miércoles, 1 de febrero de 2012

Europa y su crisis, EEUU y su decadencia y la guerra contra Irán

Iran, EEUU y Europa Veamos si el cinismo imperial deja entrever el fondo turbio de esa agua que es la relación entre EEUU y la Unión Europea.

Europa

El viejo continente se revuelve en medio de una lista larga de problemas:  banca, estabilidad, empleo, recesión, deudas..., hasta hambre, lo cual es ya un inesperado giro del destino en regiones que se ufanan ser del llamado “primer mundo”.  Con pensar nomás en que Grecia no come (Grecia, nada menos que la fuente del principio racional de la cultura occidental) se tiene para bastante.  Sabemos que el mundo roza el fin de una era y, consiguientemente, algunos pilares ceden y dan paso a otros cimientos de formaciones estructurales.

Como es de dominio masificado, en era tan informática, el moderno modelo económico, con su enrevesada parafernalia política de manipulación de masas, hace aguas y anuncia hundimiento o, por lo menos, cambios.  Ya usted ve los síntomas:  el animal humano, político por antonomasia, es ahora como nunca un ser de conciencia, reflexivo, enterado hasta del movimiento de la pata de una hormiga en el país más remoto; y ese hecho de conciencia, bit informático, genera movimientos, conductas, criterios, cambios, acciones.

Hay gente indignada por doquier, gente que, embebida de las injusticias sociales y económicas de este mundo y su sistema, accionan para al menos contrarrestar la indignidad que como estiércol le baña a diario.  Porque la conciencia en el hombre, del mismo modo que en un digno samurai, llega a un punto en que no se soporta a sí misma y, aunque no tan gravemente como para acabar con su vida, por lo menos protesta.  Es lo que se corrobora por todas partes del mundo cuando se miran masas de seres humanos clamando por un modelo de vida más humanitario.

Saber que el mundo es una perla disfrutable sólo para el 1% de la población sobre la base del esfuerzo y explotación del otro 99%, constituye un ofuscamiento.  No se dirá que es una novedad el que la gente ande por allí tumbando gobiernos y pidiendo cambios en el modelo político y económico que consagran las estadísticas dichas; el hombre, sus masas, siempre lo ha hecho.  Pero nunca como ahora, en sincronía, con peso de conciencia integrado, interdependiente y globalmente.  El Egipto caído recientemente fue una mancomunidad indignada de pensamientos sincronizados.  Por ello es que se tambalea el sistema político y económico mundial:  la conciencia humana no se dirá tendrá nuevas bases, amarrada como está al hecho concreto y limitado del animal que la porta, pero sí que empezó a apalancarse tecnológicamente en nuevas herramientas y urgentemente clama por más adecuados formatos políticos de convivencia.

Mutación en curso, ergo, mutación social.  Se requiere de más aptos alimentos espirituales para acallarla, en correspondencia con era tan postmoderna; tal vez de nuevas mentiras, como quiera que hablemos con cinismo, de modo que la situación mundial se reconduzca hacia el estado calmado y sempiterno donde el poderoso domina al más débil hasta que nuevamente ocurra otro cambio y las masas develen el misterio de cómo las subyugan y, otra vez, lo hagan trizas con sus protestas, en eterno retorno.

Mientras tanto hoy el mundo avanza pasos tentativos entre el polvo de las protestas, el rayo informático de la comunicación y el exorcismo mancomunado de las injusticias e indignidades.  La vieja Europa tiene rato ya desde que empezó a corroerse en sus definitorios principios, a saber:  el cristiano, el señorial, el imperial y el racional (tomado del pensador J.M. Briceño Guerrero).  Nada de ello parece tener fortaleza para seguir forjando la identidad necesaria para el cultivo tranquilo de una conciencia feliz, mucho menos unidad, que es su consecuente efecto.

