domingo, 28 de diciembre de 2025

Se fragmentan y no llegan a 2030 como imperio

El fin de los Estados Unidos como hegemón imperial está a una cuadra. Es muy probable que no supere 2030. De acuerdo con teóricos, el país se verá sometido a una reconfiguración antes de tal fecha, probablemente arrastrado hacia una guerra global que defina el nuevo orden, el nuevo liderazgo. Estados Unidos experimenta hoy el tránsito hacia el final de su liderazgo indiscutible.
Nadie cuestiona que hay declive. A nadie se le esconde, por ejemplo, que la emersión de China como nuevo poder económico viene a colocar una guinda sobre el pastel de la decadencia unipolar. De manera que la mejor pregunta a formular es cómo el país americano gestionará su propio declive. ¿Con una guerra de reacomodo o de modo pacífico?
Los Estados Unidos transitan la fase de la desconcentración de poder, aquella que anuncia el surgimiento de poderosas rivalidades y la pérdida de control. Léase China, como se dijo, para no agravar el cuadro con Rusia, India o los apocalípticos BRICS. Sería la fase final de un proceso cuaternario de 25 años de duración cada uno. Esta desconcentración habría empezado con el siglo XXI y vendría a inaugurar la era multipolar sobre el ocaso unipolar.
El resto de las fases del liderazgo estadounidense como potencia mundial son las siguientes, según George Modelski: guerra global que los definió como nuevo líder (1.ª y 2.ª guerras mundiales, 1914-1945); poder mundial que ejerció como líder para establecer reglas, legitimidad e instituciones (ONU, contención del comunismo, dominio tecnológico y de los mares, 1945-1973); y deslegitimación, momento cuando se empezó a cuestionar el orden representado (fin de la conversión del dólar a oro, crisis del petróleo y guerra de Vietnam, 1973-2000).
El sino del nuevo tiempo es, pues, la desconcentración del poder gringo. Al emerger la multipolaridad y morir el poder de uno, el mundo se reagrupa en nuevas alianzas para preparar el terreno de la sucesiva guerra global. Es decir, se reinicia el ciclo histórico.
La propuesta de separación de California para 2028, la probable explosión de una crisis de deuda para ese mismo año ($37 billones) y la actual presencia naval de los Estados Unidos en el Caribe parecen indicios preparativos del nuevo reseteo y del inevitable final como imperio.

viernes, 26 de diciembre de 2025

El terror de los Estados Unidos ante Venezuela

La desesperación de los Estados Unidos frente a Venezuela es de película. Como país espectacular, quisiera, por cierto, que esa película no fuera hollywoodense. Pero es un hecho que no puede escapar ni a su apocalíptico destino ni a su escandalosa condición.
Su energía convencional depende del petróleo venezolano en gran medida. Lo dicen las refinerías llenas de polvo de la Costa del Golfo de México (Texas, Luisiana), donde Chevron, Valero y Phillips 66 instalaron una infraestructura histórica de procesamiento de petróleo específicamente venezolano, amargo y pesado. Concibieron una relación energética con Venezuela hasta el final de los tiempos.
De allí el llanto y la imploración tras bastidores del imperio, que no se atreve a reconocer en público su desesperante necesidad frente a un país pequeño, so pena de parecer débil ante el mundo, no se diga ya frente a sus multipolares rivales chinos y rusos.  En su lugar, como más cree convenir a una potencia militar, prefiere disfrazar el lastimero bochorno con la piratería y el robo del petróleo bolivariano en los mares. Un imperio no mendiga; roba y asesina.
Ese petróleo amargo y espeso, aparte de ser el único pie que calza en las zapatillas de la Cenicienta, no rinde tanto gasolina como asfalto y diésel. Éste último reviste una fundamental importancia para la economía nacional gringa en materia de logística y carga pesada. De manera que el gobernante gringo debe de vivir a diario ese espanto imaginario de tener que arrodillarse en algún momento ante la patria de Simón Bolívar para obtener el oxígeno de su industria. ¡Ya lo hizo Donald Trump a principios de año cuando comisionó a su enviado especial para mendigar cacao en Caracas!
Para rematar, el cuadro estadístico de los Estados Unidos es aterrador: son el mayor productor de petróleo del planeta (13,3 millones de bpd) y a la vez el mayor consumidor (20,2 millones de bpd), no dándose abasto en su gula para sí mismos. Semejante déficit puede conducirlos a una quiebra per se, a una guerra contra Venezuela que perdería en todos los escenarios o al vergonzoso arrodillamiento de la gran potencia ante el país pequeño. Debe escoger su mejor muerte.

