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lunes, 17 de septiembre de 2007

Bolivia, fisiología de un golpe de estado: de Salvador Allende a Evo Morales

Recientemente un columnista publicó un artículo consagrado a demostrar el fracaso histórico de las milicias populares que, como organización social, aspiren a estructurarse en el Estado, fracaso miliciano tanto más bochornoso cuanto más de revolución o de izquierda política parezca ser expresión. Ello se deduce de su omisión a hacer comentarios sobre las organizaciones de la derecha política, paramilitares de suyo que velan sus "triunfos" generalmente detrás del manto cómplice de la institucionalidad imperante, o que se escudan detrás de una hipócrita desaprobación institucional, como los "para" de Colombia . Rápido, mete en el saco de la derrota a todo el bloque soviético y sus satélites, y también a países como China, Cuba, Irak, Irán y Libia, quienes suplantaron -como afirma- al ejército convencional con formas distintivas de su particular revolución. No siendo suficiente, extiende su análisis inutilizante hacia el formato guerrillero de Colombia, Sri Lanka o Filipinas, frustradas organizaciones "incapaces de controlar un solo kilómetro cuadrado de territorio". Como la omisión misma, tampoco encontramos en todo el texto referentes a la Revolución Cubana, de germen guerrillero por excelencia, ni siquiera a título de salvedad. (Ver Orlando Ochoa Terán: "Milicia popular y 'guerra de guerrillas" en Quinto Día. - (2.007) 31 ago al 07-sep; p. 8).
Todo este cuento negador viene a colación por la propuesta del gobierno venezolano de crear una Milicia Nacional, incorporada al seno de las Fuerzas Armadas. El razonamiento cuestionador es de bulto: si el experimento comunista fracasó consabidamente en el mundo ¿por que instaurarlo en Venezuela? La guerra de guerrilla y las milicias populares son organizaciones armadas de lucha para obtener derrotas, derrotas socialistas. Como si dijera el articulista ¿para qué instituirlas en Venezuela si no está planteada una intervención extranjera, menos gringa? ¿De quién nos vamos a defender? ¿A quien carajo le va a interesar nuestro petróleo? Ese es Chávez, que se da ínfulas de importancia y coloca a Venezuela como una gran vaina. EEUU invade lugares com Nicaragua, Irán, Guatemala, el Congo, Cuba, Vietnam, República Dominicana, Camboya, Chile, Filipinas, Libia, Panamá, Grenada, Haití, Afganistán, Irak, etc; pero no países como Venezuela. Somos chéveres. Permanezcamos desguarnecidos y véase que es un gran ahorro.
Claro que semejante consejo luce ingenuo en una hora civilizatoria despiadada donde los recursos naturales y la soberanía de los países sólo son números y marcas indicadoras sobre los mapas militares de apetentes potencias militares. Y, precisamente, de eso trata esta entrada, de la ingenuidad, de la confianza en la civilidad del otro que ha derivado en dolorosos fracasos. No se trata de la utilidad e inutilidad histórica de las milicias populares como formas defensivas de un nación determinada: se trata -más bien- de cómo instaurar un dispositivo miliciano blindado contra el fracaso, previo discernimiento de su comportamiento histórico, y estudio y asimilación de las experiencias ajenas. Necesario es vencer en este aspecto, según está de moda el dicho.
Después de tantos años de indignación por el derrocamiento de Allende, salen a la luz pública confirmaciones "oficiales" de verdades de perogrullo en su época. EEUU abiertamente admite su participación en el asesinato presidencial; se oye a Henry Kissinger exclamar "No veo por qué tenemos que sentarnos a esperar viendo cómo un país se vuelve comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo" [¡tremenda perla de democracia!]; a Richar Nixon ordenarle a la CIA "Hay que hacer aullar de dolor a la economía chilena" ; los putos medios de comunición confabulados en crear una situación de zozobra, más o menos apocalíptica, y una señora llamada Patricia Verdugo, que da en el clavo de esté artículo. Cito su palabras, tomadas de Ernesto Villegas Poljak: "Chávez-Allende: ¿paralelismo?" en Quinto Día. - (2.007) 7 al 14 sep; p. 21:
Mientras fue presidente, Allende nunca convocó a sus seguidores a formar milicias revolucionarias. La Constitución, en toda nación democrática, entrega el monopolio del uso de las armas a un único grupo organizado: las Fuerzas Armadas. El presidente Allende respetó, e incluso pidió su colaboración, en el gabinete, para dar una señal que hiciera desistir a los complotados. Pero no lo consiguió. [El subrayado es mío]

