jueves, 20 de diciembre de 2007

Álvaro Uribe y Luis Carlos Restrepo: cuando un gobierno da pena ajena

Foto: la bandera gringa ondeando por encima de la colombiana (tomado de Aporrea)
Las declaraciones del Alto Comisionado para la Paz, Luís Carlos Restrepo, intentando enlodar o sembrar dudas alrededor del anuncio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de liberar tres cautivos, dan, simplemente, pena ajena, más cuanto el sentido del ofrecimiento contempla la participación de su odiado Chávez, a quien ya le hicieron una sucia jugarreta, y a la senadora Piedad Córdoba, a quien pretenden ahora asesinar para de algún modo contrarrestar la vergüenza del papelazo que despliegan como gobierno castrado en la actualidad.

Sólo porque no los toman en cuenta ahora para avanzar en gestos de paz en su propio país, ellos, los funcionarios gubernamentales, canes del mantuanismo, sentencian que las cosas no son seguras, afirmando que la guerrilla anteriormente ha ofrecido sin cumplir. Qué bueno le calzaría a este bufón la frase "¿Por qué no te callas?" que tanto celebraron cuando el franquista Borbón se la endilgó a Hugo Chávez. ¿Quién carajos eres y qué tienes ahora que decir, don Restrepo, sobre una situación en la que no tienes la menor posibilidad de incidir si no es asesinando, confiscando o acariciándole los cojones a tus catiritos gringos, como buen uribista que eres, esto es, reflejo paramilitarista, como todo el mundo sabe? Para pesar y ridículo vuestro, Chávez recibirá a las tres personas ofrecidas en liberación y punto, sellando un triunfo inimaginable e insoportable para la naturaleza insidiosa santanderiana del tren de gobierno en el cual usted se mueve.

Tanto que se esforzó el gobierno colombiano para satanizar y aporrear al gobierno bolivariano, precisamente en medio de una situación electoral, para que ahora venga esto, el palo cochinero propinado por las FARC a la salivosa dignidad gubernamental neogranadina, liberando así como así los rehenes al presidente venezolano, y en medio de un contexto –lo que es más amargo- de una solicitud de renuncia del presidente colombiano.

Sin duda, no queda otra que esperar alguna movida peligrosa de la dirigencia colombiana, pues ha de andar esforzándose al máximo para frustrar el brillo de una victoria que nunca comprenderán es opacable. Matar a Piedad Córdoba o realzar el trillado discursito de que Chávez es oficiante de un suntuario guerrillero en Venezuela, es lo que le queda a los payasos de un espectáculo de gobierno colonialista donde la bandera gringa es izable por encima de la propia, como fue evidente en los días que corren.

Dan así las FARC un golpe moral en la humanidad brincona de un gobierno que, cual meretriz, baila una danza de entrega ante su postor norteamericano, quien a cada rato le mueve el collar y le indica lo debe hablar para encender las relaciones con Venezuela, sueño dorado del imperialismo. No en vano existe el Plan Colombia, sembrando minas de inconciliación y construyendo templo de lesa traición a la patria.

Supongo, ahora, don Restrepo, que debe de resultar penoso que frente a sus narices, pero bajo el cuidado de la astucia, se realicen negociaciones en la que el gobierno colombiano, por lo menos, ha de tener parte informativa. Pero ni eso, lo cual es una situación procurada por el gobierno mismo cuando pateó la mesa de negociaciones e inhabilito a su senadora y al presidente venezolano. Ni para eso tiene fuerza semejante gobiernito entre comillas, porque, como es vista para todos, las negociaciones humanitarias siguen caminando y los inhábiles son más capaces que nunca. ¡Qué tal! Si tuviesen más autonomía de criterio y más amor a lo propio, quizás podrían en algún momento probar el sabor del amor de los pueblos latinoamericanos, y no ser eso que se es en Colombia, una jefatura civil de un Estado de la Unión estadounidense.

"Como dije, no me extrañaría que empiecen a hablar de honor ofendido, de dignidad ofuscada y de soberanía lesionada, peligrosamente, considerando necesario decretarle un pleito a Venezuela"

¡Pero cómo confiar, don Restrepo y a qué andar anunciándole de buena fe los pasos que se den en la liberación, si andan ustedes en son de requisas, de infiltraciones telefónicas, de aprenhensiones, de sabotaje! Prueba es la miserable jugada, primero, de tumbar la mesa de negociaciones y, segundo, de detener a los emisarios de la FARC portadores de un mensaje a Hugo Chávez, a quienes confiscaron la fe de vida que tanto anhelan los angustiados visitantes. Emisarios que, por cierto, dejaron bajo el terrorismo de las amenazas de agentes gringos en cárceles propias, ¡hombre!, en cárceles colombianas. ¿Es que no se tiene dignidad por ninguna parte? ¿Qué hace un policía estadounidense amedrentando a un colombiano en casa propia? Pero no extraña, no, cuando se recuerda que tales agentes poseen inmunidad total en Colombia ante las consecuencias de sus actos. ¡Quiera dios no se les ocurra violar la dignidad de ninguno de sus parientes!

Tales pasadas acciones hacen pensar que, cuando la embajada cubana en Colombia anuncia la entrega, lo ha hecho de manera sobresegura. Dada la deshonestidad con la cual ustedes actúan, señor Alto Comisionado para la Paz, supongo que cuando se dice que se entregarán rehenes en Venezuela es porque en el momento en que pronuncia eol ofrecimiento es porque los cautivos ya deben de están aquí, en suelo patrio venezolano. ¡No le quede duda! Voces hay que afirman que la misma Ingrid se recupera en el Fuerte Tiuna. ¿Qué quería usted, que se le avisase para impedir la acción, evitar la vergüenza internacional que actualmente viven y frustrar la gloria del presidente venezolano y de la senadora, mil veces merecida por encima de la bajo de trapacería de su gobierno? Demás está decir que valoran ustedes en un comino la angustia de los familiares que desde hace ocho años han esperado este momento.

Es verdad, las FARC tienen razón: con Uribe renunciando ganaría medio mundo, hasta él mismo. Porque... ¿qué ha hecho? Ni siquiera en esto del canje mostró buena fe para con su pueblo; por el contrario, casi que ofrece un rescate armado, donde había posibilidad de muerte de los rehenes. Colombia parecería menos traidora a la patria y a Latinoamérica completa. Uribe se iría con sus paramilitares, desde donde lo proyectaron como muñeco con cuerdas a hacer el ridículo. Pero renunciando tendría la oportunidad de curar las marcas que dejan las cuerdas en el oficio de títere.

Cómo dije, no me extrañaría que empiecen a hablar de honor ofendido, de dignidad ofuscada y de soberanía lesionada, peligrosamente, considerando necesario decretarle un pleito a Venezuela como única manera de disimular el parcho de la vergüenza en el pantalón. Supongo que esperarán el momento propicio cuando, por ejemplo, sincronicen con los factores opositores internos de nuestro país, para realizar sus comiquitas.

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