miércoles, 20 de febrero de 2008

De tiburones y delfines bolivarianos


Probablemente Diosdado Cabello sea, realmente, entre otros como Jorge Rodríguez y una probable carta oculta por allí (no deteriorada en los medios de comunicación), el delfín de Hugo Chávez, el hombre señalado para sucederlo en el 2.013, de no modificarse la Carta Magna hasta entonces. El peso que ejerce este hombre sobre el criterio del presidente de la república es enorme, en gran alta estima desde que demostrara lealtad y desdoblez en su breve mandato como presidente encargado durante los hechos de abril de 2.002, cuando Hugo Chávez estuvo capturado por la felona oposición que nos gastamos nosotros los venezolanos.

Influjo hasta el punto que no imaginamos en pleno efectismo la frase favorita del presidente, cuando suelta que "entre mil amigos y un principio, me quedo con el principio". Simple y enormemente son dos camaradas, hay que decirlo, compañeros ya de combate, entendidos en el plano político y en la química humana de la amistad. No hay duda. Lo demuestran los hechos. El estado que gobierna Diosdado Cabello favoreció el "NO" contrarreformatorio en la última confrontación electoral y, sin embargo, el presidente no le ha clavado aún la primera crítica a su gestión, dándose por hecho, al sol de hoy, que Diosdado repetirá como candidato para el estado Miranda, sin no me equivoco. No han caído sobre su humanidad aquellas duras expresiones que el presidente en otras ocasiones ha dirigido a Freddy Bernal, Barreto, Jesse Chacón, Carreño y hasta el mismo Jorge Rodríguez, cuando se han cometido omisiones o errores de funcionamiento político-administrativo.

El siguiente video recuerda la llamada de atención presidencial hacia las personas mencionadas, en el contexto de las acciones de calle que protagonizaran los estudiantes opositores en las jornadas pre referendarias del 2D:

Es un hecho que el actual gobernador del estado Miranda salió beneficiado al retirarse del gabinete presidencial e irse a fungir como mandatario regional. Sobretodo de este último gabinete, rotado internamente entre sí mismo, mismo que le ha tocado enfrentar la embestida más fuerte opositora e imperial desde el golpe de estado. Un gabinete, en fin, que constituye una prueba de fuego para quien tenga el ánimo lento para el trabajo y manifieste socarronamente que es leal al proceso de cambios que se adelanta en el país. Da curiosidad saber si Diosdado habría superado la prueba, saliendo ileso en sus funciones de cara a la misma alta consideración que al presente goza de parte del jefe de Estado.

El ex Ministro del Poder Popular para las Relaciones Interiores y Justicia, Pedro Carreño, fue el primero en hacer aguas en actual gabinete, no sabiéndose si fue de modo justo o injusto, pues, como se ha dicho anteriormente, la cartera que presidía requería acciones de Estado en materia de seguridad para cumplir con éxito, como actualmente la lleva a cabo el ministro Rodríguez Chacín. No se trataba de cambios de ministros, sino de cambio de políticas, aunque Chacín parece contrariar la afirmación.

Sin embargo, el retiro de Diosdado Cabello a su trabajo como gobernador no ha impedido en ningún momento que mengüe su poderío y capacidad de movilización de fichas de poder tanto sobre el entorno presidencial como dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). La afecto presidencial es una suerte de aprobación tácita de sus acciones. Más allá: es, prácticamente, un consejero presidencial, con incidencia aprobatoria sobre los ascensos en las FAN, si a creer vamos a la especular política de los analistas.

Y ya sabemos que el poder se ejerce con mayor calado o en la oscuridad o en el anonimato, circunstancias que no aplican como sinónimos para el caso de Diosdado, porque el contexto "oscuridad" juega para situaciones reñidas con la moral y el crimen, y no es el caso aquí planteado. Quedaríale, pues, el contexto de anónimato, aparentemente ya imposible, dado los escándalos. El poder, para mantenerse siempre joven y en disposición de combate victorioso, requiere la no exposición directa con factores de deterioro político, mantenerse si es posible anónimo para operar con éxito. Dick Cheney, quien es que manda realmente en los EEUU en la actual gestión de Bush, y Vladimiro Montesinos en Perú, quien fue el verdadero Baluarte de Fujimori, son ilustradores ejemplos al respecto. Ambos fueron y son anónimos y oscuros.

