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viernes, 20 de febrero de 2026

El FMI y el regreso de los fantasmas a Venezuela. Trump de visita

Ahora que Donald Trump manda en Venezuela, como él dice, los fantasmas de la opresión preparan sus maletas para regresar al país. No se trata nada más de que gringos vengan, como antes, a radiografiar el país para proponer luego que es suyo, so pena de desestabilización. ¡No, qué va! Ahora ha empezado a hablar el FMI, más allá de esas visitas de funcionarios estadounidenses (jefe de la CIA, secretario de Energía, jefe del Comando Sur, etc.).
Dijo que, prácticamente, Venezuela necesita financiamiento porque este año la inflación bordeará el 700%, el PIB decrecerá en un 3% y, lo más grave, explotará una crisis humanitaria porque la asistencia externa está dificultada por el aislamiento financiero del país. Ni más ni menos, pues, el razonamiento de un pequeño y salvador préstamo.
Había estado calladito el susodicho sistema financiero. Hugo Chávez lo había corrido del país, en aquellos tiempos cuando refutó su modo tendencioso de medir niveles de prosperidad. No debía privar la narrativa de los indicadores macroeconómicos —decía— por encima del desarrollo humano y la igualdad. Y centró Chávez, de hecho, su enfoque social en las personas (por la vía de las Misiones Bolivarianas) en lugar de los fríos números que suele atender el FMI.
Este "veneno mortal" que es el FMI (para citar a Chávez) presentó hasta el último momento a la Argentina de 2001-2 como el país modelo a seguir para optar al progreso y a los préstamos de la entidad crediticia. Hasta que en ese mismo año, vergonzosamente, estalló la peor quiebra financiera del mundo: los gauchos, el país mimado de los entes crediticios, caían…
Pero los tiempos han retrocedido de golpe, como se dijo, y los fantasmas vuelven. Ahora que se dice presidente de Venezuela y la ha orientado hacia su mapa de gabinete, Trump ha empezado a enviar a cuanto bicho capitalista pueda dar una vuelta de tuerca y contribuya a dejar anclado al país en el patio de los tiempos. Ha ofrecido, incluso, venir él mismo a colocar una piedra refundacional en la patria de Simón Bolívar. Puede especularse que Caracas se prepare para recibirlo y que, probablemente, sea Gustavo Petro el portavoz de la eventualidad, listo para comunicársela a Delcy Rodríguez en la próxima reunión de estos presidentes en Colombia.
Mientras tanto, seguirán desfilando funcionarios yanquis sobre la geografía de Venezuela. Téngase en cuenta que "turistas" como estos en tiempo pasado se cogieron virtualmente la Amazonía, escribiendo en los textos escolares de sus muchachos que les pertenecía y que, por los momentos, era manejada por una sarta de indios tercermundistas.
 


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jueves, 19 de febrero de 2026

La capitulación y docilidad como estrategia inconfesable de los Rodríguez

Los hermanos Rodríguez atraviesan una situación política extremadamente difícil y compleja. Una es la presidente encargada del país, Delcy Rodríguez, quien asumió después de los hechos del 3 de enero de 2026, cuando fueron secuestrados el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores; el otro, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. En sus manos tienen las riendas de un país que rayó en lo inesperado al no responder como el mundo esperaba ante la agresión anunciada de los Estados Unidos.
Por supuesto, no es responsabilidad de ninguno de ellos que nadie respondiera en la asonada como la lógica de la lucha militar manda, volando, por lo menos, unos cazas para atacar algún buque enemigo en el Caribe. Tal es una responsabilidad que se le enrostra a la cúpula militar, soberana en el tema de la defensa nacional, tanto más cuanto la reacción ha debido ser cuasifrefleja, de esas que no consultan obviedades para salvaguardar.
Lo "difícil" y "complejo" del asunto estriba en que sobre los Rodríguez se ha tejido una maraña de suposiciones que intentan explicar por qué dieron continuidad a la actitud de manos caídas de la Fuerza Armada Nacional (FAN). En la lógica de millones, se esperaba, al menos, una acción de contundente protesta que indujera a pensar que el país poseía una reserva de moralidad al estilo heroico-bolivariano.
Pero no ocurrió de tal modo. Los Rodríguez presentaron una agenda inesperada, de aparente capitulación, según signos. No se dice que hayan tenido que hacer de blancos de ataques ante un orate como Donald Trump, inmolándose como un Salvador Allende en su Palacio de La Moneda. No es la idea. Lo que resuena en la cabeza de millones es la automática aceptación de todas las propuestas y condiciones del agresor, como el que es derrotado sin pelear. Vuelos, reinstalación de embajadas, reformas de leyes, exclusividad petrolera gringa, espalda a los viejos aliados, visita del director de la CIA, del secretario de Energía, del jefe del Comando Sur y del mismísimo Trump, según proyecciones.
La primera reacción de un radical es pensar en componendas, traición, capitulación… Con inevitable indignación y vergüenza… Pero hay un hecho irrefutable que encarnan los Rodríguez, uno de ellos amenazado de muerte por Trump: preservan el poder político sistémico, piso sobre el cual se puede ganar tiempo y emprender enmendaduras. El problema es que, si hay un plan de resistencia y despiste, no se le puede explicar al país so pena de develar la estrategia ante el enemigo.
 