jueves, 25 de diciembre de 2025

Nuevamente, el peligro alemán pugna por desatarse contra la humanidad.

Los alemanes fueron parte de aquellos bárbaros que descompusieron al imperio romano. "Alamanes" primero, creían en árboles, eran caóticos y su nombre significa originalmente "todos los hombres" en el argot germánico, lo cual denota un sentido de cosmicidad en cuanto diversidad de tribus unidas o amontonadas para efectos bélicos.
Bárbaros inicialmente a oídos grecorromanos y salvajes después a criterio del civilizado romano, estos antiguos creyentes en Odín estremecieron al imperio de entonces durante los siglos III y IV d.C. Es un clisé la aseveración de que tuvieron incidencia en la caída del Imperio romano. Bárbaros por hablar una lengua extraña, además de salvajes por vivir fuera de los límites de Roma.
Con el tiempo, lo bárbaro reivindicó su semántica y se convirtió en esa fuerza bruta que trasunta excelencia, innovación, empuje, naturaleza, poder originario. Lo bárbaro, finalmente, trascendió la dispersión tribal y concilió el aporte de diferentes pueblos germánicos para fundar ese gran país llamado Alemania (entre otros), hoy líder económico y político de Europa. Como si se dijera que domesticaron su agreste naturaleza para protagonizar un rol civilizatorio.
Pero de tanto en tanto se ha escapado el jabalí y la nación alemana ha regresado al escondrijo oscuro de la selva, fuera de la senda, dígase, del espíritu cultivado romano. Así, emblemáticamente, generó las peores guerras para la especie humana, siendo la Segunda Guerra Mundial una suerte de cúspide irrepetible del horror (nazismo, apartheid, genocidio, totalitarismo, ultranacionalismo, antisemitismo, racismo, fascismo, etc.).
Por tales perlas de sangre, la nación alemana fue sujetada con cinchas, mordazas y gríngolas después de esa segunda guerra, como si se tratara de controlar al salvaje de las profundidades. En consecuencia, mientras pagaba crímenes de guerra, fue desmilitarizada, restringida en su ejército y soberanía, prohibiéndosele el desarrollo de armas nucleares, químicas y biológicas, muchas de tales restricciones vigentes hasta hoy.
Hoy Alemania intenta romper sus ataduras para, nuevamente, echar a volar al bárbaro. Desde su posición de liderazgo económico, chantajea a la decadente Unión Europea (UE) para leerle el cuento de la amenaza rusa y llevarla a una guerra mediante la perpetuación del sitio en Ucrania. Su propósito es lograr un rearme militar sin tapujos para enfrentar al presunto enemigo.
Para tales fines, astutamente descalifica y cuestiona el liderazgo de los Estados Unidos para así quedarse a solas con la vieja Europa entre las sombras y manipularla a su antojo.
 


