miércoles, 5 de septiembre de 2007

Notas sobre la pobreza y el subdesarrollo en América Latina


Bastante desanlentadoras las estimaciones de un vocero para el subcontinente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Bernardo Kliksberg: América Latina produce alimento para una población tres veces más de la que posee y, sin embargo, su gente no sólo padece hambre sino que muere por desnutrición. Cifras como estas: 91,3/100.000 de mortalidad materna, 32,1/1000 de mortalidad infantil y 25,3/100.000 en incidencia de homicidios, parece ponernos en claro que lo único con que cuenta la pobreza es con la exclusión y la posibilidad de morir en breve.


Razones más que suficiente para hacernos pensar en el modelo político que nos rije, o que nos ha regido desde siempre, y que tiene en las clases pudientes y explotadoras sus más acérrimos seguidores. Dejándose llevar por semejente jauría de hienas, es difícil salir del marasmo miserable en el que se encuentra sumergida América Latina, pues resulta evidente que su norte -el de la clase dominante- no sólo son los EEUU, literalmente, sino la maquiavélica actitud de mantener a los pueblos bajo un manto de ignorancia con el propósito de que no descubran ni reclamen sus derechos. Por eso es que tantas empresas transnacionales, de países desarrollados, procuran en lo posible la mano de obra de estos lares, con la venia de los gobiernos locales, que aprovechan la ocasión para afirmar que "hay más empleo".


Quienes abominan de todo aquello que suene a socialismo o posibilidad de cambio deberían responder si semejantes cifras de pobreza se le pueden atribuir a un modelo económico que lejos está de implementarse en nuestros países, esto es, como ellos mismos lo llaman en sus periódicos, el horrible comunismo. Son cifras de tu sistema, estimado ciego, el sistema actual.


Cosas como estas nos llevan a verdades que lucen incontrovertibles: subdesarrollo no consiste más que en un problema de administración de los recursos: porque se puede estar lleno de alimentos o de petróleo o de oro, pero, si están indebidamente administrados, alcanzan para tres o cuatro pelagatos en vez de llenarle el buche a millones. Y es que en América Latina creo que tenemos un problemas más serio, más allá de una deficiente administración: la riqueza se queda en pocas manos (que viene siendo lo mismo a inadecuada administración). Tres o cuatro familias se hacen dueños de las tierras y de los medios de producción, chantajeando el progreso de sus propios países en aras de la opulencia de sus bolsillos.


Será siempre comprensible que hasta los muertos, que en vida pertenecieron a la clase pudiente de sus países, forcejeen en sus tumbas para levantar la lápida y salir a protestar contra estos vientos de cambio que soplan sobre los pueblos de América. Ya era hora.




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