Tan aleccionadoras palabras no pretenden ahora tildar de inocente o ingenuo a nuestro columnista -que no lo creemos-, probablemente montado en un personal viaje de frenética oposición a todo lo que suene Chávez y socialismo, como suele suceder con los opinadores de nuestros medios de comunicación. Qué Salvador Allende diera un voto de confianza a la institucionalidad de su país y quisiera confiar en la dimensión humana del hombre, no desdice de su fenomenología política de luchador de izquierda que derrota a la derecha utilizando sus propios recursos. Humanista como el sólo, caso único en el mundo, sin disparar un tiro. El facismo se encargaría posteriormente de teñir de sangre la proeza.
Pero la derecha, como los depredadores selváticos que cada vez deben especializarse más para cazar su presa, muta y se vuelve más despiadada en el presente. En Venezuela fue vencida por Hugo Chávez, cuando intentó importar el esquema chileno. Pero antes logró en breve tiempo sacar al presidente del Palacio de Miraflores, trancando calles, cerrándole el paso a los alimentos, hambreando al pueblo, enmarcada en medios de comunicación golpistas, con militares alzados y con gringos simiescos tras las espaldas; pero aquí también -hay que decirlo- ocurrió algo insólito, como respuesta al desmán: sin disparar un tiro, el pueblo repuso al jefe del Estado para que fungiera en el cargo para el cual fue elegido, ello sin ni siquiera haber sido instruido como milicia, aunque sí educado y alertado por el mismo presidente en la idea de un probable quiebre democrático.
El mensaje es para el compañero Evo Morales, presidente de Bolivia. Se respira en el ambiente un aire de golpe a lo chileno-venezolano. Los sectores recalcitrantes de la derecha se niegan y se negarán hasta la hecatombe en consentir modificación alguna en su situación de prebendas, como aquí en Venezuela. Cuentan con el aval de los EEUU, heridos en su prurito imperialista por las acciones de nacionalización del presidente, como aquí en Venezuela con el petróleo. Desde Santa Cruz de la Sierra se genera el caos y se instiga a la violencia "necesaria" para animar el salto del gorila, esto es, el militar que quiera acaudillar las legiones de la indignidad, quebrar la institucionalidad y "matar al indio'e mierda" de una vez por todas (Antoni Paredo Leigue "Bolivia, el inminente golpe" en Diario Vea. - (2.007) sep 19; p. 42).
Pero al parecer la CIA respira aires previos de victoria. Al parecer considera no necesario asesinar a Evo Morales por considerarlo frágil, tanto en su base popular como militar; y lo que le quita el sueño es cómo generar una cadena de sabotajes que conduzcan a situaciones de desestabilización que a su vez dé paso al soñado golpe. Para ello cuenta con el trabajo que despliega la embajada norteamericana, los programas de la USAID y algo que se llama Asuntos Narcóticos.
Es, pues, perentorio un vuelco en la forma cómo encarar la situación. Se impone un trabajo de organización popular, de formación de las milicias de la conciencia, esto es, el ciudadano prevenido dispuesto a defender la institucionalidad, llenando así el vacío que descuidó el presidente Allende y que le permitió a Chávez un retorno triunfal; el pueblo debe entender hacia dónde se enrumba la Bolivia de todos y quienes son esas capas sociales con sus medios comunicacionales que desde siempre han tomado a Bolivia como suya, como el gran negocio.
Por lo que al complot y golpe concierne, en términos calculadores, podría decirse que hasta es deseable, pues generaría una situación de decantamiento necesaria para desenmascarar la traición y adelantar un proceso de justo desarrollo.

Actualización al 7 sep 2007:
Artículo recomendado sobre Bolívia: El poder se desplazó hacia los militares

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