martes, 8 de julio de 2008

La mariposa de Ingrid

Imagen tomada de Quimaera La derecha política está de fiesta.  Tanto en Bogotá como en París, amén de Washington, se celebra el acaecer político conveniente del mundo, así se trate del aparentemente insignificante vuelo de una mariposa, por aquello de las connotaciones simbólicas, cuando no científicas.  Su alta cultura le asegura que en el ámbito de la política el mínimo aleteo de semejante insecto podría tener repercusiones devastadoras, de vida o muerte, para aludir con ello la magnitud de las vivencias y para a la vez utilizar un lenguaje cónsono con las exageraciones, como de suyo suele ser toda ella en sus expresiones.  Así parece de frágil el mundo de las ideas a veces cuando importa tanto ensalzar su apariencia, como si con ello se conjurara cualquier fortaleza de la competencia, de las ideas contrarias, ideológicas en este caso.

Tal ha ocurrido con la mariposa de Ingrid Betancourt, recientemente liberada en confusas circunstancias, ni siquiera aclaradas por ella misma.  La derecha política mundial, con su característica parafernalia comunicacional, se ha lanzado al ruedo mediático a opacar lo que inconvenientemente pueda brillar y a lustrar lo que también inconvenientemente se pueda opacar, como si se viviera en el mundo de la Guerra Fría de las Ideas, y como si no se creyera ella misma −la derecha política− su enaltecida tesis del "fin de la historia", que muy presuntuosamente proclamara con el declinar ideológico del comunismo internacional.  ¿A qué tanto se le teme para mentir o realzar tanto −vale preguntar?

Lo cierto del caso es que le preocupa enormemente que se establezca como hecho cierto la matriz de opinión de que Hugo Chávez y el filón bolivariano nada tuvieron que ver con el éxito de la operación de rescate, con tal apasionamiento −se dirá−, que más que el rescate mismo, lo que parece realmente importante es dejar sentado quién se lleva las condecoraciones y quién, por el contrario, se enloda con la victoria ajena.  Como si el nuevo enemigo ideológico a vencer fuese el bolivarianismo, la nueva forja de trabajo para la justicia popular, temible formato sustituto de tanto muerto y de tanto error en la forja de la izquierda política (al menos regionalmente).  Grande es el sueño de tantos de que jamás hubiera existido un hombre como Simón Bolívar, temerario idealista, una de cuyas virtudes fue soñar casi sin saber que estaba despierto, derramado en la realidad.   Su doctrina es la de la activa unidad, la de la acción y la idea.  Grande también es el sueño de que jamás hubiera existido el otro gran dolor de la derecha política, Carlos Marx, sin contar todavía aquellos particulares héroes de los pueblos que van surgiendo a la palestra pública según tropiece o no con ellos el neoliberalismo mundial en su afán impositor de modelo único.

O en su defecto, quizás se sueñe algún día con que el hombre pierda su histórica memoria con el propósito de allanar el camino hacia la primacía ideológica, donde se viva un mundo paradigmático −sin derecho a pataleos−, donde natural luzca la esclavitud humana, la plutocracia y el monárquico o imperial ejercicio del poder a escala mundial en manos de unos pocos.  Aunque...  ¿quién dice que ello no ocurra en los actuales momentos, con la transculturación, el poder mediático y el lavado de tanto cerebro?  La realidad es que se viven esfuerzos hegemónicos de aniquilación de las ideas contrarias, marchando la extrema derecha hacia su final utopía.  Ello explica por qué los campos de batallas ya no son las montañas ni las llanuras, sino el cerebro humano, la psicología de las masas, la capacidad de ficción −sustituta de la realidad− de tanta corporación mediática del mundo sobre los pobres mortales.

