sábado, 10 de enero de 2026

Sin “Cártel de los Soles” y el derecho internacional pisoteado, Maduro es libre.

La tesis de que Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, pueda ser liberado en tierra gringa, bajo la misma legislación de su captor, tiene asidero al menos en una lógica bastante robusta, para no presumir honduras jurídicas.
A apenas un día de ser presentado ante un juez federal en Nueva York (5-01-2026), la justicia estadounidense anuncia que, para efectos legales contra el acusado, no hay lugar para la referencia "Cártel de los Soles". Esto, por supuesto, quita grandilocuencia a las imputaciones de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína hacia los Estados Unidos.
Se debilita así la narrativa espectacular de rebajar una dignidad presidencial a niveles criminales como los de un Pablo Escobar Gaviria o de "El Chapo" Guzmán, por ejemplo, capos de cárteles de la droga. Si no existe en la acusación la figura del cártel de marras, no puede Maduro ser jefe de nada por el estilo, con la capacidad consustancial para inundar ningún país de cocaína.
Ello desmonta el discurso acusador de Trump para incursionar contra Venezuela y secuestrar militarmente a su presidente. Como ocurrió con la especie fantasiosa de las "armas de destrucción masiva" de Irak, este gran embuste del "cártel" viene a embarrar, incluso más, la tan cuestionada reputación política gringa.
Trump malogra a los Estados Unidos. Los empuja por los derroteros alucinantes de la incertidumbre hacia una pronosticada extinción, según teóricos geopolíticos contemporáneos. La ficción resalta groseramente. La prueba está en que ya el "hombre naranja" no habla de narcotráfico respecto a Venezuela, sino de petróleo, delirantemente.
El otro aspecto es el derecho internacional, de antemano desbordado por Trump, actualmente empeñado en apoderarse de Groenlandia. Con Venezuela, fue vejado a todas luces: el uso de la fuerza contra otro Estado debe aprobarlo el Consejo de Seguridad de la ONU, debe ser conducta reactiva ante el ataque de otro país o debe ser consentido por el mismo país atacado.
¡Ninguna de estas premisas se cumplió! Sólo queda el detalle de saber si en esta farsa la justicia estadounidense primará la tradición de imponer el derecho doméstico sobre el internacional. Su Constitución dice que los tratados internacionales son la norma suprema de la nación.
Maduro en los Estados Unidos es una bomba política que atrae la atención sobre una locuaz y senil gobernanza.


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