martes, 17 de febrero de 2026

Venezuela y la Guatemala de Árbenz, 1954: una vieja actualidad

En los análisis sobre el esquema agresor empleado para derrocar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, resulta inevitable desempolvar lo ocurrido con Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954.
De acuerdo con la revisión, es el precedente capital, tan viejo y actual a un tiempo que da igual, desde el punto de vista formal, imaginar que Maduro fue Árbenz y Árbenz es Maduro. Por supuesto, existe una diferencia cuantitativa abismal entre el valor geoeconómico y geopolítico de la Guatemala bananera de Árbenz y la Venezuela petrolera de Maduro. Sin embargo, el manual utilizado contra esos países incómodos al poder imperial es el mismo.
El precedente más próximo a los hechos del 3 de enero en Venezuela fue Salvador Allende, Chile de 1973, pasando por alto el caso de Manuel Noriega en Panamá en 1989 debido a que no encaja en el patrón de derrocamiento de un proyecto ideológico de izquierda, existencialmente amenazante a los intereses de los Estados Unidos. Lo de Noriega fue una especie de castigo a un aliado descarriado, no obstante compartir rasgos comunes, como la posesión estratégica del Canal de Panamá y haber ameritado el trabajo encubierto de la CIA antes de la agresión directa, aunque la misma agresión directa lo excluye del patrón.
Un poco más atrás, en 1964, en Brasil, bajo el mismo esquema, también había sido derrocado João Goulart.
Todos, como en un manual histórico del robo y la extorsión, fueron reducidos por encabezar modelos ideológicos peligrosos de calado popular que proponían la erradicación de la influencia estadounidense como bandera de supervivencia. Sus gobiernos se interpretaban como brotes del mal ejemplo, que cerraban puertas a las posibilidades del capital en la región y podían incitar a la rebelión en el "patio trasero".
El trabajo encubierto de la CIA precedió, en todos los casos, al derrocamiento presidencial. Cada presidente intentó prevalecer los intereses económicos de su pueblo en crisis por encima de la contabilidad capitalista de las empresas extranjeras. Esto, como consecuencia, generó la protesta de los Estados Unidos, acostumbrados a medir las buenas relaciones con otros países sobre la base de ganancias capitalistas o niveles de explotación.
So pena de violentar abiertamente el derecho internacional, ninguno de estos países, en la medida en que eran legítimos, debía ser atacado directamente con tropas. En su lugar, fueron trabajados con agendas encubiertas de los servicios de inteligencia, forjándoseles narrativas punibles para justificar el golpe final. Debían ser extraídos del poder, aparentando causas atribuibles a una desestabilización interna.
Allende nacionalizó el cobre y Goulart, en medio de severos problemas económicos, expropió filiales de empresas estadounidenses (ITT y AMFORP), lo cual limitó de manera importante las ganancias del país norteamericano. Maduro, en una agenda continuada del chavismo, alardeaba de una real nacionalización del petróleo. Los dos primeros fueron despachos con el apoyo de una oposición interna y desestabilización inducida. A Goulart, como a Maduro, los presionaron con flotas navales dispuestas a ingresar. Todos recibieron presiones económicas, destacando el cometido de «hacer chillar» la economía chilena, por un lado, y los veinte años de sanciones contra Venezuela, por el otro.
Pero ese antecedente primordial, que es Árbenz, destaca de una manera especial. La principal empresa bananera de Guatemala, United Fruit Company, se resintió con las expropiaciones que de sus tierras ociosas hiciera la reforma agraria del presidente. De inmediato, la empresa se confabuló para apoyar un golpe de Estado. Cabildeó intensamente ante el presidente de los Estados Unidos de entonces, Dwight D. Eisenhower, logrando a la final una acusación de comunismo y de infiltración soviética. Cabe resaltar que el gobierno de los Estados Unidos y la mencionada empresa no cultivaban una relación de proximidad más allá de la nacionalidad, razón que justificó el esfuerzo de convencer al presidente para autorizar el derrocamiento con la patraña del comunismo.
Muy bien Maduro podía fungir como presidente de esta Guatemala derrocada, como se figuró arriba. Como a Árbenz, se le incoó un expediente falso acusatorio para quitarlo del camino y proteger unos intereses. Mucho parecido con la empresa bananera guardan María Corina Machado y Marco Rubio en la actitud de "trabajar" al presidente estadounidense para que autorizase el ataque sobre la base de un expediente forjado. No se dice en ningún momento que no estuviera en la naturaleza de tales presidentes atacar a Guatemala y Venezuela, respectivamente; pero es un hecho que tales personajes tuvieron que ser precipitados para la toma de decisiones. Trump desde hace tiempo ha mantenido el sueño de coronar el petróleo venezolano, como él mismo lo ha reconocido, pero también es un hecho que no lo concretó hasta rodearse de una figura tan conspiradora como Marco Rubio y una adlátere traicionera como María Corina Machado.
El Maduro bananero habría sido acusado de comunista, según época, y el Árbenz petrolero, de terrorista pro Hezbolá o narcotraficante. Parecía cuestión de rellenar nombres intercambiables en un formato único.

sábado, 14 de febrero de 2026

El PSUV en hora tan crítica

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) atraviesa en estos momentos una contradicción epistemológica. El conocimiento y las declaraciones de principios que encarna empiezan a sonar huecos a la hora de ser intelectualizados por la militancia, tanto veterana como novicia. De hecho, en estos momentos son muchos los militantes que se reúnen en las barriadas de Caracas para intentar afrontar el embrollo.
Unos lo hacen por pura pasión patriota y revolucionaria; otros, porque se sienten amenazados en algunas conquistas concretas de la gestión chavista (tiempo pasado). Por ejemplo, el tema de la vivienda es uno. Fue voz en una asamblea de ciudadanos desarrollada en La Vega, Caracas, que el zarpazo imperial no sólo está proponiendo reformas para succionar con mayor precisión el petróleo, sino para cobrarles enteramente a los beneficiarios el valor de las viviendas asignadas por la Misión Vivienda a través de la Cámara Inmobiliaria.
En la Declaración de Principios del PSUV, aprobada en 2010, específicamente en sus principios generales, el partido de gobierno se declara "anticapitalista y antiimperialista". En el punto 6, defensa de la revolución, se establece que defender la soberanía es una tarea que «es responsabilidad fundamental del partido y el pueblo […] para evitar que el imperialismo y sus aliados puedan avanzar en dinámicas belicistas, anexionistas, divisionistas». Y el punto 9, sobre la construcción del socialismo, ya obliga expresamente al militante a defender la patria y la revolución, invitándolo a levantar una resistencia frente al imperialismo.
Pero el militante, después de apartar la vista de la lectura, tropieza drásticamente con la oquedad epistemológica que rápidamente ha empezado a carcomer semejantes principios. El imperialista, tan pasionalmente combatido en la letra, vino al país y dio su zarpazo capitalista sin resistencia notable. Se llevó al presidente y a su esposa, después de asesinar a más de un centenar de personas. La declaración de principios oscurece de manera prácticamente mortal cuando descubre que el imperialismo no sólo no fue combatido con entereza, sino que, surrealistamente, se le estrecha la mano de manera cordial, haciéndosele desfilar sobre la dignidad del país mancillado.
Hugo Chávez fenece muchas veces a lo lejos cuando se le oye gritar «¡Váyanse al carajo, gringos de mierda!», porque, irónicamente, la patria ha empezado a recibir la visita de tales, por no decir acogerlos. Vino el jefe de la CIA, el del Departamento de Energía de los Estados Unidos, y no se sabe cuántos halcones más faltarían para prolongar ese sobrevuelo de la muerte sobre los recursos naturales. Laura Dogu, una enviada de Donald Trump, ya está en Caracas y se prepara para descoser una de las más emblemáticas proezas antiimperialistas acometidas por Chávez: la erradicación de la embajada gringa, promotora de golpes de Estado y perversión de espíritus militares.
De manera que sí, virtualmente el PSUV está desmontado como fuerza positiva con principios genésicos coherentes. A esta hora es un cascarón vacío de moralidad estatutaria, perdido en una nada flotante sin conexión con la base, incapaz de la defensa soberana. La Asamblea Nacional, de aplastante mayoría pesuvista, desde este punto de vista, se acaba de convertir en una expresión nula de los principios fundacionales, dejando de representar a millones de venezolanos.
El partido afronta, sin ninguna duda, un ocaso tremendo y rápido de no tomarse medidas prontamente. Es inevitable el cisma, dados los ánimos contenidos. Quienes en alturas de gobierno promueven reformas para que el petróleo fluya de manera más complaciente hacia el exterior y cámaras inmobiliarias pechen a venezolanos en sus viviendas, no son pesuvistan, tanto menos revolucionarios en el sentido anticapitalista o antiimperialista. Ellos son lo que son, incluyendo a la Asamblea Nacional. Pero quienes marcan la diferencia, andan con el pesar del país cuesta arriba y ensalzan el combate contra el capitalismo destructor de mundos, deben separar el agua turbia de la clara y rescatar lo que pueda quedar de partido con dignidad histórica y patria. La vida no termina con el apagón golpista vivido y la lucha puede rearmarse siempre.
 