Y por ello también se comprende que con el caso de Ingrid apenas importe un comino su estampa, apenas lo que diga, sumida como está en el temblor mediático infligido a la población mundial con la noticia.  Importa dejar sentado que ganó la derecha, que lo hizo Uribe, Sarkozy, el gobierno de los EEUU, la Comunidad Económica Europea, el G-8 y su canal de noticias CNN; en contraposición a Chávez, las FARC, China o Rusia, UNASUR, el Grupo de Países No Alineados y el canal de noticias Telesur.  Es irrelevante descubrir ahora que la liberada no padeció jamás hepatitis o leishmaniasis estando en cautiverio, a menos que se quiera presentar como una argucia mediática de la derecha política para vencer en esta batalla de las ideas.

Tan poco importa lo que diga la mariposa que, aun reconociendo ante los micrófonos que Hugo Chávez es un factor de influencia entre las filas de la guerrilla, en un sentido moral e ideológico, no tenga el entrevistador (también ideológico) oídos más que para escuchar que el presidente venezolano es su jefe y estratega.   Sumar a este contexto lo que presuntamente evidencia la computadora de Raúl Reyes es un acto de espontánea pericia periodística.  Se ha visto ya tanta declaración del hermoso lepidóptero en este sentido, amagando con sincerarse a veces, que no sorprende que el periodista mismo le entierre el micrófono en la boca con el propósito de dejarla sólo expresar lo que es conveniente escuchar.  A veces parece sentirse en el ambiente la amenaza de sacar a la luz pública, a modo de reconvención para con la entrevistada por parte del periodista, que su liberación costó unos $20 millones, siendo obligado responder a condición de pieza adquirida comercial, no distando de ello  −a propósito- su obsesiva declaración de que Uribe es el padre de la patria colombiana en la época presente.  O casi.

De forma que la fiesta de la derecha política mundial es que nada tenga que deberle a uno de sus contrapartes ideológicos en el mundo:  el bolivarianismo.  Significativo es el hecho que lo primero que haya tenido que hacer Ingrid Betancourt es viajar a París para agradecer desde allí al mundo su liberación en vez de hacerlo desde Caracas.  "¡Terror en las filas!" −podría haberse llamado la película, burdamente disimulada en su contenido por el poder mediático−.  Grande es el alivio de tanto jefe de Estado del mundo globalizado de no tener que enviar felicitaciones al jefe del Estado venezolano, dada la eventualidad.  Gana Sarkozy −que paradigmáticamente es George W. Bush, la comunidad de naciones europeas y factor de soporte de la derecha mundial, a fin de cuentas− porque capitaliza la condición de la otra nacionalidad de la liberada, pudiéndose a futuro afirmar, dado el hecho de que Ingrid ganase las elecciones en Colombia, que un francés gobierna en el país suramericano, como ya ocurrió con un supuesto japonés en Perú y como ha ocurrido con tanto extranjero europeo disimulado en América Latina.  Déjese sin palabras lo que de puerta tendría en América Latina para el hacer de la vertiente ideológica de raíz europea.

..."lo que resta es una guerra cerrada contra la insurgencia como vía para significar un debilitamiento de la izquierda en general en el mundo, teniendo como norte los esfuerzos de integración en curso en el continente suramericano.  Poco habrá de importar el resto de los cautivos, más allá del empapelado discurso de los derechos humanos."

Que la memoria no falle a la hora de recordar la opinión devastadora de presidente francés en cuanto a lo referido a la guerra contra Irak y la probable contra Irán, además de su pasada y conocida actitud frente a las protestas de los hijos de inmigrantes en Francia, a quienes ofreció "limpiar a manguerazos", como debe hacerse con la "basura social".

En contrapartida, el papel de presidente venezolano, como también el del ecuatoriano, es minimizado hasta la satanización mediática.  Tanto así que, si alguna vez incidió de algún modo positivo en la felicidad de las liberaciones, fue por obra y arte de la derecha política que lo utilizó sumiéndolo en el engaño.  Quede del capítulo para Hugo Chávez los restos sospechosos de un bombardeo en Ecuador o la sospecha implícita en la admiración de carácter ideológico que le pueda dispensar un guerrillero de las FARC, incluso a pesar de sus recientes declaraciones de que el movimiento subversivo podría ser obsoleto.  La misma Ingrid Betancourt, incapaz de esbozar una declaración concreta en el sentido de los justos reconocimientos, se presta −esto sí− para seguir el juego para el cual parece fue amaestrada, por no ofender con insinuaciones de compra-venta:  sin cortapisas declara que Hugo Chávez, dada su ascendencia moral sobre la guerrilla, puede jugar un papel importante en futuras liberaciones (siendo un alivio que no lo haya hecho en la propia. Falta no más decirlo).