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sábado, 20 de diciembre de 2025

Conflicto EE. UU.-Venezuela: tres peores escenarios

Hay tres escenarios para el conflicto entre EE. UU. y Venezuela. El primero es el soñado por los norteamericanos: derrocan a Nicolás Maduro militarmente con apoyo interno ultraderechista y sanciones económicas.
Para este escenario habría que suponer que las Fuerzas Armadas de Venezuela (FAN) se fracturan, una parte para dar piso a la nueva realidad colonial y la otra centrada en una resistencia cívico-militar. Tal situación supone una cruenta confrontación inicial, primero de militares nacionalistas contra invasores, luego de los mismos militares contra militares pitiyanquis e invasores, después de civiles contra civiles y, finalmente, entre la masa sumatoria nacionalista y la masa sumatoria colonialista (invasores, militares y civiles).
No habría sucesión institucional, puesto que se trataría de una guerra. Se hablará de un gobierno de transición indefinido hasta recobrar la "democracia". Asumiría un presidente titiritero como Edmundo González junto a una figura creada de secretaria de Estado, ejercida por María Corina Machado.
Las calles serían escenarios de confrontación civil, lo cual, en el lenguaje de la ocupación invasora, justificaría la presencia abierta de tropas extranjeras y toques de queda genocidas. Se desataría una cacería recíproca entre nacionalistas y pitiyanquis. La resistencia anclaría en las barriadas, el Waraira Repano, las montañas, orientada por la doctrina de guerra asimétrica de la Milicia Bolivariana.
Se militarizarían los sectores ricos del país para custodiar magnates, jefes militares y políticos. Igual ocurriría con las zonas estratégicas mineras, como Zulia, Anzoátegui, la Faja Petrolífera del Orinoco y el arco minero en los estados Bolívar y Amazonas, bajo la figura de Zonas de Exclusión Aérea. También se militarizarían severamente los espacios de importancia geopolítica, como Táchira, La Guaira, Delta Amacuro y Amazonas. La palabra "masacre" repicará.
De inmediato se anunciaría la reactivación de la industria petrolera con bombeo directo a Texas. Venezuela empezaría a explotar petróleo en conjunto con Guyana en el Esequibo. El plan sería alcanzar 2,5 millones de barriles diarios en seis años. El precio del crudo caería en una relación de 10 a 1. La OPEP temblaría. Rusia y China iniciarían su retirada.
El problema para los gringos es que reparar la infraestructura costaría unos $200 mil millones en un plazo de 10 años y eso, como sea, no es ganancia para un país desesperado como los EE. UU.
Por más que se afane María Corina en regalar el petróleo, siempre será más favorable para el gringo pactar con Maduro para bombear petróleo por las buenas y evitar el lastre de lidiar con un país en guerra, donde perderían tropas y la poca credibilidad imperial que les queda. Nomás el hundimiento del portaaviones USS Gerald Ford les costaría $14 mil millones.
En el segundo escenario, los EE. EE. UU. despliegan sobre Venezuela el mismo esquema del primero, con la diferencia de que no logran derrocar a Nicolás Maduro; se genera una harta resistencia y el conflicto se regionaliza, extendiéndose a Colombia, Brasil y Guyana.
Los EE. UU. atacan la infraestructura militar y energética. Venezuela responde y ataca a los buques de guerra gringos en el Caribe con armas disparadas desde los Sukhoi Su-30. Se suscita un breve combate aéreo que Venezuela rehúye por su clara inferioridad numérica, por una razón, y por acople a los conceptos de su doctrina de Defensa Integral de la Nación, por la otra.
Debe tenerse claro que el país rediseñó sus fuerzas armadas desde la época de Hugo Chávez, quien previó el inevitable capítulo de la agresión gringa por apetencias petroleras. Los valores doctrinarios no procuran la confrontación directa contra un imperio militar por razones obvias, sino una resistencia asimétrica y prolongada con un efecto enjambre de ataque que termine poniendo en fuga al enemigo. La idea es que el petróleo de Venezuela no le resulte ni fácil ni gratuito al ladrón.
Para ello, las FAN se esquematizaron en Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI), en Zonas Operativas de Defensa Integral (ZODI) y en Áreas de Defensa Integral (ADI), todas unidades jerárquicas territoriales concebidas para ejercer una defensa y ataque según potencialidades geográficas y geopolíticas específicas, con autonomía funcional.
Esto significa que tropas de zonas montañosas, selváticas, fluviales y llaneras se activarán según su especialización nativa para defender la plaza, acudir al rescate u hostigamiento de una zona tomada, como Caracas, por ejemplo, y hacer imposible el desplazamiento enemigo en el país.