 
 
 

jueves, 12 de febrero de 2026

Caída y descomposición del Imperio romano en pellejo yanqui

Indagar sobre los antecedentes de lo que ocurrió en Venezuela puede sonar, aparte de trillado, necio. Podría bastar con decir que, si fue relacionado con los Estados Unidos, la historia abunda en manuales para ilustrar con claridad y no hay que explicar tanto. Para ser atacado por ese país no basta con oponerse a sus intereses, sino también poseer algo que ellos necesiten.
Los Estados Unidos mueren como imperio. Hay un compás de espera en la mayoría de las teorías geopolíticas que estudian el comportamiento del poder mundial que apunta a varias fechas y escenarios. 2030 es una de ellas, incluyendo la eventualidad de las elecciones presidenciales de 2028.
No se trata de una aseveración audaz y sin ciencia al estilo, por ejemplo, de un Nostradamus, por mencionar aquello que pueda más descalificar una estimación. El país atraviesa una crisis insólita relacionada con la economía, su poder político y militar, su integridad territorial, su reputación mundial y, sobremanera, por la gobernanza de un ícono de la megalomanía, como Donald Trump.
Esto último es fundamental en la lente de los estudiosos, quienes ven en su historia la repetición de figuras emblemáticas del pasado romano, como Cómodo, Heliogábalo, Caracalla y, en menor grado, Calígula. Todos ellos fueron termómetros de quiebres decadentistas. A todos, como a Trump, los caracterizó un narcisismo psicótico que los condujo a excentricidades, tanto personales como institucionales: reencarnaban a algún dios, arrasaban con las instituciones, se obsesionaban con la lucha (Coliseo), despreciaban la tradición, gastaban en exceso, etc.
Cómodo, por ejemplo, que fue síntoma de crisis de todo un imperio, se creyó la reencarnación de Hércules. Modernamente, Trump recuerda un poco a Heliogábalo en hechos absurdos de fasto, como el rediseño de la sala de baile de la Casa Blanca, gastando $250 millones y ampliándola para una capacidad de 1000 personas. En ambientes similares, Heliogábalo lo superaba nada más en detalles específicamente excéntricos, como soltar leopardos para disfrutar con el terror manifiesto de sus invitados.
Querer apoderarse de lo que no es suyo, como Groenlandia y el petróleo venezolano, despreciando la institucionalidad internacional, es una actitud que encaja a la perfección entre la psicopatía de los personajes mencionados, siempre sintomatizando el ocaso de una existencia o período histórico.
La captura del presidente Nicolás Maduro junto con su esposa es una conclusión de la doctrina monroísta, que dueña se cree de las riquezas y tierras del hemisferio occidental. Oro, petróleo, Amazonía, aguas, vegetación, cielos, oxígeno, pájaros, gentes, etc.  La doctrina en sí es una desviación perturbadora del pensamiento geopolítico humano, que se desafora bajo el mando de un timonel endiosado.
El pecado original de Venezuela no es ni siquiera tener trato o embajada con semejantes psicópatas, sino poseer petróleo en cantidades fabulosas. Y, como ya es cliché decirlo, el imperio que muere necesita del oro negro y de su correspondiente oxigenación para no perecer en su lecho de enfermo.

La revisión de lo histórico concluye que en Venezuela debe suceder una dictadura complaciente con el agresor: ¿dónde está ese delfín?

Entre 1822 y 1825, los Estados Unidos entraban y salían de Cuba y Puerto Rico con el pretexto de capturar piratas, una causa noble entonces, como noble es ahora la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. En ese tiempo, las dos islas pertenecían al imperio español, que finalmente desbarataron en 1898, cogiéndose Puerto Rico y tratando de hacer lo mismo con Cuba hasta hoy.
Los Estados Unidos estaban entonces muy activos sobre el continente suramericano. Temerosos de que los europeos recolonizaran a América, proclamaron en 1823 ante su Congreso la famosa Doctrina Monroe: «América para los americanos». Como ocurre con el petróleo de Venezuela hoy (Trump), tenían entonces grandes planes para su futuro «patio trasero».
En 1833 y 1835 penetraron a Argentina y Perú, respectivamente, para proteger sus intereses durante sendas insurrecciones. En 1848 se robaron el 50% del territorio mexicano. Volvieron a «proteger» sus intereses en Argentina en 1852. A Nicaragua le tocó en 1853, donde también tenían intereses «en peligro». 1855 y 1856 fueron los turnos de Uruguay y Panamá, respectivamente, donde desembarcaron. En 1857 «protegieron» con tropas a Nicaragua del pirata William Walker. Volvieron con Uruguay en 1858. En 1859 obligaron a Paraguay a pedir disculpas ante una enorme demostración de fuerza porque le rasguñaron un buque de guerra en el río Paraná. En 1860 volvieron con Panamá-Colombia, durante unos relajos. Repitieron con Panamá en 1865, ahora para proteger a unos civiles suyos.
En 1867 ocuparon Nicaragua. Ahora, con el argumento de proteger a sus ciudadanos «regados» por el mundo, entraron de nuevo a Uruguay y Colombia en 1868. Y así una lista casi interminable, la cual se resume teniendo en cuenta que siempre agredían para proteger sus intereses: 1873: Colombia y México, 1876: México, 1885: Colombia-Panamá, 1888: Haití, 1890: Argentina, 1891: Haití, 1891: Chile, 1894: Nicaragua, 1895: Colombia, 1896: Nicaragua, 1898: otra vez Nicaragua, etc.
Resumiendo aun más: entre 1900 y 2026, Colombia fue permeada 5 veces por los gringos protectores de causas nobles, 8 veces Honduras, 4 República Dominicana, 8 Panamá, 6 Cuba, 3 Nicaragua, 3 México, 4 Haití, 3 Guatemala, 1 Costa Rica, 1 Granada, 1 Bolivia, 1 Perú, completándose el cuadro con Venezuela, en enero de 2026.
Si desde un principio (1822) el fin de fondo fue bloquear a los europeos en su hemisferio, mutaron luego a la narrativa de «proteger sus intereses» y ciudadanos. Resáltese que a partir de 1989 los estadounidenses empezaron a utilizar la retórica de la guerra contra las drogas en ocasión de destacar tropas en Colombia, Perú y Bolivia.
Pero… ¿Cuál es el propósito de tal enumeración de agresiones y cambios retóricos en el imperio de turno? Simple: explicar la modalidad de agresión contra Venezuela con sus precedentes. Es decir, asentar que, con la Guatemala de Jacobo Árbenz en 1954 (uno de esos tantos puntitos difusos en la enumeración), se inaugura una nueva narrativa de ataque contra Latinoamérica, ya no tanto para invadir como para derrocar a presidentes incómodos a los intereses norteamericanos. No se trata ahora de incursionar abiertamente para corretear a los colonialistas europeos, ni de perseguir piratas, ni de proteger ciudadanos estadounidenses, ni de luchar contra las drogas, sino, de modo encubierto, derrocar presidentes utilizando el telón de fondo ideológico del momento.
A Árbenz le cobran querer nacionalizar la bananera United Fruit Company para combatir la pobreza de su pueblo. De izquierda, en plena Guerra Fría, lo acusan entonces de querer volcarse hacia la URSS. La realidad fue que la bananera, de gran poder en Centroamérica, hizo lobby político para vetar su destierro del país, enmarañando a un Dwight D. Eisenhower con el coco del enemigo soviético, del mismo modo que María Corina Machado y Marco Rubio enmarañaron las circunstancias ante Donald Trump con el enemigo sino-ruso.
A Nicolás Maduro lo rotularon con el infundio de narcotraficante para destapar el flujo de petróleo y reapoderarse de sus reservas en el país. En 1964, en Brasil, con trabajo encubierto y amenaza militar (Operación Hermano Sam), derrocaron a Joao Goulart, quien, a diferencia de Árbenz, sí había significativamente expropiado empresas gringas. El argumento fue el típico de la Guerra Fría: ser comunista.
El primer presidente formalmente marxista del mundo, Salvador Allende, nacionalizó el cobre, lo cual fue un golpe escandaloso contra los intereses de los Estados Unidos. Recibió de inmediato sanciones y trabajo encubierto de la CIA para agitar el ámbito militar, lo cual, a la postre, derivó en el golpe militar que culminó con su inmolación en el Palacio de La Moneda en 1973.
Los cuatro, Árbenz, Goulart, Allende y Maduro, tocaron los intereses gringos. Todos fueron objeto de un trabajo encubierto de la CIA. A todos se les satanizó con lo que eran o con lo que no hacían para justificar la acción contra el interés de fondo: reforma agraria (comunismo), expropiaciones (comunismo), cobre (comunismo) y petróleo (narcotráfico), respectivamente. A todos (menos a Maduro por estar el proceso en curso) les sucedieron periodos prolongados de dictaduras complacientes con el agresor: 32 años en Guatemala, 21 años en Brasil y 17 en Chile.
La pregunta, para finalizar: ¿quién encarnará ese rol post derrocamiento y complaciente en Venezuela? ¿Delcy Rodríguez? ¿María Corina Machado? ¿Algún delfín todavía anónimo de las fuerzas atacantes? Es la única pieza faltante en el esquema histórico, aunque hay que tener en cuenta que el evento aún está en curso, como se acotó arriba. Hasta ahora Venezuela está ofreciendo una variación sin esa figura dictatorial a la vista: y es que la misma estructura política atacada por los Estados Unidos (PSUV) está fungiendo como la instancia complaciente, sin la mencionada caracterización dictatorial: reforma petrolera, habilitación diplomática, presos políticos, ruptura de alianzas (China, Rusia, Cuba e Irán), concesión del manejo económico energético.
 


