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miércoles, 19 de diciembre de 2007

La oposición política venezolana ahorita es un borrachito con plata que padece de irrealidad


De un tiempo para acá, desde que Hugo Chávez desbancara al puntofijismo y la reflexión política se convirtiera en el plato fuerte de los venezolanos, hasta las mascotas están politizadas en el país. No es exageración: durante el mes de noviembre, para no ir tan lejos, se oían ciertos loritos identificados con el "SÍ" y otros con el "NO".

Si se mete el ojo en la prensa nacional y en los programas de TV, se encuentra uno con lo mismo. Unos hacia un lado y otro, y otros pretendidamente neutros; hay de todo. Un hecho curioso es el que le da origen a esta nota, que hace pensar que la oposición política venezolana, finalmente, se desbocó, trascendiendo la archiconocida dolencia que padecía, es decir, la disociación psicótica.

Me refiero a los columnistas faranduleros de la prensa venezolana. Ninguno empieza a pasarle revista a la materia que le concierne sin antes realizar un exordio de la situación política, a veces convirtiendo la totalidad de la columna en un tratado político. Los más connotados, al menos de entre quienes leo, son Omar Lares con su "Sprit", Fabricio Yarica con su "Verdades frívolas" y El Sepulturero con su "A la fosa y sin mortaja", en El Universal, Las Verdades de Miguel y el Ultimas Noticias, respectivamente. Tal es el calado que ha hecho el tema político en nuestros espacios, faltando nomás que los columnistas deportivos empiecen también con la misma prédica.

Sin embargo, para quien escribe, afecto lector de temas políticos, el asunto no reviste ningún sentido peyorativo (lo lamentaría en los deportes), porque ha encontrado en semejantes perversiones excelente materia para la reflexión y ha escrito, inclusive, críticas sobre algunos de ellos (véase sobre el primero de ellos "Galería de la intelectualidad opositora venezolana") El columnistas de Las Verdades de Miguel ha aportado a este servidor preciosas ideas para ensayar la política desde la farándula.

Pero leyendo a El Sepulturero en estos días veo una pequeña nota que me pinta claramente el desaforado optimismo que debe de estar privando dentro de las filas del oposicionismo venezolano, lo cual, concretamente me hace recordar dos frases oídas y leídas: la de Chávez, cuando le recomienda a la oposición que administre bien su victoria y la del analistas político Alan Woods, cuando dice, textualmente "Los elementos más estúpidos de la oposición ahora están borrachos de éxito" ("¿Qué significa la derrota en el referendo?").

En efecto, el articulista enterrador, después de lamentar la situación de "cerco" que en su opinión se ejerce contra la actriz venezolana Fabiola Colmenares desde algunas instituciones del Estado, pasa a consolarse con la esperanza de que probablemente en el año 2.008 se "recuperen los valores", cupiendo en tal expresión mucho que se pueda especular, pero muy en concreto y alusivo la idea de que Chávez caiga y se acabe el dolor de cabeza de un montón de gente que no le importa la
"La contrarrevolución va por dentro, pero que nadie se engañe pensando que el interior es el espacio burocrático de un ministerio con muchos de sus funcionarios servidos a su causa"
inmoralidad con la que sea gobernado. El sentido de la palabras del articulista es incontrovertible, pues en el inicio mismo del párrafo nos habla casi de fatídico año 2.008, faltándole nomás aliñar la idea con los pronósticos belicistas de los jerarcas de la Iglesia Católica Venezolana y del cura Ugalde con su prédica caótica del fin de Venezuela para esa fecha (véase "A la fosa y sin mortaja" en Últimas Noticias. - (2.007) dic 19; p. 84). (Siempre he pensando que la gente mayor se la pasa vaticinando el fin del mundo simplemente porque el de ellos está cerca).

Pero ni más ni menos así están los ánimos dentro del espíritu opositor, sobredimensionadamente irreales, lo cual no asegura que por optimista se sea cívico en la intencionalidad. Todo lo contrario. La borrachera opositora intenta convertir su enfermedad en una contagiosa epidemia que los lleve a acaudalar recursos de violencia para los dos primeros meses del año entrante, partiendo del 23 de enero, asumiendo que ya se puede recoger el fruto que ha sembrado, estratégicamente, en las barriadas caraqueñas con sus "Redes populares" y con la compra moral de organizaciones sociales afectas al proceso de cambios.