De tales principio, respectivamente, dígase lo siguiente en cuanto concierne a su corrosión:  otros contextos emergentes asoman pujantes fuerzas religiosas, sobre el seno de nuevas fuerzas económicas (China); del fasto señorial queda la hueca cáscara de un pasado que se antojó providencial (las masas andan hoy reacias a la reconducida condición plebeya que históricamente le han impuesto los señoríos); sin principios firmemente establecidos, luego dominantes, no existe la posibilidad imperial; la razón ha sido develada en sus intríngulis, maquiavélicamente sofisticada ella, al servicio del vasallaje de los pueblos, y tal razón está hoy en el banquillo con tanta masa que protesta en el mundo.

La era anda pariendo un corazón, como reza la canción, y, como algunos pajarillos en el interior de las minas para detectar la emisión de gases venenosos, Europa es un sensible banderín de las transformaciones.  Lo fue antes y lo es ahora.

EEUU

Aplíquese lo dicho sobre crisis a este país, pero hágase la salvedad de su potencial militar, la cual, como sea que la fuerza somete, es un recurso que permite sino sobrevivir al menos prolongar la agonía.  En el contexto de la crisis (parece albergar la mayor cantidad de indignados), el potencial militar de los EEUU (aunque potencia económica en declive) siempre será una propuesta de salvaguarda, de recurso final transformador antes del hundimiento.  Quien en poder de las armas no pactará jamás su derrota económica y política sin antes intentar convulsionar el mundo y confundirlo en sus fronteras geopolíticas; de modo tal que, si debe a alguien, ya no deba en virtud del flamante caos generado, donde se pierden cargos e identidades.  Esto por ejemplificar la situación tomando un aspecto significativo en la actualidad:  los EEUU poseen una descomunal deuda con China (asfixiante, se dirá, porque ha poco casi que aprueban no pagarle algunos de sus giros).

Como si se dijera, de cara a las emergentes realidades políticas y económicas en el planeta:  “O se hunden con nosotros o hay guerra”; que no es más que recitar el viejo modo de entender que las potencias (naciones, sistemas) hacen la guerra cuando sus economías no las soportan ya.   De paso, tal apotegma lleva a inferir que para librarse del influjo manipulador de esta potencia será necesaria una guerra, y no se sabe hasta dónde sería acto de conciencia desatarla; los indignados del mundo presionan a su dirigencia por cambios y a nadie se les esconde que estos exigidos cambios se postergan o disimulan con ardides de guerra.  Dígase, en fin, que la guerra sirve para todo.

Ambos, de cara a una ejemplificación concreta:  la guerra contra Irán

Los EEUU, con su poderío militar (legado de fastuosos momentos del soñar americano), cubren las costras de su quebrada economía y hasta intentan remediarlas con sus incursiones militares que, como se sabe, consisten en tomar zonas geoestratégicas y sus recursos minerales o energéticos, lo cual le oxigena circunstancialmente su situación financiera, pero, como es lógico, no opera a niveles regeneradores estructurales.  Es decir, su esquema de producción económica continúa igual de crítico y nadie dirá que asolar países constituya su esplendente actividad de sostén financiero... (Aunque tampoco se niegue que pueda serlo abiertamente, como tampoco que lo ha sido solapadamente).

“La suerte ciega de Europa, por lo visto supeditada a la debacle imperial de los EEUU, vía crisis o decadencia, tiene que considerarse como un factor tal de riesgo bélico para la humanidad que [...]”

Pero más allá del hecho de escurrir el bulto de sus llagas imperiales con acciones bélicas que, como entendemos, distraen la atención respecto de su lacerada y decadente autoestima, los EEUU se han lanzado a explotar el fruto del liderazgo que le granjeó la época dorada de fundación de su sueño americano para intentar prolongar su preeminencia mundial, y lo aprovechan de dos maneras:  (1) sometimiento y esquilmo de los más débiles mediante ocupaciones y (2) utilización despiadada de sus aliados para el logro de sus planes.

Y tal el es punto respecto de la históricamente desgraciada Europa, tierra de guerras:  dubitativa respecto del porvenir, conmovida en sus cimientos ideológicos como asomamos arriba, no encuentra algo más fuerte que seguir a quien, por un lado, es su descendiente (la Nueva Inglaterra americana) y, por el otro, se ha erigido en su protector y socio después de la segunda guerra mundial, escudo durante la Guerra Fría.

