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jueves, 10 de noviembre de 2011

Las cálculos imperiales de la OTAN por el control del mundo

I

La OTAN y sus guerras La camarilla de la OTAN anda en cálculos.  Sabe que se la juega en existencia y alma en medio de esta suerte de fin de los tiempos civilizados que la humanidad vive.  La era de la estupidez de oro de la ciudadanía del mundo, simplemente tapizada en sus paredes internas por la desinformación exterior de los medios de comunicación.

Como la ONU, que en su tiempo surgió para agremiar naciones, es un engendro institucional de la segunda guerra mundial diseñado por una de las partes triunfantes de entonces para agremiar potencias militares y conminar eventuales amenazas del enemigo soviético o comunista (Pacto de Varsovia).

Tiempos pasados, formas presentes.  Argumentaciones históricas existenciales caducas, formas organizaciones presentes enfocadas incluso contra sus propios principios fundacionales.

Porque, si a preguntar se pregunta, ¿contra qué enemigo hace su lucha la OTAN desde un tiempo para acá, a partir del momento en que se desmoronó el bloque adverso de los países comunistas?

Hemos oído por ahí dizque contra el terrorismo, aunque sepamos que Bin Laden es ya cuento bajo tierra, por mencionar a un fantasma, en su tiempo muy vitalmente explotado.

II

La OTAN sabe que juega el juego de la guerra, un evento donde las tácticas o técnicas de confusión del enemigo y de la opinión pública se desgastan inexorablemente y tiene su tiempo de efectividad.  Por ello se dice que se la juega.  A sabiendas de que nadie cree sus versiones argumentales de comisión de guerras, continúa con ella, quizá hasta que institucionalmente hablando la mentira deje de facultarla para disparar.

¿A qué me refiero?  ¿Está en peligro de desaparecer la OTAN, transida de debilidad?

Nada más lejos de lo cierto.  Está armada, hoy más que nunca.  Me refiero al momento tal de descrédito cuando lleguen y anuncien una nueva guerra y todo el mundo indignado (no incrédulo, como ahora) tome el armamento de la razón y proteste.  A eso.

Más claro:  me refiero al momento cuando en aras de inventarse otro cuento de guerra trastabille y genere una situación de encendido y respuesta de ese enemigo callado que hasta ahora ha contemplado sus travesuras:  Rusia, China o, quizás, un conglomerado de países pequeños que, en virtud de la unidad, se transforme en un coloso.

Sus guerras hasta ahora han sido experimentos controlados enfilados contra pequeños países, debidamente pensados y cubiertos en sus reacciones o variables.

Ha tenido también el talento de no faltar con tanto desparpajo al equilibrio de intereses que sus rivales por el control del mundo merecen, aunque dichos rivales ahora mismo, después de lo de Libia, donde se aseguró el petróleo, ya no estén más dispuestos a concederle territorio, según apuntan sus reacciones.  Dicen que no aceptarán otro Libia ni en Irán ni Siria.

Eso dicen, aunque, como se ve, de tanto conceder con su silencio, los rivales invisibles (China y Rusia) prácticamente se están dejando desaparecer del mundo.  Pero ahora mismo, como dice la prensa mundial (a menos que sea otro montaje noticiero), han reaccionado y no votarán en contra ni de Irán o Siria.

Tal es el cuidado de la OTAN, que juega el juego de la guerra y a seguir manteniendo algo de credibilidad para adelantar combates, un mínimo que necesita para continuar atacando y despojando a pequeños países, evitando resbalones.

Su arte hasta ahora ha sido plantear a sus rivales, en buena lid, no romper las amarras de los mandatos institucionales (resoluciones de la ONU) ni exceder avasalladoramente los niveles de crédito de la opinión pública mundial.  Como si le dijese a China, por ejemplo, a modo de reto, “Te desafío a que hagas lo mismo que nosotros:  invade a un país, roba sus recursos naturales, pero evita que la situación se desborde y que parezcas un villano en la acción”.  Tal.

