La lógica apunta a que las elecciones presidenciales son preferibles. María Corina Machado, como ha anunciado, privatizaría PDVSA y, a título de apertura a la inversión extranjera, ofrecería los recursos minerales y energéticos de Venezuela a los Estados Unidos, su tutor político. Ocurriría con ella lo más temido por el nacionalismo venezolano: que el país, de facto, se convierta en un protectorado colonial.
Sin embargo, semejante pesadilla sería combatida por las leyes y la oposición de izquierda y hasta de derecha en la Asamblea Nacional. Sudaría su gota gorda para lograrlo, como se dice en vernáculo, si es que lo logra. El país se tensaría ante el comportamiento entreguista y la protesta patearía las calles.
No obstante, préstese atención, por si alguien no lo ha notado. Con Delcy Rodríguez como presidente encargada (E), eso ya está ocurriendo. Y ocurre de la peor manera para el país nacionalista y de la mejor forma para el gringo beneficiario: sin oposición alguna. Por el contrario, sucede con el apoyo de la estructura de un partido de gobierno e instituciones que no terminan de asimilar la connotación histórica de lo acaecido en el país ni aciertan a responderle en función de los intereses soberanos primarios.
Como señalara la presidencia encargada (E) al asumir, uno de sus objetivos es preservar el poder político. Y en tal prosecución se han alineado funcionarios, ciertos militantes, la institucionalidad de gobierno, las Fuerzas Armadas Nacionales y la Asamblea Nacional. Pero semejante estrategia de cuidar el poder tiene sentido cuando hay una amenaza catastrófica de entreguismo optando por él.
Y no es eso lo que está sucediendo, según lo dicho. Dado que el partido de gobierno entrega sin oposición alguna, con el aval de la Asamblea Nacional, es poco probable que la derecha política, encabezada por Machado, pueda dañar más si afronta a una oposición parlamentaria.
De manera que se puede decir, de modo vergonzoso, que instituciones, partido de gobierno y funcionarios gubernamentales preservan, en efecto, el poder político, pero uno con carácter personal, en nada imbuido de republicanismo. Para decirlo con el vulgo, cuidan cargos y prebendas.
Por ello, la lógica concluye que es más conveniente para la república, con urgencia patria, realizar elecciones. Detendría la regalía presente no autorizada por la democracia y sometería al criterio electoral el destino de la república. Ni los Estados Unidos son socios de Venezuela, como se dispuso gubernamentalmente, ni Venezuela tiene que ser su colonia. Ello constituiría un eje moral a debatir entre todos. Tendría más dignidad, por lo menos, morir en la batalla del debate que entregarse impúdicamente. No renta para la conciencia vivir en un país lleno de vergüenzas y que se deja tomar como un botín.



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