Compartir la entrada

miércoles, 28 de noviembre de 2007

El turno al polvo de la Iglesia Católica venezolana


¿Recuerdan a la vieja Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), todavía sobreviviente por allí, dirigida de modo provisional por Manuel Cova, ayudante de Carlos Ortega en aquella suicida campaña para derrocar a Hugo Chávez en el 2.002? Después de su frustrada acción, Ortega, el cabecilla de la adeca organización, tuvo que enfrentar a la justicia venezolana bajo la acusación de golpismo y se vio obligado a fugarse del país, refugiándose hoy en Perú.
Luego de ser exprimida al máximo por los sectores golpistas, políticos de oficio y tradicionales dueño del capital en el país, el ente quedó en un deshonroso estado de ruinas operativo, sin militancia, con el amargo recuerdo de haberse desvirtuado doctrinariamente al poner la causa trabajadora en sacrificio de la patronal, tradicionalmente explotadora. Aunque sabemos que lo que hizo en realidad fue quitarse la máscara y mostrar su verdadera identidad partidista, de parapeto laboral, en nada comprometida con la defensa de los derechos de los trabajadores pero sí comprometida hasta el fondo con el interés empresarial, sus verdaderos propietarios desde hace muchos años. Liquidada, hoy no sirve ni para apoyar un pie de ilusión en la nueva desestabilización que los sectores de oposición ensayan para Venezuela. Ni la mencionan y, funcionalmente, no pasa de ser un club... de añorantes soñadores.
¿Recuerdan a la vieja y colonial PDVSA, cuyo cerebro operativo (Intesa) funcionaba prácticamente en Washington, donde se enviaba el registro de sus operaciones, investigaciones, descubrimientos minerales y eventualidad tecnológica? Así los gringos conocían al detalle los pasos de nuestra mayor empresa nacional, estando al día con el monto de nuestras reservas minerales, fondos y cualquier otro detalle que en un país que se respete soberanamente es protegido como información de Estado, de valor estratégico. ¿Se acuerdan de su vil política de regalo de nuestras reservas, llamada Apertura Petrolera, misma que ponía a producir petróleo a nuestro país a todo tren con el propósito de mantenerle el precio muy bajo a los pobrecitos países compradores ($8)? Hoy mismo ya no existe, quebrados sus cuadros en la locura de abril de 2.002, cuando decidieron jugarse el todo por el todo para dar un golpe de Estado, saboteando sus instalaciones y la producción, generándole a Venezuela pérdidas criminalmente mil millonarias. Al amanecer del día siguiente de sus enormes esfuerzos inconstitucionales, se encontraron con que Chávez fue repuesto en el poder y con que sus caretas rodaron por el suelo, quedando descubiertos en su plenitud golpista y traidora a la patria. Fueron despedidos todos y la vieja PDVSA volcó su interés hacia lo propio nacional, siendo ahora la nueva PDVSA, hasta salvaguardada de la privatización mediante una especificidad en la Carta Magna. En su recuerdo rueda por ahí una escuálida organización denominada Gente del Petróleo, añorante y soñadora también, como la CTV de Cova.
Nombres connotados de vieja y nueva estirpe, pero con el denominador común de la venta y la traición, son Luís Giusti y Guaicaipuro Lameda, cuyos paraderos todos conocen. Por no existir, hoy a la vieja PDVSA nadie la menciona entre la nueva trama golpista que la oposición planea para Venezuela.
¿Recuerdan a la vieja Policía Metropolitana (PM), tratada en el 2.002 como perro guardián de los intereses de la gente adinerada que quería dar deportivamente su golpe contra Chávez, conducida homicidamente contra manifestantes en los hechos de abril por su jefe Alfredo Peña, hoy en el exilio? Sus principales responsables, Lázaro Forero, Henry Vivas e Iván Simonovis (éste de Seguridad Ciudadana), hoy detenidos, enfrentan juicios por su comportamiento, aunque los verdaderos responsables, como Alfredo Peña, andan impunes. En la actualidad trabaja institucionalmente garantizando la seguridad en la marchas, sin porte de armas, como manda la Constitución. No la invitan más a las actividades golpistas, porque se acabó la guachafita, y recibe, por el contrario, centimetraje televisivo satanizador de parte de los medios que eternamente juegan al golpe de Estado en Venezuela. La sangre de los caídos se regocija en la aplicación de la justicia sobre los tres detenidos, quienes, como la CTV y PDVSA, sueñan y añoran pero detrás de las rejas del presidio.