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miércoles, 11 de febrero de 2026

La Asamblea Nacional violó la Constitución en su ceguera reformista.

Toda la edificación del conocimiento humano, cualquiera que sea su parcela, se fundamenta sobre unos principios lógicos elementales. Que luego, en virtud de la evolución y densificación de los campos del saber, 2 + 2 no parezca ser igual a 4 es un asunto que compete a la lógica como ciencia, sea ya en su aspecto formal (matemático) o informal (retórica, sofisma).
El meollo del asunto es que, en principio, de cajón, 2 + 2 es igual a 4 y a partir de allí, como punto de arranque, es posible construir todo el resto de la divagación humana que arroje otro resultado. La política, por ejemplo, sería una ilustración de uno de esos procesos divagatorios de la lógica informal. De hecho, se dice que en política 2 + 2 nunca es igual a 4.
Los legisladores que reformaron la Ley Orgánica de Hidrocarburos, de 2006, incurrieron en un acto de nulidad notable. De cajón saben que la supremacía constitucional es un principio fundamental del derecho moderno. Es decir, que la Constitución es la «norma de las normas» o ley suprema, equivaliendo esto a saber que 2 + 2 es igual a 4. Y saben, también, que no hay asamblea, entidad o ley menor que valga que pueda validar un acto legislativo (inclusive con mayoría absoluta) en contradicción con la norma madre.
Sin embargo, pusieron al artículo 8 de la ley reformada a desdibujar el artículo 151 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. En ese punto, la Constitución establece que las dudas o controversias relacionadas con los contratos de interés público «serán decididas por los tribunales competentes de la República, de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras.»
Por su lado, el artículo 8 de la Reforma de la Ley de Hidrocarburos de 2026 dice que tales dudas o controversias «podrán ser decididas por los Tribunales competentes de la República, o mediante mecanismos alternativos de resolución de controversias, incluyendo mediación y arbitrajes independientes».
De manera que, de cajón, 2+2=4, corresponde a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declarar la nulidad total o parcial de dicha ley. Todos los pilares definitorios de la soberanía son violentados: autodeterminación, control territorial, independencia jurídica y control de recursos. ¿O es que, acaso, en virtud de la apertura petrolera, la soberanía es ahora negociable?
La Asamblea Nacional cometió un error, por no poder hablar de delito. Ella representa al pueblo y puede parecer que su acto sea «constitucional». Pero su «legitimidad» está supeditada a las reglas del juego establecidas en la Carta Magna, cuya redacción es, por cierto, del mismo pueblo.
Por supuesto, el reformista (que busca atraer la inversión, así sea jalada por los pelos) defiende que el arbitraje internacional no es una «reclamación extranjera» prohibida, sino una medida de seguridad jurídica para el inversor.
Aquí entra en ejercicio la lógica en su cualidad informal: mediante retórica y sofismas, el legislador ahora busca engañar a su pueblo queriéndole significar que 4 es igual a 2+1. Los griegos se divertían mucho con estos ejercicios de lógica en el ágora: es un clásico el cuento de Aquiles siendo derrotado en una carrera por una tortuga, con demostración matemática y todo. Parece conveniente decir (un millón de veces más) que una apariencia no hace la verdad.


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domingo, 8 de febrero de 2026

La espantosa agenda de Delcy: preservar y, a la vez, conceder.

Han transcurrido un mes y cinco días desde el 3E. Donald Trump bombardeó, Nicolás Maduro y su esposa están secuestrados en los Estados Unidos; Delcy Rodríguez funge como presidente encargada y el país y las fuerzas armadas, sorprendentemente, están en calma. Pero, la verdad, el país ha estado «tranquilo» desde el mismo día de la agresión.
Lo de Maduro, sí, se definió como un trabajo «quirúrgico», según jerga especializada de los cuerpos de inteligencia. Fue erradicado sin afectar el funcionamiento general del Estado. En el Irak de 2003 se derrocó el gobierno, se entronizó un gobierno pelele, se desmontaron las fuerzas armadas y, por si acaso, se creó una insurgencia.
Como en Venezuela, el objetivo siempre fue el petróleo. Sin embargo, en esta ocasión, aprendiendo de un pasado que no los colmó con un hidrocarburo tranquilo, los gringos no desmontaron nada. Todo el mundo anda por allí, en aparente calma, como si el país no hubiera sido ultrajado. Hay gobierno, Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), oposición, Tribunal Supremo de Justicia, Fiscalía, militares asistiendo a sus puestos, banca y comercio trabajando, gente en la calle… Por el contrario, los gringos se esfuerzan por pintar una fachada de alianza con lo que quedó del gobierno de Maduro, sin desperdiciar Trump la ocasión para afirmar que trabaja de «maravillas» con Delcy.
Las movilizaciones que han salido para protestar la captura de Maduro se realizan sin ser reconducidas hacia una real resistencia, sino como actos para aliviar la contradicción que hay en una agenda de gobierno que debe defender la soberanía, por un lado, y que parece atenerse a los designios de un Trump gobernante de Venezuela, por el otro. Mientras más se hagan concesiones (petróleo, presos políticos, embajadas, aceptación de vuelos, derogación de leyes incómodas y creación de otras maleables), más se incrementarán las acciones para pedir la liberación de Maduro y su esposa.
Tal es la situación de la presidencia encargada: moverse entre una presión abrumadora extranjera y la lealtad hacia su base política. La misión de Delcy es durísima: evitar la parálisis y destrucción del Estado con las inevitables concesiones, y preservar, a un tiempo, el poder político y la soberanía nacional.
Sin embargo, siendo francos, hay que ver la realidad. Por un lado, lo que define a «soberanía» (autodeterminación política, integridad territorial, independencia jurídica y soberanía económica y de recursos) es lo que, precisamente, está siendo mancillado desde el norte; por el otro, lo que se llama «tranquilidad» de la población se refiere a un estado psíquico cargado de indignación y afrenta, de inevitable explosión y fragmentación en algún momento.