Los cálculos que sostienen tal aseveración (la explotación de Europa por EEUU) son certeramente pavorosos y dejan a las claras el cinismo despiadado de la potencia americana (comportamiento repudiable en un hijo) y la carencia de personalidad de los países europeos, hoy simples papagayos en el firmamento imperial.  Saltando el hecho de que los EEUU cuentan tácitamente con el apoyo europeo (Unión Europea) para el despliegue de sus incursiones militares en terceros países o para la toma de posiciones políticas, nótese la retribución que recibe Europa a cambio analizando someramente el caso de una eventual guerra contra Irán, hacia donde los EEUU la arrastran implacablemente con su OTAN:

Aparte el aumento de los precios del petróleo, los EEUU no se verían perjudicado por el suministro de crudo iraní dado que desde hace treinta años que no lo importan; no así Europa, que en la actualidad representa el 15% de las exportaciones persas, especialmente Italia y Grecia, países fuertemente golpeados por la recesión financiera.  No obstante, la Unión Europea (UE) decidió acordar sanciones financieras contra Irán, además de un embargo de su crudo a partir del 1 de julio del año en curso, todo ello sobre el riesgo cierto de que el país persa responda en breve con un corte de suministro como respuesta.

A ello se le suma la carencia de posición y argumentos, lo cual se traduce en la toma de acciones contrarias a su propio interés:  Europa no cuenta en lo inmediato con un petróleo sustituto del iraní, dado que los países de donde podrían importarlo, como los del Golfo Pérsico, Nigeria, Libia o Noruega, cuentan con saturados compromisos con Asia casi todos y uno de ellos (Libia) no representa una fuente confiable.  No obstante, como se dijo, la UE, nomás por la ansiedad de acogerse al patrón imperial de los EEUU, firmó una nueva sentencia de crisis en contra de sí misma.

También habría que sumársele la consideración de la inutilidad de tales acciones, lo cual equivale a acarrearse una situación de padecimiento a cambio de nada o poco:  Irán sólo coloca el 15% por ciento de su producción en Europa (poco para él, el persa, y mucho para ellos, los europeos), tomando en cuenta, además, que vende su crudo a países como China, India, Corea del Sur y Japón, los dos primeros sustraídos de la égida imperial estadounidense y los dos últimos, si es cierto aliados, no necesariamente obligados a suspender sus importaciones con propósitos de castigo.

Así el cuadro, se ve claro que la guerra es de interés gringo predominantemente, con nada que arriesgar y mucho que perder por el lado europeo. Arriesgando nada, cualquiera va a la guerra; arriesgando tanto, nadie, a excepción de los europeos.

Considerando en frío...

Como la negligencia y hasta la ignorancia eventualmente podrían constituirse en causales punibles en la vida corriente de los simple mortales, la falta de personalidad, visión y criterios en entidades de mayor repercusión (como países) con seguridad ha de convertirse en delitos culposos de mayor calaje, con efectos calamitosos para la paz mundial.  El juez sería la conciencia humana, la moral y la ética, elementos de civilización.

La suerte ciega de Europa, por lo visto supeditada a la debacle imperial de los EEUU, vía crisis o decadencia, tiene que considerarse como un factor tal de riesgo bélico para la humanidad que en nada tendría que rechazar el razonamiento de que la guerra es para su gentilicio una especie de condición sine qua non en su naturaleza, más allá de las predeterminaciones históricas.  Amarrar un destino a un hundimiento implica necesariamente un irrazonable combate de supervivencia, con daño para todos.

Si los EEUU entran en guerra, lo hará también su séquito europeo, ciego ante el cinismo que los manipula; y si unos entran porque se rehúsan a perder preponderancias, ahítos de megalomanía, y otros porque no descubren su condición de ficción menor, entonces la paz mundial si que en verdad es una majadería, pasto utópico, ejercicio intelectual de una especie condenada al exterminio.

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