¿Se acuerdan de la "sociedad civil", ese concepto vestido de negro con la bandera de Venezuela y EEUU pintadas en los rostros que salían a protestar a las calles, dando declaraciones en inglés y pidiendo a gritos una invasión para Venezuela a fin de expulsar al gorila mayor, macaco en su jerga, Hugo Chávez? Después de la intentona, donde fueron usados hasta la saciedad por quienes a diario le lavaban el cerebrito con su propaganda política, se encontraron de brazos caídos, deprimidos al ver todavía a Chávez en el poder, repuesto por el pueblo, amargándoles la existencia. Después del capítulo, al parecer, juraron no salir más a las calles de modo tan estúpido, dejándosela hoy a los estudiantes de universidades privadas, pero ¡ojo! con la orden ahora de efectuar guarimbas. Los pocos que se han animado tomar la calle, se han coleado como estudiantes en las marchas de los muchachos, a fin de engrosarlas. Su nueva denominación es guarimbera, y aunque aún pueden ser exprimidos un poquitín más, como la CTV, PDVSA y la PM, añoran y sueñan con pasados momentos de la historia.
¿Recuerdan a Fedecámaras y Fedenaga, las organizaciones de empresarios y ganaderos de Venezuela, golpistas de traza mayor durante los hechos de abril de 2.002 y grandes criminales contra el pueblo venezolano, a quienes sometieron a la desventura del hambre al esconderle los alimentos y chantajearlo con despedirlos de sus trabajos si no aportaban esfuerzos para derrocar al "tirano"? Botaban la leche en los ríos y acaparaban los artículos de primera necesidad para crear escasez y malestar entre la población, en el chantaje más terrible al que ha sido sometido la gente en Venezuela. Estos todavía están "vivitos y coleando", porque no ha resultado fácil al Estado desembarazarse de los monopolios empresariales al intentar quebrarlos con la competencia leal alimentaria, por ejemplo, con la experiencia del Mercal y otros abastos solidarios. (En Venezuela, como en otros países, seguramente en lo más breve, se estará trabajando en algunas leyes antimonopolios de eficiente operatividad, y no de suave efecto como las existentes, si es que existen).
No tan fuertes como en el pasado, siguen escondiendo los alimentos en la hora presente de Reforma Constitucional y juegan, con hoja de fraudulentos cálculos en la mano, a la desestabilización económica con agoreros vaticinios de una economía que avanza "hacia el modelo cubano". Buscan crear malestar, pero según vamos, con algunos rubros fuera de circulación en los mercados, al parecer a la gente ni cosquillas le hace, porque se trata ya de un consumidor curtido en los duros hechos de abril de 2.002, cuando, sin gas, siguieron con sus vidas cocinando a leña y sosteniendo su apoyo al presidente derrocado. Sin embargo, estos pajaritos del averno, se resisten a la suerte añorante y soñadora de la CTV, la vieja PDVSA y PM o “sociedad civil” en la calle, jugándose hoy la cartica que les queda en la apuesta de salir por la fuerza del gobierno constitucional de Hugo Chávez. Las proyecciones hablan de una dura caída de caretas por los suelos y de una severa crisis entre sus filas para después del día 2 de diciembre, cuando el pueblo exprese su opinión en la votación y salga ganador el "Sí", según encuestas.
Hoy la locura y la historia golpistas incorporan dos elementos inéditos en la lucha por derrocar a Chávez: los estudiantes de universidades privadas y la jerarquía de la Iglesia Católica –no en su totalidad: Porras y otros-, ambos en la fila de los contendientes opositores que se preparan, también, como los otros, para morder el polvo. ¿Porque habría de ser diferente con ellos, si desde la gente, en su mayoría, hay la percepción que los primeros son una suerte de engendro loco que se disfraza con el discurso de la pobreza para poder calar en algunos y los segundos son nomás que un concurso de cincuenta sotanas a lo más que jamás en su vida han subido al lugar de habitación de la gente sencilla a llevarles el mensaje de consuelo, solidaridad y fe que se suponen deben de hacer, y no andar por ahí en trámites golpistas, sirviéndoles como perros a la gente rica y atesorando privilegios para convertirse en potentados, como Rosalio Castillo Lara, quien murió en medio de una riqueza que necesariamente lo alejaba de los más sencillos? Porque ni ese cuidado tienen, esto es, la modestia en la ostentación frente a las miserables masas que siempre los han rodeado, así como tampoco se cuidan en contravenir las máximas cristianas cuando le desean la muerte a quien no es santo de su devoción, como el caso del cardenal Ignacio José Velasco respecto de Chávez, hombrecito de sotana que se desplazó a una isla solitaria para darle, prácticamente, la extremaunción. ¿Quién así se gana un pueblo y contra él puede prevalecer para sobrevivir a su encono? Nadie en la historia, que se sepa, porque la historia son ellos mismos, la gente.
