martes, 9 de octubre de 2007

Dialéctica de una oposición en desbandada: votar o no votar


De cara a la reforma constitucional, lo único en que concuerda el saco de gatos que es la oposición venezolana es que Chávez se quiere inmortalizar en el poder, quitarle la propiedad privada a medio mundo, comunisar al país y ponernos a trotar como milicia dentro de las fuerzas armadas. Más nada, y así con tal simplismo. El resto, es decir el modo cómo hacer efectiva su posición, es un desorden.
No hay criterio unificador y todos se rebaten y combaten entre sí, ahogándose en el escándalo que significa no tener proyecto de país, liderazgo canalizador ni fundamento ideológico que no sea el ansiado sueño de retornar a la Venezuela feliz de antaño, cuando se era “un país de verdad”, en el que "mi papi hacía de ministro" y se hacían grandes esfuerzos por convertirnos en un gran vendedor de petróleo barato.
Todos son caciques y ninguno quiere hacer de indio para mandados. Los más tontos muestran una placa donde parece constatarse la anuencia y financiamiento de los chivos mayores desde el exterior, esto es, del Departamento de Estado estadounidense, exigiendo, por consiguiente, derecho a mando. Banqueros, editores, alcaldes, escritores de pacotillas y hasta roba carros se disputan la gloria de abanderar semejante camión de mamíferos en fuga.
Las diferencias, esencialmente, se reducen al dilema de "¿votar o no votar? Los abstencionistas así creen "socavar" el soporte del “régimen”, sin caer en cuenta que a lo mejor pertenecen a uno de esos partidos cuyas preferencias dentro de la opinión publica ronda el 6% de aceptación. Los que llaman al "No" dicen se repiten en voz alta que aprendieron la lección de la no participación, opción de desastrosas consecuencias para la oposición desde que abandonaron sus curules en la Asamblea Nacional, soberbios ellos, imaginándose apoyados por el pueblo y que así asestaban un mortal golpe al gobierno. ¡Qué zaperoco y que tristeza a un tiempo!
COPEI, el MAS, la Causa R y Un Nuevo Tiempo llaman a votar en contra de la reforma, animados por las expresiones utópicas de Alfredo Ramos de que ahora sí hay chance de "derrotar electoralmente a Chávez; el Comando de la Resistencia, fiel a los bochinches que promueve en las calles bajo la batuta de Oscar Pérez, llama al no votar, secundado por próceres de la vida pública como Hermann Escarrá, Antonio Ledezma y el eterno candidato presidencial, Oswaldo Álvarez Paz; Acción Democrática, arrastrando el apéndice de viejas glorias (50 alcaldías), no expresa posición todavía, esperando (cifra tomada de Reynaldo Trombetta: "No cabe esperar estrategia única de la oposición contra la reforma" en El Universal. - (2.007) oct. 7); y, finalmente, están los de Primero Justicia, más intelectuales y analítico ellos, que proponen desglosar la propuesta para votarla por partes.
¿Usted entendió? ¡Ah, es de los que piensa que en la diversidad está la riqueza! Muy bien, de todos no se me vaya a confundir creyendo que en la oposición existen dos "No" con diferente significados, uno que vota y otro que no, según sea el llamado de su tolda política; menos crea que existe un "Sí", so pena de ser excomulgado de las filas o asesinado por un fanático de esos de la Plaza Altamira.
Lo cierto es que hay algo clarito como el agua de un río en la Gran Sabana: la oposición está en víspera de cometer otro grandísimo error político cuando deja majaderear entre sus desordenadas filas facciones como las del Comando de la Resistencia, que llama a la abstención y parece solazarse con la idea de declararse en rebeldía urbana como única vía para expresar sus frustraciones política. El sólo hecho de llevar semejante nombre denuncia su psicosis o pretensión de imaginarse un país en estado de guerra, como así quisieron con el reciente ulular de sirenas.
La no participación y la abstención sin duda son mecanismos propios del juego político, pero de uso estratégico y extremo. Su uso consuetudinario encasilla, comulga con posiciones de declarada desobediencia civil (como las de una guerrilla urbana) y de negación a la posibilidad democrática.
¡Ah, perdón, se me olvidaba que era eso lo buscado! ¡Sí es verdad que ustedes dieron un golpe de Estado en el 2.002! No lo recordaba.
Pero igual les hago la pregunta: ¿De verdad imaginan que no votando deslegitiman al presidente, como creyeron en el pasado con su retiro de la Asamblea Nacional? Vayan pensándolo un poquito; les paso el dato.

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