El efecto enjambre viene a cuento porque la tropa bolivariana no responde a una formación tradicional militar, sino a peculiaridades de especialización ambiental que priman conceptos como la guerra de guerrillas, el enemigo fantasma que ataca y desaparece, y eventos paradigmáticos de evolución militar. Entre estos últimos eventos se cuenta la derrota de los EE. UU. en las selvas y ríos vietnamitas o en las montañas escarpadas de Afganistán, y el surgimiento de artilugios bélicos como drones y lanchas "avispas", tipo iraní estas últimas.
En teoría, un vetusto y ciclópeo portaaviones podría colapsarse en su defensa ante el ataque en enjambre de cientos de "avispas" lanzando misiles. Esto en cuanto a espacios acuáticos. Desde tierra, la defensa y ataque alcanzarían niveles preocupantes de asimetría bélica porque el enemigo no sabría desde dónde Venezuela podría atacar con sus dispositivos Igla-S (SA-24 Grinch), misiles antiaéreos portátiles rusos: ¿desde montañas, edificios, cuevas, ríos? En este aspecto de lo asimétrico e irregular, lo integral militar se consustancia con el componente miliciano y popular. Dígase, finalmente, que las dos centenas de tanques de guerra del país sumarían un potencial de fuego dinámico sobre el terreno.
Como bien señala Celso Amorin, asesor presidencial brasileño, la situación «podría sumergir a Sudamérica en un conflicto similar al de Vietnam» (8-12-2025), involucrando a los países del orbe. «¿O estás conmigo o estás en contra?» sería la pregunta imperial. Brasil y Colombia tendrán que soportar la presión de alinearse con un país extranjero en contra de un país vecino. Cuba enviaría tropas porque su futuro geopolítico está ligado a la supervivencia de la patria de Simón Bolívar. Inevitable es que Guyana sea un blanco debido a la cesión de su territorio para atacar a Venezuela y por su oportunismo implícito para robarse el Esequibo.
En fin, semejante cuadro de resistencia y asedio prolongados no parece rentable ni promete un petróleo fácil. Si antes, con la victoria en la mano (escenario 1), los gringos debían gastar $200 mil millones en diez años para elevar la producción a 3 millones de barriles diarios, ahora las circunstancias asumen un color de hormiga, tan negras como costosas, como se dice en Venezuela.
Finalmente, en el escenario tres, los EE. UU. bloquean a Venezuela utilizando el mismo formato contra Cuba. Como si dijeran: «Si no eres nuestra, no eres de nadie». Y en lo sucesivo se afanarían por asfixiar económicamente al país, intentando afectar todos los aspectos de la vida y sus relaciones internacionales.
El «amor» de los EE. UU. por Cuba nace, primero, por la vocación imperial de allanar territorios y, segundo, por el hecho de creer que al derrotar al Imperio español en 1898 sus colonias debían ser suyas. Probablemente, el hecho de conspirar inicialmente con Cuba y utilizar su independencia para declararle la guerra a España selló la fijación. Los EE. UU., en efecto, tomaron Puerto Rico y Guam, pero el asunto se les complicó con Cuba debido a que apoyaron su declaración de independencia.
Vale la pena recordar que ese bloqueo es un entramado de leyes y regulaciones económicas, comerciales y financieras que impide el acceso a medicamentos, tecnologías, finanzas, viajes, alimentos, etc., mediante la forma de sanciones. Para esos efectos, por ejemplo, se aprueba la llamada Ley Helms-Burton y, finalmente, se declara a la isla como patrocinante del terrorismo.
Pero, con el debido respeto a la isla heroica, Venezuela no es Cuba. En primer lugar, la fijación gringa por Venezuela es crucial, de vida o muerte, petrolera; en segundo lugar, la tierra bolivariana es el mayor reservorio del oro negro mundial. Puestos a hablar de piratería, quien se haga con él gana la guerra hegemónica en el mundo, debilitando la emergencia multipolar.
El problema ─¡ay, el problema!─ es que Venezuela, cerrada y sancionada, se haría aun más dependiente de Rusia y China, acrecentando el poder fragmentador de tales aliados contra la unipolaridad. Como consecuencia, en la práctica aumentaría la desdolarización, quebraría el sistema bancario SWIFT y nadie podría evitar que un tanquero chino o ruso, debidamente armado, comercie petróleo con Caracas so peligro de guerra mundial.
Como se ve, son opacas las ganancias con el bloqueo de este tercer escenario, siendo, sin embargo, la opción más favorable para los gringos. Si la perturbación es que China saque petróleo de Venezuela y hubiera que impedirlo, habría entonces que mantener ese costoso despliegue militar en el Caribe con su gasto diario de $10 millones.
 