Sin duda la Iglesia Católica venezolana consume hoy su turno al bate golpista para luego, después de despertar y corroborar como los otros que Hugo Chávez continúa en el poder, sumirse en una severa crisis institucional, de cara a un pueblo que pasa factura a actitudes de poca solidaridad y traición. El prestigio de la Iglesia Católica, en la hora presente, aun sin llegar al día posterior de la votación planteada, se cae a pedazos, conducida enloquecidamente por la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV). Abiertamente participan en política, haciendo campaña descarada por el "NO", hasta el grado tal que las autoridades oficiales se han visto en la obligación de pedirle su inscripción como partido político, so pena de infringir los estatus legales que regulan la participación partidista en una contienda política.
En su locura, no caen en la cuenta de la realidad política del país, a saber, que la mayoría de los venezolanos apoya la encarnación política del Presidente de la República, y, locos como ellos solos, han decidido echarse esos afectos en su contra, logrando únicamente que la gente se aleje de la Iglesia. Como los tradicionales políticos de la Cuarta República, maltratan la inteligencia ciudadana hablándoles de comunismo, Cuba y terrorismo como proyectos adelantados por la fementida "revolución", cuando el mismo Chávez ha repetido en sus reflexiones que la idea socialista que adelanta Venezuela no come en el "esquema dogmático de la Rusia soviética de los años 20 ó 30" (Maripili Hernández: "Los obispos se olvidaron del evangelio"); como si vivieran en épocas oscuranas de la catacumbas, como subterfugios que los alejan de la realidad ciudadana, publican "Llamados a vivir en libertad", donde de un modo desvergonzado abrazan la doctrina de don capital, como si fueran empresarios que se debaten en luchas a muerte por dominar un mercado y deciden alinearse con los factores plutocráticos del país, olvidando la doctrina social de la Iglesia, esa que obliga a la humildad del rescate de lo humano en crisis.
Soberbios como ellos solos, dueños del aparato eclesiástico, no consienten pronunciamientos de voces discordantes con sus prácticas, como las de los jesuitas Manuel Matos y el Padre Gazo, así como la del cura zuliano Vidal Atencio, a quienes no dudan en amenazar con amonestaciones y hasta excomunión, de seguir con la protesta esa de decir que ellos piensan distinto y que la cúpula no es representativa del conjunto sino una perversión del poder.
Al paso del tiempo, cuando los curas Urosa Sabino y Baltasar Porras se despierten y descubran que Chávez sigue ahí, y que de nada sirvieron sus gritos pervertidores de la institucionalidad religiosa, entonces tendrán que prepararse para pagar la cuentas ante la historia, la cual, solícita, se aprestará a acusarlos como los responsables de una tremenda fractura en la Iglesia y hasta en las filas de la feligresía. Necesariamente tendrán que rodar las sotanas como máscaras, como en el caso de la CTV, la vieja PDVSA y la PM, bajo la gran mancheta aleccionadora que recuerda que la Iglesia Católica dejó de jugar el papel de Estado político desde hace ya unos cuantos siglos. De los estudiantes de universidades privadas, como real elemento inédito institucional en la nueva hora desestabilizadora, no habrá que decir gran cosa, desde el mismo momento en que se comprende que su actuación no obedece a reivindicaciones de carácter pedagógico o gremial, sino a motivaciones que comulgan por su cercanía con factores de la riqueza privilegiada amenazada, como "hijos de papa" que son. Sin hacer la injusta generalización (la oposición ganó la FCU en la UCV), afirmamos que constituyen un breve grupo magnificado por los medios de comunicación, que realiza el papel de imberbes peones políticos que arrastran hasta a sus filas a factores de una sociedad adolecente de liderazgo opositor. ¿De cuando acá los numéricamente reducidos estudiantes de universidades privadas son representativos del estudiantado en general? Se trata de un hecho político opositor en crisis que, en medio del desconcierto, busca alimentarse de la fuerza que le pueda aportar un gremio cualquiera. Así como hoy son los estudiantes de las universidades privadas, magnificados como miles por Globovisión y las emisoras radiales, mañana podrían muy fácilmente echar mano de una guardería, si a cometer locuras vamos. De hecho, hoy mismo, trabajan a los muchachos de la secundaria.
Todo esto pide reflexión. La realidad política opositora al momento presente, dada su crisis ideológica y organizacional, sólo parece poder alimentarse de valores periféricos, poco a poco, desde el centro, explotados y "quemados" en la saga heroica de tumbar a Hugo Chávez. De no reflexionar, al ritmo que van, no es de extrañar que de un momento a otro se declaren en insurgencia.

Blogalaxia: ~ Technorati:
Publicar un comentario