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sábado, 7 de febrero de 2026

El sacrificio político y consensuado de Nicolás Maduro en Venezuela

Háblese con la rigurosidad de la lógica: el derrocamiento de Nicolás Maduro no generó ni de cerca la conmoción del Hugo Chávez derrocado. Hasta hoy, se realizan movilizaciones no solo en Venezuela, sino también en el mundo, pidiendo la liberación de la pareja presidencial. Pero no hay parangón: en Venezuela son marchas controladas, institucionalizadas como una acción de cuido de las apariencias en medio de una agenda reformista y de concesiones de la presidencia encargada.
Lo de Chávez fue una fuerza histórica de imparable cambio, en un momento genésico. Gente brotando de la tierra, dirigiéndose a un rescate.
No se trata de menosprecio histórico ni de nada personal, sino de la fría razón. En Venezuela se asumió que, por un incontrolable imprevisto, Maduro se fue y, sencillamente, se sustituyó con la legalidad sucesora del país. Se puede decir que se sintió como un hecho de tácita aceptación por los poderes establecidos, que decidieron continuar con las actividades normales y fundar una agenda de apertura hacia los Estados Unidos: presidencia encargada, Asamblea Nacional, Fuerzas Armadas.
Aquí es donde se comprende por qué las movilizaciones pro-liberación de Maduro no se orientaron hacia la resistencia. Salieron el ejército y la policía a las calles, pero sin connotar llamados masivos populares para el combate y la defensa soberanos. La vida debía continuar.
Maduro, en conclusión, fue sacrificado políticamente dentro de su país, por más que dentro del plan de gobierno esté aludido en uno de sus puntos: rescate presidencial.
Eso tiene una lectura. El presidente había llegado a un punto muerto en el contexto de la situación político-económica. Se precisaba de otra creatividad para avanzar y salir del marasmo de las sanciones y el aislamiento internacional. Los salarios eran polvo, evolucionando hacia un esquema de bonificaciones; las pensiones equivalían a menos de un dólar, se creó una cultura de subsistencia con la deficiencia de los servicios públicos, la gente persistía en emigrar…
Pero he aquí lo impresionante: indagando se averiguan cosas. La agenda reformista de Delcy Rodríguez ya, de hecho, la ensayaba Maduro a la calladita ante Donald Trump: reforma petrolera, anulación del Estado, desnacionalización del chavismo petrolero, minimización de PDVSA, etc. Su plan empezó a caminar desde que recibió a Richard Grenell en 2025, cuando proclamó un "nuevo comienzo" en las relaciones. Incluso había un apartado de revisión de lo chino.
Tal alineación desesperada con los intereses estadounidenses no fue aceptada. Le pasó como a Moammar Gadafi, quien fue asesinado a pesar de ofrecer rectificación ante los imperialistas. Toda esa flota sobre el Caribe era para realizar algo en concreto: escarmentar con Venezuela al hemisferio monroísta y reafirmar el poder imperial de la potencia en declive.
 

jueves, 5 de febrero de 2026

¿Degrada Venezuela a colonia sin resistencia o sigue siendo una república presta para defender su integridad?

No se puede complacer a Donald Trump en todo. ¿A título de qué? ¿Por qué secuestró al presidente Nicolás Maduro y mató a más de cien personas para capturarlo? Marco Rubio confesó ante el Senado (28-01-2026) que Maduro rechazó todas las ofertas de salida del poder, incluida la del exilio.
Eso puede significar que el mismo presidente desaprobaría acciones que no hagan justicia a una actitud de resistencia. Lo apuntaron con un cañón desde el Caribe y decidió resistir: en nada ceder, complacer ni abandonar. Además, la incursión de Trump contra Venezuela no tiene por qué acreditarlo como alguien que tenga que esperar cortesías del país, sino como enemigo.
A menos que se les tenga que decir a los venezolanos que el 3E Venezuela perdió la guerra ante los Estados Unidos sin pelear gran cosa, viviéndose entonces una capitulación, aceptándose unas condiciones de derrota… Condiciones que, si no se cumplen, se penalizan con una nueva agresión.
Esto último conduciría a la aceptación de que el país perdió su independencia y cede ahora soberanía para salvar el pellejo como protectorado de los Estados Unidos, cual Puerto Rico. ¡Así de simple, sin grandes diatribas ni disparos! No de otro modo se puede interpretar que Trump ya cobre el petróleo por Venezuela y le "pase" su mesada al BCV, como en los tiempos coloniales; o que diga que abrirá su embajada porque sí en Caracas; o que el mundo contemple cómo se derogan estatutos nacionalistas de la Ley Orgánica de Hidrocarburos para permear a las transnacionales trumpistas hacia los campos petroleros; o que se empiecen a liberar montones de delincuentes políticos, ahora inocentes en virtud de los mandatos del hombre naranja.
¡Si Laura Dogu, la encargada de negocios designada por Trump, acaba de traerle a Venezuela su hoja de ruta política…! ¡Seguridad interna, negocios bilaterales y transición democrática! Como si se dijera: necesitamos garantías para extraer el petróleo o llamamos a elecciones y revolcamos al país.
¡Y allí está! Los estudiantes ya empezaron a ser utilizados por la extrema derecha para plenar las calles con amenazas de guarimbas. Esta vez de modo intocable, con las armas de Trump, no extrañando que blandan banderas estadounidenses. Lo que se avecina es el caos y el chantaje imperial de la estabilidad política y social.
¿En qué momento el país hizo tanto demérito para merecer tal destino? Es decir, el de perder sin siquiera luchar… Habría sido mejor una muerte más digna, algo de resistencia, como un Vietnam, una Cuba, un Afganistán…: al menos es más digno que igualmente entregar todo en medio de la vergüenza. ¿Hasta dónde puede el sofisma político disfrazar semejante afrenta?
El país se pierde en medio de la implementación de medidas que apuntan contra su propio cuello. Es cuestión de tiempo verificar que no habrá marcha atrás: por ejemplo, ya los liberados políticos encabezan marchas de calle junto a los estudiantes. O: la embajada gringa empezará a monitorear a los militares para ultrajar su código nacionalista.
Si puesto se está para complacer al emperador, habrá que derogar las leyes que propiciaron la civilidad, el respeto y el amor patrio entre los venezolanos, como la Ley Constitucional Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos y la Ley Orgánica Libertador Simón Bolívar para la Defensa de la Paz y la Soberanía. Tales leyes obstaculizan el estado de jaque perpetuo que el presidente norteamericano procura instaurar en las calles del país para implementar su chantaje: petróleo a cambio de estabilidad. Si el petróleo no fluye, si hay rebelión, solo bastaría con azuzar a las huestes callejeras para llamar a elecciones. Háblase de un país cautivo, como el mismo presidente.
¿Que Trump puso un arma al cuello de la presidente encargada...? Venezuela es un país de izquierda, no exento de riesgos mortales, como el mismo Maduro lo ejemplificó. Y los riesgos se asumen al asumir.
 


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martes, 3 de febrero de 2026

Vuelven los estudiantes a las calles, esta vez intocablemente trumpistas

El viento sopla y estremece los árboles, generando estruendo de hojas y ramas. Pero debajo de las copas hay silencio, uno disciplinado. Venezuela fue golpeada el 3E; luego de ello, quedó abatida, impávida. Los ánimos quisieron expandirse, expresarse, desquiciarse… Sin embargo, hubo una propuesta de contención desde la línea de gobierno: mantener la paz, conservar el poder político, rescatar al presidente de la república. Permanecer en la sombrita…
No obstante, el ánimo disciplinado, formalmente calmado, interiormente arde. Quiere sol y cielo. Comprende que el poder inmenso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus venas comunicantes comunitarias han obrado el milagro de mantener esa paz pactada. Ya hubo una incursión el 3E, una masacre, un secuestro, ¿para qué encender más mecha?
Se puede esperar, está bien. Después de todo, el presidente gringo no está ni muy bien de salud corporal ni política, y puede desprenderse en cualquier momento desde la altura de la rama. Ello daría la oportunidad de recomponer, de retrotraer, tal vez bajo el régimen de otro gringo menos disparatado. Así, habría valido la pena esperar, evitando males peores bajo un cielo abierto.
El problema es que ese espíritu aquietado, de tensa paz, como se lleva dicho, descubre cosas. Por ejemplo, que la presidencia encargada tenga que sufrir la infausta presión desde el norte y, malo, que esa presión se haga nacional, comunal, personal, espiritual… Es el precio de la unidad, la misma que ha evitado que el tornado se dispare, arrastrando árboles al paso y arrojándolos contra el río.
Es de un quilate intolerable que Donald Trump proclame que gobierna Venezuela y que internamente las acciones, en forma y esencia, le den la locuaz razón: ley de hidrocarburos, la embajada de nuevo en Venezuela, los delincuentes políticos… El espíritu calmo clama, también, desde la sombrita y recostado al tronco, que el gobierno tampoco intente romper la tolerancia acatada con medidas tan abiertamente proestadounidenses. Después de todo, es fácil comprender que el PSUV tiene una base marxista y que las esencias ideológicas pueden resultar tan tóxicas como las sustancias moleculares.
Otra cosa que descubre con horror el calmo espíritu disciplinario es que se está perdiendo la paz estructural lograda antes de Trump-Venezuela. El extremista se rearma y se apresta (ahora con chantaje imperial) a revolver las calles, con impunidad, a sabiendas de que el gobierno no tiene cojones para contenerlo. Si no, mire de nuevo a los estudiantes de la extrema derecha-UCV: ya marcharon por los presos políticos a sus anchas y ahora, envalentonados, proponen hacerlo para exigir transición inmediata, esto es, la cabeza de la presidente y la maltrecha dignidad de millones.
¿Qué puede hacer el gobierno contra ellos, sumido como está en el encabalgamiento imperial? ¿Complacerlos? Las perspectivas no son halagüeñas. Se rearma nuevamente el manual de la revolución de colores, por tantos años derrotado.
 