“El mundo es una repartición real, casi lograda en objetivos”

Su arte hasta ahora han sido los medios de comunicación mundiales y su trabajo manipulador, acondicionador.  Y ello es lo que la OTAN hasta hoy cuida y evita trajinar en exceso, de forma que le permita realizar unas cuantas guerritas más, sin que explote el mundo, sin que proteste significativamente un enemigo invisible de esos tan muy bien cuidados en sus intereses.  Al fin y al cabo, la lucha por el mundo es un duelo entre caballeros, presea dorada para el más ducho y astuto en la contienda.

III

¿Cuántas guerras más de invasiones y destructora de países es capaz de hacer la OTAN sin llegar al colmo de hacer que proteste significativamente uno de sus rivales innombrables, la opinión pública o una sarta de países pequeños unidos?  ¿Cuánto de vitalidad y crédito les restan a sus medios de comunicación para la guerra en el mundo?

La palabra “pocas” ha de ser la respuesta.  Es una pequeñez que luce grande.  Es decir, unas dos o tres guerras antes del descrédito total, lo cual no significa que advenga final alguno para nadie, menos para ella, la OTAN.  Seguiría en pie cual un cúmulo de mentiras propio de una maquinaria de batallas en pie.  Un arma desinstitucionalizada disparando, digamos.

Hoy que coronó en Irak y Libia dos buenos vasos de petróleo, anda en una de retirar sus tropas, logrados sus objetivos.  Anda en cálculos, pues, al acecho de su nueva incursión, la que le permita su credibilidad y tacto, ese mismo que hemos mencionado, mismos que le permitirán invadir, asesinar y robar impunemente, sin que un gran rival se interponga en sus pasos, sin que en el motín se desate una ola imparable de reacciones mayores, sin que la acción suscite la unidad de pequeños países amenazados en una grande coalición de obstáculos.

Anuncia su retirada de Irak para el mes de diciembre y acantona fuerzas en algún punto del planeta.  ¿Qué significa?  ¿Paz?   ¿Descanso?  ¿Retiro real?  Tal no es la guerra, ni la paz del guerrero.

Significa que en breve se estará incoando un nuevo argumento contra Irán y estará iniciando hostilidades.  Es claro. Es su oficio bélico, y es su cometido conjurador de crisis, aunque para su logro se susciten otras.  No hay petróleo, hay que alimentar la industria y mantener a flote el dinero.  Hay la crisis.

A pesar de la aparente amenaza defensiva de su presunto armamento nuclear, Irán luce más vulnerable que Siria para ser atacado.  Y por allí se levantarán los cañones.  Hay ya el plan madurado desde Israel, que en cualquier momento pierde el control y suelta el plomo, de lo ansioso que palpita por atacar.  O, lo que es lo mismo, hay ya la orden de Israel, el país con armas atómicas bajo el Neguev.  El sionista que controla las finanzas y el congreso estadounidenses.  La guerra variopinta luce inminente a la vuelta de la esquina.

¿Resta aún credibilidad para el nuevo ataque?  ¿Están las huestes de los medios de comunicación preparadas?  ¿Hay algún peligro de desborde en cadena de la situación?  ¿Se ha logrado comprar el silencio de los invisibles rivales (con la promesa de repartición a futuro de los despojos) para iniciar el ataque?

IV

Piénsese que es ya poco lo que le resta por cubrir al fuelle de credibilidad de la ONU u OTAN:  Irán, Siria, Venezuela, tres pequeños países ricos o en petróleo o en geoestrategia.  La victoria completa de la alianza atlántica en pro de mediar sus crisis petroleras, en pro de paliar sus necesidades críticas, en pro de realimentar y redimensionar su decadencia ideológica, sí que luce inminente.

Tal es el cálculo en el que se desvela la camarilla de la OTAN.  El mundo es una repartición real, casi lograda en objetivos.

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