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domingo, 26 de agosto de 2007

El deporte de hacer oposición en Venezuela

La constitución de 1999 suscitó las más fiera manifestaciones de oposición por parte de la desplazada y vende patria dirigencia política del país. Lo que se presentaba como un texto fundamentalmente legítimo, aprobado mediante referendum popular, y de los más avanzados en materia de respeto a los derechos ciudadanos, era al mismo tiempo satanizada por una clase política de dinosaurios que miraban impotentemente cómo se les encimaba la glaciación: la pérdida de sus vitales e inmorales espacios de birlamiento de la cosa pública. Jamás, por razones tan estructurales como los genes y el instinto de supervivencia, pudieron estar de acuerdo con aquella Constitución.
Ahora, cuando se plantea su reforma, ocurre un fenómeno incomprensible: aman la constitución, no quieren ni que la toquen. De la noche a la mañana, por efecto de varita mágica, se ha convertido en el mejor texto constitucional de la historia de la via láctea. Corren como gallinas políticas que son, concertando ataques a la propuesta y desinformando de lo lindo: que si Venezuela se convertirá en la URSS comunista del primer tercio de siglo, que si Cuba será la capital de Venezuela, que si Chávez se hace indefinido hasta más allá de su muerte física, pues casi que insinúan que tiene preparado un retorno de ultratumba para seguir gobernando en virtud de la bondad del texto constitucional.
La Reforma Constitución 2.007 va porque la democracia así lo dispone, y será el pueblo, la mayoría, quien decida.
¡Dinosaurios, al lugar que les corresponde! ¡El recuerdo (si acaso)!



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