Naturalmente, la comparación es halada por los pelos para el caso de Diosdado Cabello, que no invade países para reconstruirlos después (Cheney) ni graba la compra de voluntades para mantener a Hugo Chávez en el poder (Montesinos). Pero se ha hecho evidente desde hace un buen tiempo que el hombre de los ojos claros maneja poderosos hilos en el gobierno central desde allá, su estado Miranda, influencia ganada a sangre y fuego, primero con la toma bolivariana del poder y segundo con el papel jugado durante el golpe de Estado de 2.002. El caso presente de Tascón –“instrumento del imperio”- sucede al de Ameliach, conspirador contra el PSUV, último éste que estrenó al delfín Diosdado Cabello cuando fue nombrado presidente de la Comisión Disciplinaria del PSUV. Tanto en un caso como en el otro, dictaminó que sus denuncias daban pábulo al ataque del enemigo, pues los trapos sucios debían lavarse dentro de la casa.

Pero, una vez evidenciada en su plenitud, como ha ocurrido con el escándalo de la expulsión de Luís Tascón, incluso por encima de la venia presidencial, podría especularse que la influencia de Diosdado Cabello ha llegado a un momento de decantaciones, donde tendrá o mostrarse como abierto operador político o resguardarse en las sombras anónimas, como ha hecho en apariencia, a efectos de cultivar su opción sucesora para el años 2.013. Y tanto una cosa como la otra, como es lógico, tendría que admitir algunas concesiones, so pena de "quemarse" en el trapiche descalabrante de los medios de comunicación social. Un delfín vive mucho tiempo, pero para entrar en combate triunfador electoral debe repetir primero la historia requisitoria de todos los místicos que finalmente se han lanzado al mundo: aislarse de él, mantenerse en su burbuja de agua hasta llegado el momento del accionar político, a menos que ese momento sea este año, 2.008, año político difícil que pueda depararle un protagonismo como en el 2.002.

Expuesto Diosdado Cabello al marasmo político del momento significaría su hundimiento en una situación de quema de combustible, de imagen en este caso, como parece resultar la cosa para el gobernador. Es año electoral, su gobernación está en riesgo ante el ataque opositor, no parecen existir figuras solventes dentro de las mismas filas para sucederlo, su hermano ofrece flancos que proteger y su papel de Catón bolivariano que se expone a la rencilla abierta, no le auguran, bajo ningún contexto, supervivencia política hasta el año de las elecciones presidenciales, hecho que, por cierto, cuando llegue, en los preliminares momentos de candidaturas, constituirá una excelente prueba política para conocer de sus afectos presidenciales.

"Hay allí [caso Tascón] un entuerto que enderezar, so pena de quedar el hecho ante la opinión pública como un capítulo de un personaje que fue sacado del camino por molestar 'intereses mayores"

Es mucho lo que ocurre en un período de cinco años. Demasiado, hay que decir, incluyendo la posibilidad de que Cabello se erija como el abanderado de lo que Heinz Dieterich denomina la "nueva clase política" bolivariana, "derecha endógena" o derecha bolivariana, tan poderoso que hasta el mismo Chávez se vea obligado a negociar, a pactar su sucesión con un tiburón que hasta hoy se mueve como un amigable delfín de los afectos, y pactar so pena de perder en la inmensidad histórica los restos estructurales de una maquinaria ideológica socialista que habría sido inicio de cambios en Venezuela. Quedarían empequeñecidas las figuras de Miquelena, Arias Cárdenas y Baduel como agentes que en su tiempo intentaron, sin éxito, desbancar a Hugo Chávez del poder.

Al decir de los analistas, que no ven en esta trapacería interna más que sobrados intentos de hacerse con el manejo tras bastidores de la gran industria del país, PDVSA, la lucha del delfín hoy le ha rendido frutos, sumando este laurel petrolero a la fortaleza que mantiene también sobre el componente militar. Ameliach y Tascón fueron piedras en el camino, hasta hoy superadas. Quien manda en PDVSA, en términos de anónimo poder, manda en Venezuela; y si mandando en Venezuela se tiene la posibilidad de incidir en los ascensos militares, la vaina se extralimita. [Échele un ojo a este título para que se haga una idea de lo que se puede especular, con o sin pie en razón, desde afuera con actos propiciados en lo interno: "Ameliach se convirtió en una auténtica piedra en el zapato para las ambiciones de un grupo al que sólo le falta controlar PDVSA…" en: Guía.com.ve [en línea]. 11 sep 2.007. Pag.: 5 pantallas. - http://www.guia.com.ve/noticias/?id=12257 - (Consulta: 18 feb 2008)]

Si en algo no ha resultado acertado el presidente Hugo Chávez es la administración de sus afectos, necesariamente políticos. A la lista de Miquelena, Arias Cárdenas y Baduel, habría que sumarle también, aunque provisionalmente, el nombre del general Alberto Müller Rojas, hombre ya con sabiduría de zorro político que supo esperar el enderezamiento del entuerto presidencial, desaguisado reconocido por el mismo Hugo Chávez. Hoy rinde servicio, con gran lealtad, en altas instancias del estamento militar. De modo que el presidente Chávez, con toda y su genialidad de político latinoamericano con proyección universal, no ha resultado infalible en la escogencia de sus favoritos -necesarios- para gobernar.

