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martes, 9 de octubre de 2007

Una para las águilas imperiales y otras consideraciones para intentar cambiar el mundo


Debo confesar que para la causa del mundo que intenta desenmarañarse del viciado paradigma político de dominación y explotación colonialista, capitalista e imperialista (en el último siglo remozado con las denominaciones "neo" para seguir vendiendo lo viejo), el balance no fue el mejor esta semana que pasó. Los clásicos agentes del modelo se anotaron una, en el contexto de un mundo que se convulsiona por decantar una o varias vías (en todo caso un acuerdo) de soporte sostenible al género humano. Una bala contra otra, una cultura contra otra, un dueño del mundo contra otro, una idea contra otra, un oprimido contra el opresor; una guerrilla, secta religiosa o aparato terrorista contra un Estado, constituyen la cuestión, el quid de una situación rampante o de fondo de una confrontación en la que hasta una victoria pírrica gana condecoraciones sin tiene repercusiones simbólicas.
Parvez Musharraf, el satélite estadounidense en Asía, golpista y violador de los derechos humanos, aparentemente se entronizará en Pakistán con el baño legalista de las recientes elecciones. En Costa Rica, el Tratado de Libre Comercio con los EEUU obtuvo el "sí", y en Chile, ya en el plano de los símbolos, quienes buscan justicia por las atrocidades cometidas por Pinochet, no ganan una pero ni de modo indirecto con el sistema de justicia chileno, refiriéndonos a la liberación de sus parientes, incursos en delitos de corrupción y desvío de fondos públicos.
Faltó no más que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su jinete, los EEUU, implantaran una junta esbirra en Birmania, en lugar de la otra asesina que sojuzga actualmente a sus ciudadanos, que para los efectos de la violación de los derechos humanos, el concepto de soberanía y libre albedrío, daría igual. La conversión de ese país en un campo de guerra es el sueño acariciado por la concepción maquiavélica del dominio neoimperialista. Su división en facciones constituiría el portal de bienvenida para el apetito de potencias que la reducirían al telón de fondo de sus acuciantes intereses: gas, petróleo, geopolítica, que es lo que vale; nada de ciudadanos muertos, monjes color fucsia o militares felones bajo el mando de China o los EEUU, eventualmente.
Por supuesto que el comentario no maneja un contenido de depresión ideológica, como podría argüir un lector azorado de esos que suelen prosternarse ante el viejo templo y que entresacan victorias hasta de la lectura del vuelo de los pájaros, para no decir "fanático". Se trata del reconocimiento de una situación que no es ajena a la ironía de la vida: en el camino de búsqueda de su consolidación, suele adoptar esquemas o definiciones contra su propia naturaleza, obnubilada por la muerte, suponemos. Veamos.
En un artículo de esta misma página Notas sobre el subdesarrollo en América Latina repasábamos las maravillas que nos ha legado el sistema político tradicional que consagra al capital como propósito de la vida humana y confina a nuestros países a la triste condición de suministradores de materia prima: América Latina, según cifras de Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), produce alimento tres veces más de lo que puede comer y, sin embargo, se muere de hambre.
Hoy, en contexto de la discusión de la opción neocolonialista como opción de vida, y en el contexto de los afanados esfuerzos que la ONU, los EEUU, Francia e Inglaterra hacen para venderle su panacea al mundo, presento en bloque textual la siguiente cita, tomada de la revista Despertad ("Reparto de la riqueza mundial". - (2.007) oct; p. 30), de los Testigos de Jehova, en su interesante columna "Observando el mundo", cuya condición religiosa en nada desmerece la veracidad de las cifras (usted tiene la opción de ir a las estadística de la ONU, si tiene algún problema con la fuente y encontrará las mismas cifras; aquí sólo se ejecuta un acto de honestidad intelectual de reconocimiento de la fuente, sea de primera o segunda mano):
El 1% más rico de los adultos del mundo son dueños del 40% de la riqueza del planeta", informa el rotativo londinense The Guardian. "Entre los superricos predominan quienes se dedican a los sectores financieros y de Internet", afirma el periódico. Una investigación llevada a cabo por la ONU indica que el 37% de los ricos vive en Estados Unidos, el 27% en Japón y el 6% en el Reino Unido. La mitad más pobre de los adultos del mundo posee apenas el 1% de la riqueza. Según Duncan Green, jefe de investigación de la organización benéfica británica, Oxfam, "estos niveles de desigualdad son escandalosos. [...] No hay manera de justificar tan inmensa riqueza cuando 800 millones de personas se van a dormir todas las noches con el estómago vacío".

Panorama nada alentador en el plano argumental para quienes quieren seguir vendiéndonos la receta de la concepción neocapitalista como salvación mundial; suficientemente motivadora para abogar por una propuesta más humanizante y aspirara a introducir cambios en un modo de vida ya secularizado. ¿No le parece?

No te dejes engañar cuando te hablen de progreso
porque tu te quedas flaco y ellos aumentan de peso...
¿Quién más? Alí Primera

¿Usted de que lado está? ¿Pertenece o quiere pertenecer a ese uno 1% más rico del planeta, cuya riqueza se soporta en la miseria de los demás? ¿O apenas puede leer esto por causa del analfabetismo o debilidad alimentaria de esa otra gran cifra que es dueña del 1% de la riqueza de la tierra, a la cual usted pertenece?
Si usted adversa ideas concebidas para darle un giro a semejante perversión de la especie humana, ¿cómo puede llenarse la boca hablando de ética, ley, derechos civiles y humanos, democracia, dictadura? Y si usted adversa esta situación y de paso es un pelabolas, ¿cómo tiene dignidad para defender su condición de especie explotada, que es lo más seguro que sea? Fin de mundo.
Es indudable que la crisis en la que se ha sumergido el modelo político mundial que consagra a la doctrina capitalista como eje semántico tiene su punto de quiebra en el problema ético de la distribución injusta de la riqueza. La dimensión humana es constante sacrificada en el juego de mercado de las "democracias", llamada más tarde "socialdemocracias" para disimular ladinamente el acendrado capitalismo y dar la impresión de que se mitigan sus males. Para quien no lo sepa, le resultará sorprendente enterarse que "socialdemocracia" nace del marxismo, como postura para mitigar los efectos nocivos del capitalismo, obviamente fallida en sus propósitos y en condición de fracaso, según realidad actual.
Por eso -volviendo al desencanto de las noticias iniciales- sorprende, pues, que este paradigma de la derrota del género humano en su dimensión ética continúe cosechando preseas para seguir apuntalándose como modelo. Innegable también es que en ciertas zonas del mundo -o pueblos- hay el desinterés por todo lo que suene a Occidente, con todo y su horrible democracia, cuando no –también- por consideraciones como las planteadas aquí, donde se le critica como discurso salvador del mundo en el enfoque pervertido del capitalismo salvaje. Son pueblos con sus derechos y libre albedrío, pero sólo en términos bonitos de papel escrito, porque semejante vocación de libertad no conoce respeto en este mundo globalizado de las águilas imperiales.

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