La contrarrevolución va por dentro, pero que nadie se engañe pensando que el interior es el espacio burocrático de un ministerio con muchos de sus funcionarios servidos a su causa. No. Estos vendidos hacen su trabajo allí no yendo más allá de metabolizar efectismos. La oposición política venezolana ha venido despertando de su letargo y poco a poco, desde el trauma que vivió con la gente en la calle defendiendo a Chávez durante el 2.002, se ha estado organizando y sometiendo a curetajes de inteligencia política. Como buenos representantes que presumen ser del Homo Sapiens, concluyeron que la guerra había que librarla con la gente, populistamente en las zonas populares, y de desde un principio, pareciendo ridícula y torpe a ratos, se puso manos a la obra con pequeños programas que intentaban rivalizar -se dirá- con los programas sociales del Estado.

Así lo hizo Manuel Rosales en el estado Zulia con su paralelismo a Mercal y sus programas de construcción de viviendas; y así lo hace también el Alcalde del Municipio Chacao, con las llamadas Redes Populares, actos que le han asegurado un pequeño pero suficiente apoyo popular para entablar situaciones de desórdenes para el año entrante, real punto donde anda ahorita. Actos y programas que todo mundo sabe son magnificados por la lupa solar de los medios de comunicación social: por cada bolívar que gastan en los pobres, gastan miles de dólares en publicarlo. De modo que la oposición política nuestra, con su sobredimensionada borrachera, se apresta a dar la batalla y a promover desórdenes desde puntuales búnkeres establecidos en los sectores populares.

Hoy mismo leo la noticia que Leopoldo López y ciertos dirigentes estudiantiles realizan reuniones casi clandestinas en las barriadas para preparar focos de violencia para el año entrante. Me entero del llamado a la "desobediencia activa" que hace el dirigente político católico, Baltasar Porras. Recién salgo de la impresión de burla institucional que se perpetró desde la Nunciatura Apostólica con la graduación del bachiller Nixón Moreno, solicitado por intentar violar a una agente policial. Y con Marciano en Domingo, en el Diario Vea, concluyo con la convicción de que gente como Oscar Pérez, Antonio Ledezma, Oswaldo Álvarez Paz y Patricia Poleo, trabajan a tiempo completo por “una salida ya".

De manera que no se exagera cuando se afirma que la oposición desde ya ha entrado en una fase de beodez emocional, perdiendo completamente la perspectiva comedida de tasar y canalizar el efecto de su reciente y milimétrica victoria. Se comporta como un borrachito con plata, comprando y gastando a granel la gordura de su bolsillo, misma que le proviene de las organizaciones extranjeras interesadas en quebrar la constitucionalidad del país. El Departamento de Estado estadounidense, para más precisión.

Sin embargo, antes de descarrilarse por la vía emocionada de su beodez, la oposición ha tenido el cuidado político de dejar, a modo de pantalla, la propuesta de la reconciliación nacional, e inclusive, en medio de su deslumbramiento actual, persisten en su lema como discurso político mientras ganan el tiempo requerido para sus futuros relajos.

No ha acarreado, como se ve, ninguna recapacitación democrática para sí y en breve su bandera recalcitrante será que cualquier medida o disposición emanante del Ejecutivo Nacional tendrá, en su criterio, el desmérito de haber sido rechazada por el pueblo venezolano a través del reciente referendo reformista, mismo que les alcanzará para todo. Es claro que el año entrante se presenciarán muy nítidas dos cosas respecto de ella, loca como está de creerse mayoría entre la población nacional: primero, se entregará con gran vehemencia a acciones de desestabilización que desde ya planifican, virtualizando así la tesis del padre golpista Ugalde, y luego, cuando la marea de su estupidez baje, cuando comprendan que han malinterpretado unos resultados que no hablaron de una motivación entre ellos sino de una desmotivación entre los chavistas, entonces comprenderán que, como el 2.002, lanzaron por la borda su escasa y tullida cédula democrática, cayendo nuevamente en una terrible resaca, en el ratón moral de sentirse inexistente.

Más allá de la consideración de este artículo que busca nomás prevenir la lógica política, habría que dejar sentado que una situación de severa crisis dirigencial entre el oposicionismo, nuevamente, lo dejaría a un tris de cometer una locura, como la de radicalizarse abiertamente y subvertirse. Después de su resaca o medio de ella –quien sabe-, las elecciones próximas regionales constituirán para él, el oposicionismo político venezolano, un fundamental reto.

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