En modo alguno se afirma tajantemente que Diosdado Cabello resulte una elección errada en esta ocasión, pero es mucho la piedra que suena en el río. Si Diosdado Cabello es el delfín presidencial, como tanto se propala, necesariamente en algún momento debe ocurrir el hecho histórico de la fagocitosis política, esto es, el proceso de realzamiento de la figura del que adviene a costa de la depredación de la figura del que se va. Aquí no hay pele como hecho histórico y como estrategia política que aspira al poder. Y si no vamos a la realidad, a las acciones recientes alrededor del caso Tascón, vemos cómo el efecto Diosdado ha empezado a operar (ya, prematuramente para un delfín, a menos que exista el propósito de quemarlo políticamente).

De acuerdo con lo constatado en el ánimo del colectivo, herido colectivo chavista desde los resultados del 2D, la expulsión del diputado Tascón ha tenido un efecto devastador en la moral revolucionaria que abomina del proceder autoritario y cúpular de las clases gobernantes del pasado, más cuando quienes promueven la medida no son santos libres de culpa en materia de nepotismo. La imagen presidencial no ha dejado de estremecerse desde la fecha referendaria de 2.007 por causa de la mala renta de funcionarios ineficientes y tigres políticos que se disputan tras bastidores los hilos del poder. Como sea que los medios opositores no han perdido la oportunidad para deformar y mentir al respecto, y como sea que hay que esperar el resultado de las investigaciones, el asunto con el diputado Tascón ha sido presentado al país como un hecho autoritario que premia al denunciado y castiga al denunciante, callándolo por atreverse a destapar ollas podridas políticas. Un error político que no depara precisamente apoyos populares en momentos aciagos como el presente, cuando hasta desde el exterior la oposición se apresta a repetir su experiencia petrolera al estilo de abril de 2.002. Duele oír la comparación "como adecos y copeyanos; más de lo mismo".

Mala señal, sin duda, sin ánimo de culpar a uno o defender a otro. Siempre habrá que pretender la ciencia como recurso de apoyo para la toma de decisiones políticas. La denuncia de Tascón merece investigación; y el comportamiento expresamente autoritario de autoridades administrativas del PSUV, que a las primeras expulsa, merece también la recriminación, presentándose aquí el momento de dejar claro que no se está ni a favor o en contra de Diosdado, Tascón o el mismo Chávez, sino en contra de la posibilidad de erosionar el proceso de cambios en Venezuela, mismo proceso que aspira a soportarse sobre una organización política creíble, en este caso el PSUV. Tascón, que mal incurrió en falta partidista al ventilar interioridades, merece una medida disciplinaria que amenace con expulsión, pero que no la lleve a efecto del modo más deportivo. Hay allí un entuerto que enderezar, so pena de quedar el hecho ante la opinión pública como un capítulo de un personaje que fue sacado del camino por molestar "intereses mayores".

Finalmente, hay que hablar claro. Diosdado Cabello no es precisamente el dogma de izquierda que habla, lo cual, por cierto, no es norte ideológico buscado por el denominado Socialismo del siglo XXI, adecuación de ideales humanista-filosóficos a la concreta realidad sociopolítica latinoamericana; aunque tampoco es hombre que se pasaría a la otra acera política, tan combatida en su discurso. Parece ser la hábil figura que no se va a los extremos y aprovecha políticamente el yerro ambiguo tanto de la derecha como de la izquierda. Sería, pues, especulando, la propuesta del centro político en Venezuela, como es uso en España, Francia y los mismos EEUU. Es una cuestión de tiempo presente y al mismo tiempo de futuro incierto, según mueva sus pasos hoy. De no sobrevivir al contexto presente, año 2.008, de difícil tránsito, y prevaler la tónica concretamente revolucionaria e ideológica del presidente Hugo Chávez, tendría Diosdado Cabello que aprestarse a seguir siendo delfín político del verdadero sucesor presidencial: Adán Chávez, cartita guardada en la tranquila lejanía de la lucha política.

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