miércoles, 25 de junio de 2008

Ban Ki-moon, Secretario General de la OPEP

Imagen tomada de El Confidencial Sin duda es un gran tipo.  Una denodada muestra de equilibrio en sus funciones −así se lo hará saber su entorno adulante o su cinismo propio, según detractores, que todo el mundo los tiene−.  Todo un personaje al servicio de las causas nobles de este mundo, tan plagado de problemas y tan requerido de gestiones mediadoras que motivó que no se contuviera.  Él, Ban Ki-moon.  Para ello es Secretario General de la ONU, árbitro en favor de la paz y de las cordiales relaciones entre las naciones del planeta.  Ban Ki-moon, el inefable, dedicado hoy a gestionar ante los países petroleros una rebaja de los precios del crudo para los países consumidores.

Como Secretario General de la ONU, consideró que para el ejercicio de sus funciones  no había en la actualidad papel mejor que gestionar el abaratamiento de los precios del crudo, ahora mismo en alza, aparentemente por causa de la insensibilidad humanista y humanitaria de los países productores.  Hienas estos últimos, ahogándose en medio del afán de lucro, hecho que lo ha llevado a levantar el estandarte de mediador de una causa noble:  que los países productores, de suyo pobres o pertenecientes a eso que llaman "tercer mundo", no depredan a los pobres países ricos, de suyo industrializados, monopolizadores del poder en el mundo en cualquiera de sus expresiones.  En todas, menos en ser dueños de las reservas fósiles de la Tierra, asunto que, por cierto, se resisten a aceptar después de haber agotados con propias.

Así, el hombrecito se fue con el rey Abdalá de Arabia Saudita y recogió el fruto que ya habían abonado las naciones consumidoras, encabezadas por EEUU, cuando aquello de que no le venderían más armas si no producían más petróleo, de modo que incidieran en la caída general de los precios.  Después, con bombos y platillos, anunció que el rey "Está dispuesto a hacer todo lo que esté en su poder para llevar el precio del petróleo a niveles convenientes", habiendo reconocido previamente "que los precios del petróleo son anormalmente elevados a causa de factores especulativos y de la política de algunos gobiernos".  Gran triunfo. Ese es Ban Ki-moon, el luchador, Secretario General de la ONU, al servicio de las causas nobles del mundo.

Nadie lo puede culpar de parcialidad en sus funciones, porque pedirle a la OPEP o a uno de sus miembros fundamentales que rebaje los precios del petróleo redunda en una causa noble superior, como el mismo lo declarase a la prensa mundial:  su incidencia en la crisis alimentaria y el cambio climático (su real trabajo), fenómenos aparentemente exacerbado por la codicia de algunos miembros del cartel petrolero.  De tal suerte no se puede dejar de apreciar la enorme magnitud de su desempeño, en favor de los pobres del mundo y de la salud del planeta.  Nada de eso de que alguien venga y diga que no son los miembros del cartel petrolero los mayores responsables hambre en el mundo o de la degeneración del planeta como hábitat humano.  ¿Qué es eso?

Ni que tampoco vengan con el cuento ese de que el libre mercado es la ley de la economía del mundo, hecho que deja de ser verdad absoluta cuando empieza a afectar a los pobres países ricos consumidores, sus principales propaladores, los mismos que se la invocan a diestra y siniestra a cualquiera que se les antoje.  ¡Qué va; no le hace mella en la dimensión humana de su trabajo!  Que Arabia Saudita, en virtud a las descomunales presiones a las que es sometida, convoque luego al cartel a una reunión para discutir los elevados precios del barril de petróleo, lo tiene sin cuidado, porque más bien lo considera un gesto de racionalidad y buena voluntad en medio de una situación que afecta a los países ricos.  Lo que importa es que, como sea, discuta lo elevado de los precios. Más que mejor:  es el resultado (y a la vez confirmación) de su enorme poder de gestión como presidente de un ente mundial también poderoso.  ¿Habrá de lamentarse alguien porque es poderoso y está al servicio de una causa noble para los hombres?

"Los precios tienen que ser metidos en cintura, y Ban Ki-moon está allí, en el Secretariado General de la ONU (iba a decir OPEP), para cumplir con su tarea."

