viernes, 14 de septiembre de 2007

Romance del ratón y el queso: EEUU y Arabia Saudita

¡No, hombre, que vidente ni que ocho cuartos! No hay que ser una María Teresa Romero o un Julio César Pineda o un Emeterio Gómez (que también opina fuera de su área) o cualquier otro sesudo analista de esos que pululan en los medios de comunicación para predecir que si el gato tiene hambre y pasa un ratón por su frente, se lo comerá en un dos por tres.
Escribíamos ha poco:


Arabia Saudita, metiendo la cabeza en la boca del lobo al recibir el finaciamiento y armas, parece ser la última ficha maquiavélica del imperio estadounidense en la región (véase EEUU
y el pago del diablo
)

Y ya ese país petrolero da evidencia de las presiones a que es sometido para que pague los"favores" concedidos, según se desprende de la propuesta que llevará a Viena en la reunión de la OPEP: subir un poco más la producción de petróleo para que, por efecto de sobreoferta, bajen los precios para los probrecitos países ricos del planeta, entre ellos su financista, los EEUU.
Fin de mundo cuando el ratón se come al gato y la lógica se mueve a la inversa: (1) Arabia Saudita enemistándose con los suyos para lograr posiciones de agasajo para con los EEUU, sin mirar un poco el pasado inmediato de los países árabes que se han aliado con el imperio, y sin mirar más allá, en el hecho histórico del maquiavelismo político internacional; (2) Arabia Saudita luchando para bajarle el precio al producto que vende (habrá llegado a la cumbre de su desarrollo); (3) Arabia Saudita, por consiguiente, chocando con los "duros" del cartel, Venezuela e Irán.
No podía ser gratis la ayudita gringa en dólares y en armas: dame y te doy. Por supuesto, en términos éticos está planteada una vulgar compra de conciencia al extender sobre la mesa la propuesta de traición a los de tu propia sangre, es decir, a los árabes en general. Como si le dijeran, palmeándoles en el hombro: échanos una ayudita con la OPEP, no te metas en problemas y cuando veas a un hermano tuyo arder, no se te ocurra meter la mano. De un país embebido en el sionismo, en el expansionismo del estado de Israel como objetivo estratégico en tan estratégica área, no podrá esperarse apoyo para consolidar fronteras. En los mapas militares de la codicia estadounidense, necesariamente, ha de estar marcado con una X el gigantesco yacimiento de Arabia Saudita. No hay que ser un genio o sesudo analista oposicionista venezolano para saberlo.
Como todo amorío gringo con sus novias culturalmente imposibles (Afganistán-Bin Laden, Irak-Hussein), la relación que comentamos se perfila pasajera. Al final del cuento, las partes habrán sacado el provecho que a cada uno le esté dado y, eventualmente, se distanciarán, yendo cada quien a ocupar su correspondiente trinchera en medio de esta vida poco menos que salvaje.
Mientras tanto recordamos la dotación de armamento que recibiera Irak de parte de sus amados aliados, EEUU e Inglaterra, y la posterior acusación de posesión de armas de destrucción masiva. Se sabe que el Reino Unido surtió a Irak de los componentes necesarios para incoarle el expediente armamentista, en vez de ser suficientes para contruir bomba alguna, como es conocido el cuento.


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