viernes, 30 de enero de 2026

La infame historia de la falsa independencia de Venezuela

Esa situación de impotencia que vive el país, de imposición extranjera, históricamente no es nueva. Pero, ¿qué hacer? Muchos la padecen como la terrible novedad, oscilantes entre la tentación de patear la mesa política y la incómoda disciplina de seguir acatando tanta insolencia gringa: reforma de leyes petroleras "chavista", retornos de embajadas, retención de ventas petroleras, bloqueo de relaciones con China, Rusia, Cuba e Irán, etc.
Claro, nadie puede aseverar que Donald Trump instruya telefónicamente a la presidente encargada, Delcy Rodríguez, para que haga esto o aquello; pero el asunto es que en el norte se celebra espectacularmente cada paso político dado por la mandataria como una orden cumplida, correlacionando los hechos suscitados con la voz regente del magnate, regularmente burlesca.
Por ejemplo, veinte transnacionales petroleras se reúnen con el presidente estadounidense para pesquisar inversión en Venezuela y, poco después, se reforma la legislación de hidrocarburos para dar más cabida y contento a dichas empresas, una de ellas la ExxonMobil, de malograda trayectoria en el país. Trump vocifera que repondrá la embajada y la presidente encargada anuncia luego que se reabriría para, "cara a cara", "reiterar la denuncia contra la agresión" del 3E.
Y así con otros ítems, unos más inverosímiles que otros. Trump dijo, por ejemplo, que administraría el dinero de la venta petrolera y, de facto, ha comercializado unos cuantos millones de barriles, depositando $300 millones en el Banco Central de Venezuela. La propuesta de que el país rompa con sus aliados de las últimas décadas luce cuesta arriba. Pero son hechos en curso.
Lo cierto de la situación es que se trata de un trago amargo para un montón, entre fanáticos, ideólogos, pensadores, nacionalistas, gente en la calle…
El caso más emblemático de condicionamiento al país desde afuera fue el bloqueo naval de 1902-3: Reino Unido, Italia y Alemania obligan a Venezuela a destinar el 30% de su ingreso aduanero para pagar su deuda con ellos. Un poco antes, en 1895, por extraordinario que parezca, Venezuela invocó la Doctrina Monroe para aupar a los Estados Unidos a bloquear a Gran Bretaña en su avance sobre el Esequibo, lo cual dio paso al Laudo Arbitral de París (1899) en el que, de todas maneras, el país fue abusado.
Finalmente, a principios del siglo XX, los Estados Unidos y el Reino Unido pusieron a Juan Vicente Gómez a redactar leyes favorables a sus compañías petroleras, como la Shell y la Standard Oil, a cambio de reconocimiento y estabilidad política. El parecido con lo presente es extraordinario: si no hay petróleo fácil, no hay reconocimiento imperial, no hay plan de gobierno "Delcy" que valga para la paz y el poder político, y si hay, por montón, amenaza militar.

jueves, 29 de enero de 2026

En la piel de Delcy: concesión o guerra

Venezuela está en paz, es cierto, en tanto "paz" es ausencia de esa guerra convencional que utiliza la pólvora. Después de la traumática incursión estadounidense para derrocar al presidente Nicolás Maduro, la estructura de gobierno (como el mismo país) quedó catatónica, prácticamente bipolar.
Es una situación compleja, amplia, que se expande más allá de las cabezas de gobierno. Donald Trump amenazó con asesinar a la dirigencia sucesora una vez capturado Maduro, según confesó la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. De manera que, como dice el dicho, la vida debía seguir y, bajo tal chantaje, dirigencia y país debían de avizorar una opción de supervivencia, necesariamente concediendo.
Así, puede decirse que el plan de gobierno de Delcy se mantiene: estabilidad política, conservación del poder y rescate presidencial. Fue un acuerdo intrapartido, insinuado al país, una especie de guiño de ojo ante el avasallante uso de la fuerza imperialista. Propuesta circunstancial orientada a ganar tiempo ante la presión de un psicótico que, lo más seguro, sea expulsado del poder este mismo año. Ello, por supuesto, daría la razón a la presidenta encargada para luego, retroactivamente, enmendar.
Sin embargo, semejantes concesiones (la humillación de Trump al presumir mando en Venezuela, la ley de hidrocarburos, la embajada gringa de regreso, la retención de las ganancias petroleras, el bloqueo de relaciones con Cuba, China, Rusia e Irán) constituyen un duro golpe de vergüenza para el radical ideológico que no tiene el cañón contra el cuello, pero al que igualmente no le importa.
Estos, en su fuero interior, ya tienen la situación arreglada: rebelarse, ir a la guerra contra el invasor. Es de un tenor inconcebible que el New York Times, el diario El Tiempo (de Bogotá) y hasta un diputado en la Asamblea Nacional (Antonio Ecarri) proclamen que el Estado nacionalista diseñado por Hugo Chávez fue un error.
Por ello, eso de la paz es una situación contenida, tensa, la calma chicha. El capullo de esta flor que está pariendo Venezuela, ambiguo, bipolar, no se desenlaza todavía. Está en trance. La paz que se ha sostenido en el país se debe, en gran medida, al accionar del PSUV con su ramificación intracelular en el país.
Lo peor, lo más dramático que puede ocurrir en estos momentos es una división en el partido de gobierno, necesariamente vista como expresión de esa bipolaridad dicha. Es decir, la fractura: los reformistas extranjerizantes (gobierno/oposición) y los guardas ideológicos de la nación (chavismo bolivariano).
Sería el inicio real de la guerra en Venezuela, externa e interna, civil y militar.


