lunes, 3 de septiembre de 2007

El eslogan de Mons. Roberto Lückert para la campaña antirreforma constitucional

Probablemente sea un sueño ver esta su expresión de ingenioso cuño "Mientras Chávez respire, que nadie aspire", colocada por millones debajo de la convocatoria del gobierno para aprobar la Reforma Constitucional. Probablemente por su mente pasen las imágenes de una especie de carnaval político alrededor de tan magníficas palabras, estampadas en las ropas de furibundo manifestantes que piden la renuncia al presidente, o en los parchos tapabocas de ingentes masas protestando por la cercenación de la libertad de expresión, o en la banderas patas arribas de siete estrellas o en la misma bandera de los EEUU, que no faltan en las concentraciones de la oposición venezolana. Probablemente por su mente pase su misma figura sotanesca arengando multitudes, motivándolas desde un púlpito callejero a que se dirijan hacia la libertad, hacia miraflores, para derrocar tan nefasto régimen opresor del género humano, gritando todos histéricamente la frase de su talentoso cuño, que las masas acomodarán a su pragmática semántica: ¡Muerte al tirano! ¡Libertad! ¡Que no respire nuestro aire, que no respire nuestro aire! ¡Queremos ser libres!
Tales palabras no corresponden -como cabe esperar- a un político furibundo de la oposición, sino a un sacerdote, a un monseñor, a un jerárca de la Iglesia Católica venezolana: Roberto Lücker, quien tal vez imagine que pueda existir una versión derechista de Oscar Arnulfo Árias lista para ser ejercida por el mismo. Naturalmente, para quien lo cuestione, sus palabras fueron pronunciadas con un sano deseo de progreso y entre emanaciones de santidad. Sus palabras no expresan un deseo de muerte ni nada parecido a la asfixia, para pecar de literal. Se trata de una frase muy cristiana lanzada al viento para remover espíritus, para hacerlos reaccionar en el contexto de una amenaza diabólica que cierne sobre la humanidad y pretende adueñarse del mundo: Hugo Rafael Chávez Frías.



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