De ello no hay duda.  Es claro que la primera persona en alegrarse de que el presidente de Venezuela no tuviera que ver en su rescate es la misma Ingrid Betancourt, y no porque hoy declare que un personaje como Uribe es providencial y deba seguir en el poder, llevándole la contraria a la gesta integracionista bolivariana, sino por condición y convicción propia.  La ex candidata presidencial es oro de ese filón fermentado del mantuanismo poderoso de la sociedad colombiana, educada en la escuela ideológica de la diferencia clasista y a la sombra de la ubre golpista (nutritiva al fin) del gobierno de Rojas Pinilla, donde su padre ejerció de ministro.

Tranquilamente declara la liberada lo que le ponen a declarar por pagar favores, pero que también suena como dulce música a sus oídos:  la derecha triunfante, un Sarkozy risueño, un gobierno de los EEUU con crédito en el asunto, la promesa de una colombo-francesa en la presidencia, la misma línea de guerra de siempre contra la insurgencia, aunque sea esta expresión de problemas sociales y hambrunas en Colombia.  Su único impedimento en celebrar a Uribe completamente y pedirlo para un tercer período presidencial es que pueda opacar la aspiración propia de llegar a la presidencia, la cual mantiene intacta desde el momento en que la secuestraran junto a Clara Rojas.  Por lo demás, mientras tanto, es un lucimiento dialéctico para un porte de inteligencia como el de ella declarar felizmente que es una mujer proclive a las ideas de la izquierda, condolida con las miserias de los pobres de la tierra, sin embargo también incapaz esbozar un pensamiento solidario con los factores protagónicos que hoy en día operan cambios en la América Latina. La hija de Colombia, casi una hija de Gaitán, en su versión ideológica retocada.

A Ingrid Betancourt, después de su liberación, se le perdió el aviso de su alta cultura, que hoy juega con las palabras cuando critica a Uribe por aplicar la violencia para resolver los problemas sociales, en vez de resolver los problemas sociales y el hambre para acabar con la violencia, como dice haría ella.   Semejante dote de inteligencia, en su grado íntimo de sutileza, pareció perder de vista el asunto del aleteo de la mariposa como capaz de generar cambios en la corteza terrestre política, por más humilde que sea la especie a la que se pertenezca.  ¿Será que, por desventura, imagina ella que como cautiva valía más que los otros que quedaron en la selva, ridículas crisálidas con altos sueños de libertad?  ¿O que por definición ideológica vale más que los alzados en armas presos en las cárceles del gobierno colombiano?  ¿O que ella era la mariposa final, o reina, fementido retrato que le ha enristrado la derecha política mundial?  La farsa mediática frecuentemente suele enarbolar la estupidez como banderas cumbre del pensamiento humano.

Y como quiera que la derecha se hizo como quiso de su mayor bien cautivo (la Ingrid Betancourt francesa y los tres norteamericanos:  lo mejor de lo mejor), este artículo no puede evitar finalizar lapidario:   lo que resta es una guerra cerrada contra la insurgencia como vía para significar un debilitamiento de la izquierda en general en el mundo, teniendo como norte los esfuerzos de integración en curso en el continente suramericano.  Poco habrá de importar el resto de los cautivos, más allá del empapelado discurso de los derechos humanos.   Una vez rescatada la mariposa, mutada ahora en soldado, como ella misma dijera, importa poco el efecto ese de los aleteos.  La determinación de que no existen más cautivos en las selvas colombianas es un condicionante necesario para imponer con soltura una matriz de guerra con específico sesgo ideológico.   O lo que es lo mismo:  el efecto mariposa, en su plano simbólico-connotativo, se ha consumado, operando el cambio esperado para la derecha política. Lo demás son larvas o presunciones de vida. 

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