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martes, 27 de enero de 2026

El precario futuro de la Venezuela petrolera y libre según el derecho internacional

Venezuela es un país de gestas, fundamentalmente bolivariano. Su gente, por más que ignore su historia, sabe de su forma republicana, revolucionaria, vencedora de un viejo imperio español. Ser independiente o libertario es, prácticamente, un rasgo de personalidad del venezolano.
Pero también es petrolero. Si el país tiene una edad de 214 años como república, la mitad de esa historia está engrasada con la actividad petrolera. El 14 de diciembre de 1922 reventó un pozo petrolero en Cabimas, Zulia, alzando su chorro a 50 metros de altura, inundando con un millón de barriles el área del caserío de La Rosa. El hecho fue como una bandera que metió a Venezuela en el paquete de la producción petrolera mundial.
Sin embargo, ambos rasgos de lo nacional parecen ser inconciliables. Y no porque exista algún deseo contranatural en el país, sino por las apetencias energéticas de otros países poderosos, como los Estados Unidos. Para tales, la forma republicana de un país minado de hidrocarburos podría ser simplemente un impedimento para acceder a los recursos.
En consecuencia, en virtud del poder militar, tales países proponen, subrepticia o expresamente, la abolición de tal formato, recomendando el coloniaje o protectorado. Un territorio densamente rico no puede tener impunemente leyes republicanas que impidan a los poderosos la extracción del oro, negro o blanco. Venezuela y Groenlandia en la actualidad ilustran grandemente el asunto.
Tales territorios (no se hable de países si son aplastados por otros), si aspiran a una autonomía o libertad, deben comprender la ilustración histórica del pillaje del fuerte contra el débil. Y deben, en consecuencia, armarse para defender su humanidad, sea guerreando o disuadiendo. No existe una isla de la fantasía en el mundo donde mane el oro y solo sea protegida por el derecho internacional. Es utopía, tanto más cuanto el susodicho derecho está maltrecho ahora. Por supuesto, el territorio puede, también, decidir dejarse asimilar y acabar de una vez con el dolor de cabeza de una existencia libertaria.
El uso de la fuerza es un lenguaje entre hombres. Si quieres imponer, ser temido o libre, debes recurrir a ella. Es ley natural. Lo comprendieron hace siglos los antiguos griegos: solo es posible la justicia entre iguales en poder. Lo demás es debilidad y esclavitud. «Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben» (Tucídides). Quien no tiene poder no tiene derecho ni a la justicia ni a la moralidad, sino ser lo que es: un débil en sujeción. Así se lo hicieron comprender los griegos a los melios en 416 a.C. cuando se negaron a apoyarlos en la guerra, aduciendo neutralidad: ejecutaron a los hombres y esclavizaron a las mujeres y niños.


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domingo, 25 de enero de 2026

Aparte de Groenlandia, ahora vienen por Cuba y Canadá... Y la ONU disfuncional...

Como ya no hay derecho internacional que ampare a nadie, ni mucho menos ONU que valga, parece de expresa lógica señalar que los próximos a "neocolonizar" por Donald Trump son Cuba y Canadá. Si alguien no está de acuerdo con semejante divagación, debe preparar su defensa para Gaza, Venezuela y la probable Groenlandia, que padecen deshuesamiento a la vista impávida del mundo.
Respecto a estos países, ¿alguien ha hecho algo más allá de algún quejido? Ni la misma ONU lo ha hecho con el rigor que los casos ameritan. Su funcionamiento se estira en un puro pedir permiso a los poderosos hasta para pronunciarse; no se hable ya de hacer algo. La ONU tiene amo doctrinario y no es precisamente esa teoría hermosa de la ley internacional. Envía cascos azules cuando dos o tres quieren profanar el color hermoso del cielo.
El silencio ante la pregunta es la confirmación de un miserable declive. ¿Por qué? Porque la ONU es una organización creada por poderosos para regir a débiles e, idealmente, explotarlos. Quien no concuerde debe, nuevamente, preparar su razonamiento para defender el arbitrio de Irak, Libia, Siria, Gaza y Venezuela.
No de otro modo se puede comprender que un país robe lo que necesite de otros y lo haga, precisamente, a través de la organización de marras, como hicieron los Estados Unidos en Irak en 2003 y en Libia en 2011 (allí roban petróleo hasta hoy). Esos únicos hechos son suficientes para darla por muerta. Pero, atención, la ONU tiene otra modalidad de funcionamiento y es cuando sus dueños deciden tomar lo que quieren sin ella y la muy viva se hace la muerta. Tal es la situación de Venezuela: se le secuestra a su presidente y, peor aun, se le tima su petróleo.
El pisoteo descarado del derecho internacional es paso necesario para socavar a la ONU de una vez por todas, la organización "réferi" del planeta. Quizás por eso Trump la burla de lo lindo y ya presentó su desmantelamiento en Davos 2026 con su Consejo de Paz paralelo.
Dado el momento de quiebre que vive el mundo, cuando se ha retomado la política del cañón y hasta piratas han resurgido en los mares, es fácil hacer predicciones basadas en las apetencias del fuerte y en los temores del débil. Como dijo Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso: «Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben». Así, pues, Estados Unidos necesita Groenlandia para su seguridad nacional, además de sus minas, oro, uranio; y del petróleo de Venezuela, por si fuera poco. ¿Quién dijo ONU?
Según prensa propia, Canadá se prepara para un ataque estadounidense y Cuba es una deuda vieja que los gringos creen que se les debe desde que le ganó las colonias a España en 1898. México se respeta un poco, por ahora, porque bastante ha sido esquilmado (¡50% del territorio original!).





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viernes, 23 de enero de 2026

El psiquismo averiado del venezolano después del 3E

En Venezuela continúa la consternación. No se recupera del golpe al orgullo con la incursión de Donald Trump y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa. El país se preciaba de preparado para su defensa, ostentando armamento avanzado apertrechado por sus socios rusos y chinos.
Pero esa narrativa se descalabró. El gringo vino y venció, y el aliado no funcionó. La tesis de que Venezuela se había convertido en un país poderoso por resistir veinte años de sanciones económicas y tejer estratégicas alianzas se izó como una leyenda de invencibilidad.
En las frecuentes tertulias políticas era inevitable argüir que el ruso y el chino vendrían, no dejando perder a Venezuela en manos de la codicia imperial. Se respiraba una autoestima cargada de optimismo y valentía, salpicada con los retazos históricos de los libertadores derrotando al imperio español. Venezuela era el eje de una mitología de poder y riqueza que revestía de victoria a quien condujera con ella.
Pero como golpe de machetazo, la psique nacional quedó zanjada. El mundo se quedó impávido ante el hachazo. El venezolano orgulloso de su integridad, mayoritariamente afecto a la corriente chavista gubernamental, ha tenido que reparar su entuerto. La otra corriente, la antinacional, la que no se avergüenza de denostar lo propio y amar lo extraño, domina ahora la tertulia con dolorosos ataques a las fuerzas armadas y al sistema político imperante.
La arremetida es concreta como difusa la defensa argumental. "Se acabó el chavismo", lamentan los unos; "Trump ahora gobierna Venezuela", asestan los otros. "Perdimos el petróleo", "No hay patria", "Somos una colonia". Y ambos contertulios padecen la desgracia de sentir un Estado disfuncional porque, para unos, el golpe a Maduro parece irreparable y, para otros, Trump le falló a Venezuela al no imponer a María Corina Machado.
El sinsabor es mayor en las filas más intelectuales y radicales de la línea de gobierno. Con vehemencia intentan explicar lo inexplicable sobre un contexto mundial en desbandada que sofoca un poco la impotencia. La figura de Delcy Rodríguez, presidente encargada, es objeto de militante apoyo por unos, sabiendo que realiza un trabajo de bisagra política, completamente necesario para mantener la paz y estabilidad nacionales.
Sin embargo, otros no digieren que el petróleo fluya a Gringolandia, la reapertura de la embajada estadounidense en Caracas y la reforma a la Ley de Hidrocarburos para dar más metraje al extranjero. No toleran la constante alabanza que hace el "hombre naranja" a la dama bolivariana, levantando suspicacias.

