martes, 20 de noviembre de 2007

El imperio de la mentira y sus victorias


La determinación de EEUU en invadir a Irán en semanas pasadas era tal que nadie se explica cómo fue que no ocurrió. Nadie niega que EEUU despliega una campaña mundial de saqueo de recursos naturales en países donde realiza previamente un trabajo de de desestabilización interna y luego remata con un corolario de acusaciones de terrorismo, narcotráfico, dictadura, comunismo, fabricación nuclear o cualquier otra fantasía dialéctica que suele esgrimir. Las dantescas proyecciones de dependencia de una fuente de energía como el petróleo empuja a este país hacia sus aventuras, so pena de vivir en tierra propia las angustias que de ordinario generan ellos en otras tierras. El trabajo interno en el Medio Oriente ya había sido iniciado con la triste Irak y se consideraba inminente su remate con Irán, lo cual aún no ha ocurrido por razones que especulamos más abajo. El mismo Carter ante la inminencia invasora había expresado en el mes de octubre que un ataque constituiría un "error horrendo" y un funcionario del departamento de la degenerada ONU parecía rogarle a su EEUU que no repitiera el error cometido con Irak, es decir, invadir nuevamente con el argumento de las armas de destrucción masiva.
Variadas son las hipótesis sobre el repentino freno gringo, entre ellas que Rusia despertó y se puso las pilas, y el gringo reculó pensándoselo mejor. Sopesaría que los rusos andan de toque con el asunto de las bases antimisilísticas que les quieren clavar en sus fronteras con Polonia y República Checa con el cuento de interceptar los misiles que Irán a futuro les pueda dirigir a ellos, hasta allá en Washington. Y razón tuvieron para aplicar el freno si hubiera sido esta la causa de su achantamiento, porque hace días se oyó a un general ruso que dijo no comerse el cuento de las bases antiiraníes y sin pelos en la lengua precisó que estaban concebidas para atacar a Rusia eventualmente; razonó que la mentira estadounidense se caía por si sola, porque, tecnológicamente, Irán no estaba en capacidad de desarrollar misiles que los alcancen sino hasta el año 2.020, faltándole nomás precisar que daba esas declaraciones sobre la seguridad de Rusia porque esa nación en los últimos años parecía adolecer de un líder que le hablara claro a la comunidad internacional, aludiendo quizás, para más señas, a un tal Putin por ahí. Por cierto que este señor, quizás presionado por generales como el mencionado, pudo haber contribuido a un definitivo recule norteamericano con su visita a Irán, con quien firmó acuerdos y se solidarizó, aunque lo hizo en un momento en el que ya tendría que haberse concretado la invasión. Se dirá que los generales lo empujaron diciéndole "Ve allá, por alguna razón no se dio la invasión, ahora evitémosla si es que la postergaron a voluntad. ¡Coño, los gringos se cogerán el mundo".
Pero una muy curiosa causal la manejan unos muy serios especuladores que suelen disertar sobre asuntos del poder mundial. ¿Recuerdan el meteorito que cayó en Perú, generando radiación en el lugar de impacto, dejando un cráter desacostumbradamente grande para impactos de meteórica naturaleza y una población aquejada de repente por vómitos, dolores de cabeza, diarreas y lesiones en la piel? Bueno, hay quienes afirman, audazmente, que se trata del satélite que bosquejaba a Irán en sus instalaciones militares, plantas nucleares y movimiento de tropa, con un acercamiento de imagen semejante a las de unos binoculares; fundamentan sus apreciaciones en informaciones que manejan y en el hecho que, por lo general, los meteoritos suelen desintegrarse casi en su totalidad por acción de la fricción atmosférica antes de chocar con la tierra. Pero más audaz aun es la explicación de por qué cayó tan importante satélite. Los señores hablan de una especie de división en las esferas políticas y militares de los EEUU, quienes se opondrían a una nueva locura de George W. Bush y Dick Cheney en el Medio Oriente, saboteando en consecuencia el proyecto inutilizando tan sofisticados binóculos espaciales.
Pero más allá de ello, de la guerra o la paz abortadas en determinado sitios de la tierra, bueno es referirse a algunas precisiones sobre la maquinaria militar gringa y su manejo artero de la verdad en el contexto de un país que se llama el príncipe de las democracias, el papá de la libertad de información y rey de los derechos humanos. Digamos que ya especulamos sobre un meteorito y el porqué no se dio una guerra. Veamos lo siguiente.
Empecemos con una mentira. Las cifras oficiales hablan de 3.800 bajas en el frente de Irak, todos contados rigurosamente uno a uno, entregados a sus parientes en cajas cubiertas con estrelladas bandera. La CBS News se metió en honduras y se puso investigar y a calcular. Después de pedir un reporte al Departamento de la Defensa sobre la cantidad de suicidios, invocando la Ley de la Libertad de la Información, recibió un estimado de 2000 y pico casos entre 1.995 y 2.007, óigase bien. Pero la CBS News, puesta a atar cabos, estudió los reportes por estado (45 en total) y llegó a la asombrosa cifra de 6.256 ¡nada más en el 2.005! Léase bien. Sumando una cifra con la otra y calculando más "bajas" para los años 2.004 y 2.006, se llega a un arrojado conservador de 15.000 caídos por concepto de guerra iraquí. De acuerdo con estos señores, los soldados no soportarían la visión de chacos de sangre, niños volando en pedazos y amigos cadáveres como basura en los caminos o desmembrados; al parecer más casos de bajas hay cuando los veteranos de la guerra vuelven a casa, aparentemente directamente a matarse mediante un disparo o colgándose de una viga, en medio de un estado de depresión que incrementa el pérfido abandono al que los somete el Pentágono. Vea esta fuente: "Encubrimiento del Pentágono: 15.000 o más bajas estadounidenses en la Guerra de Iraq".
Continuemos con otra mentira, refiriéndonos a la "exitosa" toma que una gran potencia militar hace de un país “bandolero” como Irak. Nada más lejos de la verdad. Si bien es cierto que en virtud de divisiones internas fomentadas por ellos mismos, los EEUU y su combo, penetraron en el país, tumbaron a su presidente y se apoderaron de las regiones petroleras, éstas están muy lejos de producir el oro negro en las ansiadas cantidades previstas, lo cual, en honor a la verdad, fue el objetivo de la guerra. No hay oleoducto que no sea bombardeado por la resistencia iraquí, y el crudo, por su cruel parte para ellos, hoy mismo se está cotizando en $100, lo cual coloca al Sr. Bush en una situación de bruto general de la derrota y como responsable del ridículo papel que juega su poderoso país ante un pequeño país enemigo.

