sábado, 29 de julio de 2017

DEMOCRACIA REVOLTOSA

La democracia se ha vuelto peligrosa.  Es un atentado contra el poder de uno dominante.  Agrede cuando pierde su condición de farsa y se hace genuina, incómoda.

Por siglos ha sido así, una manipulación, un achaque, una decadencia en las manos del poder.  Y ha sido discurso y prostitución al servicio del poder mismo.  Ideal e idea profanados.

En un principio griego fue ambos lados, cara y cruz:  incluyente de lo ciudadano y excluyente de parte de lo mismo, otros que no lo eran precisamente, aunque viviesen en la misma polis.  Una mujer no era ciudadana con derechos.  Después democracia evolucionó y encarnó colores:  un negro, no obstante vivir en la ciudad, se llegó a no considerarse ciudadano ni con mínimos derechos.  Animales.

La ignorancia y la manipulación condujeron a la mentira de que la democracia griega es el ideal, quitándole, lógicamente, aquellas feas patas de la exclusión e inclusión dichas.  Democracia sólo para un universo de ciudadanos.  Hoy democracia no se sabe lo que es con precisión.

Los hechos hablan.  Si se perfecciona y se le quita lo feo griego (¡atentado etimológico!) y se le suma lo bello idealista, esto es, que en verdad incluya, resulta que es inadecuada, como todo lo perfecto.  Si se acude a la bases, a las masas, a los ciudadanos, al consenso de todos, resulta incómodo para aquel que quiere con personales poderes dominar la aldea.

Es decir, democracia es un galimatías, una burla, una excusa, una cagada, con el perdón que al escribidor le da el libre albedrío para escoger palabras.  En Venezuela se acude al poder originario y perfecto del pueblo para ejercerla, y todo el mundo la ataca.  En otras palabras:  no puede el pueblo decidir, escoger, porque democracia es lo que no es, o sea, dictadura.  Ello conduce a decir que Venezuela es una dictadura porque es una democracia…

El país de Simón Bolívar es el más democrático del mundo, vale decir, entonces, el más peligroso, amenazante y tiránico.  Eso de fundarse en las comunidades para gobernar es una atrocidad para los poderes institucionales, imperiales y transnacionales instituidos en el tablado del planeta. 

Llamar a una asamblea constituyente para perfeccionar el sistema de gobierno por el pueblo, decidido desde las masas, es una temeridad.  El poder de uno tiembla (ese uno que en realidad vale por 99), y decide atacar con toda las fuerzas de la farsa establecida en el mundo:  ONU, Europa, OEA, países traidores en América Latina, como México, Colombia, Perú…  Todos unos redomados hijos de puta y estafas de la historia republicana, con toda la libertad que, por cierto, la democracia le da al escribidor para escoger tan escatológicas palabras.

Resulta que ahora no es democrático lo que, precisamente, define a la democracia, práctica, teórica e idealmente.  Y se ataca con todo el poder que da, descaradamente, el hecho de no serlo.  Un país como los EE.UU., en nada democrático, te señala como tiránico y te ataca en virtud del argumento discursivo democrático.  Porque para eso es la democracia:  un discurso para atacar y aplastar a quien en verdad ejerce el mandato de las mayorías.  Preclaro fue Bolívar con su advertencia sobre los EE.UU. y su misión miserable en nombre de la libertad.  Porque ese es el hecho, manipulado lector:  democracia es la hermana idealizada de la libertad en tanto "libertad" es otro discurso demoledor de pueblos.

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