sábado, 29 de septiembre de 2007

Oposición y oposicionismo venezolano en tiempos de Chávez

En política, como en la vida cotidiana -¿quién lo niega?-, se puede apostar al desbancamiento del contrario con el propósito de hacer prevalecer una postura o idea sobre otra. Se trata de una "verdad" contra otra, y lo mejor que puede ocurrir es que dichas verdades se confronten y den lugar una nueva, sincrética, condensadora de las dos materias.
Lo que no es altamente diplomático es gritar a los cuatro vientos, sin el apoyo silogístico de la razón, una verdad o deseo propio, so pena de perder el debate por descalificación o asunción de una postura fanáticamente cerrada, la cual ya no invita a ningún tipo de diálogo y suele tender a vías de expresión inaceptables socialmente, cuando no fuera del contexto de la ley.
Hay, pues, oposición venezolana (razonable) y oposicionismo (el que grita), ambos aparentes extremos de una circunstancia que parece ser la norma: llamarse de oposición cuando se es en el fondo oposicionista: gente que, por ignorancia o frío cálculo, se oponen por oponerse y consideran aceptable cualquier vía de salida del poder de Hugo Chávez, léase la ilegal o golpista. . Ergo, no hay realmente oposición en Venezuela, hecho prácticamente estadístico. Y la generalización puede realizarse sin ningún tipo de riesgo de incurrir en gran injusticia, porque al sol de hoy no supera la oposición y el oposicionismo juntos el 16%, sumadas todas las fracciones: "los 6.3 de un Nuevo Tiempo, los 6.1 de Primero Justicia, el 1.7 de Proyecto Venezuela, el 1.4 de AD, el 1.2 de COPEI, [...] 0.2 del MAS. Ver encuesta VENOPSA" por más que cuando hagan sus cálculos metan a los indecisos como favorables, que no es el caso de la presente encuesta.
Una real oposición no conspira contra el sistema sólo porque no le gusta, quebrando toda previsión constitucional y hundiendo a sus seguidores en un lodo golpista. No va, en términos más específicos, contra la seguridad alimentaria, la soberanía y los puntos estratégicos de la economía nacional, como durante el golpe de Estado de 2.002. No tiene sentido apostar al quiebre de las formas legales y constitucionales de un país cuando se ha ejercido el poder hasta el cansancio soportado en el resultado de unas elecciones democráticas y, lo que es peor, cuando se aspira a acceder nuevamente a él, al poder, a través de la misma vía -supongo. No parece inteligente sentar el precedente del ajetreo político, la bulla y la inconstitucionalidad como estilo de ejercicio opositor cuando está planteado que en algún momento (2.021) el pueblo les dé una oportunidad para rectificar sus errores. Entonces, siendo ellos gobierno, abogarían a su vez por una oposición sería respetuosa del juego democrático, ajenos a la locura desestabilizadora que promueven ahora.
Tienen dos opciones: o bajo las reglas del juego se unen a la verdadera lucha de desarrollar a Venezuela o declararse en franca clandestinidad y apostar a la colombianización del país, con toda la espantosa secuela que signifique para la patria. El gran reto de la oposición es saber interpretar la hora histórica del castigo político que le inflige el electorado y, no obstante su situación de desgracia, reconocer que el quid de la democracia se sigue encarnando en la voluntad del pueblo. No es cuestión de amar u odiarlo, sino de respetarlo.
En política el sostenimiento de un doble discurso es un arte. Por lo general se ejercita en dos líneas, ubicándonos ya en el contexto venezolano: hay el que siendo golpista se esfuerza por encontrarle agujeros plausibles al sistema para ejercer su oficio sin pagar infracción de ley alguna, teniendo como premio de su esfuerzo la impunidad y que nadie lo llame golpista, so pena de ser demandado bajo el mismo corpus legal que de suyo viola. En el otro aspecto donde se despliega el arte del doble discurso es en acusar a otro político de las mismas fallas de las que personalmente se adolece sin que el expectador caiga en cuenta del desfalco.
Naturalmente, no se pide que el político sea un monje lleno de virtudes, porque luego se presentaría una incompatibilidad vocacional, fuera del hecho de que ya no abundan monjes en tales condiciones. Pero al que incursionará en política se le pide, por lo menos, respeto a la inteligencia del pueblo no incurriendo en criticar prácticas de las que él mismo es un vivo ejemplo ejecutor, sea en el pasado o en el presente, a menos que haya realizado un mea culpa público. Se requiere autoridad moral para el mando y la obediencia. Un candidato con un rabo de paja descomunal corre el riesgo de consumirse antes de empezar la contienda misma.
Dentro de la fauna política venezolana los casos sobran. Usted ve a doctos y serios señores que en el pasado traficaban con maletines, y ahora los consigue arrancándose los cabellos de indignación por el sonado caso del "maletinazo" de Antonini Wilson. No hay necesidad de nombres. Usted los ve chillar de rabia por el fin de la concesión de RCTV, pero en gobiernos anteriores cerraron emisoras deportivamente por razones como una palabra pronunciada en contra del sistema. Usted, lector, los conoce: déme los ejemplos. Los oye hablar de golpe, de dictaduras, de regímenes, y en tiempo pasado fungieron en puntos claves de la represión política. Los oye hablar de dignidad y hay quienes hasta un prontuorio policial disimulan, siendo prueba de ello uno que aspira ahorita o a la gobernación del estado Miranda o a la presidencia de la república.
Por ejemplo, para no ir tan lejos, aporrea colgó en Youtube el famoso video por el cual le cerraron el canal de subscripción que un bloguero venezolano llamado "Lubrio" mantenía abierto en tan popular empresa de videos. En él aparece la periodista venezolana Nitu Pérez Osuna siendo llamada golpista por un filósofo español, Carlos Hernández, coautor del libro Comprendiendo Venezuela, junto a Luis Alegre, otro académico y filósofo español. Es un video que plantea un debate sobre la libertad de expresión en Venezuela en el contexto del vencimiento de la concesión de RCTV. Curioso es el modo cómo la periodista intenta desviar el tema del debate hacia una virtualidad legal anclada en leyes promulgadas en los gobiernos de la cuarta república, esgrimidas a su conveniencia y sin referencia a la nueva normativa legal en materia comunicacional recientemente aprobada.
Mala política ella, porque con la argucia de intentar tomar al mundo como tonto, topó con dos filósofos versados en la situación venezolana que pusieron al descubierto su condición de oposicionista, en el sentido inicial del artículo. Véase. Coloco dos, el primero va expresamente al punto dicho y es de un canal Youtube llamado araguasinmiendo, opositor, por cierto; el segundo es de aporrea, más completo. Note en este último como hay un desequilibrio en el tiempo concedido a las partes, en una relación de 3 a 1, no obstando ello para que los panelistas hicieran alarde de una contundencia verbal.


Por si fuera poco, ya en el plano de las acusaciones que un político le hace a otro, o a un sistema o institución, véase a la misma periodista en una nimia muestra (hay más) de gran temeridad política, acusando a diestro y siniestro sin mirar la viga en el propio ojo, su personal rabo de paja que ya circula en prensa escrita (véase Donald Mailer Jr.: "Las Verdades desde Food Café" en Las Verdades de Miguel. - (2.007) sep. 21-27; p. 5, donde el columnista recuerda su "complicidad en la caída y desfalco del Banco Principal") y en la Internet. Llama la atención que durante su homilía utilice la palabra "guiso". También se da una situación curiosa de suspicacia sobre la expresión "detrás del poder" que utiliza el periodista Miguel Angel Rodríguez y que la otra periodista pide aclarar.


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