue puesta a prueba en ambas fechas. En 1902, desesperado ante el bloqueo naval de alemanes, italianos e ingleses, que venían por una deuda, Venezuela cometió el desliz neocolonial de acogerse a la Doctrina Monroe, recurriendo a los Estados Unidos para que lo defendieran de los viejos colonialistas.
Un acto, a todas luces, paradójico, en tanto el ícono de la nación bolivariana ha sido el de madre histórica de la independencia suramericana, ese ejemplo batallador consagrado en la letra de su himno nacional.
La consecuencia inmediata de aquella primera debilidad fue la penetración imperial, que prácticamente se apoderó de la riqueza petrolera del país a partir del "Reventón" de los años veinte. Se cobraba el favor. Los Estados Unidos construyeron la infraestructura de extracción desde entonces y usufructuaron el oro negro durante casi una centuria.
En enero de 2026, Venezuela no fue ya protegida por los Estados Unidos ante nadie, sino invadida precisamente por ellos. No hubo lucha. Venían a por el petróleo, presuntamente de ellos desde aquellas primeras fechas de descubrimientos, arrebatado por los venezolanos con su nacionalización. El presidente del país fue secuestrado con su esposa en medio de un acto de colonización impune, así, sin más, sin resistencia militar.
La nación heroica de épocas prototípicas fue desmitificada en el acto por fuerza de las amenazas y los cañones. Aquel primer gesto de vacilación de 1902 se trocó en un hecho de penosa palpitación en la actualidad, con riesgos severos de pérdida de la condición republicana.
¿Se exagera? ¿Se peca de traición al parecer que se denuesta de un país herencia de Simón Bolívar? No. Es mejor preguntar qué está ocurriendo y ponerse a enderezar el rumbo nacional. Venezuela es un bochorno de indignidad en estos momentos de convulsión mundial. Son los hechos.
Donald Trump no se cansa de ejemplarizar con Venezuela el modelo colonial «perfecto» ante el mundo. En plena agresión contra Irán, aspira a replicar en este país la situación venezolana: un país derrotado en el que "se mantuvo al gobierno existente después de que éste aceptara recibir instrucciones de Washington" (https://www.nytimes.com/es/2026/03/02/espanol/estados-unidos/trump-guerra-iran-plan.html).



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