¿Que el presidente de la OPEP declarase luego que es "ilógico e irracional"  el pedimento de aumentar la producción para frenar el alza de los precios...?  Lo tiene sin cuidado, a él, a Ban Ki-moon, el inefable, el luchador por las causas nobles, coreano de pura cepa, graduado en las mejores universidades del mismo país que lo postuló para el cargo que actualmente desempeña.  Su estatura es tal que pocas cosas le quitan el brillo; por el contrario, con su enorme masa de gloria −se dirá− él le resta luminiscencia al sol mismo, si se descuida...  ¡Los países productores de petróleo venden su petróleo a precios altos y punto!  No tendría nadie que quedarse de brazos cruzados −y menos él− ante la injusticia de ver afectar las economías de los mejores países del mundo.  Ello jamás se lo perdonaría. Para ello fue elegido.

¿Que un negro por allá, presidente de un minúsculo país suramericano, declare su no asistencia a la llamada reunión del cartel para discutir los precios...?  Menos lo afecta en el logro de sus objetivos, más cuanto es matriz de opinión de que el susodicho presidente es el responsable mayor del alza.  El tiempo dará la razón de quién acomete tarea más noble.  ¿O el que defiende la causa de países en desarrollo −pérfidos ellos− o el que entrega todo porque los países ricos no se contraríen en la conservación de su bienestar?  Los precios del petróleo están altos y punto, y llevarlos a un precio justo es noble tarea de un Secretario General de la ONU, preocupado por el hambre en el mundo y el cambio climático.

¡Qué importa que digan que él, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, es parte orquestada de una campaña de los países ricos consumidores para reblandecer la moral de los países productores, frenar los precios del crudo, abaratarlos, si es posible, como cuando en el pasado se concibió una vez poner a la OPEP de rodillas con un barril a $6!  (¡Qué tiempos aquellos!)  Poco importa el precio personal a pagar si la causa es loable.  La estabilidad económica del planeta depende de la estabilidad de las economías ya estables (recurso nemotécnico para recordar uno de los aprendizajes de sus estudios universitarios).  No se puede tolerar que los pobres países ricos se vean ahora precisados a buscar sus recursos energéticos debajo de los fondos oceánicos, como acaba de proponer el excelente presidente de los EEUU, señor George W. Bush.  Mantener el equilibrio es la consigna; lo demás es ripio.

¿Qué otros arguyan por ahí que otras son las urgentes tareas a atender por un Secretario General de la ONU, como el campo de concentración palestino, la ocupación de Irak, la de Afganistán, la casi segura invasión de Irán, las declaraciones y ensayos de Israel respecto de atacar a este último país, el papel desestabilizador desplegado por los EEUU en América Latina, el bochinche separatista en el continente, la constante insidia de los EEUU a través de Taipei para atacar a China, el escudo antimisiles en Europa y la provocación a Rusia, la persistencia de la OTAN, baluarte sin contrapeso de la guerra fría...?  No tienen razón y no tasan con acierto sobre cuáles son las más urgentes tareas que atender entre las naciones.  No tienen idea, y no se les culpa, pues nadie es culpable por no asistir a las mejores universidades del planeta, localizadas en los EEUU.  El criterio es corto cuando no se cultiva con lujo… de cuidados, más cuanto el lujo procede de quienes manejan el globo terráqueo.

Grande tarea es luchar por los más pobres y necesitados, combatir el hambre, los genocidios de desamparadas gentes, el abuso de los grandes sobre los chicos, la contaminación ambiental y su consecuente cambio climático, procurar la paz entre las naciones...  Y es claro que los altos precios del petróleo conspiran contra la estabilidad planetaria.  Inciden en el cambio climático (recrudeciendo los rayos ultravioletas), multiplican la pobreza (derivando en que escaseen los alimentos), hace que más gente mate a otra y que, en fin, a los países desarrollados −industrializados, de suyo consumidores− se le ocurra la belicosa idea de tomar las reservas fósiles de otros países por la fuerza.  Algo completamente inaceptable.  Es ideal el libre mercado que receta el trabuco neoliberal de sus economías, pero no tanto... (Hay que intervenir a veces para combatir la generosidad de los países ricos…)

Los precios tienen que ser metidos en cintura, y Ban Ki-moon está allí, en el Secretariado General de la ONU (iba a decir OPEP), para cumplir con su tarea.  Coreano de nacimiento, graduado en Harvard...  Su trabajo es la paz del mundo...

 

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