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jueves, 18 de diciembre de 2025

Conflicto EEUU-Venezuela. Escenario 3: bloqueo indefinido

Finalmente, en el escenario tres, los EE. UU. bloquean a Venezuela utilizando el mismo formato contra Cuba. Como si dijeran: «Si no eres nuestra, no eres de nadie». Y en lo sucesivo se afanarían por asfixiar económicamente al país, intentando afectar todos los aspectos de la vida y sus relaciones internacionales.
El «amor» de los EE. UU. por Cuba nace, primero, por la vocación imperial de allanar territorios y, segundo, por el hecho de creer que al derrotar al Imperio español en 1898 sus colonias debían ser suyas. Probablemente, el hecho de conspirar inicialmente con Cuba y utilizar su independencia para declararle la guerra a España selló la fijación. Los EE. UU., en efecto, tomaron Puerto Rico y Guam, pero el asunto se les complicó con Cuba debido a que apoyaron su declaración de independencia.
Vale la pena recordar que ese bloqueo es un entramado de leyes y regulaciones económicas, comerciales y financieras que impide el acceso a medicamentos, tecnologías, finanzas, viajes, alimentos, etc., mediante la forma de sanciones. Para esos efectos, por ejemplo, se aprueba la llamada Ley Helms-Burton y, finalmente, se declara a la isla como patrocinante del terrorismo.
Pero, con el debido respeto a la isla heroica, Venezuela no es Cuba. En primer lugar, la fijación gringa por Venezuela es crucial, de vida o muerte, petrolera; en segundo lugar, la tierra bolivariana es el mayor reservorio del oro negro mundial. Puestos a hablar de piratería, quien se haga con él gana la guerra hegemónica en el mundo, debilitando la emergencia multipolar.
El problema ─¡ay, el problema!─ es que Venezuela, cerrada y sancionada, se haría aun más dependiente de Rusia y China, acrecentando el poder fragmentador de tales aliados contra la unipolaridad. Como consecuencia, en la práctica aumentaría la desdolarización, quebraría el sistema bancario SWIFT y nadie podría evitar que un tanquero chino o ruso, debidamente armado, comercie petróleo con Caracas so peligro de guerra mundial.
Como se ve, son opacas las ganancias con el bloqueo de este tercer escenario, siendo, sin embargo, la opción más favorable para los gringos. Si la perturbación es que China saque petróleo de Venezuela y hubiera que impedirlo, habría entonces que mantener ese costoso despliegue militar en el Caribe con su gasto diario de $10 millones.


