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viernes, 8 de febrero de 2008

La república de la farándula y estudiantes estrellas

Para un imberbe joven aburguesado, cuyo cerebro es una suerte de objeto portátil acomodado al capricho discursivo del mercado de los medios de comunicación, la oposición es de atracción irresistible porque le da oportunidad de salir retratado al lado de "eminencias" faranduleras y políticas que han formado parte de su cotidianidad educativa desde la infancia misma, hecho que, en su fuero interno, además, se le antoja un paso primero en la conquista del éxito y del mundo, como suele decir una tira cómica muy favorita de sus gustos: Pinky y Cerebro, y para hablar en su jerga pantallezca y me comprenda.

Salir a protestar en contra del "régimen" es, según se le vende a la juventud, una vía de asegurar centimetraje de cámaras televisoras, una forma de alcanzar la gloria, aunque sea por unos cinco minutos, mucho más si se cae en la cuenta de que al hacerlo, amén de tener la seguridad de que el rostro y sus palabras recorrerán el mundo entero, hay la posibilidad de compartir el momento en la pantalla con "míticas" figuras de la farándula y la política, adoradas desde la infancia. Es una técnica invencible para captar adeptos, más si el aspirante ha transcurrido su existencia sumido entre la mágica cajita de diodos y transistores electrónicos.

Es, en fin, un gancho que los dueños de los medios no disimulan, aunque muchas veces ellos mismos tengan que soportar una hilera de estupideces pronunciada desde las boquitas tan alienadas del muchachito contrarrevolucionario. Pero es una breve molestia. Ir a la marcha, gritar en contra de Chávez, llamarlo bandido, sátrapa, represor y violador de los derechos humanos, "ser" (como dijera Norkys Batista en su mítines ) que no comprende a la juventud, parece ir convirtiéndose en una ansiedad en el joven que figura que su vida encerrada en una casa o universidad, desperdiciando su talento histriónico, es un crimen de leso talento artístico.

La cosa se complica cuando para estos impacientes cerebros de celuloide descubren en las pantallas a uno de esos actores políticos, vistos en casa desde la infancia misma. El pensamiento se le engarrota y el corazón se les detiene. Observan con meticulosidad cómo las "estrellas de la actuación" abren y cierran la boca cuando pronuncian ante las cámaras y en medio de un maremágnum de gente encendidos discursos a favor de la libertad y la democracia, es decir, en contra del "régimen" flagrantew, sintiéndose, prácticamente, como asistentes a una especie de academia del arte y la política en su propia casa, donde se les inculca que para ser exitosos en la vida, hombre del medio, popular, con caché y fuerza de arrastre, debe pensar como sus maestros, esas bellas criaturas con silicones y rayitas musculares en el vientre.

Acto seguido salen a la calle y hacen el esfuerzo de leerse los titulares de la prensa, para reforzar esa suerte de entrenamiento mediático que les presenta las "noticias" del país de una determinada manera. Y, finalmente, bajo el efecto rabioso de la contrarrevolución por la libertad que se destila en sus centros de estudios universitarios, donde lo aúpan sus profesores, deciden participar en la marchas, en busca de la fama y la libertad, huelga decir, las cámaras de televisión y fotos en prensa. Interiormente se ríen de esos estúpidos niños norteamericanos que, para acceder a la inmortalidad de la posteridad, se ven obligados a actuar como un Rambo que mata a sus compañeritos de clases, ante el lente morboso del mundo.

Aquí, no. Venezuela es distinta. Basta con escupirle la cara a un policía metropolitano, astutamente, de tal manera que el acto lo pille una cámara de TV, para lograr la gloria. Basta con sacarle la madre al Presidente de la República o pronunciar cuatro palabrotas en contra de su fecha de nacimiento, para asegurar una foto o entrevista en los espacios informativos. O basta con realizar actos llamativos, de actuación, como siempre lo han soñado, montando obras de teatro ambulantes por las calles donde se marcha; o llamar la atención con la explotación de algún talento gritón, corporal, o cualquier cosa espectacular que haga voltear la cámara hacia el sitio y -¿por qué no?- le haga llover la posibilidad de contrataciones farandulescas. Gran chance.

Pintarse el rostro, las manos, encadenarse, quemar árboles, matar policías sancochándolos dentro de las unidades, desnudarse para tirarse al suelo cual víctima indefensa del sistema de cosas... Lo importante es lograr la entrevista y la cámara, para lo cual practican horas ante el espejo de la casa. ¡Tienen tanto que darle al mundo...! ¡Tienen tantas cosas interesantes por dentro...! ¡Ah, si los conociera el mundo, sería mejor! ¡Dios, qué hacer con estos sueños de redimir la humanidad!

Todos hablan de Yon Goicoechea. ¡Ese sí que reventó al mundo! ¡Cómo le llueven los contratos! ¡Y cómo ha viajado el bichito! ¡¡Hasta piensan lanzarlo para alcalde!! Es, pues, el modelo, no desperdiciado por los maquinadores de medios para terminar de estupidizar a la cuerda de televidentes, estúpidos ya. ¡Tienes que hablar y actuar contra el régimen para asegurar contratos hacia el estrellato, joven prometedor! ¡Tienes talento! Venezuela toda es una academia, cuyos directores mediáticos no escatiman gastos en desplegar plantillas y plantillas de profesionales y divas de cine para protagonizar la comedia de cerebros de los muchachos.