Sigamos con una vergüenza. Negros y latinos que deliraron por ir a vivir en el gran país del norte, en busca de mejores horizontes, se encuentran allá con que son reclutados y enviados a los frentes de guerra, lo cual parece ser un riesgo que toman para merecer la súper nacionalidad gringa; pero la tragedia se presenta cuando comprenden que fueron unos estúpidos que cayeron en una trampa sin salida: ¡son enviados a las misiones más peligrosas, de donde la probabilidad de regreso es muy baja! De modo que si sobreviven, y si todavía no se suicidan al regreso, pueden considerarse felices ciudadanos gringos, listos para trabajar en un restaurante o barra sirviéndole el vino al anglosajón, llevando bolsas, trabajando en la seguridad de algunos chivos o manejando lujosos vehículos de patentadas familias, si corren con suerte. Lo peor del los casos es que en algunos momentos de descanso, recordarán hasta con desprecio su país de origen, sintiéndose gringos de pura cepa. No les importa que, a pesar de sus servicios militares, sean censados, marcados, observados y maltratados en su dignidad nativa, cuando contemplan impasibles la construcción, por ejemplo, del llamado "muro de la vergüenza", el cual no significa solamente algo específico contra lo mexicano, sino contra lo latinoamericano en su totalidad. Muy cerca tengo el caso ilustrador de un chico venezolano que tuvo que abandonar su proyecto de país gringo cuando le pidieron que se alistara para ir a Irak, dejando mujer e hijos por allá.

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