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domingo, 14 de diciembre de 2025

Conflicto EE. UU.-Venezuela. Escenario 2: Vietnam suramericano

En el segundo escenario, los EE. UU. despliegan sobre Venezuela el mismo esquema del primero, con la diferencia de que no logran derrocar a Nicolás Maduro, se genera una harta resistencia y el conflicto se regionaliza, extendiéndose a Colombia, Brasil y Guyana.
Los EE. UU. atacan la infraestructura militar y energética. Venezuela responde y ataca a los buques de guerra gringos en el Caribe con armas disparadas desde los Sukhoi Su-30. Se suscita un breve combate aéreo que Venezuela rehúye por su clara inferioridad numérica, por una razón, y por acople a los conceptos de su doctrina de Defensa Integral de la Nación, por la otra.
Debe tenerse claro que el país rediseñó sus fuerzas armadas desde la época de Hugo Chávez, quien previó el inevitable capítulo de la agresión gringa por apetencias petroleras. Los valores doctrinarios no procuran la confrontación directa contra un imperio militar por razones obvias, sino una resistencia asimétrica y prolongada con un efecto enjambre de ataque que termine poniendo en fuga al enemigo. La idea es que el petróleo de Venezuela no le resulte ni fácil ni gratuito al ladrón.
Para ello, las FAN se esquematizaron en Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI), en Zonas Operativas de Defensa Integral (ZODI) y en Áreas de Defensa Integral (ADI), todas unidades jerárquicas territoriales concebidas para ejercer una defensa y ataque según potencialidades geográficas y geopolíticas específicas, con autonomía funcional.
Esto significa que tropas de zonas montañosas, selváticas, fluviales y llaneras se activarán según su especialización nativa para defender la plaza, acudir al rescate u hostigamiento de una zona tomada, como Caracas, por ejemplo, y hacer imposible el desplazamiento enemigo en el país.
El efecto enjambre viene a cuento porque la tropa bolivariana no responde a una formación tradicional militar, sino a peculiaridades de especialización ambiental que priman conceptos como la guerra de guerrillas, el enemigo fantasma que ataca y desaparece, y eventos paradigmáticos de evolución militar. Entre estos últimos eventos se cuenta la derrota de los EE. UU. en las selvas y ríos vietnamitas o en las montañas escarpadas de Afganistán, y el surgimiento de artilugios bélicos como drones y lanchas "avispas", tipo iraní estas últimas.
En teoría, un vetusto y ciclópeo portaaviones podría colapsarse en su defensa ante el ataque en enjambre de cientos de "avispas" lanzando misiles. Esto en cuanto a espacios acuáticos. Desde tierra, la defensa y ataque alcanzarían niveles preocupantes de asimetría bélica porque el enemigo no sabría desde dónde Venezuela podría atacar con sus dispositivos Igla-S (SA-24 Grinch), misiles antiaéreos portátiles rusos: ¿desde montañas, edificios, cuevas, ríos? En este aspecto de lo asimétrico e irregular, lo integral militar se consustancia con el componente miliciano y popular. Dígase, finalmente, que las dos centenas de tanques de guerra del país sumarían un potencial de fuego dinámico sobre el terreno.
Como bien señala Celso Amorin, asesor presidencial brasileño, la situación «podría sumergir a Sudamérica en un conflicto similar al de Vietnam» (8-12-2025), involucrando a los países del orbe. «¿O estás conmigo o estás en contra?», sería la pregunta imperial. Brasil y Colombia tendrán que soportar la presión de alinearse con un país extranjero en contra de un país vecino. Cuba enviaría tropas porque su futuro geopolítico está ligado a la supervivencia de la patria de Simón Bolívar. Inevitable es que Guyana sea un blanco debido a la cesión de su territorio para atacar a Venezuela y por su oportunismo implícito para robarse el Esequibo.
En fin, semejante cuadro de resistencia y asedio prolongados no parece rentable ni promete un petróleo fácil. Si antes, con la victoria en la mano (escenario 1), los gringos debían gastar $200 mil millones en diez años para elevar la producción a 3 millones de barriles diarios, ahora las circunstancias asumen un color de hormiga, tan negras como costosas, como se dice en Venezuela.