Norkys Batistas, Fabiola Colmenares, Amanda Gutiérrez, María Conchita Alonso, Franklin Vírgüez, Napoleón Bravo, Orlando Urdaneta, Patricia Poleo, William Echeverría... Todos grandes profesores de las nuevas generaciones, presentes hasta en la sopa que se sirve en casa, porque entran y salen de las habitaciones como si la propiedad fuera suya, hecho que se multiplica cuando se tiene un radio o un televisor en el baño, otro en la cocina, uno en la sala, otro en el pasillo, en el carro, en el techo de la habitación, en el balcón, cuando se hace el amor, para aquellos que buscan perder la virginidad aun aprendiendo con tales maestros. O cuando se tienen muchos espejos. Es increíble, porque si no se es estrella de cine, se es político famoso, más aun con los tiempos cambiantes que corren y que miran anodadanos cómo un jovencito de color negro está por convertirse en el próximo presidente del imperio del mundo. Hay chance para todos.

"Aquí, no. Venezuela es distinta. Basta con escupirle la cara a un policía metropolitano, astutamente, de tal manera que el acto lo pille una cámara de TV, para lograr la gloria. Basta con sacarle la madre al Presidente de la República"...

Norkys gritó y grito en contra el horrible presidente del país, Amanda, brava, defendió sus intereses en Globovisión, María Conchita se fue a hacer dinero afuera porque dentro no se podía con semejante "tirano", Franklin lloró de impotencia ante tanta indignación, Napoleón le cuadró al tirano un golpe de Estado, Orlando ofreció matarlo, Patricia le escribía cartas de amor pero al mismo tiempo le incitaba el odio en las Fuerzas Armadas Nacionales, Echeverría se dio el gusto de rechazar cualquier cosa proviniente del régimen (así fuera un premio) a cambio de asegurar tremendo puesto de trabajo entrevistando oposicionistas indicados... Talento, muchachos, talento puro, el cual debe ser imitado. Si se posee alguno -parece ser la consigna-, acérquese a la planta de televisión, haga algo llamativo, vaya a la marcha o... ¡Haga algo, caramba! ¡Salve al país!

Artistas al poder, y punto, y quien no se una se queda encerrado en el estigma del ser pobre, frustrado, fracasado, perdido en el anonimato de la vida tranquila, probablemente hasta aplazado en las materias. Y en este sentido los medios de comunicación no pierden la oportunidad de esbozar un perfil de la contraparte combatida, hecho casi necesario para reforzar el camino triunfador de todo aquel que se aliste en la oposición política. Así, ser parte del régimen, es ser, por extensión y necesidad, desdentado, pobretón, negro, ladrón que pretende igualarse a ellos, dirigente comunitario, tragador de polvo ante la turba del pueblo que huele al vinagre del trabajo asalariado. O lentudo intelectual, mugroso ser de las tinieblas, amigo de arañas y cucharachas, manejador de conceptos marxistas destructores de vidas. Es muy difícil encontrar enfocado por las cámaras de TV el bello rostro de una militante revolucionaria, porque ellos mismo dicen que por principio no la hay, y así pretenden incluso alagar a la contraparte: dizque son unas extrañas féminas intelectualizadas bajo la directriz de un submundo anacrónico y anacronizante. Mientras tanto, al fondo, un busto de silicona de una encumbrada estrella, parece recrear tormentas…

Si el "régimen" cierra canales, hay que combatirlo, porque cierra mercados hacia progreso, hacia Hollywood, hacia el norte, oportunidades para la juventud, para el futuro comunicador social, los talentos artísticos, la intelectualidad de academia que a diario declara en sus micrófonos las maravillas de la ciencia y el arte, los grandes enigmas universitarios... Hay que evitarlo, porque se nos va el futuro, o se nos van los modelos a seguir, se nos van al norte, vale, a trabajar para allá, porque allá la vida sí que es refinada, libre y democrática, con unos presidentes que no los elige ni la gente y no tienen ese aire cerrícola de pueblo, como aquí.

Y una república de artistas, de muchachitos que marchan imitando a sus maestros, manos y rostros pintados, gritando, tendría el mismo poder de ser que la república ideal gobernada por filósofos, como propone Platón desde la antigüedad. Lo importante es tener talento, el que tanto se ha presurizado desde la tranquila cuna de la infancia, talento para comunicar, para actuar, para hablar con acento y aires de importancia, talento para entrar en diatribas con reyes y presidentes del mundo, talento para la política, talento sobrehumano. Talento burgués. Teniendo talento se apareja el triunfo, y hasta los título universitarios llegan a las casas, como si las personas con tal condición se graduaran hasta a domicilio.

Quizá el desencanto que expresara Fidel Castro al sospechar que una revolución en Venezuela era muy difícil porque el país estaba en exceso aburguesado, lo expresara después de mirar un rato la televisión de nuestras pantallas, donde se suda lo gringo parejo. Pero no hay que desalentar, porque en el mundo ha habido revolución en todos los formatos, dígase cultural o económica, política, fiscal o cualquier cosa, aunque la afirmación no deja de implicar cierto pleonasmo, porque una revolución auténtica afecta toda la materia del planeta, viva y no viva.

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