viernes, 7 de septiembre de 2007

De las "malcriadeces" de Perú y Colombia cuando de Venezuela se trata

Nunca comprenderé la actitud "traviesa" y quisquillosa" que los países andinos, especialmente Perú y Colombia, suelen mostrar ante Venezuela, de quien parecen esperar que en virtud de "como están hechas las cosas" les tolere sus comportamientos. Está hartamente documentado: si Venezuela, por ejemplo, toca con el dedo gordo del pie el terreno de Colombia, se forma una alharaca impresionante en el ámbito de la cancillería, pero nada dicen de sus incursiones militares en nuestro territorio, dizque persiguiendo la guerrilla, ni de los cinco millones de Colombianos que viven en nuestro país, como cualquier otro venezolano con todos sus derechos ciudadanos (y ello no se debe interpretar como segregacionismo para con nuestros paisas, a quienes queremos mucho, sino como caradurismo de las élites gobernantes neogranadinas a la hora de ejercitar el juicio). Es sabido que hasta los vehículos robados aquí circulan en Colombia con sus placas originales, ¡delante de las autoridades!, como si dieran por hecho que a nuestro país se le debe quitar sin que tenga siquiera derecho a protestar.
Con Perú ocurre igual. Su dirigencia (soy claro: su dirigencia) lo coloca como uno de los más desvergonzados a lo hora de poner los valores en la balanza. Cual pichones abren el pico para pedir y tragar, pero a la hora de hablar de reciprocidad escurren el bulto y dicen "este pico no es mío". Y debiera de ser uno de los más dignos, más nacionalista si se quiere, dado su gran pasado inca, pero sus gobernantes se desgreñan cuales pelos-largos en puja para servirse en plato de oro a lo sajón y lo gringo. El Tratado de Libre Comercio firmado con los EEUU es uno de sus últimos movimientos de vasallaje. La "ayuda" que de allá les llega cuando, por ejemplo ocurren desbarajustes naturales, exhala un aire providencial.
Pero en lo que concierne a Venezuela, uno de sus hermanos, la vaina cambia. Parecieran dar por hecho que Venezuela se las tiene que arreglar para comprender su modo de ser, carente de reciprocidad y hasta ingrato, si decantamos el término.
No hablemos de las latas populistas de Chávez y Ollanta en que convirtieron la ayuda humanitaria que nuestro país le concedió en la hora funesta de la reciente tragedia natural de Pisco. Hablemos de Ortega, brevemente, de Carlos Ortega el prófuso de la justicia venezolana y su solicitud de asilo en Perú, recientemente concedido.
Eso estuvo como si al Perú lo hubieran mandado: Si el tipo es de Venezuela y es contrario a Chávez, asílenlo. No tardaron mucho para concluir que había razones de tipo político para asilarlo, y después pusieron a hablar a los loros sindicalistas Julio César Bazán, Mario Huamán y Luis Muñoz para darle un cariz de solidaridad "laboral" a la decisión.

¿Quién es Carlos Ortega? Refresquemos la memoria

Por supuesto, Venezuela se la tiene que calar y debe ser comprensible con el humanitario espíritu peruano. En modo alguno debe una de las partes traer a la memoria aquella fuga de Montesinos a Venezuela y la incursión misma que las autoridades peruanas hicieran en nuestro terreno en pos de su presa. Uh, uh, nada de eso. Chito, chitón. Aunque los culpables somos nosotros mismos, tanto de aquello (que entraran en el país a buscar a Montesinos y que entrara Montesinos mismo) como de esto (la fuga de Ortega).
Carlos Ortega es un criminal, y eso hay que decirlo sintiéndose orgulloso de hacerle honor a la verdad. 30.000 profesionales deambulan por ahí viendo cómo se las arreglan después de perder sus vidas de trabajo a raíz del paro petrolero promovido por su inocente condición humana. Hoy se conocen más detalles. Dice Donald Mailer Jr. en "Las Verdades desde Food Café" (Las Verdades de Miguel, (2.007) ago. 31 a setp. 6; p.5) que el don dio la orden de estrellar un tanquero contra las bases del puente sobre el Lago de Maracaibo. ¡Esas son buenas razones a considerar para beneficiarlo con una medida de asilo o para dar muestra de solidaridad, como lo hicieron los próceres sindicalistas mencionados!
Las actitudes desplegadas por estos países, Perú y Colombia (su dirigencia, insisto), recuerdan el juguetón comportamiento de una fémina cuando se sabe hermosa y comete "malcriadeces" no más para menudear con la víctima de sus encantos. El macho vernáculo, cabrío y berraco debe tolerar el protocolar vituperio.
Falta un poco más de dignidad y solidaridad.
Actitudes como estas se pueden rastrear en la psicología de la época colonial y el proceso de independencia, pero no es obligación de este post leer el génesis completo.



, ,

Publicar un comentario