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miércoles, 10 de diciembre de 2025

Conflicto EE. UU.-Venezuela. Escenario 1: derrocamiento e invasión

Hay tres escenarios para el conflicto entre EE. UU. y Venezuela. El primero es el soñado por los norteamericanos: derrocan a Nicolás Maduro militarmente con apoyo interno ultraderechista y sanciones económicas.
Para este escenario habría que suponer que las Fuerzas Armadas de Venezuela (FAN) se fracturan, una parte para dar piso a la nueva realidad colonial y la otra centrada en una resistencia cívico-militar. Tal situación supone una cruenta confrontación inicial, primero de militares nacionalistas contra invasores, luego de los mismos militares contra militares pitiyanquis e invasores, después de civiles contra civiles y, finalmente, entre la masa sumatoria nacionalista y la masa sumatoria colonialista (invasores, militares y civiles).
No habría sucesión institucional, puesto que se trataría de una guerra. Se hablará de un gobierno de transición indefinido hasta recobrar la "democracia". Asumiría un presidente titiritero como Edmundo González junto a una figura creada de secretaria de Estado, ejercida por María Corina Machado.
Las calles serían escenarios de confrontación civil, lo cual, en el lenguaje de la ocupación invasora, justificaría la presencia abierta de tropas extranjeras y toques de queda genocidas. Se desataría una cacería recíproca entre nacionalistas y pitiyanquis. La resistencia anclaría en las barriadas, el Waraira Repano, las montañas, orientada por la doctrina de guerra asimétrica de la Milicia Bolivariana.
Se militarizarían los sectores ricos del país para custodiar magnates, jefes militares y políticos. Igual ocurriría con las zonas estratégicas mineras, como Zulia, Anzoátegui, la Faja Petrolífera del Orinoco y el arco minero en los estados Bolívar y Amazonas, bajo la figura de Zonas de Exclusión Aérea. También se militarizarían severamente los espacios de importancia geopolítica, como Táchira, La Guaira, Delta Amacuro y Amazonas. La palabra "masacre" repicará.
De inmediato se anunciaría la reactivación de la industria petrolera con bombeo directo a Texas. Venezuela empezaría a explotar petróleo en conjunto con Guyana en el Esequibo. El plan sería alcanzar 2,5 millones de barriles diarios en seis años. El precio del crudo caería en una relación de 10 a 1. La OPEP temblaría. Rusia y China iniciarían su retirada.
El problema para los gringos es que reparar la infraestructura costaría unos $200 mil millones en un plazo de 10 años y eso, como sea, no es ganancia para un país desesperado como los EE. UU.
Por más que se afane María Corina en regalar el petróleo, siempre será más favorable para el gringo pactar con Maduro para bombear petróleo por las buenas y evitar el lastre de lidiar con un país en guerra, donde perderían tropas y la poca credibilidad imperial que les queda. Nomás el hundimiento del portaaviones USS Gerald Ford les costaría $14 mil millones.

