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viernes, 22 de febrero de 2008

¡Usuarios de Globovisión!

Imagen tomada de La Corona
En los últimos días he oído expresiones que apuntan a que si nos callamos, ganamos. Para no entrar en controversia ni aporrear susceptibilidades, diré el pecado mas no el pecador. La primera declaración apuntaba a que no se profundizara el análisis revolucionario de autoexamen en vía pública, como en Aporrea.org, por ejemplo, porque el debate aportaría herramientas de ataque al enemigo. La segunda, como en el caso Tascón, que no se deben ventilar los casos de corrupción sino a través de una mecánica interna partidista, de existir realmente el hecho; y la tercera, que no se le debe dar tanta relevancia a un canal como Globovisión, con baja audiencia en realidad, declarándole todo lo que ocurra o se presuma ocurrir en la esfera política, y esto va con aquellos habitantes protagónistas de la esfera, los que tienen el dato o la sospecha, los políticos, pues.

Puestos a estar de acuerdo con algo, apoyaría la medida tercera, descartando de plano la primera propuesta y racionalizando la segunda, para la cual habría que pedir fundamentar certeramente la denuncia y proceder de acuerdo a la situación siguiente: ¿hasta dónde llega el compromiso de un político con el partido y hasta dónde con el país? Es decir, que si se llegasen a descubrir hechos de corrupción, de modo inequívoco, habría que proceder a cuestionar abiertamente al responsable ante el país para su escarnio, denunciándolo sin preliminares (¿no queremos combatir el problema, pues?); de otro modo, habría que pasar por los mecanismos del partido cuando haya una presunción de irregularidades y sea necesario denunciar, internamente, para aplicar correctivos o investigar. En la hora presente, cuando los actos de corrupción están constituidos en un azote capaz de desmontar el proceso de cambios que se implementa en Venezuela, no puede haber medias tintas en su combate. Así lo digo y lo sostengo.

Respecto de Globovisión, el canal político de Venezuela, golpista por antonomasia, cónclave y enclave del pensamiento y lenguas contraconstitucionales, es difícil evitar que se alimenten de la reflexión de quienes abonan ideas para el proceso de cambios, porque, naturalmente, tales ideas son publicadas normalmente con el propósito de generar debates y crear conciencia colectiva. Es difícil también que no participen de la presunción o comisión de un delito o acto de corrupción cuyo acaecimiento se debate a puerta cerrada en el seno de una organización partidista. Tendría consecuencias peores que, sobre la real existencia de un delito, ellos formen una alharaca nada más partiendo de su sospecha y monten luego una plataforma comunicación victoriosa sobre su posterior certificación. Porque habría que suponer que una irregularidad administrativa que se someta a juicio dentro del seno del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), pongamos por caso, tarde o temprano, en sus conclusiones, saldrá a la luz pública, entendiéndose que el proceso de observación partidista constituirá nomás que una afinación de los criterios de cómo se habrán de presentar, políticamente, los hechos al colectivo nacional.

Pero darles armas directamente a Globovisión, ese canal de noticias cuya audiencia el año pasado rondaba el 3 ó 4 por ciento y sólo ha sido en este año que ha crecido significativamente, beneficiado por el fin de la concesión de RCTV, es sencillamente un acto de brutalidad política sólo explicable por la incontinencia farandulera del político que no puede controlar su apetito de notoriedad. Sencillamente es torpe, en forma y esencia, y sólo es comparable en su estupidez al intento de reanimar a un cadáver inyectándole químicos o contándole chismes en la pata de la oreja, cual un nuevo Frankenstein en la era de la clonación científica. Globovisión no se ha acercado a la barrera del 10% ni siquiera en la mayor época de escándolo político, como fue el golpe de Estado de 2.002. Es un canal magnificado, reforzado por los incautos mismos del gobierno, que les proporcionan espejos de aumento.

En los tiempos que corren, de estadística y cifras, lo que habrá de crecer tendrá que suceder bajo el paradigma científico, lejos de las oraciones y cuchicheos de la magia; de otro modo, habría que hablar de montajes, nada sostenibles en el tiempo infinito sino en el momento espectacular de su show circunstancial. Y Globovisión, en la hora presente, con su tendencia a crecer en audiencia por la incontenida tontería de muchos, es un show mediático, un montaje en su programación provocadora que se alimenta de desesperados llamados de atención hacia funcionarios de gobierno, que van y caen en la trampa, como ratoncitos al queso. ¿Se entenderá esto algún día? ¿Se sabrá algún día que esa planta de televisión vive de la comisión, simulación e incitación del delito con el propósito existencial de mantenerse en niveles de referencia sobre y para la audiencia?

