Los hermanos Rodríguez atraviesan una situación política extremadamente difícil y compleja. Una es la presidente encargada del país, Delcy Rodríguez, quien asumió después de los hechos del 3 de enero de 2026, cuando fueron secuestrados el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores; el otro, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. En sus manos tienen las riendas de un país que rayó en lo inesperado al no responder como el mundo esperaba ante la agresión anunciada de los Estados Unidos.
Por supuesto, no es responsabilidad de ninguno de ellos que nadie respondiera en la asonada como la lógica de la lucha militar manda, volando, por lo menos, unos cazas para atacar algún buque enemigo en el Caribe. Tal es una responsabilidad que se le enrostra a la cúpula militar, soberana en el tema de la defensa nacional, tanto más cuanto la reacción ha debido ser cuasifrefleja, de esas que no consultan obviedades para salvaguardar.
Lo "difícil" y "complejo" del asunto estriba en que sobre los Rodríguez se ha tejido una maraña de suposiciones que intentan explicar por qué dieron continuidad a la actitud de manos caídas de la Fuerza Armada Nacional (FAN). En la lógica de millones, se esperaba, al menos, una acción de contundente protesta que indujera a pensar que el país poseía una reserva de moralidad al estilo heroico-bolivariano.
Pero no ocurrió de tal modo. Los Rodríguez presentaron una agenda inesperada, de aparente capitulación, según signos. No se dice que hayan tenido que hacer de blancos de ataques ante un orate como Donald Trump, inmolándose como un Salvador Allende en su Palacio de La Moneda. No es la idea. Lo que resuena en la cabeza de millones es la automática aceptación de todas las propuestas y condiciones del agresor, como el que es derrotado sin pelear. Vuelos, reinstalación de embajadas, reformas de leyes, exclusividad petrolera gringa, espalda a los viejos aliados, visita del director de la CIA, del secretario de Energía, del jefe del Comando Sur y del mismísimo Trump, según proyecciones.
La primera reacción de un radical es pensar en componendas, traición, capitulación… Con inevitable indignación y vergüenza… Pero hay un hecho irrefutable que encarnan los Rodríguez, uno de ellos amenazado de muerte por Trump: preservan el poder político sistémico, piso sobre el cual se puede ganar tiempo y emprender enmendaduras. El problema es que, si hay un plan de resistencia y despiste, no se le puede explicar al país so pena de develar la estrategia ante el enemigo.



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