sábado, 6 de diciembre de 2025

DIVIDIR Y ELIMINAR COMO PRINCIPIOS DE DOMINIOS DE UN IMPERIO POR AHÍ

Los Estados Unidos andan por el mundo sembrando discordias, como lo mandó su preceptor, Nicolás Maquiavelo. «Dividan para gobernar», les dijo, y ellos se lanzaron por los cuatro rincones a demostrar su pasta de buenos estudiantes.
En realidad, ese aforismo no es del florentino, sino del emperador Julio César, un experto en conquista y combates. Pero fue Maquiavelo quien lo ensambló catorce siglos después en su obra El Príncipe como parte de una teoría de conquista y mantenimiento del poder.
En sus enseñanzas, ese poder se conquista con tres principios: (1) fuerza, (2) astucia o virtud y (3) adecuación a la fortuna. El tema de la fuerza y la fortuna es ampliamente explicado por la historia. Sin embargo, la astucia o virtud es lo que hace distintivo a este terrorífico profesor y a sus seguidores.
Es decir, es lo que define específicamente lo maquiavélico y lo diferencia de criaturitas conquistadoras como Alejandro Magno o el mismo Julio César. Estos podían ser astutos en un sentido de grandeza y magnanimidad; pero todo el mundo sabe que la cuestionable astucia profesada por Maquiavelo y sus fans no tiene nada de virtud moral. Es esa que vuela cabezas y aconseja eliminar físicamente al enemigo para ser mejor temido que amado.
En fin, eso son los Estados Unidos, como se lleva dicho. Desde 1775 se lanzaron por el mundo a ejercer control y expansión, llevando a la práctica estos dos principios como reglas emblemáticas del nuevo imperio. En ninguna parte donde aterrizan concilian, sino que ponen a sus eventuales súbditos a pelear entre sí para mantenerlos debilitados y mejor gobernarlos, explotarlos y hasta bombardearlos.
Véase la historia. Irak-Irán, Libia, Vietnam, las Coreas, Japón-China-Taiwán y tienen a los países latinoamericanos enfrentados. ¡Brotes de guerra por doquier!
En cuanto a erradicar oponentes, la lista es extensa. Connotadas víctimas o sobrevivientes son Salvador Allende, Fidel Castro, Jacobo Árbenz, Qasem Soleimani, Joao Goulart y hasta Hugo Chávez, si no asesinados, hostigados o desplazados del poder a través de operaciones encubiertas.
Las reseñas oficiales pintan que los gringos así protegen sus intereses, pero todo el mundo sabe que pintan de rojo al planeta.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

«DOCTRINA DONALD MONROE»

Se desató Trump. La Doctrina Monroe, inventada en 1823 para repeler a la competencia europea por las riquezas naturales en América, acaba de ser repotenciada. Actualizada, para decirlo en jerga informática. Ahora «Doctrina Donald Monroe».
Seis años después de su implementación, fue Simón Bolívar el primero en denunciarla con su profética frase de que los Estados Unidos serían un lastre colonialista para América. Dicha advertencia fue preclara: ese quinto presidente gringo, James Monroe, lanzó su proclama de "América para los americanos" no para proteger a nadie de ningún odioso conquistador europeo, sino para reservarse el ámbito americano para sí, como un protectorado, dizque «patio trasero».
En ese espíritu, después de iniciar la masacre contra los nativos americanos (que duró 250 años) y consolidar su independencia del Reino Unido en 1783, los estadounidenses participaron militarmente en 32 conflictos contra países americanos para, presuntamente, defender sus intereses. Dato curioso: su cifra mundial es 337 en un cuarto de siglo.
El primer país latinoamericano agredido fue Argentina, en 1831. Luego siguió el despojo del 60% del territorio mexicano en 1846. Cincuenta y dos años después, producto de su guerra contra España, se anexan Cuba y Puerto Rico. En 1973 golpean al Chile de Salvador Allende. Granada cayó en 1983 y Panamá en 1989. Estos son casos emblemáticos.
En resumen, Nicaragua (5 veces), Argentina (4), México (3), Uruguay (3) y Panamá (3) son las naciones más agredidas en 173 años; y, en promedio, los Estados Unidos atacan a un país americano cada 6 años. Su última víctima fue Haití en 2004. De manera que, puede decirse, tienen su promedio vencido desde hace rato. Hoy, 2025, propenden a defender como suyo el petróleo de Venezuela y atacarla militarmente por primera vez.
Donald Trump, en menos de un año de ejercicio presidencial, parece revivir contemporáneamente la Doctrina Monroe. Aunque no ha atacado militarmente aún, ha injerido en varios países americanos y, por lo visto, afina puntería para intervenir de modo bélico. Estos son los países blancos de su neocolonialismo: Venezuela (petróleo), Guyana y Trinidad y Tobago (presión de alineación), República Dominicana (uso del territorio), Cuba (sanciones), Canadá y México (invasión), Brasil (Jair Bolsonaro), Panamá (su canal homónimo), Colombia (narcotráfico) y Argentina y Honduras (elecciones).