martes, 12 de mayo de 2009

Decadencia imperial, entre otras siglas

Fin de la Guerra Fría, Perestroika (esfuerzo fallido por preservar el sistema socialista), Muro de Berlin, presunta desaparición de la amenaza comunista, apogeo neoliberal, EEUU como el “país más poderoso de la Tierra”…  Toda una época, a no dudar, con artífices de oro, como Ronald Reagan, Mijail Gorbachov y el Fondo Monetario Internacional (FMI), para simplificar materia tan tremebundamente compleja.

Reagan como el gran héroe, el destructor del sistema internacional comunista, desguazador de contra-imperios; Gorbachov, el tonto útil, el inefable, el penetrado, y, a la vez, el otro gran héroe para la vertiente derechista, quinta-columna entre las aguas comunistas.  Y el FMI (y similares), el gran aparato de chantaje y predicación de la religión neoliberal.  Así de simple, para simplificar, con redundancia incluida.

Pero se sospecha algo defectuoso en la rueda lógica del tiempo, que pone a rodar lo viejo como nuevo y viceversa, y lo postrero como inicial, como si nunca saliéramos del pasado y no termináramos de entrar en el presente.  Ruedas locas del tiempo, sin duda.  Serpientes y perros eternos jugando a morderse la cola, como dicen los historiadores poetas (o viceversa).

Porque usted puede colocar las cosas así, a la inversa de lo anterior, y notar que seguimos en la misma charca de los eternos cambios: decadencia neoliberal, reaparición de la amenaza comunista, real Perestroika (esfuerzo efectivo de conservación), reinicio de la Guerra Fría.  Sus ojos podrían cansarse de tanto mirar al can intentar morderse la cosa, sea a la derecha o a la izquierda.

Con los mismos protagonistas, aunque sumidos en una semántica algo juguetona:  el decadente Reagan, el (ahora) bien intencionado y reformista Gorbachov y el anacrónico FMI.  El dios irónico del tiempo no se cansa de echar lavativas, como insistía mi abuelita cn esta última palabra.

Por todas partes el mundo convulsiona, repitiendo esquemas, recordándonos, lanzándonos bagazos de los tiempos, confundiendo papeles, como para que no estemos seguros de nada.  Regresan grandes depresiones económicas, decaen y reaparecen sistemas, se tumban y erigen disímiles estatuas.  Nada tan inseguro como ese puño de humo que nos ofrenda la Historia.  Vuelco de nombre e instituciones, semánticas encontradas, señales, indicios, signos, detalles, gestos…  Lo que sea redundante que nos avise que el mundo cambia de postura para descansar su otra posadera, cosa que no significa que sea un novedoso movimiento, dado que ensaya su otra posición requete-vieja.

Una depresión de los años treinta del siglo XX protagonizándonos; un inusitado presidente negro, en el país de las viejas discriminaciones y esclavitudes, protagonizando decadencias imperiales; otro presidente, afroamericano él, en un país pequeño (geográficamente) como Venezuela, ensamblando cambios; y muchas siglas patas arriba, aunque soñando con viejas glorias y regresos, como estampas oprobiosas de los tiempos:  OTAN, FMI, ONU, OEA, CIDH, SIP, etc., todas expresiones anagrámicas e interesadas del aparataje imperial que ahora se convulsiona, incluyendo al mismo etcétera.  Bichos pre, durante y post Guerra Fría, suerte de tentáculos operativos del modelo dominante, cancerberos ideológicos del sistema, rémoras desvergonzadas de la razón única. Aldea global, modelo único.

“Pero se sospecha algo defectuoso en la rueda lógica del tiempo, que pone a rodar lo viejo como nuevo y viceversa, y lo postrero como inicial, como si nunca saliéramos del pasado y no termináramos de entrar en el presente.”

Se fue el Pacto de Varsovia con el desmembramiento de la antigua URSS, así como el Muro de Berlín se esparció en polvo, como máxima icónica de los tiempos cambiados.  Y así, al parecer, esperan turno ahora los signos del bando contrario ante el nuevo desmoronamiento:  OTAN, OEA, ONU, arrastrada hacia el foso donde se sumerge el cadáver del modelo imperialista neo-capitalista-salvaje que los sostiene.  Como cuando un borracho se cae y se arrastra el mantel de la mesa.  Viejas herramientas, ahítas de herrumbre, naturalmente ansiosas de pasado. Soles muertos, agujeros negros, que tragan.

A nueva novia de los tiempos, otros aires y vestidos.  El nuevo y negro presidente de los EEUU ensayando cambios en un país “de los blancos”, marcado por su origen racial, montando nuevos estilos, abandonando la fuerza de inveterados lenguajes, abriendo puertas a la imaginación ansiosa; y su país perdiendo la antigua hegemonía (sobremanera en Suramérica) que los llevó a figurarse amos de los mundos.

Y así andan por allí, como siglas de OEA o FMI, reconociendo errores, haciendo concesiones con la esperanza del regreso, como si no se dieran cuenta que el tiempo no pasa, sino que gira, y que lo que ellos han empezado a añorar como prendas del pasado no se encuentra más que a un giro, a una vuelta, es decir, en el futuro.  Vaya complicación es hablar de la esperanza de muchos, pero es necesario decirles que no hay vuelta atrás, como es clisé, porque, si bien puede  repetirse la esperanza del pasado en el presente, no ocurre lo contrario, sino en el futuro (se los dije:  es complicado; hasta contrasemántico).  Lo que queda claro es que los EEUU son, también, unas siglas aproximadas al cambio, como ya en un tiempo pasado le ocurrió a la URSS.

Sigue la ONU y la OEA parcializadas como en tiempos de Guerra Fría; quiebra el FMI, pero recién es revitalizado con una lluvia de dólares y euros, con la esperanza –como dije- de viejos retornos; declara la Secretaria de Estado de los EEUU, Hillary Clinton, que de nada sirvió aislar a Cuba antes o atacar a Venezuela ahora; sigue matando el negro Obama en Afganistán, aunque cierre Guantánamo y presuma sensibilidad respecto de la paz y los derechos humanos…   Todas contradicciones de un modelo que empieza a caerse como piedra al vacío, sin saberse más “águila o sol” dominantes (las piedras no vuelan), para cerrar con una vieja expresión nerudiana.

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