No dándoles más palos al muerto se logra que el cadáver se descomponga tranquilo. El día que por acuerdo tácito y generalizado entre los funcionarios del gobierno se despliegue el propósito de no darle mayor importancia a ese canal de poca audiencia, pero disfrazado de supervivo, ese día la planta de noticias se las verá negra, con todo y sus periodistas bocazas esparcidos por todas partes buscando el modo de mentir, con todo y los contubernios de lesa patria que hayan contraído con CNN y RCN, con todo y la prevalencia que los operadores políticos de la oposición le den día a día. Globovisión no se puede erigir en la mesa comunicación sobre cuya superficie se discuta la problemática política del país, menos las decisiones del gobierno.



"¡Es que no se han dado cuenta que si los personeros del gobierno no lo toman como sus micrófonos favoritos para dar declaraciones, Globovisión se muere de pura mengua, entrevistándose siempre a sí misma, a los mismo personajes de siempre de la cuarta república[...]! "

Entonces lo veremos en aprietos porque le baja la audiencia, formando alharacas, provocando, llamando la atención para subir de nuevo, dependiendo y viviendo del gobierno y de sus declaraciones, sobre las cuales gozan un mundo tergiversándolas y echándoles tijeras. Es su oficio y vida. Ama con odio al presidente y a su gobierno. Cada cinco minutos invocarán el derecho a la información que tienen los venezolanos, consagrado en la Constitución; llamarán la atención a los organismos internacionales, harán foros, invitarán personajes rayados y sempiternos, como los loquitos de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), gente como Aznar, EEUU, Colombia o cualquiera que se les ocurra y que monte la cabalgadura de sus preferencias políticas y económicas.

Globovisión es un canal -¿cómo hay que decirlo?- sin gran audiencia, pero que presume de gran audiencia, haciendo de esta presunción la protagonista de su programación. Quien va y le crea, cae en la trampa, figurándose haberse cubierto de gloria y publicidad hasta en los más recónditos espacios de Venezuela, lugares donde dista mucho de llegar. Quien va y lo ataca, lo victimiza, haciéndose trascender ellos mismos fuera de las fronteras su importancia de canal infinito. Las cifras de un share que tengo a la mano lo colocan como el tercer canal más visto de Venezuela, por encima de Venezolana de Televisión (VTV), aunque con una cifra aún baja, sabiendo todo mundo que ese puesto es ficticio, irreal, pasajero, halado por los pelos, espectacular, alimentado por los últimos hechos de escándalos que el mismo partido de gobierno les proveyó, refiriéndonos al asunto de la expulsión de Tascón, que implica a los Cabello y a Jorge Rodríguez. Debe tenerse presente que un share es una medición de audiencia en un momento determinado de la televisión venezolana, y el ranking del share del cual hablo se circunscribe a la televisión por cable, lo cual coloca al canal golpista por encima de VTV dado que a éste ni lo dejan ver (por los continuos sabotajes) y porque en señal abierta tiene mayor cobertura.

¡Es que no se han dado cuenta que si los personeros del gobierno no lo toman como sus micrófonos favoritos para dar declaraciones, Globovisión se muere de pura mengua, entrevistándose siempre a sí misma, a los mismo personajes de siempre de la cuarta república, como Ramos Allup, los ex pedevesos, los sesudos analistas de siempre, Ledezma, etc! Eso cansa, amigos, y conduce al abandono de la audiencia; pero no es entendido por ninguna estrategia comunicacional desde el gobierno, que lo que hace a cada rato es realzarla como planta de noticias, variopintarla, robustecerla, victimizarla, tonificarla, y muchos más "arlas". Se debe dejar la declaradera en un canal que lo que busca es colocar zancadillas de tergiversación, deformación y aformación en su propósito de rendir su final "información" a su audiencia.

¿Ah, que Globovisión luego se sentirá sola y abandonada, sin el cariño informativo del gobierno, y empieza a dedicarse a la comisión de delitos comunicacionales para llamar la atención y subir su audiencia? Bueno, aplíquese la ley, pero sin vacilaciones, porque está visto que ese pobrecito canal vive de eso, de la dubitación y falta de resolución del gobierno, que pareciera temerle a las sanciones que están bajo su propio ejercicio.

Hombre, no creía conseguir en J.K. Rowling, la autora de los libros sobre Harry Potter, una frase tan buena y tan a propósito como esta: "A veces la indiferencia y la frialdad hacen más daño que la aversión declarada", frase que sé, con certeza pero que no recuerdo, repite un viejo adagio hindú. Ahí se las dejo, dejando la aclaratoria de que no tenemos, porque haya que tener, aversión por nadie, aunque sí podemos decidir qué es lo que nos ha de importar realmente, más cuanto hay la conciencia de saber qué es lo que nos daña.

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