martes, 11 de septiembre de 2007

Se solicita oposición en Venezuela

Se requiere con urgencia una oposición política en Venezuela. Requisitos: mayor de edad, no golpista, fiel a su pareja (Venezuela, que no la engañe con los gringos), con sentido de justicia social, con candidatos presidenciales que por lo menos sepan expresarse y que ame a su país. Porque eso de estar gobernando con un estilo invicto (ganando todas la elecciones, sin contrapartida en la Asamblea Nacional, con una mayoritaria acogida popular y sin otros partidos políticos por ahí que al menos quiten el sueño), es realmente desilusionante, para no hablar de decepción.
Con una buena oposición democrática, respetuosa de las reglas del juego político y que de en vez en cuando se desborde de indignación genuina contra lo que considere lesivo a la patria, con una oposición así, digo, puede comulgarse y se puede esperar que enriquezca el debate a la hora de parir ideas con miras a la prosperidad. Pero no los payasos que tenemos ahorita, que saltan de aquí para allá en busca del caos y apoyo financiero de países trasnacionalistas con el propósito de dar un golpe de estado. En eso se concentra su productividad, intectualidad, su aporte y estampa.
Gente que habla inglés en las marchas, voltea la bandera y le resta una estrella, se viste de negro y considera que en Venezuela debe existir una única clase social -la de ellos-, sostenida en las alturas por otra -los demás-, última esta que debe ser sepultada por un excelente maquillaje de cifras que diga que en Venezuela hay empleo y prosperidad. Gente que no apuesta al país sino a su bolsillo, que no apuesta a su selección deportiva sino a cualquier otra que la derrote no más para que no se diga que Venezuela en tiempos de Chávez es victoriosa. (La última Copa América, 2.007, fue una muestra de ello). Gente que no se llame venezolano no más por haber nacido en el país. Gente que esté dispuesta a empuñar el fusil por su país y no por la bandera superestrellada de los EEUU.
Fundamentalmente debe deslastrarse de viejos esquemas y preparar su vista para un nuevo asalto contra la miseria y el subdesarrollo. Debe, sin tapujos, reconocer que el experimento que protagonizaron dirigiendo el país durante cuatro décadas no condujo a otra cosa sino a llenarle el bolsillo a unos cuatro pelagatos amos de todo y a países ya ricos, como los EEUU y otras potencias económicas. Debe borrar de su cabeza que nuestro país es patio trasero de nadie o juguete dialéctico en cualquier discurso de país alguno en el mundo. Prepararse para construir una nueva alternativa que no necesariamente tiene que ser la propuesta del presidente Chávez, pero que no sea -por favor- la de los pasados 40 años de miseria y vergüenza humanas.
Debe dejar a un lado la dirigencia podrida que, como hueco cartucho metálico rodando sobre el mármol, sigue emitiendo ruido. "Adalides" como Rosales (el filósofo), Petkoff (el de las prestaciones sociales), Pompeyo Márquez (el izquierdista adeco), Julio Borges (el sifrino), Gerardo Blayde (el abogado novedoso, de partido cambiante), Marcel Granier (el ricachón preocupado por su patria) o Globovisión (un canal al que acusan de magnicida) no le prestan buen servicio a ninguna causa política, que no sea la ya consabida del fracaso cuartorrepublicano.
Pero es como "pedirle peras al horno", como diría Manuel Rosales: algo realmente imposible.
La sensación de devastación en la filas del oposicionismo venezolano es tal que ya no hacen sino soñar con la varita mágica de una invasión norteamericana con una bomba mata-Chávez lanzada en la capital o en Barinas. Dado que no existen como estructura política legitimada por un significativo apoyo popular, quizá la desesperación los lleve a creer que la solución a sus problemas se encuentre en el seno mismo estructural del partido de gobierno, en una esperanzadora división o lucha interna, como permanentemente suelen apostar. Los diputados salta talanqueras, Árias Cárdenas y Miquelena en un tiempo alimentaron esta esperanza, pero con su golpismo lo arruinaron cualquier posibilidad. Ahora, como zamuros acechan, a la caza de otro problema interno que se suceda con motivo del tema de la reforma constitucional o de la organización interna del partido. Siguen a Ameliach, a Varela y a Tascón, preñados de esperanzas absurdas. Apuestan a gobernadores inconformes con la reelección sólo presidencial, como Ramón Martínez, el gobernador de Sucre, o a viejos amigos de lucha del presidente Chávez, como Joel Acosta Chirinos, quien, una vez más, hoy arrecia su posición contra el gobierno y está vez lo acusa de querer implantar en Venezuela un modelo de vida cubano, desde allá su tierra falconiana.
-¿Dónde estará nuestro líder, carrizo? -gritan desesperados. Y después de acezar un rato, recogen nuevamente su bandera de cincuenta y un estrellas y reemprenden la caminata, fijando minuciosamente la vista sobre el suelo con la esperanza de toparse con la maravillosa lámpara de Aladino.



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