La ONU, inútil organización, ya fue desmontada en Davos 2026

Al Foro Económico Mundial de Davos no asiste cualquiera. Harto conocido es que se trata de una reunión de la "élite global", conformada por las personas más poderosas del mundo, entre políticos, empresarios, académicos y gente influyente. Presuntamente, hay que pagar cuotas de membresías que oscilan entre 50 mil y 500 mil dólares anuales.
Dado su poder, no es de extrañar que asuman que su misión sea hacer avanzar el mundo mediante alianzas y la compartición de ideas. De modo que tampoco es de extrañar que se le acuse de mantener en "cautiverio" a las grandes instituciones globales y democráticas.
Así, siendo un evento que congrega a la plutocracia global, no es descabellado afirmar que dicho foro constituya una instancia para determinar la dirección de los asuntos mundiales. De hecho, como los hashtags de las redes sociales, allí se generan tendencias en materia económica, tecnológica, empresarial y cooperativa que luego los estados adoptan en su línea política y comercial.
En el foro no se toman decisiones con votos ni nada parecido, pero posee el don poderoso del susurro que manda y que los poderosos del mundo acatan como una clave para sincronizar sus intereses.
Allí llevó Donald Trump la propuesta de desmantelamiento de la ONU a través del relato de sus aventuras. Por supuesto, de modo subliminal, si es que cabe imaginar esa astucia en temperamento tan incontenido. Narrar la "gracia" con que agredió a Venezuela utilizando un sofisticado armamento, secuestrando a su presidente; y exponer la necesidad que tiene su país de tomar Groenlandia para protegerse de algunos fantasmas constituye la propuesta de muerte del derecho internacional, paso previo a la crucifixión del ente regulador mundial.
El golpe de gracia formal contra la ONU es la presentación de la Junta de Paz para "remediar" los problemas de la Franja de Gaza, además de cualquier otro que se presente en el mundo. Tal junta ya cuenta con la suscripción de veinte países y se perfila como la extremaunción de la ONU, dado que la socava como árbitro moderador de conflictos internacionales. Como el Foro de Davos, esta junta pide a sus suscriptores $1000 millones, pero tendrá la diferencia de que sus cófrades podrán votar destinos, lo más seguro contra países dueños de riquezas y militarmente vulnerables.
Como dijo el primer ministro canadiense en el mismo foro: el orden mundial llegó a su fin con el tema Groenlandia y comienza "una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción". Se privatiza, pues, el derecho internacional y se convierte en hecho la afirmación de Trump de que su límite es su propia moralidad personal.


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jueves, 22 de enero de 2026

Tripolaridad: el pacto de poder de Rusia que condenó a Venezuela

Hay un misterio en curso. Los rusos parecen reacomodarse a la acción de desmantelamiento geopolítico que ejecuta Donald Trump. Están impávidos, concentrados en su Ucrania, origen de su progenie, mientras mucho de su entorno aliado parece despedazarse a manos de su arquetípico rival.
El misterio estriba en un repentino cambio de narrativa. De pronto empezaron a dejarse hacer a título de estar ocupados con su guerra. El hecho contrasta enormemente con anteriores posiciones de amenazas contra sus adversarios, de exterminio nuclear, inclusive. Por ejemplo, es célebre la declaración de Dimitri Medvédev en 2024 sobre la desaparición de Gran Bretaña por efecto de sus misiles hipersónicos.
A finales de ese año, por cierto, perdieron a Siria, sin mucho arriesgo. Simplemente se retiraron. Allí se empoderaron antiguos terroristas, reivindicados por los Estados Unidos (Trump entonces ya era el presidente electo). En 2026, perdieron geopolítica en Venezuela, donde quedó al descubierto el descuido del arsenal defensivo a su cargo: allí Trump secuestra al presidente y neocoloniza el país. Poco después, se dejan incautar por los mismos gringos un barco petrolero con su bandera, el Bella 1, vinculado a Venezuela.
Y hace apenas unos días casi pierden a su aliado ejemplar en el Medio Oriente, Irán, ante los mismos desestabilizantes Estados Unidos. En el caso del Bella 1, enviaron un buque de guerra, pero se mantuvieron estáticos ante los otros hechos.
El misterio es ese claro abandono geopolítico en áreas de reciente defensa, en evidente concesión a los Estados Unidos. O bien se encuentran cerca de ganar la guerra en Ucrania y evitan distracciones; o, simplemente, acordaron un arreglo de poder con sus eternos rivales, sumando a China a la ecuación.
Los rusos sueñan con la toma de Groenlandia por Trump porque, en efecto, desmoronaría a la OTAN: sus integrantes tendrían que enfrentarse. Ello repercutiría en su seguridad nacional, debilitando ipso facto a sus jurados enemigos europeos: Francia, Alemania y Gran Bretaña.
Y son ambiguos con el novedoso Consejo de Paz propuesto por Trump, el mismo que Emmanuel Macron rechazó porque socavaría el marco protagónico de la ONU en la resolución de conflictos mundiales. Ya ofrecieron los $1000 millones de membresía solicitados por Trump y sugirieron que Estados Unidos podía comprar Groenlandia.
Los rusos, en fin, parecen precipitar el fin de una era y empezar a remachar el surgimiento de la tripolaridad de poder que se sospecha pactaron con los Estados Unidos en agosto de 2025 en Anchorage, Alaska: Europa para ellos, Suramérica para los americanos y Medio Oriente y Oceanía para los chinos.



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domingo, 18 de enero de 2026

Mensaje de Venezuela a Rusia por el tema de Groenlandia: ¡así se defiende a un aliado!

Envalentonado Donald Trump por su ataque a Venezuela y el secuestro militar de su presidente, la emprende contra Groenlandia. Es tierra danesa, tan ilegítima de apropiación como el petróleo venezolano. Pero no hay ley internacional para Trump, como declaró en una entrevista. Su límite es su propia moralidad.
Antes ya había amenazado a México y Canadá. Sin embargo, no concretó armas contra ellos. Se encontraba sumido en plena guerra comercial contra China y Rusia, lo cual, en tanto magnate de empresas, es su fuerte.
Eso conduce a pensar que Trump busca, primordialmente, la ventaja económica y comercial, manejando a su país como si se tratara de una de sus empresas. El hecho de presidir una potencia militar conjuga el sueño de todo capitalista: obligar al comercio favorable mediante las armas.  
México es una frontera molesta, pero ya no tiene petróleo; Canadá tiene petróleo, pero es un país de "primer mundo" que compensa con retribuciones cualquier apetencia del ogro.
Llevado por su perspectiva monetarista, Trump retiró a su país de organizaciones en donde, a su criterio, perdía dinero y sostenía a otros. No le gusta la OTAN porque, a su decir, gasta más que los demás. De los europeos se queja porque son viejos aprovechados. En Ucrania se esfuerza por quedarse con las minas y tierras raras como pago por su armamento.
Si el objetivo rezuma riqueza, no vacila en utilizar la guerra, como buen capitalista. Venezuela es prueba de ello. Irán lo mismo: tiene petróleo, valor geopolítico y ya lo ha atacado, y lo seguirá haciendo. Lógicamente, se contiene contra países armados como China, Rusia y Corea del Norte, donde el negociante perdería capitales.
Teniendo argumentaciones fáciles contra México (narcotráfico, migración), no lo invade porque lo considera un país mermado, ya esquilmado desde antiguo.
¿Qué tiene Groenlandia? Es como Venezuela: una potencia en hidrocarburos, en tierras raras para el desarrollo de altas tecnologías, uranio y oro. ¡Irá por ella!
Sin embargo, apenas enserió el amago contra la isla, ocurrió lo que no con Venezuela. Hasta sus "aliados" europeos se le opusieron para defender a Dinamarca: Alemania, Reino Unido, Francia, Países Bajos, Noruega, Suecia y Finlandia. ¡Los alemanes hasta enviaron tropas!
¡Cuán grande habría sido el emplazamiento de tropas aliadas en Venezuela y que esta se hubiera preocupado más por armarse que por el derecho internacional!


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